La chica de la fruta
Cuando baja por la calle principal, la que lleva el nombre de un importante héroe de la revolución del 15, camino del mercado, con la cesta de frutas que le lleva a la Sra. Carmen los obreros que están arreglando la acera la visten de dulces piropos: guapa, bonita... y uno de ellos, el que parece el más joven se quita la gorra y le guiña un ojo. También los ojos de los empleados de banca que entran en sus respectivas sucursales siguen el leve movimiento de sus caderas sobre los adoquines. Incluso el policía que patrulla cada mañana a la misma hora esa misma calle en dirección contraria la saluda con una leve inclinación de cabeza y no le silba porque estáde servicio.
Ninguno de ellos conoce su nombre, algunos la llaman la chica de la fruta. Otros simplemente no la llaman y el joven obrero le ha buscado un nombre propio que a sus ojos le sienta como un guante: Estrella. Y por ese nombre la llama cada noche cuando con letra dubitativa y poco alfabetizada le escribe poemas balbuceantes.
Dos meses más tarde, una mañana de Octubre, no apareció. Tampoco surgió girando la esquina con la calle de la Concha ninguna de las siguientes mañanas, los empleados de banca ni siquiera notaron su falta; sí lo hizo el policía y el joven obrero aún no se ha podido quitar la tristeza de encima. Le preguntó a la Sra. Carmen sí sabía algo de aquella chica, ella sólo sabía su nombre y que no volvería nunca más. No importa, dijo él sin quedarse paraaveriguar cual era el nombre de Estrella que por supuesto no era Estrella. Así que se volvió a guardar las preguntas en los bolsillos del vaquero y continuo arreglando aceras y escribiéndole poemas a su Estrella.
Fue una lástima que no le hubiese preguntado por ella al único habitante de aquella calle que la había visto después de su repentina desaparición. Una tarde cuando volvía a casa en un barrio del extrarradio con su uniforme de policía en una bolsa necesitando un lavado a fondo la vio vestida con el limpio uniforme de la tienda de moda en la que estaba entrando y en la que trabajaba como dependienta. Sonrió y le deseó suerte en silencio, saludándola con una leve inclinación de cabeza.
Escrito por J. Trallero a las Junio 29, 2006 04:57 PM