Tiempos abotargados, mejor muertos,
agujas que acribillan como acupuntura
a favor de sufrimientos y dolores,
las impertinentes aclaraciones que no considero
siquiera necesarias, mucho menos vitales.
Tiempos destrozados como lluvia rota
contra aceras abandonadas por nuestros
zapatos - mi 43 y tu leve tacón-.