La repentina lluvia tormentosa que asombra a pesar de las previsiones,
la cerveza rubia madrileña tan ligera que parece rebajada,
los "elegantes" que en otro tiempo se sabía que eran ventajistas
y ganaban un trío de balas y un par de ases -fuleros- sin sentencia ni ley,
la costumbre al garete por ausencia y excusas vacuas,
la música evidente que escogería para oir a tu lado,
la escoba que barre el polvo a esquinas perdidas en algunos pasillos,
los botones que marcan el camino a tu tanga a mi lengua ansiosa,
la rumba catalana que no deja de darle vueltas a la tortilla,
los planes previstos que hay que ir moldeando a cada rato,
los quizás que no fueron más que eso, posibilidades barajadas,
la almohada confidente de pensamientos ocultos y secretos,
el mapa para perderse sabiendo aproximadamente donde estás,
el bolígrafo que ha despilfarrado tinta en palabras vacías y vanas,
las nubes azul grisaceo que llevan de calle un verano tardio,
la moral doblada por la mitad y menos incluso,
el anuncio tardío que ni tan esperado ni augurado,
las ganas revoltosas de quedarme a tu lado unos pocos días más,
la letra previsible de las canciones exitosas de la radio,
la estupidez que no se puede esconder por más que se pretenda de tan obvia,
el incluido que luego va aparte de todas las partes.
El mapa del mundo anticuado en veinte años con Roma como eje de caminos,
el surtidor de gasolina en medio de una centena de neumaticos,
los cambios horarios infundados de beneficio dudoso,
las discusiones de salon que no van a ningún lado,
las pulseras de cuero que me atan tu sonrisa a la memoria,
el dolor de cabeza que me impide concentrarme en la inspiración,
los servilleteros vacíos adornando tres mesas de este bar,
los días similares uno al anterior y al siguiente,
el tiempo agotado hasta acabarse de todo las pilas,
los mismos errores repetidos una vez delante y detrás de otra,
la lluvia cuando aún no es Abril punteando los cristales,
el pincho, que acompaña la caña, de tortilla casi pasada,
las multitudes inanimadas que no protestan, solo están,
la luz parpadeante antes de decir adios,
la borrachera para intentar olvidar que tu recuerdo no se olvida así por las buenas,
la hora lenta y repetitiva que no da llegado a ninguna parte,
las nubes grises que no se pueden desterrar en este mayo variable,
las notas recordatorias que olvidé donde dejé,
el guión torpe de este telefime que ni se vendió fuera de su país.
Las noches a la puerta de urgencias con café de maquina,
los quizás haciendo cola,
el mirador que me recordaba a aquel mirador que era el mismo,
el ruido de cartas barajándose en un bar,
la reiterada promesa/conversación que no lleva a ningún lado,
el alcohol excesivo que convendría aprender a soportar,
el intento frustrado de fuga a ningun sitio,
la luz parpadeante que despierta una idea repetitiva,
los frenos que no pueden parar el deseo y las ganas,
la toalla con que secar tu piel caliente bajo mis labios,
los posts pasados de fecha que caducan en temas o en importancia,
los celos o la desconfianza de la desconfianza,
las opciones destacadas que no tener en cuenta,
los apuntes adormilados sobre el hilo romo de una navaja sin afilar,
la intransigencia que no nos resulta ajena,
... la última discordancia que nunca es la definitiva
El último poema que vino sin título fue fruto de una busqueda infructuosa,
la sed que no se sacia de si misma,
el blanco y negro de algunos sueños,
el acabose que no es final,
las maldiciones que juran venganza,
el disfraz para llevar mi nombre,
los correos repletos de resaca y borracheras que enmohecen,
el jueves lluvioso y gris que deprime el corazón,
el sol tibio de mayo que viene lleno de promesas,
las noticias iguales que parecen diferentes leidas en distintos periódicos.
