30 de Marzo 2008

Casualidad

En el mismo instante en que él marcaba su número en el teclado del teléfono, ella lo llamaba a él; se produjo el pertinente efecto imán, los teléfonos se repelieron y ellos se perdieron en uno al otro, para siempre. Jugarreta de la casualidad que no merece llamarse destino.

Escrito por J. Trallero a las 30 de Marzo 2008 a las 01:39 AM
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