Escribí un libro. No contaba nada importante. Eran 214 páginas. Sobrecubierta y portada con foto en blanco y negro. Sonaba autobiográfico, pero estaba lleno de mentiras. Contaba la vida que hubiera querido vivir, no la vida que viví. Aunque dudo que le importe a nadie, a mi editor no le importó, a mi esposa tampoco y eso que ella ni siquiera aparecía-.
El libro no fue un éxito ni un fracaso. Mi vida tampoco.
Tengo los 448 ejemplares de la primera y única tirada de 500, que fueron devueltos de las librerías amontonados en el salón, la habitación de invitados y el trastero. Cuando le mencioné a mi editor ahora exeditor- y a mi mujer ahora exmujer- la posibilidad de escribir una continuación, ambos por separado pero con similares palabras se rieron y me dejaron plantados.
Persisto sin embargo y voy ya por el capítulo 11 de Proposiciones desproporcionadas segunda parte y continuación de mi primera novela Despropósitos a propósito.