Maldita sea! Las horas me consumen
de hambre, las ideas escapan
de nuevo a la carrera.
Maldita sea la voz de la experiencia
que aunque sea la mía
también se equivoca
al apostar a doble o nada.
Maldita sea el impulso que me trajo
a este cuaderno de bitácora
sin más motivo que los devaneos
de un tonto a media noche.