La lija de tu voz que se me escapa,
la vuelta de tu falda que me agota,
la foto de revista que no ojeo,
la guasa ineludible de tus ojos.
Una de esas carreteras sin arcén,
uno de esos amores descastados,
y las prisas que azuzan ciertas emociones
desencadenadas en torrentes de ceniza.
¿Para que quiero tus pies
sino para planificar una huida junto a ellos?
La lluvia de tus lágrimas alegres,
la impaciente seriedad de tu belleza,
la vuelta y remolino sin pisotón de esos mismos
pies
¿para que los quiero?