Soy incapaz de escribir un cuento de principes azul cobalto intenso y princesas que esperan por un beso que las lleve al altar. sin embargo, había una vez...
en un país ni tan lejano ni tan pais, una chica ni guapa ni fea, ni alta ni baja, ni gorda ni delgada; soñaba desde que era niña con un príncipe alto, guapo y vestido de azul como los protagonistas de los cuentos que le contaba su abuela.
La chica esperaba y esperaba mientras trabajaba limpiando oficinas en un edificio del centro de la ciudad. Y como ya se sabe que raramente los príncipes se tratan con chicas de la limpieza, sucedió que ella se enamoró del encargado de mantenimiento de los ascensores, que llevaba mono azul y tenía unos ojos igual de azules, o más. Ambos se miraron y se remiraron. Vamos, que se enamoraron y como en todo cuento que se precie, se casaron de penalti a los 8 meses y medio. Fueron felices y no comieron perdices porque la suma de los sueldos de ambos no daba para tantas exquisiteces. Pensándolo bien tampoco fueron tan felices, bueno él si lo era, ella no tanto -cosas del machismo- y acabaron divorciándose cuando al niño le faltaba una semana para cumplir los cuatro años... y colorin colorado este cuento se ha acabado.
A modo de cuento a Sandra D.
por insistente.