Supongo que todo aquel que esté un poco metido en el mundillo de Terry Pratchett se habrá enterado ya a estas alturas, pero al Maestro le ha sido diagnosticada una forma rara y temprana de Alzheimer. Nada trágico de momento, pero es lo que hay. El propio Pratchett ha escrito lo siguiente:
Chicos,
Me habría gustado que esto no se supiera durante un tiempo, pero al haber convenciones cerca y, por supuesto, teniendo en cuenta la necesidad de que mis editores estén informados, no me parece justo reservarme la noticia. Me ha sido diagnosticada una forma muy poco común de Alzheimer prematuro, que era lo que estaba detrás de la "apoplejía fantasma" que he sufrido este año.
Nos los estamos tomando con bastante filosofía por aquí, y también con cierto optimismo. De momento continúa el trabajo para terminar Nation y estoy escribiendo los apuntes básicos para Unseen Academicals. Si todo lo demás sigue como hasta ahora, espero cumplir con todos los compromisos actuales y, en la medida de lo posible, futuros, pero hablaré las cosas con los diversos organizadores. Sinceramente, preferiría que la gente mantuviera la alegría, porque creo que hay tiempo para, al menos, unos pocos libros más aún :-)
- Terry Pratchett
P.S.: Me gustaría recalcar a cualquiera que haya leído lo de arriba que esto debería interpretarse como un "No estoy muerto". Por supuesto, estaré muerto en algún momento del futuro, igual que todos los demás. Para mí, ese momento podría ser más lejano de lo que pueda parecer: es demasiado pronto para decirlo. Sé que es un acto muy humano decir "¿Hay algo que pueda hacer?", pero en este caso solamente estoy dispuesto a considerar ofertas que provengan de los expertos más punteros en química cerebral.
Eso fue el 11 de diciembre. Para el día 12 ya estaba inundado a e-mails, así que se vio obligado a añadir lo siguiente:
Mi buena amiga Sandra Kidby de PJSM Prints me está dejando utilizar su página web porque yo estoy proverbialmente demasiado ocupado como para mantener una propia. Apenas hemos tenido tiempo ni de leer los miles de mensajes que han llegado aquí, por no hablar de contestarlos, pero gracias a todos.
¿Podría hacer un pequeño comentario, de todos modos? Mucha gente se está dedicando a mandarme ideas para novelas. Por favor, tengo muchas ideas. No hay carencia de ideas y las ideas que se me envían, incluso con la mejor de las intenciones, son filtradas con todo cuidado de entre la correspondencia antes de que yo la vea siquiera. Sé que están enviadas en un esfuerzo por ayudar, y lo agradezco, pero os aconsejo que no echéis vuestro tiempo a perder.
También me están llegando muchas peticiones para entrevistas. No voy a conceder ninguna porque todo lo que tengo que decir, o que se puede decir, está más abajo. No tiene sentido volver a decirlo, pero en un orden distinto.
Permitidme recordar a todo el mundo que Todabía No Estoi Muerto, a fecha de hoy.
Gracias otra vez por todos vuestros buenos deseos.
- Terry Pratchett
La noticia ha tenido tanto alcance que incluso ha salido en El Mundo. Terry Pratchett en la prensa española, vivir para ver. Yo, por mi parte, sigo igual de ansioso que antes por que salga Nation.
Ha costado, pero está hecho. Jingo, el próximo libro de Terry Pratchett que saldrá en castellano después de que Papá Puerco lo haga el 16 de febrero, está revisado. Acabo de hacer el último tachón (pequeño) en el último párrafo de la última página de la traducción. Y, aunque faltan tres frases hechas, cuatro nombres y un par de referencias por investigar y arreglar, el trabajo está hecho.
Dicen por aquí que faena feta fa goig, es decir, que da gusto tener el trabajo terminado. Y es cierto que da gusto, sobre todo porque es tu yo del pasado, y no tú, quien se ha dejado los cuernos y por una vez puedes hacer piña con tu yo del futuro para reírte de ese mamón y relamerte ante lo despejado que tendrás el horario próximamente mientras le enseñas el dedito.
Tiempo libre por delante. Casi no me lo creo. Me parece que voy a gastarme las primeras horas en echar una cabezadita. Deseadme felices sueños.
(Voto a bríos, que es su título definitivo, se puede comprar en CasaDelLibro.)
A este sí que le tenía ganas de verdad:

Y no solamente porque esta vez me hayan mandado un bolígrafo rojo oficial de corregir cosas de P&J, que conste. Jingo es un librazo. Todos los de Pratchett lo son, pero Jingo más.
