Como una serpiente que se muerde la cola,
como si no fuera suficiente con todo lo escrito
hasta el momento,
reconozco que una voz bonita me hace estremecer,
-y otras voces me causan casi repulsión en su agudeza
o bastedad-;
la línea argumental de este poema la perdí
hace un par de líneas.
Independencia que cuesta muy cara,
noticias de cada día que siempre resuenan
como su fueran de ayer,
como si el final estuviese tan lejano.
Reconozco que recuerdo ciertas voces
y otras que me las recuerdan,
así como ciertos olores
tanto de mujeres –perfume y sudor-
como de hogares que fueron casi míos.
Ninguna casa huele igual.
Retazos de recuerdos nada visuales.
Recordar es un ejercicio de la memoria,
vengarse es una necesidad del corazón,
sin buscar justificaciones, sólo con realidades alternas.