Una noche, entre whisky con naranja -zumo de- y whisky con cocacola, Cecilio comentaba con un amigo - a saber cual- que hay días de oro y días de mierda, oportunidades que hay que saber aprovechar, mujeres con las que correrse una juerga y otras por las que apostar un cuarto de vida - ya sabes, los amores eternos se están devaluando-, lo complicado es saber distinguir.
Obviamente él creía que tenía el necesario criterio, aunque los hechos habían demostrado repetidamente que no. Su amigo lo miraba con la mirada que le ponían todos cuando empezaba con su charla de tipo duro, una mezcla de "anda ya" y "ah si?".
-Yo nunca he llorado por una mujer - añadió Cecilio a modo de colofón - No merecen tanto-.
-¿Ah no?
-No, no merecen tanto.
-No, si digo yo que si nunca has llorado. ¿Entonces ni una lágrima, ni siquiera por Elsa?
Cecilio le miró, sonriendo triste. Hay días de oro y días de mierda, tío, oportunidades que hay que saber aprovechar y mujeres que hubiera sido mejor no haberlas conocido. Y pidieron otra ronda.
Mantener a trancas y barrancas la compostura,
disponer de menos tiempo del previsto,
creer en todo lo que me enseñaron,
enseñar las piernas sin pudor ninguno,
pagar a escote la comida,
beber hasta que alguien rellena la copa,
filosofar en el fondo de un cubata,
escuchar siete veces la misma canción,
embrollar las historias entre ellas,
disimular tras la palmada en las nalgas,
mascar chicles sin hacer globos,
redundar en beneficio propio.
Olvidar las viejas manías
y acoger otras de nuevo cuño,
olvidar reiterados temas
añadir cuatro caricias
y aguar con hielo la melancolía.
La pausa hecha alegría,
la piel tostada clara de antaño
que rescribe ciertas páginas
ni tan malas,
el pasado hecho pasado,
el futuro abierto a lo probable
y a lo imposible.
Renovar promesas calladas,
aumentar extensiones,
volver sobre lo vivido sin acabar
de volver a volver,
contrabandear una arroba de besos,
renovar lo viejo o reinventarlo sin excesos.
Perdidos el norte y la esperanza
en que todo salga bien,
sólo queda la testarudez habitual
y las ganas de molestar
y añadir la última palabra.
Perdidas la costumbre de dormir
más allá de las 4
y despertar a eso de las 12
sin haber dormido/Soñado/descansado
demasiado.
Perdido el deseo y la lascivia
permanecen la educación
y las buenas costumbres
tan aburridas ellas.
Perdidos los buenos y sanos hábitos
se impone una dieta
de colesterol y cerveza.
Era tradición en la familia que los hombres no se levantaran de la mesa durante toda la comida, hasta haber terminado el café. -Como tiene que ser y siempre fue en esta casa- añadía Concha, la matriarca. Así fueron educadas sus dos hijas y a eso tuvo que adaptarse su nuera; la costumbre es la costumbre, casi una tradición y Concha es terca como una mula - dice siempre Martin, su marido- y es mejor no discutir con ella.
El silencio se cortaba con cuchillo el día que tras los dos platos de rigor y antes del postre Concha le dijo a Isa y Cecilia, sus hijas, "ayudarme a recoger" y Ceci recién llegada de su primer año en la facultad le dijo: "Y estos no van a ayudar mamá?" Señalando a su padre y a su hermano.
-Deja a los hombres a lo suyo y trae los platos.
-¿Lo suyo? ¿Qué es lo suyo? ¿ El fútbol? A mi también me gusta el fútbol
-Venga! Déjate de tonterías y recoge
-no - dijo volviéndose a sentar.
Silencio espeso como la nata de la leche recién ordeñada. Concha se fue mascando el cabreo a la cocina, se hubiera esperado algo así de Begoña, su nuera, que siempre había sido un poco señorita, pero ¿de su propia hija?. La culpa era de la universidad que en vez de enseñarla a ser una buena madre le llenaban la cabeza de tonterías.
Ceci permaneció sentada, mientras Isa y Begoña recogían la mesa mirándola de soslayo.
-Hay que ver como eres - dijo Luis, su hermano- Si por ti fuera mamá haría todo el trabajo.
-¿Y si dependiera de ti? No te levantes no te vayas a herniar de llevar a un plato, machote.