La boca llena masticando hasta casi desbordar,
las palabras balbuceadas mezcladas con comida,
el eructo satisfactorio, gas huidizo con eco retumbante,
el sorbo de licor café que calienta el estómago y las ganas de verte,
el paso cedido ante una puerta a las señoras que casi ni lo parecen.
La torpeza lluviosa de ciertos conductores cegados por las gotas,
la nuca encogida por miedo a esa gota puñetera que se cuela por la camisa,
la caja de cartón abandonada a su falta de suerte vacía de contenido,
la rima insultante que callar al cuello del jersey,
el anónimo firmado por un garabato casi conocido,
el mordisco posterior en tus nalgas tan comestibles,
el baúl en el que guardar las botellas y los cómics de Asterix junto a las obras completas de Neruda,
el ruido del secador que espanta mi sueño,
las peticiones que injustas o no hay que escuchar,
el respeto perdido en cualquiera de los cajones de la incómoda,
las palabras cazadas al vuelo fugaz de pájaro,
los aplausos vacíos de su propio eco,
los intentos de poema que se quedan callados a medio decidir,
las caras que pasado el tiempo se reconocen trabajosamente,
el hueso de aceituna que escupir por la ventana,
los planes acallados hasta en momento en que son innegables,
las noticias tan malas como habitualmente o peores,
las patadas a promesas vacias como los besos alquilados,
los planes insólitos que se hacen mediada la segunda botella de vino,
el limón que exprimido tampoco pierde su sabor amargo,
el punta de melancolía que transpira la tristeza y agobia lo obsesivo,
la respuesta de lengua afilada y mordaz intención,
el café tibio que ni frío ni calor acaba por no saber a café ni a nada,
la almohada de piedra que me quiebra el cuello baldándome y vapuleandome.
La salida de emergencia ciega ante emergencias que no son tales,
el efecto movimiento en retroceso,
la vulnerabilidad de tu sueño sin sueños,
el imparable encantao con que te muestras,
el reflejo verde del cristal de las gafas de sol para no entrecerrar los ojos,
la nada más absoluta con la que llenar tiempos muertos,
el cielo cerrado de nubes que no presagia una buena mañana,
el caramelo tan dulce que no elimina la acidez de los instantes precisos,
el café solo pedido por segunda vez que a pesar de la sencillez da lugar a equivocos,
la improbable mala suerte sin importancia,
las ganas de verte sumadas a las de comerte,
las discrepancias en banalidades que no dejan de carecer de importancia,
el picor que vale de recordatorio de escozores pasados,
los densos nubarrones que roban alegrías,
las farolas calladas iluminando la noche, cien noches, tantas noches,
el ciego que pierde la referencia con su baston,
el encaricimiento anual excesivo lo mires como lo mires...
Las viejas ideas recicladas como si fueran de primera mano,
la desnudez de tus nalgas que recorrer con mis dedos,
la estanteria del cuarto de baño repleta de libros,
la cisterna cogiendo agua de madrugada,
la coleccción de cepillos de dientes que ir dejando en distintos baños,
la falda aquella con más curvas de las que pueden seguir mis manos,
el encuentro inesperado en ciudad ajena en días lluviosos,
el sueño que anula mis malos pensamientos o los duplica,
el dulce o salado de tus labios separandose de mi,
las fantasias que acaban siendo una sarta de embustes,
las frases aduladoras que no llevan a parte alguna,
las anotaciones al dorso de un ticket de cajero automatico,
Las esperas eternas de esas de diez minutos más,
los largos caminos de vuelta a casa que quedan a medias,
las viejas historias que tampoco se diferencias tanto,
la sed que no se cura ni con agua ni con vino,
las ganas de comerte que aplazar indefinidamente,
las miradas que te muerden a pesar de verte desde los pies de tu cama.
Las inmerecidas ayudas que no se han solicitado,
los consejos desoidos y gastados de tanto usarlos
de ignorados
el teléfono descolgado para no oírlo sonar,
la idoneidad puesta a prueba una y otra vez,
las malas maneras que saca a flote la cerveza.
