Agradecí la lluvia como si fuera una botella
de buen tinto,
paseé por aceras resplandecientes de humedad
esquivando charcos como espejos negros,
creí verte como una sombre entre la inxistente
bruma,
no era más que un sueño de gota a gota
que un espejismo de nube.
Odié la lluvia por caer tan densa
como un muro contra el que chocar;
no me importa mojarme hasta que resbalan
los pensamientos.