Como si hubiese respuestas para todas
y cada una de las opciones que se plantean
y a veces resulta que no
que no hay ninguna respuesta valida
que no hay nada que decir
ni que añadir
y el sol de plano que calienta
las ideas
y los gatos se revuelcan en la arena
y la mañana esta como detenida
tan tranquila, casi a la hora de comer.
Fue claro contigo, te dijo que no había opciones de volver. Que ser amigos o no, era cuestión de tiempo y de lo que tú quisieras, que por él no quedaría. Te dijo que no había otra. Te hizo daño al poner punto y final a tanto tiempo juntos, pero fue sincero.
Maldades y rumores surgen ahora de detrás de las piedras. Quien lo odia, quien disfruta entrometiéndose, quien no entiende ni respeta lo sucedido, quien cree que el odio es un modo de superar el amor, quien intenta ayudarte así… No importan las razones que esgriman para intentar, para manejar y maniobrar las cosas.
Haz oídos sordos, no viertas tus lágrimas dejando que te dañen, haz las cosas a tu manera… por bandera la fuerza que guardas.
Además ¿Para que iba a mentirte?
No le mientas la verdad a destajo,
no pretendas acallar falsos remordimientos,
no te quieras emborrachar con las ausencias,
no te indignes sino sale como quieras.
Incendia con la brasa las camiserías,
depón actitudes que no se merecían,
si sospechara dos tercios, navajazo,
si quieres volver la vista atrás,
nada habría que añadir.
No se lo digas
permanece en silencio hasta la última palabra.
No se lo digas
pero tampoco te mientas a ti mismo.
Es mi manera de ser, ¿sabes? Se me ocurre una idea, tomó un apunte rápido, doblo el papel, lo meto en el bolsillo y lo normal es que sólo lo lea la lavadora
Jose Luis Alvite
14.
Se me cae la casa encima
el calor pegajoso, húmedo
poco ayuda
ni se esta bien en la calle
pero tengo de una charla
una cerveza y un par de bromas.
Desveraneando estos días, como otros,
como tantos otros que no llegan a descansar.
15.
Pude haber sido más
de lo que soy
y quien sabe quien hubiera sido
entonces;
me gusto como soy
que ya es bastante
-por no decir mucho-.
16.
La brevedad de tu tanga
en un suspiro de mi boca
Mi lengua en tu espalda
la sal de tu piel
pegada a mi paladar.
Escribí un libro. No contaba nada importante. Eran 214 páginas. Sobrecubierta y portada con foto en blanco y negro. Sonaba autobiográfico, pero estaba lleno de mentiras. Contaba la vida que hubiera querido vivir, no la vida que viví. Aunque dudo que le importe a nadie, a mi editor no le importó, a mi esposa tampoco –y eso que ella ni siquiera aparecía-.
El libro no fue un éxito ni un fracaso. Mi vida tampoco.
Tengo los 448 ejemplares de la primera y única tirada de 500, que fueron devueltos de las librerías amontonados en el salón, la habitación de invitados y el trastero. Cuando le mencioné a mi editor – ahora exeditor- y a mi mujer –ahora exmujer- la posibilidad de escribir una continuación, ambos por separado pero con similares palabras se rieron y me dejaron plantados.
Persisto sin embargo y voy ya por el capítulo 11 de “Proposiciones desproporcionadas” segunda parte y continuación de mi primera novela “Despropósitos a propósito”.
Destellean mis ojos azules
con el sol helado
de este Noviembre
antesala de un Diciembre
aún más frío
que la mirada helada.
Un final de libro:
un par de mentiras para quedar a pre,
tras terminar todo lo dicho,
la pena negra de la chulería traspuesta,
el vacío en la casa compartida.
La única opción posible
ni arrepentirse ya tan tarde
ni pedir perdón,
desearle lo mejor
y pasar adelante.
Lejos de casa y de los amigos
que sea leve el desamor,
la desesperanza, el tiempo en suspenso.
Ojalá siguiéramos a pocas calles
para pedir la última en la Estrella,
para cagarnos en dios de madrugada,
para cantar que putas todas ellas.
El derecho a no dar lástima ni a tiros,
a comerse las cosas como un hombre,
a sonreír de lado, sin añadir ni un ápice,
a no hacer falta decir lo que no has dicho.
Un final de libro
la pena llevada con orgullo
y algún amigo con el que contar
al que no hace falta contarle nada.
Entrecruzar las respuestas sin lógica alguna,
escribir anotaciones para ayudar a mi poca memoria,
bailar una contradanza espejo antiguo mellado,
saludar con una sonrisa a perfectos desconocidos,
desmenuzar el argumento de la novela al dedillo,
abrir el grifo del agua tan fría como un corazón ahogado,
matar las ganas de seguirte por las calles,
prestar atención a los detalles en cualquier caso,
aclarar las ideas como si valiese de algo,
Admitir la dificultad de los sucesos acaecidos,
observar los toros desde una barrera que no ofrece buenas vistas,
esperar por esperar sin esperar nada a cambio,
ayudar sin darle tantas vueltas a superfluidades inherentes,
resistir sin saber si tú volverás o no a mi lado otra vez,
emborracharme de tu olor mientras duermes tan tranquila,
Alunizar con la idea de estar a tu lado,
explicar lo inexplicable una vez y otra más después,
pintar sin colores la tristeza en un papel,
mover el culo ante mis ojos para impesionarme/excitarme,
desistir de intentar entender tu linea de pensamiento habitual.
Me he quedado sin temas. Ya usé todos los recurrentes: la soledad, el amor, el tiempo, el desamor, las rubias, los desengaños, los odios, los hartazgos, la noche, las borracheras, los motivos, y la falta de ellos; los cafés tan solos, las morenas y pocas pelirrojas; la carretera, el océano,
Me he quedado sin desatinos que contar y como no creo en el destino supongo que he llegado a una de esas encrucijadas vitales… ¿sigo escribiendo lo mismo una y otra vez o es una perdida de tiempo? Ni que decir tiene que esta es una pregunta retórica, conozco sobradamente las respuestas posibles: sí o sí.