Una despedida que se hace cuesta arriba
un remite que no tiene destinatario
una posdata que queda descolgada.
Asi son las cosas
algunas tardes de Septiembre.
Demasiadas mujeres o tal vez no tantas
pero parecen demasiadas.
Demasiada pereza, aunque tal vez solo sea
la vagancia de cada día.
Demasiadas mujeres o tal vez no tantas
aunque parezcan pocas.
Con el sudor dibujando en mi frente cuanto te deseo,
busco consuelo entre tus senos,
dibujo mi firma con mi lengua
sobre tu piel;
te deseo hasta reventar
incluso mas.
Agotó el tiempo, este tiempo y el siguiente tiempo
a base de tomar cervezas,
de poner la guinda al pastel con demasiada crema
y de aguantar por no escupir a la cara
a quien va de jefe.
Hace rato tuve el guión de una buena novela en la cabeza
por supuesto lo olvide,
por supuesto ni te vi, ni te intuí, ni nada que contar.
Tengo sed, así que iré a por un vaso de agua.
Besos carentes de lascivia por si un día quieres ser mi reina
aun tenerte respeto.
Esta maldita e intensa luna que me impide dormir,
este maldito mar que me incita a llamar a ciertos teléfonos a horas que no son decentes para nadie,
este maldito block que no encuentra palabras,
esta maldita noche que se parece demasiado a la anterior.
Va a resultar mas complicado de lo que parecía
recordar los tópicos que hacían cola anteayer;
las noches de boda puestas del revés,
la charla frente a un ordenador que ni fría
ni caliente, parece no transcurrir
y cuesta recordar.
Las promesas que nunca son verdad.
Como si el tiempo no hubiera pasado
como si esa noche pudiese ser una noche de hace días
o hace años.
Como si el viento, roca protege,
aire que respira,
nos devolviese años a sorbos de cerveza.
Como si nada
a pesar de tanto,
por eso a veces lo reconozco te echaba de menos
y por eso me alegro
volverte a ver
una y otra vez.
Cuando los motivos expiraron y no dejaron ni rastro,
cuando la chica resultó parecerse demasiado a alguna otra
debería ser el momento
de plantearse si merece la pena,
si es cierto que cambia la gente,
si es cierto que algo se aprende.