Te echaba de menos
y cinco minutos más tarde
tras no soportar no oir tu voz
y preocupado por como te iba todo
ya me estaba arrepintiendo de mi infeliz idea
y deseando no haberte llamado
o que se yo.
Lola tenía 18 años recién cumplidos, más curvas que un circuito de fórmula uno y una sonrisa que derretía los corazones, las intenciones y los pantalones de casi todos los chicos del instituto Rosalía de Castro. Sin embargo ninguno, la rondaba, ninguno la piropeaba, ninguno le tiraba los tejos ni de lejos.
Lola estaba en su último año de instituto, quería estudiar Biología, había sacado el carné de conducir a la primera a la semana de su cumpleaños y conducía un Honda HRV, todoterreno –ahora llamados Todo Caminos – corto, color amarillo.
Lola era la chica de Lauro Soutiño, el narco más conocido de las Rias Baixas y el más escurridizo, perseguido por la Guardia Civil, la DEA y la Antidroga Colombiana, con los locales – policías y políticos – en el bolsillo donde guardaba el suelto. Casado con Etelvina (Colombia, 1963) con la que tenía una hija, Jennifer, de la misma edad que Lola pero ni la mitad de curvilínea.
Ni que decir tiene que esa aureola de protección que rondaba a Lola con respecto a los chicos también funcionaba con los profesores; ninguno se atrevía a suspenderla, aunque sin ser tonta no era ninguna lumbrera y ese último curso –cuando conoció a Lauro- no había prestado especial atención al tema académico.
A su padre no le gustaba nada aquella historia, pero su mujer lo mandaba callar porque le gustaba que las vecinas envidiaran a la niña, y sus relojes, y sus joyas y su coche y la ropa cara que Lauro le regalaba; la niña lo mandaba callar “Papá, tu eres un viejo y no entiendes nada. Nos queremos”. Y era mejor que Lauro Soutiño, alias “a serpe do Miño” no lo mandara callar porque era más expeditivo que su mujer y su hija juntas. Pero el padre musitaba entre dientes “Chegará o día de arrepentirse, veredes”
Y el pesimismo es lo que tiene, que acaba por acertar, y el fatalismo más todavía. Y el escurridizo Soutiño, alias “A serpe do Miño” cayó en una redada de la DEA en Miami junto a su esposa Etelvina. Y la “niña” preñada del último polvo con cena y visón, en una de las imprevisibles o no tanto, revueltas de la vida.
Uno de tantos incontables
insomnios
de noche lluviosa y fresca
de pies frios
y ganas de escribir.
De insuficientes copas,
de demasiadas horas,
de miércoles tranquilo,
de sueños inconexos,
de poco que añadir.
Uno de tantos insomnios
que trae más palabras
que cien días áridos
a pesar de la humedad.
Luces de farola
reflejándose en el suelo mojado
y tu ausencia
tan patente como el resto de las noches.
El mapa del mundo anticuado en veinte años con Roma como eje de caminos,
el surtidor de gasolina en medio de una centena de neumaticos,
los cambios horarios infundados de beneficio dudoso,
las discusiones de salon que no van a ningún lado,
las pulseras de cuero que me atan tu sonrisa a la memoria,
el dolor de cabeza que me impide concentrarme en la inspiración,
los servilleteros vacíos adornando tres mesas de este bar,
los días similares uno al anterior y al siguiente,
el tiempo agotado hasta acabarse de todo las pilas,
los mismos errores repetidos una vez delante y detrás de otra,
la lluvia cuando aún no es Abril punteando los cristales,
el pincho, que acompaña la caña, de tortilla casi pasada,
las multitudes inanimadas que no protestan, solo están,
la luz parpadeante antes de decir adios,
la borrachera para intentar olvidar que tu recuerdo no se olvida así por las buenas,
la hora lenta y repetitiva que no da llegado a ninguna parte,
las nubes grises que no se pueden desterrar en este mayo variable,
las notas recordatorias que olvidé donde dejé,
el guión torpe de este telefime que ni se vendió fuera de su país.
