Febrero 21, 2004

Campeon de futbolín

Sebastian no era un mal tipo, era repartidor de cervezas en la conocida fábrica "Cervezas Swurgen" una filial de una también conocida fábrica alemana. Sebastián repartía botellines y también barriles para caña, botellas y latas, los transportaba en una furgoneta azul con el logotipo de la empresa en las puertas. Vivía con su madre y un cocker spaniel llamado Arturo -Artie- en honor de un canario que el había tenido siendo niño. Su madre era costurera y viuda y Artie era un tragón y un maleducado -aunque eso es bastante lógico siendo un perro-. Sebastián por el contrario comía poco y moderadamente y estaba muy bien educado, tal vez eso fue lo que hizo que los ojos verdes y saltones de Azucena Rendueles se volvieran hacia él. Azucena, más conocida como Azu o Cena a escoger y según quien la llamase, era la hija única del notario Armando Rendueles e Hinojosa, no era una chica guapa, aunque tampoco era fea con ganas; se podía decir que tenía una belleza relajada. A pesar de eso cuando Sebastián repartidor de cervezas Swurgen y campeón de futbolín de la peña Alegre del bar del mismo nombre, sito en la calle del Pozo 7, la vió, no pensó "-Vaya cromo" como pensaban la mayor parte de los hombres sino que optó por decirle sin pensar demasiado "Bonita, preciosa" y otras lindezas que ella no acostumbraba a oir.

Pensándolo mejor quizás fue eso lo que volvió sus ojos verdes y saltones hacia Sebastián. Seis meses más tarde Sebastián perdía su título de invicto campeón de futbolín y se enfrentaba a su primera crisis de pareja, que a diferencia de las parejas comunes él no supo solucionar. Ni tan siquiera diciéndole "Bonita, preciosa" repetidamente. Ella lo abandonó y el se sumió en honda depresión por haberla perdido y por haber perdido su título además ante Toribio Hernández un don nadie en el mundo del futbolín. La perdida de ella la llevó con mucha deportividad y elegancia cuanto más porque entabló relaciones con la secretaria de su psicólogo una linda joven llamada María, así a secas, a la que podía llamar bonita y preciosa sin mentirle y sin considerarse un mal tipo.

Ni que decir tiene que el título de campeón de futbolín de la peña Alegre, del bar del mismo nombre sito en la calle del Pozo 7, lo recuperó en la siguiente final por un apabullante 6-1

Escrito por J. Trallero a las Febrero 21, 2004 01:32 PM
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