Cuando anoto versos con las prisas de no perder ninguno
van tan plagados de mentiras que no oso darles una
segunda lectura.
Cuando la marea está tan baja
que podía cruzar andando hasta la orilla de enfrente
hasta anclarme a tu corazón.
Cuando perdí la inocencia hace tanto,
la elegancia que nunca me caracterizó,
la costumbre de afeitarme a diario.
Cuando los retratos no me hacen justicia,
hablar tanto de mi me aburre
y no sé donde estás tú.
Cuando dan ganas de viajar un rato
hasta otra casa que hacer propia.
Cuando las prisas no llevan a ninguna parte,
la velocidad deja de lado a la prudencia
y no hay quien espere en el punto de destino.
Cuando mascullo verdades que no quiero pronunciar,
las mentiras son vendidas al peso
de sus agujeros y nada cambia tanto.