Vueltas y revueltas de la vida. Tras un final soprendente aunque no tanto, tras escucharla a ella faltándole al respeto tras la ruptura, diciendo que no le daba placer en la cama, que era un pichacorta...
Sorprendentemente se casaron menos de dos años después tras una reconciliación no sé si debida a la suma de soledades, a las presiones familiares, o a que mejor pichacorta que ninguna en absoluto.
Él es un imbécil casado, lo cual no sé si lo convierte en más imbécil tras todo lo sucedido y ella es el doble de lo que fue.
Si Clapton lo pregunta por algo será.
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| De Tazas |
Más tazas... incontables tazas.... demasiadas tazas?
46.
Seguiré el sueño hasta el final
a ver adonde me lleva.
47.
Una farsa tras otra
una suma de mentiras,
no te disculpo ya que no es necesario.
48.
Monótono
Comí un plato combinado
Tomé un par de cafés
Lei un libro prestado
49.
El final de los finales
o el último
de los finales posibles.
50.
Quiero ver el interior
del tiempo, por dentro,
quiero ver el contar
de segundos
tic a tac.
Mi amigo bluesman no sacó disco a pesar del tiempo transcurrido. casi había material, aquel "Septiembre lluvioso", "Circunloquio afable", un par de versiones y hubieramos construido las restantes. Tampoco dió ningún concierto más. Ahora toca la guitarra en la intimidad del hogar que ha construido junto a la mujer que ama.
Intentar entender
estados de ánimo
rozando el desánimo
o la tristeza
se antoja dificil
en tardes tan grises.
- Quería llevar unos mejillones para allá para Buenos Aires, ya saben, me gusta tomarlos con queso y cerveza por la noche. ¿Cómo están?
- Allá. Quietos todos en la batea.
Lo que escribo lleva tu sombra o tu ausencia.
Y cuando te tengo
no te escribo o te escribo menos
de lo que querrias
y de lo que quisiera.
No me acostumbro a echarte
de menos
y hago elipsis con principios
sin obvios finales
casi obvios
y sentimentales.
Lo que escribo lleva tu sombra o tu ausencia
como un eco
una reminiscencia
un imposible olvido
un no querer perderte.
41.
Dos cafés
y dos cervezas
que poco ayudan
a pensar con tranquilidad.
42.
Leer de nuevo
pasado el tiempo
con la relatividad
de que nada es tan eterno
como parece.
43.
Me voy quedando sin tazas
a menos
que cambie de bares
44.
Llamadas que debería hacer
y no he hecho
¿será tarde?
45.
Tácticas de acercamiento
anticuadas
que van perdiendo vigencia.
Correspondencia a raiz del suceso entre Alfonso Canales y Cela
CARTA DE ALFONSO CANALES A C. J. C. (3/2/1972)
Querido Camilo José:
Con mucho gusto te relataré el incidente a que te refieres en tu carta.
La cosa ha acaecido en Archidona, muy cerca de donde se halla la célebre Peña de los Enamorados. Una pareja -no consta que fueran novios formales- se encontraba en el cine, deleitándose con la contemplación de un filme musical. La música o las imágenes debían ser un tanto excitantes, porque a ella, según tiene declarado, le dio -no sabe cómo- el volunto de asirle a él la parte más sensible de su físico. El cateto debía ser consentidor, pues nada opuso a los vehementes deseos de su prójima. Dejóla hacer complacido, sin previsión de las consecuencias que habría de tener su regalada conducta.
Según parece, el manipulado, hombre robusto por demás, era tan virgen como López Rodó o, al menos, llevaba mucho tiempo domeñando sus instintos. El caso es que, en arribando al trance de la meneanza, vomitó por aquel caño tal cantidad de su hombría, y con tanta fuerza que más parecía botella de champán, si no geiser de Islandia.
Los espectadores de la fila trasera, y aun de la más posterior, viéronse sorprendidos con una lluvia jupiterina, no precisamente de oro. Aquel maná caía en pautados chaparrones, sin que pareciera que fuese a escampar nunca. Alguien llamó airadamente, identificando el producto e increpando con soeces epítetos al que lo producía en cantidades tan industriales.
