Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para palmo de la historia, un puñado de españoles supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ese es magro consuelo y quizás tengan razón. Pero nosotros nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías y teologías. Pardiez. Éramos soldados.
(Pérez-Reverte – Corsarios de Levante. Las aventuras del capitán Alatriste)