Llueve a cantaros. Se difuminan las imágenes a través de los cristales, corren pseudoriadas por los bordes de las aceras. El sol se muestra tímido, a ratos, más tarde. Caña de estrella sin pincho de tortilla.
Llueve a cantaros. Se acaban los fríos convertidos en cortina de hielo, o agua helada, o casi helada, o granizo. Y día tras día no para de llover a ratos, con el sol cada vez menos.
Ni caña de estrella ni pincho de tortilla.