Los versos dispersos que no llevan gps,
las gruas muertas movidas por el viento,
la verdad tan transitada que no lo parece,
Las últimas ideas que no son tan nuevas pero tan repetidas que ya casi sacian,
Las insolencias como respuestas a insolentes comentarios,
Los volcados de memoria que certifican el olvido.
Las horas perdidas en pensamientos sin fundamento,
el culo de mal asiento sin posible acomodo,
las mentiras que no son mentira, que ni tanto importan,
los errores incomprensibles de hecho y escrito -por activa y por pasiva-,
las lecciones sobrevaloradas que no se aprenden a la primera,
la confusión entre sentimientos, caprichos y tontos sueños rotos,
las falsas esperanzas basadas en vueltas de tuerca a palabras sueltas,
los celos camuflados que surgen a casa paso, paranoicos,
los te quiero caducados sin decir que ahora parecen vacíos, que lo están,
la ceguera que te impide ver lo obvio,
la prórroga que no cambia nada y no es más que la extensión del sufrimiento,
las últimas oportunidades perdidas por las que no compensa apostar,
el final irremediable al que todo conduce.
Las horas de máximo atasco variables,
las canciones que ya no me dicen lo que me dijeron,
las lluvias gastadas de tanto llover,
los volantes que ni dirigen ni vuelan,
las invitaciones caducadas para fiestas pasadas de moda,
las tenencias que poco poseen,
los trucos de magia truculentos y veloces,
los anuncios que sólo abotargan las ganas de dormir,
los giros rebuscados del destino cretino,
las horas tensas de espera intensa,
las palabras susurradas en noches así
o de cualquier otra manera.
Las manías perdidas al tirar de la cadena,
los esbozos que no dan para un golpe de timón,
la reputación ni tan honorable ni tan horrible,
la extrema precaución,
las estrellas de aerosol,
las inesperadas averías de madrugada.
El tiempo vuela en cuanto dejamos de prestarle atención,
la propia letra vuelve si encuentro el grosor adecuado de tinta,
los planes van cogiendo cuerpo y perdiendo su don etéreo,
los cafés víctimas del aburrimiento o la resignación,
el dinero suelto que se hace humo antes de poder contarlo,
el sudor pegado a mis pensamientos,
las manchas de la camiseta que leer como si fuesen un libro,
la intransigencia que no nos resulta ajena.
Las nubes repletas de lluvia volando como pueden,
el suelo húmedo reflejando su gris ceniza,
el primer café de la mañana tardía que podría ser vermouth,
la mirada perdida de un gato que juega a ser de porcelana,
el viento que desmonta la terraza del bar,
las prisas a las que no permito darme consejos,
el reencuentro entre sonrisas radiantes y besos hambrientos,
Los hoys vacíos de continuidad o rellenos de ratos ambiguos,
los comienzos que quedan en eso en meros principios,
el olor a miel caliente esparcido por la cocina,
la cuesta abajo que obviamente también se hace cuesta arriba,
las necesidades urgentes que no siempre se ven colmadas
la apariencia de huida cuando no hay más opción,
las correciones anotadas en papel cebolla,
las luces encendidas en pleno día,
los cafés acabados que piden a gritos un vaso de agua,
los olvidos que puedo disimular,
los segundos intentos que nada solucionan,
los anuncios durante más de un cuarto de hora.
Los planes al carajo sin previo aviso,
las vicisitudes como innecesaria explicación,
el porcentaje de error perpetrado con asiduidad,
el supuesto amor que ni de excusa vale,
los escarmientos merecidos ante notario,
las aclaraciones a pie de margen,
los olivos con hormiguero incluido,
el ansia de volverte a ver sin poder camuflarla,
la cabra loca que sube y baja a la carretera en vez de pastar,
la canción que olvidé que me recordaba a ti,
la cafetería perdida que estaba donde siempre,
las indicaciones que contribuyen a no llegar,
La solución nunca aparece a la primera,
la insistencia no resulta elegante pero es una manera,
la verdad no es clara ni perfecta,
las prisas no son buenas consejeras,
las perchas sobre la cama deshechas,
las conversaciones sin palabras necesarias,
las dudas por vía tópica,
las indiscreciones por vía oral,
la lástima provocada indigna de persona ninguna,
los corazones excesivamente enumerados
en tanto poema o canción.
