Tiempos abotargados, mejor muertos,
agujas que acribillan como acupuntura
a favor de sufrimientos y dolores,
las impertinentes aclaraciones que no considero
siquiera necesarias, mucho menos vitales.
Tiempos destrozados como lluvia rota
contra aceras abandonadas por nuestros
zapatos - mi 43 y tu leve tacón-.
Escribo. Hay quien tiene el vicio de fumar. Pues yo escribo. Hay quien juega a las tragaperras. Yo me gasto el dinero en bolis y papel. Continúo siendo un clásico a pesar de las nuevas tecnologías –que me gustan y de las que no reniego en absoluto- pero me gusta escribir. De mi puño y letras que a veces cuando todo sale rodado y rápido a veces ni entiendo mi propia caligrafía apresurada.
Distinguir
lo bueno de lo malo
lo correcto de lo que no
el azucar y la sal,
tomar una decisión
al respecto,
dejar de nadar y guardar
la ropa,
en ocasiones hay que tomar partido,
las medias tintas no son la mejor opción.
La escala de grises
territorio brumoso
en el que acampar
relativizando
ni tanto blanco
ni tonto negro
no me gustan los extremos.
La lija de tu voz que se me escapa,
la vuelta de tu falda que me agota,
la foto de revista que no ojeo,
la guasa ineludible de tus ojos.
Una de esas carreteras sin arcén,
uno de esos amores descastados
y las prisas que azuzan ciertas emociones
desencadenadas en torrentes de ceniza.
¿Para que quiero tus pies
sino para planificar una huida junto a ellos?
La lluvia de tus lágrimas alegres,
la impactante seriedad de tu belleza,
la vuelta y remolino sin pisotón, de esos
mismos pies
¿para que los quiero?
Porque estar a tu lado una eternidad suena a quimera
a ilusión que no se va a cumplir,
porque nombrar tu nombre debería estar prohibido
a otros labios que no fueran los míos.
Porque no sé que palabras son más adecuadas
para que tus ojos me miren
con esa sonrisa entre divertida y amarga.
Porque sigues moviendo la ternura
que llevo dentro
escondida entre subjetividades y odios.
(ideasuelta)
Irrepetible confusión de nombres alternos,
tiempos perdidos que nunca quisieron perderse,
mapa de carreteras que no llego a tiempo,
urgente como el dolor de muelas
que condena una mañana helada…
Sin tiempo de pedir cita al dentista,
sin tiempo para la autocrítica,
sin tiempo para correr.
Como un dolor de muelas que hace olvidar
la vida cotidiana.
Demonios y gatos y torturas y vinos
y desconcierto y barrios agotados,
y desamores y ecos de flores,
y spleen,
lectura abandonada durante años
que reaparece al borde de una taza
-salida de una vieja caja.-.
Tengo todas caras,
tus mohines, tus sonrisas,
guardadas en 100 fotos.
Eras preciosa
supongo que tal vez lo seguirás siendo,
pero perdí la lente de aquellos sentimientos
aquellas fotos guardan algo de aquello
pero el resto se lo llevo el tiempo.
Me alegra recibir noticias tuyas
de cuando en vez.
Gira el mundo
gira la peonza
gira la glorieta
gira la calle
de tanto que he bebido.
Da vueltas la cabeza,
las piernas pierden paralelismo,
escucho voces que no hablan
gira el mundo gira
y yo detrás.
Giran las agujas del reloj,
vomito los minutos
antes del amanecer,
que jodido es volver
sin caer,
sin hacer más eses
siseando.
No hay vacantes ni quedan habitaciones libres,
no hay rutas que no puedan cambiar en el último momento,
pistas falsas, mensajes ininteligibles,
sueños rotos contra el suelo, lluvia terca y redundante,
no cuento las veces que corrí peligro,
tampoco cuento cuentos que terminan bien.
No medito en voz alta, no te asustes de las sombras,
no improvises más de lo necesario,
no hagas preguntas tontas
y no niegues 2 veces lo que no negarás por tercera vez.
Versión propia, versión o perversión. Nunca se sabe. Hay días para adorarlas a las rubias en general y a algunas rubias en concreto y días para odiarlas con todas las fuerzas posibles y alguna más.
Hay rubias veneno, rubias pasión, rubias revuelo, rubias pendón, rubias de bote, rubias ilegales, rubias escote, rubias ternura, rubias banales, rubias australes, rubias impuras, rubias fatales… rubias… más rubias… tantas… demasiadas rubias.
Y la más rubia de todas, la única leal, fiel y con ojos repletos de sabiduría de años e inclusive milenios: la Rubia gallega.
Uso llavero y reloj
tal vez por costumbre
y un mucho de elección propia.
O quizás para saber en que hora
y donde vivo.
No uso en exceso las cuchillas de afeitar
ya abandoné la gomina
para no morir de empacho.
Opto por los bolígrafos que vuelan al escribir,
tras mi época de estilográficas
y años a… de los lápices staedler.