“Amplio ático con vistas, módico precio; tres habitaciones, cocina americana, 2 baños, terraza, plaza garaje y trastero. Incluye preinstalación hilo musical, gas ciudad y rubia de infarto”
Se quedó perplejo y tuvo que releer las últimas palabras un par de veces para cerciorarse de que no se estaba equivocando. La curiosidad mató al gato y aunque Amancio no era curioso en exceso esta vez le picó tanto que tuvo que racarse, así que llamó al teléfono que figuraba al pie.
Sí, todo era correcto en el anuncio. Así que al día siguiente quedó para ver el ático que tal vez se convertiría en su nueva casa. Boquiabierto, así se quedó. La chica era realmente de infarto, decir que estaba buena era quedarse corto. Estuvo a punto de preguntarle si ella era la rubia que iba con el piso, pero al final decidió obviar la pregunta por si acaso la chica trabajaba para la inmobiliaria y se intereso por los m2 y otras menudencias, sin dejar de mirarla de reojo por supuesto. Me contó el caso aquella misma tarde en el bar, sin haber despejado la incógnita sobre la rubia en cuestión.
De todos modos al final se quedó con el piso. Aún no sé si la rubia de infarto era aquella o era otra, no se lo he podido preguntar porque no lo he vuelto a ver desde entonces, ni yo ni nadie. Hace más de un mes que no pasa por el bar y no responde al teléfono así que deduzco que el piso si incluía rubia, después de todo.
Escrito por J. Trallero a las 17 de Noviembre 2006 a las 12:07 PM