Hay veces que prefiero tenerte lejos a que tus besos me vayan arañando en los labios. Hoy es uno de esos días. Uno de esos días en que una palabra tuya dicha sin pensar puede ser la mecha o el percutor de una catástrofe. Así que será mejor que permanezcamos separados.
Hay veces que prefiero ignorar las palabras que me vas lanzando, las pullas con los que vas adornando un par de instantes sin intención. Porque tú y yo, juntos, somos dos elementos tan compatibles e inestables que todo a nuestro alrededor corre peligro de explotar en cualquier momento. Hay veces que envidio las aburridas parejas normales en las que nunca pasa nada, que preferiría el tedio a la discusión y sin embargo sé que no; que a pesar de nuestro cariño autodestructivo no te cambiaría por nada. Sé que a pesar del posible peligro que corramos el uno al lado de o junto al otro y del daño que nos haremos, que ya nos hemos hecho no cambiará nada, o casi nada.
Hay veces que desearía cambiarlo todo, segundos inestables y confusos, minutos quebrados y aleatorios, en los que quería que todo fuese de otro modo más común pero aparentemente seguro. Menos intenso, pero más eterno, con la caducidad que tiene la perpetuidad en estos tiempos.
Hay veces que es mejor que todo estalle con el letal calor de un final: ira y palabras llenas de excesos y mentiras. Que es mejor que todo rompa por alguna parte - tu o yo -, que todo se hunda porque hace aguas, que todo termine de una vez. Pero sólo a veces.