Cuando anoto versos con las prisas de no perder ninguno
van tan plagados de mentiras que no oso darles una
segunda lectura.
Cuando la marea está tan baja
que podía cruzar andando hasta la orilla de enfrente
hasta anclarme a tu corazón.
Cuando perdí la inocencia hace tanto,
la elegancia que nunca me caracterizó,
la costumbre de afeitarme a diario.
Cuando los retratos no me hacen justicia,
hablar tanto de mi me aburre
y no sé donde estás tú.
Cuando dan ganas de viajar un rato
hasta otra casa que hacer propia.
Cuando las prisas no llevan a ninguna parte,
la velocidad deja de lado a la prudencia
y no hay quien espere en el punto de destino.
Cuando mascullo verdades que no quiero pronunciar,
las mentiras son vendidas al peso
de sus agujeros y nada cambia tanto.
Algo parecido a una biografía sin punto ni final
que suele desdecirse tres páginas más tarde
por falta de inspiración,
una de cada cinco noches
esa noche concreta que no hay quien duerma
y se resisten las letras.
Tu opinión es algo que me importa un carajo,
o dos;
no quiere venderte una historia
que apesta a mentira
pero esta es una de esas veces
que no queda otro remedio.
Sonríele a la desgracia que nunca viene sola
ni vestida de minifalda,
ni alquilándola por horas
la hija de puta viene a instalarse.
Algo parecido a una esquela que dejar escrita
para el día siguiente
de una de esas muertes imprevistas
y no demasiado deseadas
tal vez una de esas noches insomnes.
Agradecí la lluvia como si fuera una botella
de buen tinto,
paseé por aceras resplandecientes de humedad
esquivando charcos como espejos negros,
creí verte como una sombre entre la inxistente
bruma,
no era más que un sueño de gota a gota
que un espejismo de nube.
Odié la lluvia por caer tan densa
como un muro contra el que chocar;
no me importa mojarme hasta que resbalan
los pensamientos.
Duermo para evitar las lágrimas que me provocas,
para huir del hiriente eco de tus frases aleatorias.
Me duelen los ojos, agrietados y calientes.
Salgo al balcón con la secreta esperanza
de cambiar esta reiteración
de caprichos, de notas sombrías,
sin armonía.
Todo tarda demasiado en cambiar
por propia voluntad
o con ayuda prestada a cambio de poco.
Duermo porque no queda otro remedio en noches calientes como la de ayer
porque no sé que más decirte pasada la medianoche.
Me duelen los ojos, secos y ardientes.
Camino de la cama al baño o la cocina
unas cuentas veces
para evitar un sueño
reiterativo, similar
que no me gusta.
Todo tarda demasiado en cambiar
por propia voluntad
o con ayuda prestada a cambio de poco.
Las ideas han permanecido
encerradas en si mismas,
mesas vacías, palabras sueltas,
posibles buenas noticias,
irrumpí sin vuelta de hoja,
sin posibilidad de marcha atrás.
Huellas dactilares polvorientas,
cartera de clientes, urgencias
impertinentes.
No encuentro nada entre los anuncios por palabras.
Demasiadas – aún más –excusas
de las que son habituales
sin ser solicitadas.
Cuando más falta hace sólo hay una ración de ausencias,
una sarta de imprudencias
una mitad de tristezas
y un rastro de bajezas.
Porque los planes evitan ser cumplidos,
los cafés no ligan sin su gota de aguardiente
y nunca quise declararte este amor
que no calla ni a tiros.
Porque el alcohol no cura ciertas heridas,
sólo sabe alborotar este anonadado corazón
y hormiguear inconstante entre mis piernas.
Porque no escribo el final de esta noche
para no precipitarme en esa conclusión
ni calcular al alza o a la baja.
Porque ni el primer cuando pudo acertar
más que le resto de los inoportunos.
Confortable corazón abandonado
(compungido y triste)
Como un cuchillo que trocea la tristeza
que se vuelca pesando más.
Manos vacías de caricias
(tamborileantes y solas)
Como colmillos desgarrando,
posteriores muelas que machacan sentimientos.
Confortable corazón en alquiler
(hambriento y seductor).
Como un viento que todo lo agita
ni por diversión ni por qué no.
Estas mintiendo
no estas mintiendo
estas mintiendo
joder, no estás mintiendo
Casi preferiría que mintieras
Como una serpiente que se muerde la cola,
como si no fuera suficiente con todo lo escrito
hasta el momento,
reconozco que una voz bonita me hace estremecer,
-y otras voces me causan casi repulsión en su agudeza
o bastedad-;
la línea argumental de este poema la perdí
hace un par de líneas.
Independencia que cuesta muy cara,
noticias de cada día que siempre resuenan
como su fueran de ayer,
como si el final estuviese tan lejano.
Reconozco que recuerdo ciertas voces
y otras que me las recuerdan,
así como ciertos olores
tanto de mujeres –perfume y sudor-
como de hogares que fueron casi míos.
Ninguna casa huele igual.
Retazos de recuerdos nada visuales.
Recordar es un ejercicio de la memoria,
vengarse es una necesidad del corazón,
sin buscar justificaciones, sólo con realidades alternas.
Ahí te quedas
observando un infinito que no cambia.
Soñando
con cambiar un mundo de mierda.
Creyendo que todo
irá a mejor solamente con uno o dos tópicos.
Sufriendo vidas
que llevan a muertes que no son nuestras
aunque nos van matando ilusiones
y esperanzas
Bromeando
porque las risas son un anestésico
contra las malas ideas,
las peores intenciones,
las muertes prematuras.
