El manido recurso de unos tópicos impares,
el frío que atenaza mis manos,
tu voz inusualmente tranquila y susurrante,
y las razones de mi propio entendimiento.
Los desplantes poseídos de sinrazón, de caprichosa voluntad
los finales absurdos enfados de niño consentido,
las vueltas a empezar desde cero
y los tiempos de descanso.
Los a pesar de todo, tanto, que acumular con orgullo,
los amigos que ni van ni vienen, sólo están,
las riñas que no lo son tanto
y la abundante paciencia persistente.