El eterno aspirante al éxito
que no acabó de comprender;
esa coletilla de 300 conversaciones.
El aburrimiento por doquier
que ata el tiempo en la suela
de mi zapato, y el tacón
de talento necesario para que lo
escrito no sea un ladrillo.
Hay cartas de amor y desamor
como ladrillos,
incluso peores; triste, pero cierto.
Las malquedadas casi habituales,
las noticias sorprendentes que no sorprenden
porque no se acaban de creer,
o suenan a lo de siempre.
La lluvia que ya no sé si añoro
o desespero,
las nubes que juegan al despiste.
Los sueños sin mujeres de mis sueños
que no se como dejar de soñar.
Hay cartas de amor y desamor
que ni lo son tanto
pero no dejan de ser ladrillos…
incluso peores, triste pero tan cierto.