Me he quedado sin temas. Ya usé todos los recurrentes: la soledad, el amor, el tiempo, el desamor, las rubias, los desengaños, los odios, los hartazgos, la noche, las borracheras, los motivos, y la falta de ellos; los cafés tan solos, las morenas y pocas pelirrojas; la carretera, el océano,
Me he quedado sin desatinos que contar y como no creo en el destino supongo que he llegado a una de esas encrucijadas vitales… ¿sigo escribiendo lo mismo una y otra vez o es una perdida de tiempo? Ni que decir tiene que esta es una pregunta retórica, conozco sobradamente las respuestas posibles: sí o sí.