Mi madre nos compraba a mi y a mi hermana los cuadernos y los lápices en la Poesía – el edificio todavía sigue en pie y el comercio lo cerraron hace un par de años- porque eran mas baratos que en las monjas y quedaba cerca de casa. Vivíamos en la calle Orzán en una casa enorme, si teníamos suerte y mi madre estaba de buen humor y le quedaba algo de suelto nos compraba unas mariquitas recortables.
Cuando abrieron el hotel Embajador, cerca del Palace, encima del Colón -¿Cómo que ya no existe? ¿Entonces lo tiraron? ¿ah no? – Pues ocupaba las plantas encima del teatro, allí fue donde vino el rey Abdullah reservó toda una planta para él, su sequito y hasta las cabras para tener leche. Mi padre andaba metido en la construcción contaba que cuando hicieron el teatro se les olvidó poner la escalera para subir al escenario y recuerdo que cuando se inauguró el hotel –era yo pequeña- en casa nos quedamos sin espejos porque no les llegó a tiempo un envío y entonces papá se llevó todos los de casa, hasta uno cuadrado y pequeño que había en el cuarto de baño para ponerlos en el hotel, les dieron una patina y listo…
La sobremesa se extendió durante una hora y media, ella sentada frente a mi hablando de esa geografía peninsular y hogareña que compartimos a pesar de los 45 años que nos separaron. Fue casi como hablar con la tía Julita, a la que por cierto ella conocía, vivía a una calle perpendicular de distancia, aunque ninguno de los dos sabe que ha sido de ella. Tiene, o tendría, ni siquiera eso sabemos, 92 o 93 años.
Sin personaje ninguno
4.
Navidad roja colgando del techo
entre el naranja
repintado por una decoradora
cuestionable y con poco gusto.
diferente caña de cerveza
efecto helado con lazo
y el mismo canal de video
de la música latina
del resto de las veces.
5.
Orden de lecturas:
La voz, el diario
Interviú, El pais...
joder pues si que son
largos los 20 minutos
-que no hay para leer-.
6.
Like J.W.
Bostezo y resignación
escupiendo poemas
sin inspiración,
musiqueo tonto de movil,
pasajeros olvidos,
taburetes vacíos,
tarde de sábado,
navidades en lontananza,
a la vista pero ni tan cerca.
El tercer café del día
entre el sueño y el nervio suelto
siempre hay quien se sube
al taburete
como si fuera John Wayne.
Cuando uno de los bares de tu vida cierra es como si te cerrasen para siempre una de las habitaciones de tu casa.
(Carlos Herrera - Arenas movedizas - XL Semanal)
71.
A trompicones
dos pasos adelante
y una pausa excesiva.
72.
Voy a escribir poemas
en el escaso margen
de tu tanga.
73.
Todavía recuerdo lugares de hace años
como si fueran ayer mismo.
74.
Se hizo tarde
demasiado pronto.
75.
Pero peor
Llevo años preparándome para lo peor
intentando prever lo que vendrá
pero
¿Quién te prepara para ser feliz?
Ya me dirás
si queda algo más que añadir
a lo tanto dicho
o a lo dicho a lo tonto.
Ya medirás…
pues, alrededor de 1,80.
Sí, hay gente a la que odio
un poco o un tanto más,
se lo han ganado a pulso.
Sí, ya sé que son meras subjetividades
pero son mías y tengo derecho
a odiar a pie juntillas
y a mentir con las mismas ganas
de siempre.
Aunque nunca me mienta
a mi mismo.
El sello Stax publicaba el 8 de enero del 68 "Sittin in the dock of the bay" un mes después de la muerte de su creador Otis Redding, en un accidente de aviación en el lago Monona (wisconsin) cuando se dirigia a una actuación junto a su banda, cayendo a 3 km de su destino.
Una de esas mañanas frías con sabor a novedoso
con intención de felicidad
con pretensión de quien sabe que
como un borrador de lo sucedido
como una vorágine sin sentido
como un sueño sin acabar de ser soñado
Una de esas heladas mañanas de invierno
que congelan las pelotas
antes de tocar el suelo con los pies.
Pasan lo dias y ni fiestas ni leches, una semana con gripe, y una semana acatarrado. 39º en nochebuena, y sin voz en fin de año... vamos, unas fiestas inolvidables.... miedo me da lo que pueda pasar en reyes.