Esta es una de esas veces que no tengo
un final ni siquiera apropiado.
Los diseños que no acaban de ser lo que uno esperaba
La mala costumbre que no vuelve por sus fueros y a pesar de todo nada va como querías
los fallos que echar en cara de quien dice no tener culpa de nada
la ciudad esta casi vacía este sábado festivo por la mañana
nada va hacia delante ni hacia atrás
Resultados inesperados
factores sin tener en cuenta
laxitud en ciertos movimientos
de cuenta atrás;
éxitos radiofónicos
que acabas por odiar;
no quieras ni pretendas entender
ciertas manías que son casi costumbres
casi formas de vida sin casi.
Los accesorios necesarios para volver a empezar…
aún recuerdas cuales eran.
Las peores costumbres que no abandonan
que no hay quien reniegue de ellas;
que no se pueden manipular a voluntad
por más que se desee;
las negaciones inoportunas, las mismas que niego haber negado,
vendía humo y a mi me importa un carajo,
no era mi novio, ni conozco tanto a la chica afectada.
Tampoco me fío en exceso de los reproches de una mujer traicionada
no todos son tan sinceros como parecen
ni tan ciertos
la ira esta a veces muy cerca de la mentira.
Porque quedan muchas ocasiones sin esperanza
tantas cosas que denunciar
la extremaunción otorgada por tercera vez
así no hay quien se muera;
déjenme morir en paz conmigo mismo
En la hora de mi muerte que llega siempre
cuando menos me lo espero
tengo a los pies de una cama que no es mía
una guadaña de torcida sonrisa
y un as de copas que escondo en la manga del pijama
Prefiero morir borracho
a ser mi propio testigo.
Dos opciones no tan distintas
déjate de disimulos.
Batiendo records de estupidez.
Asesinando el tiempo a borbotones.
Necesito una dosis de agua helada
para despertar.
Necesito un café cargado
necesito una pistola cargada
para acabar con ciertos tipos
que me producen alergia.
Dos mujeres no tan diferentes
no puedes quererlas a las dos
puedes tirarte a ambas.
Amor y vicio no son tan distintos
¿o si?
No pretendo hacer una tesis doctoral
ni ser politicamente correcto.
Dame todas y cada una de las excusas
que arrinconé de la lluvia,
de las películas perdidas en mi falsa memoria,
de los instantes irrepetibles que por supuesto repetí.
Esa sensación de vacio
que un día ocupaste
que anteayer llenaste.
Dame sólo por un instante un poco
de aquello, sin volver atrás,
un tanto de todo, sólo por no olvidar
por no dejar de ser tu misma
para mi.
¿Sabes digerir la derrota
comer sin guarnición una dosis de abandono?
La bufanda que más que abrigar ahoga,
los besos que lejos de relajar, rascan.
Cielo negro en pleno día,
árboles caídos,
torva mirada.
¿Sabes mascar bien la derrota
como un pedazo de carne correosa que no termina?
Las disculpas que hieren más que insultos,
los besos que huyeron tras las excusas.
Olvidar, lo que se dice olvidar es dificil
me lo pones dificil.
Obviarte, lo que se dice obviarte es un tanto más sencillo
pero me sigue costando trabajo.
Ojalá me importase un poco menos.
Me he vuelto más críptico pasados los años
tal vez menos sensible
y un pelín descastado, o tanto como casi siempre.
Y no quiero ser otro yo diferente
del que soy.
Y no quiero ser más yo que tú
entre sabanas de amianto.
Nunca quise con tanta claridad como ahora quiero
tal vez de otros modos
tan distintos, y al tiempo tan pasados.
Y no quiero ser otro yo diferente
del que he llegado a ser
¿Como podría atarte a la cama?
Reuerdo cuando grabar una cinta para alguien, era un ejercicio de paciencia, de escuchar, de jugar con las teclas del radio cassete y de esperar canción a canción a que estuviera terminado.
No añoro aquellos tiempos, grabar un cd, lleva una quinta parte de aquel tiempo y causa el mismo efecto en la chica en cuestión. Aunque tal vez si que añoro un poco aquellos tiempos, pero no demasiado.
Llegando tarde del trabajo
acumulando reproches sin aparente importancia
no prestando atención a cambios sutiles
siendo como siempre fuiste más o menos
de pronto… es demasiado tarde
ella pide/quiere/exige la separación
lo peor es que no lo viste venir.
Ni tanto frío ni tanto calor
pero
a la plancha
y a la vuelta y vuelta.
Sudores que arden por la espalda
como salsa para la carne.
En los mejores momentos de su indecisa facilidad para conquistar mujeres, un amigo mío le dijo a su chica de ocasión: "Me tomaré una copa para atreverme contigo, nena, con el convencimiento de que las dos siguientes las necesitaré para olvidarte". Era verano, como lo es ahora, y aquel tipo entendía que el calor banaliza las cosas, incluso las sagradas cosas del amor. Estaba convencido que del mismo modo que hay canciones para el verano y ropa para sobrellevar el calor, habría que aceptar la existencia de mujeres estacionales con quienes el alcohol del daiquiri suele ser más eficaz que los aforismos y que los versos. No comparto la actitud de mi viejo amigo pero tiene algo de razón.
(J. L. Alvite)
Nada más que hablar
los tiempos silenciosos callan
cuando intentan matar.
Poco más que ahuyentar.