Perdió su última novela, 300 páginas a doble cara, en el asiento del tren: una copia escrita en días de resaca con máquina de escribir. El tableteo de la máquina le resultaba sedante en los días en que le retumbaba la cabeza. La triste historia de Sonia y por supuesto de Luis. Un amor repleto de tópicos contada con la aguardentosa voz de cien noches de luna llena y vasos llenos de whisky escocés.
La historia de un amor perdido, perdida.