Un primer adiós:
salida del vientre materno,
otro final de finales:
la última despedida a mis padres
por una eternidad,
mi hermano viajó con ellos.
Los adioses suaves, los de semáforo,
los casi tristes, los muy alegres;
los adioses que se niegan
los que nunca se completan
que quedan a medio callar.
Una cuarentena de adioses en andenes
a la que fue mi esperanza
a la que dije adiós o hasta luego
por última vez.
Una amiga en quien confié
y se hizo distancia tras un hasta mañana
cotidiano
similar al que se va deletreando
últimamente entre María y yo
y que se voltea sobre si mismo
para no acabarse de pronunciar.
Los adioses rotos a medio pronunciar,
los nunca dichos; los aún callados,
los adioses de ida con vuelta,
los mismos que aún a veces
resucitan con un quizá.
Tantos adioses
y los que se me olvidan
y los que aún faltan