La lluvia repentina que provoca el florecimiento de paraguas torpes,
los olvidos echados en falta, o al propio olvido,
las viejas películas que alguna tarde emiten en alguna cadena de televisión,
el hacerse humo sin dejar huella de la propia permanencia,
la helada que blanquea el coche hasta convertirlo en un refrigerador,
la decencia sobrevalorada que fingir por un "no vaya a ser",
la fugacidad persistente y recurrente de tu cuerpo junto al mío,
los desde luegos que quedan para más tarde,
las princesas condenadas a casarse con ranas que son justamente eso,
las musas de rebajas que no regalan ni un poema ni un peor verso,
los buzones vomitando esperanzas, deseos, felicitaciones y amenazas,
las estrellas congeladas en este cielo helado de Diciembre,
la tontería irrelevante a la que se concede más complicada importancia de la merecida,
las desapariciones sin dejar rastro, ni razón, ni excusa,
los árboles sin hojas o con tan pocas que dan frío o lástima,
la rotonda en sentido del reloj al despiste.