Luis enrojeció, enfadado, dispuesto a contestarle a esa niñata. Y entonces su padre riéndose dijo: Venga Luis coge los platos y llévalos a la cocina.
Luis se quedó perplejo.
-No me mires así.-Continuó, dándole una calada a su Ducados- Y no me pidas que los lleve yo. Yo ya no voy a cambiar, pero tú aún estás a tiempo. Y cuando tu hermana tiene razón, pues hay que dársela.
Ceci sonrió a su padre; su madre, su hermana y Begoña que entraban con el postre miraron alucinadas a Luis llevando los últimos platos. Cuando todos estuvieron sentados, Ceci se levantó dio un beso en la mejilla a su padre, puso una mano en el hombro de su madre y dijo: Ya voy yo a hacer el café.
de un fin de siglo cualquiera
Pocos coches circulaban por las calles casi vacías, amanecía aunque el cielo demasiado nublado impedía ver el sol y un frío húmedo otorgaba un característico toque climático a aquella ciudad del norte.
Cuando el hombre bajó las escaleras y cruzó la plaza con aire distraído no salieron volando cientos de palomas. Posiblemente porque no había ninguna en aquella plaza al lado de la estación de ferrocarril. Eran casi las siete y media de la mañana y el atuendo desentonaba tanto como si hubiese estado en un mercado comprando hortalizas para el puchero. Llevaba un traje levemente arrugado de estar tanto tiempo en el armario de un tono entre verde y beige, camisa blanca sin corbata y zapatos negros de cordones. Entró en la estación atravesando la puerta de los taxis, sin intención era comprar el billete, tomarse un café, leer el periódico y después coger el tren. Sin embargo, justo enfrente de él, en la vía número tres estaba a punto de salir -7.30 señalaba el horario cuando ya pasaban tres minutos de la hora prevista- un tren con destino a su destino.
Sin dudarlo se subió al tren, atravesó tres vagones y se sentó en un asiento libre tapizado de azul y naranja.
¿Adonde iba a esas horas y vestido así en aquel tren? A un entierro que comenzaba a las cuatro de la tarde.
Llegó a tiempo, por supuesto, un largo paseo y un abrazo lleno de lágrimas.
Nada más que hablar
Nada que decir.
Ninguna explicación que dar.
Ninguna culpa que admitir.
Nada que añadir.
Nada que decir.
Nada más que discutir.
Ninguna excusa que poner.
Ninguna vuelta de tuerca que dar.
Levantarse tarde juntando desayuno y cena,
amagar una pose de duro de diez segundos,
cambiar de mano el reloj,
observar las subidas/bajadas de marea,
recordar cuestiones espinosas,
escribir en papel cebolla sin llorar,
devolver la ropa interior regalada,
malcriar los sentimientos a detalles,
apagar el sol con una nube incómoda,
zanjar paso a paso las cuestiones pendientes,
disolver en un vino la medicación,
optar por ver como vienen dadas…
"Siempre he hecho películas con humor y con mala hostia, que es el humor de verdad"
Luis García Berlanga
Eres una quejica. Que si no me queda dulzura para ti, que si no te he escrito nada para tu cumpleaños -carga de profundidad suelta durante la última charla de teléfono-- ¿Y que te esperabas? Ni te dignas venir a verme en años, ni en acostarte conmigo a pesar de las veces que te lo he insinuado -conste que tú te lo pierdes-.
¿Realmente crees en amistades eternas y desinteresadas entre hombres y mujeres?
No me vengas con que "tú me dijiste que"; también te dije que nunca te miraba las tetas y la verdad es que te miraba a los ojos solo para saber cuando no me estabas mirando tú a los míos para poder ojearte disimuladamente.
Sí, ya sé que sabes que somos todos iguales aunque esperabas que hubiese alguno distinto. Pues no te voy a mentir, somos todos iguales. Pues no te voy a mentir, no te voy a hacer promesas de amor eterno, ni siquiera de un orgasmo enamorado; sólo una noche de sexo mediocre.
¿O te crees que escucho tus problemas porque soy muy buen tío?
En absoluto, deberías saber que hasta por escuchar tan repetidos problemas se exigen unas contraprestaciones. Olvídate de amistades desinteresadas. Me conformo con un rato de cama, o dos que tampoco hay que escatimar en agradecimientos merecidos.
