Casi. Tenía un modo de caminar similar y llevaba un abrigo parecido. Pero no era ella. Él miró por decimoséptima vez a través del cristal de la ventana. ¿Por qué iba a pasar por allí? No había ninguna razón para que sí, ni ninguna para que no. Tal vez la vería y tuviese otra oportunidad de recuperarla. Había oído que ahora estaba con otro, pero él se negaba a creer que todo hubiese acabado aunque algunos días dijese que era una zorra, que no merecía la pena, que como no se había dado cuenta de lo poco que valía, de que el se merecía algo mejor; los mismos días que sus amigos le decían que si a todo por no llevarle la contraria, aunque en cuanto se marchaban decían sigue enamorado: como un gilipollas, como un colegial, como un choto, como un idiota y otros comos similares.
Otra que podía haberlo sido, aunque esta era demasiado rubia para ser ella. Mierda. Últimamente la veía en todas partes y por supuesto nunca era ella, un parecido lejano en el mejor de los casos y habitualmente ni tan siquiera eso. A pesar de decir no querer verla ser moría de ganas de verla de nuevo, ni tan siquiera sabía para que. ES posible que quisiese decirle que todavía, a pesar del tiempo transcurrido, no tanto, seguían ahogándolo sentimientos contradictorios y nada claros. Pero no iba a tener la oportunidad de decirle nada porque era más bien improbable - por no decir imposible - que ella pasase por delante de aquella cristalera. Y aunque así fuese aunque pasase era más que probable que lo hiciese acompañada de él; fuera quien fuese y aunque no la quisiese, seguro que no la quería del modo total y loco que él la había querido los últimos dos años. Ella le había dicho adiós tres veces, las mismas tres veces que él entendió un podría ser. Quizás debería comenzar a pensar que le había dicho "nunca más" completamente en serio. Pero a él le parecía improbable aunque no del todo imposible.