Cuatro ojalás uno detras de otro
enhebrando cinco ojales
en vueltas interminables
sin lazada de excusas.
Deja que el viento traiga el olor
de la hierba mojada
hasta los recuerdos
arraigados en la tierra húmeda.
Cuatro ojalás de hojalata
restallando con sonido
de trueno retumbante
hasta enmudecer de pronto.
Deja que el tiempo otorgue
sentido a su modo
habitual, tan caprichoso
e tan inevitable.