¡Mira que eres parva, ho!
La parvedad como
sinónimo de tontería supina.
Es dificil camuflar de bondad
la estupidez por mucho
que lo intentes.
Tonta manía diminutiva
ridiculez a pies juntillas
Otro ito o ita
y vom-ito
bon-ita.
66.
Diminutivos ridiculos
que pierden sentido en cuanto el amor
se difumina
como si nunca hubiera estado alli.
67.
Cuando las cartas de amor han perdido su vigencia
y las bocas han dejado de creer
en lo besos que antes daban.
68.
Las llamadas interrumpidas
palabras al aire
pero cuantas últimas;
te llamaré
cuando haya cobertura.
69.
Fantasías hechas realidad
hechas volutas de humo
sobre tu piel caliente.
70
Minutos soldados en horas
que duran días
que duran horas
soldadas en dias
con minutos eternos
sobrantes.
Lavar la ropa sucia antes de que apeste,
duplicar la apuesta perdida de todos modos,
acabar el café antes de que enfríe y resulte intragable,
reconocer una (en)celada en el tono de las palabras,
prestar consejos que ni pedidos no admito ni regalados,
observar el reflejo en el espejo de la tontería supina,
acortar distancias con tiempo medido,
nombrar el nombre de la mujer perdida,
confiar a pie juntillas y casi a ciegas,
abandonar las esperanzas de no perder razones,
continuar en las trece propias sin resignarse,
despedir sin un adiós las tristezas,
despertar oyendo tu voz cada mañana,
mirar por encima del hombro sin rencores excesivos,
pedir un café complicando lo sencillo por gusto o ganas de incordiar.
"Hasta que comprendi que no hay un sólo hombre que su chica no pueda sustituir por un vibrador y un libro de citas"
(J.L. Alvite)
No me gusta esperar por esperar
voy saltando por casi todos
los estados de desánimo:
frustración, cabreo, duda de mi,
autotranquilización, sonrisa,
recabreo, odio, preocupación,
desasosiego, autotranquilización,
desvario…
No me gusta esperar por esperar
el tiempo se da de si
sobre si mismo
se alarga hasta duplicarse
enlentenciendo
Me dominaría la pereza
sino fuera porque sé que es un catarro mal curado.
Tal vez me he quedado sin historias
que merezcan la pena contarse.
Estoy tan seguro de casi nada,
que acabo dudando un tanto
por cierto
más de lo recomendable,
y puedo ir y volver
con la marea de la subjetividad
hasta saber que debo de hacer,
eludiendo consejos baratos
que ni para uno mismo valen,
y con la seguridad
de saber que para adelante
porque la palabra de uno
vale
lo que uno vale.
Sea cuanto sea.