Se hizo la luz. El cateto pensó que la tierra, en eso de tragarse a los humanos, obra con una censurable falta de oportunidad. Doblemente corrido, trataba en vano de retornar a su nido la implacable regadera. Su colaboradora ponía cara de santa Teresita de Lisieux, aunque con más arrebol en las mejillas. Ambos fueron detenidos y conducidos a la presencia judicial, lo que ocasionó que se incoara el oportuno sumario por escándalo público, a falta de otra tipificación más especificadora.
El juez hizo el ofrecimiento de acciones a los poluídos, quienes no sólo quedaron enterados, sino que presentaron justificantes de los daños y perjuicios. Un prestigioso industrial incorporó a los autos la factura del sastre que había confeccionado su terno, que devino inservible. Y una señora, de lo más granado de la sociedad archidonense, presentó la cuenta de la peluquería donde, al siguiente día, hubo de hacerse lavar el cabello (el Fiscal no acaba de explicarse cómo pudo pasar la noche sin un lavado casero de urgencia).
Como primera providencia, puesto que así lo imponen las reglas de la moral, los intérpretes del raro suceso han contraído honesto matrimonio. ¡Gran equivocación! Imagínate lo que hubieran podido prosperar, en cualquier parte del mundo, tanto el prepotente poseedor de la manguera como su eficaz partenaire.
La causa está ahora en trámite de calificación. Cuando se dicte la sentencia, te proporcionaré una copia. Será un documento acreditativo de las reservas, no meramente espirituales, de nuestra recia estirpe.
Un fuerte abrazo
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CARTA DE C. J. C. A ALFONSO CANALES (7/2/1972)
Querido Alfonso:
¡Bendito sea Dios Todopoderoso, que nos permite la contemporaneidad con estos cipotes preconciliares y sus riadas y aun cataratas fluyentes! Amén. ¡Viva España! ¡Cuán grandes son los países en los que los carajos son procesados por causa de siniestro! El suceso muy bien podría originar la aparición de una frase adverbial aún no nacida -"como el cipote de Archidona"- señaladora de óptima calidad y desaforada cantidad. Te ruego que transmitas a la Excma. Diputación Provincial de Málaga mi propuesta de que le sea atribuído un homenaje de ámbito nacional al dueño de la herramienta, honra y prez de la patria y espejo de patriotas. Podría levantarse en su honor un monolito granítico con una farola en la punta del haba -el falofaro de Archidona- visible desde las costas de Africa; podrían editarse tarjetas postales y fabricarse cipotillos de solapa; podría incluirse la contemplación de tanta gloriosa prepotencia en el programa de los cursos de verano para extranjeros.
¿Os dais cuenta los malagueños, mi querido Alfonso, de lo didáctico que resultaría? ¡A qué lindes insospechadas de progreso nos ha llevado el III Plan de Desarrollo y la sabia política de nuestros beneméritos tecnócratas, a quienes Dios guarde para mejor lección de todos! Entre nuestro común amigo don Lupercio Leonardo de Argensola y yo hemos compuesto, en loor del pijo histórico, el poema que paso a copiarte:
SONETO
Claro cipote, cuya frente altiva
cubre de nubes tan tupido velo
que nos hace creer que en ella el cielo
y en sus cojones su razón estriba.
En ti mostró su boca vengativa
el gran león, forzado de su celo,
y en ti de voluntad empieza el vuelo
del goterón de leche en lavativa.
Hoy proclama la gloria de Archidona
que anegas con tus huevos a su gente
por tu fluidora pija perseguida.
Hoy el mundo en tu justo honor pregona
que salvo incordio, chancro o accidente,
no hay pija cual tu pija en esta vida.
Un abrazo de tu emocionado y viejo amigo
Me desperté con la luna en la cara
y con frio
y tu no estabas
Yo tambien pase frio
esta noche
y por mas que recorri la cama
no te encontre.