Esta es una de esas noches insomnes y guerreras en las que quisiera tenerte a mi lado y no estás. En las que me gustaría apoyar mi cabeza cerca de tu oído para susurrarte un cuento banal que te ayude a no dormir, una historia sobre un pequeño gato que vive por azar y por decisión nada propia compartiendo piso u otra sobre un niño que cada noche sueña con alcanzar la luna.
¿Cuándo vas a volver? Me preguntas una vez detrás de otra y siempre te contesto lo mismo: Pronto. Un pronto que a ti te parece muy lejano.
Esta es una de esas noches frías y ausentes en las que quisiera tenerte cerca, a mi lado y no estás. En las que me gustaría enredarme a tu vientre, en las que preferiría tenerte entre mis brazos antes que estar aquí escribiendo mientras tú no estás. Y vuelvo a oir tu voz, que hace una hora y algo me preguntaba cuando iba a volver, resonando en mi cabeza, vuelvo a oírte de nuevo porque no me quiero separar de ti, porque me duele demasiado estar tan lejos.
Esta es una de esas noches que se suceden algunas veces, todas las veces que no estás lo suficientemente cerca. Una de esas noches sobre las que hace años escribí un poema balbuceante, con ese frío de cuchillo clavado en el estómago, con esa mirada helada y nublada que no ve más allá de ti.