Los borradores de poemas que no llegaron a ser canción
tatareada en una tarde lluviosa,
esos besos contenidos que calle por miedo a una bofetada
que me quede con la ganas de devolverte,
y quien pudiera enamorarla amigo mío.
Plata falsa como el oro falso como la hora falsa
que no se cuenta así, tan automática,
tan pasando de si misma como sin darse importancia
llevándote tan lejos
que no puedo llegar corriendo.
Adverbiadamente resulta más redundante
de lo acostumbrado y más insoportable
de repetir entre mentes y bledos sin importancia.
Y sólo entonces recordaré un verso impropio hecho canción
que sale de hace tanto.
Quien pudiera enamorarla, amigo mío
quien pudiera.