Todavía soñoliento, todavía bostezante,
intento recordar los versos que anoche
a eso de las 3
surgían por docenas. Pero no hay manera.
Maldita sea! Las horas me consumen
de hambre, las ideas escapan
de nuevo a la carrera.
Maldita sea la voz de la experiencia
que aunque sea la mía
también se equivoca
al apostar a doble o nada.
Maldita sea el impulso que me trajo
a este cuaderno de bitácora
sin más motivo que los devaneos
de un tonto a media noche.
Escribí una biografía sin sentido
malvendí tres historias al peso
compuse cuatro canciones con acordes dados
me jugué hasta la camisa
sin perder demasiado.
Cosí los botones de un par de destinos
corte los pedazos de un trío de fracasos...
tanta enumeración no viene al caso
y aburre. No me extraña.
Cantaba canciones que no le importaban a nadie
más que a él mismo.
Suficiente tal vez.
Había quien le odiaba por eso
y quien le adoraba por la misma razón.
Es triste verte consumida por los celos,
"más triste es tener que robar"
responderías de saber que decir.
Si recordara todas las cosas que digo
sólo algunos elefantes que se jactan de memorión
los diarios de ciertas adolescentes
los enamorados que recuerdan hasta lo que no sucedió
o no del modo que lo hizo;
supongo que si recordara tanto
me volvería loco.
Los globos de colores
y el cemento puesto en pie,
mezclas que no van a ninguna parte.
No pretendo escribir a diario
nunca lo he hecho
y sería una novedad
volverme constante repentinamente:
querer a ratos,
emborracharme otros ratos,
escribir a impulsos
que vienen siendo otros ratos.
Acaba siendo una forma de vida.
Dije nunca más pero no hay promesas eternas.
Unos labios que saben a carmín
y las medias intuidas que no piden perdón
por su lascivia.
Ojalá pudiese olvidar todas y cada una
de tus mentiras
que aún taladran
y resuenan por las calles
y por supuesto en mis oídos.
Cuando parecía que no había mas motivos
resurgen
sin pedir permiso
y porque de nada vale mantener promesas
como esas.
Vacías o llenas de nada.