Me gustan los perdedores que ni se rinden, ni se lamentan y mantienen una esperanza entre el cinismo y la sonrisa.
Ese tipo que proclama cuanto perdió, todo lo que tuvo y que jamás tendrá, cuantos golpes le dió la vida, cuantas traiciones, esa mujer -mala puta- que lo engañó/abandonó; ese es un quejica, no es un perdedor de pro de esos que sólo quedan en el sentimentalismo áspero de ciertas columnas periodísticas, en algunas manoseadas novelas negras o azul marino y por supuesto en la barra de ciertos bares inolvidables. Que no puedo recordar.
Escrito por J. Trallero a las 8 de Julio 2008 a las 07:46 PM