Ni llovió un solo día ni la niebla la cubrió hasta trasladarla a esa dimensión entre sueño y realidad, lo cual no ofreció la mejor cara de la ciudad, se dice que Lisboa hay que verla a caballo entre la helada y la cortina lluviosa, para que a través del gris surja su melancólica belleza de ciudad costera.
A pesar de esos inconvenientes menores callejeé la Alfama y el Bairro Alto hasta casi dolerme los pies.