El calor me saca los versos como sudor,
trabajosamente.
Hay historias repentinas que en nada se parecen a los cuentos
y musas eclipsadas por mujeres fatales.
Hay decisiones agridulces que amargas las ganas
de todo y de nada,
y penas que atenazan las alegrías.
Hay mejores deseos que duelen cuanto callan,
hay amores que acaban sin estruendo
repletos de melancolía y cariño.
Hay días pesados con su gris cemento de nube
que no acaban de llorar
y presionan la nostalgia.
Hay mañanas frescas, casi heladas,
con aliento de humo blanco,
con neblina retirándose dudosa.
Hay canciones que devuelven ciertos recuerdos
a primera línea
de pensamiento que hubiera dado por obsoleto.
El calor me inunda los ojos de sudor
nublándome la vista,
la razón y la inspiración.