Ultimamente me acuerdo más de ti de lo que debería. Echo de menos instantes que llevaba años sin echar ni de menos ni de más y añoro tu presencia aunque nunca estuvieras. Y te escribo más cartas de las que te solía escribir, quizás de las que te he escrito nunca. No sé. Ni lo que pretendo y a veces en los jodidos minutos que gasto en manchar un folio hasta escribirlo completo ni siquiera sé lo que quiero. Tampoco luego, o si. Pero entonces da igual, ya da igual. Tanto derrotismo no es lo más habitual pero tampoco es desconocido en mis últimos días. Ni siquiera consigo ponerme de acuerdo conmigo mismo, contigo ya ni me lo planteo.
El tiempo nunca fue el perfecto aliado, tampoco el íntimo y letal enemigo que a veces le creí. Ultimamente pienso demasiado en ti, no conozco las causas, las razones, de esta sutil penitencia que a veces nada tiene de sutil. Es sólo que te recuerdo más intensamente de lo que quiero y de lo que necesito. A veces en los instantes mensos insospechados me asalta una duda ¿Que sería ahora de nosotros si no hubiese acabado todo haca ya tanto? Prefiero no hacer cábalas que posiblemente no se acercasen a la verdad en lo más mínimo. Pero es sólo que algunos días echo de menos extensas conversaciones sobre futuros que nunca llegaron, sobre todo lo sucedido, lo pensado, o largos silencios compartidos. Sobre futuros que sólo fueron palabras y murieron antes de comenzar por culpa ni de ti ni de mi, de un tiempo que ni bueno ni malo solo mando todo al carajo como en él es habitual.
Y ahora -este ahora de los últimos días- aquí - en este aquí variable y maleable-, en este bar de casi siempre, en este tren de casi nunca; por las calles que casi ni compartimos; durante minutos/segundos que más parecen horas, me acuerdo más de ti de lo que debería.
A Esperanza
con cariño.