Vuelve la monotonía de errores mal calculados
a destajo, el olor a amoniaco de tu piel
curtida con otros besos
y la certeza de que no hay certeza.
Previsible como pocos finales,
sin negociación posible que adormezca
los impulsos camuflados de sentimientos
y la cerveza que nunca es un exceso.
Me driás que no son maneras, malas
o buenas, no conozco otras que estas propias
e inadmisibles pero posibles y reafirmadas.
Antes de que me arrepienta pídeme
que te olvide, o que lo intente
con la acumulada fuerza perdida.