Te escribo una canción
si me das calor esta noche
y me olvidas antes de amanecer,
si me sigues la corriente
y me abandonas horas después.
Te pago la cena y la cama
si me mientes y me dices
que soy el hombre de tus sueños
y casi me quieres.
Si una puta te jode una vez, puede joderte dos veces.
Las luces de la ciudad se alejaban a 140 km/h.
Mala suerte o buena suerte, todo depende de cuanto desees a esa rubia.
Si esa zorrra te jodió una vez, puede hacerlo de nuevo.
Las luces blancas y amarillas de la ciudad se perdían por el espejo retrovisor.
Mala suerte o peor suerte, todo depende de lo estúpido que fueses.
Ojalá recordase su nombre pero tengo mala memoria y ella nunca me lo dijo.
Estaba buena, muy buena, tenía un libro de Becquer en la mesilla y ropa interior de ínfimo tamaño.
Me abstuve de sentimentalismos y mi corazón salió tan indemne como el resto de mi cuerpo.
Pero resulta complicado
no echarte de menos
y recuperar las palabras escritas
borracho en un ticket
de supermercado.
No te pongás fabuloso
no me digás que no querés
el amor de aquella mina
que se fue ¿para no volver?
Un sol de justicia, ciega
como el amor, dicen.
Las calles desnudas,
las luces hambrientas,
las pupilas perplejas.
Un gorro de bufón, un paseo de baldosa
en baldosa, dos pintas espumosas,
perdí la cuenta de los cafés
y rematé con un cola-cao.
Sin ojalás y sin blues en ningún color,
sin esperar más tiempo del debido
y sin más llamadas perdidas de las
que ya son habituales.
La manía de escribir de madrugada
o en me dio de la calle.
Sólo un lunes más.
Ya quisiera poder comerte a versos
destrozarte el corazón con un soneto,
que supieras las razones del sielncio
que no calla más de lo necesario
y lo justamente injusto, proletario,
y lo dicho ya perdido en otro tercio.
Hace tiempo que no te nombro amor
que te perdido el nombre que ayer
te sentaba como un guante, fue perder
la memoria, la razón, o mejor
escoger el camino que escribí
en un cuaderno viejo y olvidado.
Con paso decidido y altanero
con mirada altiva, deslenguada
con lengua fiera más sedada
modo de herir sin preguntar primero.
Con ojos que abrasan cuando matan,
con manos que añoran tus caricias,
con pies que caminan treinta días,
con labios que más que besar, atan.
Ya quisiera poder comerte a versos
o perder simplemente comerte
ya que es imposible contenerte
en ninguno de los últimos cien besos.
Verdades que ofenden,
mentiras que no duelen.
Cuellos de botella, finales.
Nudos de ahorcado al atardecer.
Engaños repetidos, puertas abiertas,
próxima oportunidad.
Se agotó el tiempo, se paró la lluvia,
barren las aceras escobas de acero,
huele a muerto...
Tiempo de oración, ducha de agua fría,
Dios se perdió en un desierto
y no hay angeles con licencia de vuelo.
Suma de inquietudes, perdón escondido,
Invítame a cenar y no te contaré
mis problemas.
No puedo dejar de escribir estas naderías
inconstantes y momentaneas.
Te dije que te quería
y no me creiste.
Cosas que pasan.
Entre dos copas entrechocando,
entre dos miradas lúcidas, desvaidas,
entre dos poemas que sudan alcohol,
entre dos viejos amigos que ni tan viejos
pero aún amigos...
algunos lugares en donde es mejor no estar
a ciertas horas
donde es mejor no inmiscuirse.
Hacia tiempo que no escuchaba tangos que me conmovieran
casualidades que no lo son tanto
pero tampoco son pretendidas.
Versos que aparecen sin pedir permiso
y chicas que besar bajo una luna
que no recuerdo que estuviera alli.
Hacia tiempo que no hablaba solo
y resulto un buen conversador;
hacía tiempo que no me besaba
y resulto mejor de lo que esperaba.
Hacía tiempo que no te llamaba
por supuesto
hoy tampoco te llamé.
La sensación de que se olvida algo importante
o al menos aparentemente importante
se te va de las manos.
Y... lo peor es no poder recordar
que cojones era.
Ni fea, ni guapa,
ni buena, ni mala,
ni tan perfecta, ni tan extraña...
la chica dulce.
Una madrugada -casi mañana - en vela, sudando,
ninguna mujer me espera en la cama,
y huele a un perfume que no conozco
que me empalaga el olfato.