¿Me equivoco o te tomarás esto a broma pensando "Jo, como es J"?
Normal, ¿Quién sería tan cabrón para soltarte así toda la verdad?
(Cualquier parecido entre este texto y la realidad es pura coincidencia. ¿O no?)
Desde Mexico nos encontraron buscando en google:
"que hacer cuando para olvidar a un novio"
-obviemos quien cojones o para que busca esto-.
Esta página aparece en 8º lugar debido a este post.
También alguien, desde méxico, buscó "es mejor olvidar frases" lo que llevo al mismo lugar.
Y alguien me encontró buscando "Solo para chicas".
En fin… cosas más raras busca la peña en Google
Me gustan las películas de "espadas" que decía mi abuelo - que resumía los géneros de su gusto en: de espadas, de guerra y vaqueradas -, me gustan los folletines y novelas de aventuras del siglo pasado o hace dos - de Dumas a Sabatini… -.
Las de piratas por supuesto. Y hay veces que la realidad supera a la ficción. El otro día hablando con una amiga de libros salió en la conversación Benito Soto, el último pirata gallego.
Mirar la hora de reojo continuamente,
bajar la música para aparcar,
apagar las luces de la ciudad,
llamar perdidamente sin respuesta,
escuchar charlas habituales,
evitar situaciones absurdamente tensas,
sonreír como un tonto,
agotar las segundas y terceras intenciones,
acabar con la incertidumbre con una negativa,
contar los minutos de diez en seis,
distinguir las velas que bailan sobre el mar,
apostar por un final de los pausibles
(el más pausible de los posibles finales),
dar un manotazo a la mesa,
redondear al alza las caricias,
perder el tiempo para hacerlo volar,
cortar la baraja para evitar esa carta,
pedir perdón ya antes que me conozco…
Parecía roto. Sólo fue un mal momento.
Parecías tú. Sólo fue un espejismo.
Parecía el destino. Sólo fue una casualidad de tantas.
Parecía fácil. Sólo fue un nuevo intento.
Parecía guapa. Sólo tuve que remirarla cuando se acerco.
Parecía amor. Sólo fue reiterada novedad.
Parecía sincera. Sólo fue una mentira bien narrada.
Parecía imposible. Sólo tardó un poco mas de lo habitual.
Parecía parecido. Sólo fue una ilusión, nada que ver.
Sueño que son seis sueños
atrasados y atados a mis piernas,
los parpados pesados
que aletargan la tarde que dura el doble
de lo habitual.
Cansina, lenta, aburrida,
tarde de Domingo.
(Desnudar la verdad desnuda II)
Aunque luego me digas que lo veías venir,
que podías prever todo lo que va a suceder,
no ejerzas de adivina, no apuestes por mis vaivenes,
por mis desdenes, por mi egoísta y valiente cobardía.
Y próximamente los tal vez jugaran sobre seguro,
el dolor dejará de doler como la primera tarde,
la verdad desnuda se desnudará sin frío alguno,
y todo resultará obvio visto a posteriori.
Sólo espero que las tormentas pasen de largo,
que las maldades no encuentren anclaje,
que los rumores se ahoguen de morbo,
que los después vengan primero,
que todo encaje en su lugar propio,
que las cosas vayan bien y los mejores deseos.
Combinar la camisa y la corbata,
andar despacio por calles anchas,
demostrar con hechos la cordura,
pisar erizos hasta abrir castañas,
agotar la tinta a mi lengua,
pasear bajo el sol, contra el viento,
comprar bufandas para el invierno que se acerca,
comer lechuga que no quita el hambre,
disponer de puntos finales tan seguidos,
bromear con todo lo indebido y más…
De abandonos y excusas
podría hacer una colección
de propios y ajenos.
De felicidades fugaces
que traen una posdata de melancolía,
de olvidos sin memoria reticente
que cae en las mismas trampas,
inoportunamente previsible
por falta de tiempo.
Aunque también hay cariños sinceros
y buenas intenciones
ni tan difíciles de hallar.
Yo no era así cuando era así
de joven
o si y no me conviene recordarlo.
La juventud se cura con la edad,
la tontería no siempre
y si bien el tiempo no regala sabiduría
porque sí
al menos otorga perspectiva.
Yo no era así o si
o tal vez no y era peor
por lo que puedo recordar.