Las mujeres que no olvidé,
las moscas que rondan mi sudor,
el humo que no escribe letras.
Negaciones que se niegan.
Tercas interpretaciones y la habitual ceguera
que no seré yo quien devuelva la vista
ni siquiera intentarlo
no hay peor ciego que esa mujer
enamorada.
Son sólo palabras sin importancia
con fuego cruzado,
sin más amor que el eco
de lo que hubo o pudo ser.
Increíble...
Un besazo