Hay noches que tardan en consumirse
lo que una cerilla.
Otras que son sábanas pegadas
en baños de sudor
y deseos que cuesta controlar.
No sé cuantos ojalás he conjurado como excusa
del poema siguiente
o continuación del anterior.
Pero aún funciona, porque me trae alguna que otra idea
decente cuando menos.
No hubo ninguna chica digna de mención
ese fin de semana,
solo la neblina alcohólica que todo lo nubla.