El reflejo de unos faros en cinemascope en el espejo retrovisor,
la penúltima copa que se reitera hasta el amanecer,
los caprichos que creen marcar estilo y deducen estupidez,
los cambios radicales que cuesta creer,
la farola monótona iluminando este pedazo de calle/camino,
los bolsillos con papeles, monedas y llaves,
las ofertas que ni tan baratas y un tanto caras de pagar a plazos,
las horteradas de seudoamor que hace vomitar reiteradamente,
el perchero desierto de bufandas, sombreros y abrigos,
los celos entrelazándose incómodos y estúpidos,
los árboles secos en llanura callada,
la bajada de pantalones a destiempo casi humillante,
Las pilas agotadas suficientes para una última foto,
el mechero perdido al fondo del bolso cuanto más necesario,
el convencimiento contra viento y marea tan equivocado,
las razones entendidas que se vuelven sinrazones algunos ratos...
Las barbas en remojo,
los días grises y lluviosamente otoñales,
los fusibles quemados como en hoguera,
los despertadores tan inútiles a los que no hacer caso,
el nivel de alcoholemia suscrito con reiteración sin alardes innecesarios,
los consejos desoídos porque para esos están tanto los buenos como los malos,
Las maletas vacías de destino
las conversaciones de bar tan altas pero que me resisto a escuchar,
el teléfono que no hace más que comunicar sin comunicar nada,
el tanga abandonado a los pies de la cama,
la señal persistente de circulación giratoria obligatoria,
el sol inesperado un Enero invernal y helado,
las cortinas arrugadas por el viento azotando conciencias,
las explicaciones vacías de todo o repletas de nada...
Las carreteras de tinta con fotografías al margen,
las botellas que tintinean a cada paso,
las palabras que se lleva el viento lejos,
las comilonas excesivas en fiestas navideñas regadas con albariño,
las risas despellejadas con mala baba tan habitual,
el despeinado de viento o de no haber dormido bien.
Los borrones que ni cuenta nueva ni mejor idea,
las intenciones dobladas en cuatro partes,
los guantes que están en un cajón cuando son más necesarios,
los neumáticos resbaladizos en ciertas frenadas en seco,
las alusiones desveladas que mandar al carajo adecuadamente,
la silueta de mujer que perdió la falda aquella de colores,
los ronquidos que interrumpen el propio sueño,
la maquinaria que funciona en vez de ciertos corazones,
las ganas de enamorarse volviéndose traidoras merecidamente,
las decepciones una detrás de otra hasta sumar demasiadas,
las letras frías que cuesta escribir a pesar de estar a resguardo,
las anécdotas magnificadas cada vez que se narran
hasta no parecerse en nada a lo sucedido,
La lluvia repentina que provoca el florecimiento de paraguas torpes,
los olvidos echados en falta, o al propio olvido,
las viejas películas que alguna tarde emiten en alguna cadena de televisión,
el hacerse humo sin dejar huella de la propia permanencia,
la helada que blanquea el coche hasta convertirlo en un refrigerador,
la decencia sobrevalorada que fingir por un "no vaya a ser",
la fugacidad persistente y recurrente de tu cuerpo junto al mío,
los desde luegos que quedan para más tarde,
las princesas condenadas a casarse con ranas que son justamente eso,
las musas de rebajas que no regalan ni un poema ni un peor verso,
los buzones vomitando esperanzas, deseos, felicitaciones y amenazas,
las estrellas congeladas en este cielo helado de Diciembre,
la tontería irrelevante a la que se concede más complicada importancia de la merecida,
las desapariciones sin dejar rastro, ni razón, ni excusa,
los árboles sin hojas o con tan pocas que dan frío o lástima,
la rotonda en sentido del reloj al despiste.