Guardianes de la noche es la primera novela de una trilogía escrita por el escritor kazajistanés afincado en Rusia Sergei Lukyanenko. Se publicó traducida al inglés este verano, y saldrá en castellano (en traducción directa del ruso, claro) a principios del año que viene. Su edición es una apuesta personal de la editora en Plaza&Janés que se encarga del Mundodisco, así que no es muy difícil deducir cómo es posible que, si no sale hasta el año que viene, este vuestro humilde servidor se haya hecho con unas galeradas para su uso y disfrute.
Para empezar, y por si alguien no ha visto la película (o no la recuerda muy bien, como me pasa a mí), Guardianes de la noche es una novela de fantasía ambientada en el Moscú actual. Los Otros, personas con poderes mágicos, viven mezclados con el resto de la humanidad ignorando completamente sus capacidades en la mayoría de casos. Pero unos pocos son conscientes de su don y luchan desde la sombra en favor del Bien o el Mal (en las Guardias Nocturna y Diurna, respectivamente) para preservar el equilibrio y hacer honor a un pacto que suscribieron los Otros en pleno siglos atrás. Antón, un Otro de la Guardia Nocturna, se ve mezclado en las intrigas que rodean a la aparición simultánea en Moscú de un mago de enorme poder capaz de destruir la ciudad entera, de un adolescente con gran potencial mágico y de una vampira que desconoce las reglas del pacto y anda suelta por la ciudad. Sin ánimo de desvelar demasiado de la trama, diré que ya en la primera parte del libro Antón asume que todos estos acontecimientos están relacionados de alguna manera, y que posiblemente se deban a las manipulaciones de una de las dos Guardias.
Vaya por delante que, cuando salga a la venta, todo el mundo dirá que Guardianes de la noche es una novela de fantasía muy original, y vaya también por delante que yo no estaré de acuerdo. Exótica sería una palabra más adecuada: está situada en un lugar poco visitado por la fantasía que se ve por aquí, trata los temas más escabrosos con una naturalidad poco común, las mentalidades y formas de reaccionar que tienen los personajes son atípicas (y no sólo por ser rusos, sino por ser Otros) y gran parte de la acción tiene lugar en un submundo paralelo llamado el Crepúsculo, una copia en tonos grises del mundo real con sus propias reglas y demandas, donde los magos pueden actuar sin ser percibidos conscientemente por los humanos normales. Pero insisto, original no es la palabra. Lukyanenko bebe de las mismas fuentes que los demás autores de lo que podría llamarse fantasía posmoderna, en la que los acontecimientos del mundo real se explican desde el punto de vista de fuerzas sobrenaturales ocultas y son el resultado de sus conflictos. No hay que ir tan lejos para encontrar otros ejemplos: American Gods de Neil Gaiman hace lo mismo. Los juegos de rol de la factoría White Wolf hacen lo mismo. Qué leches, The Matrix hace lo mismo. Ningún aspecto sobrenatural o narrativo de la novela es genuinamente novedoso, pero es que a estas alturas pocas cosas lo son.
Y ese hecho no desmerece en absoluto una novela bien parida, bien pensada y bien ejecutada. Y de la que quienes recuerdan la adaptación cinematográfica dicen que ésta no hace justicia al libro. A mí me gustó especialmente que el autor se tome su tiempo para describir la jerarquía y el funcionamiento de la Guardia Nocturna, o los distintos tipos de personajes sobrenaturales que pueblan Moscú, y que consiga hacerlo sin perder el ritmo de la acción. Que los personajes actúen con coherencia, que los que llevan más de un siglo vivos no sean comprensibles del todo. Que la moral de los Otros no encaje del todo con la moral al uso, que tengan tan claro de qué lado están cuando el lector humano no puede evitar pensar que los bandos no son tan diferentes entre sí como ellos creen. En pocas palabras, que la termines y te quedes con ganas de leer Guardianes del día, para cuya traducción supongo que todavía falta algún tiempo.
¿La recomendación? Leedlo cuando salga. Y, si os apetece, pensad que es muy original. Qué narices.
EDITADO 01/06/07: Fuentes de toda confianza (siempre quise empezar una frase así) me cuentan que la segunda parte, Guardianes del día, saldrá en castellano en febrero de 2008. ¡Mola!
(Guardianes de la noche se puede comprar en CasaDelLibro.)
Por primera vez, y sin que sirva de precedente, me siento parte de la comunidad bloguera más ñoña y cursi al hacer partícipe a quien pase por aquí de unas lágrimas que se me han escapado esta noche, tumbado en el sofá. Y solo en casa, que yo normalmente soy muy machote. Quien haya pasado por lo que yo acabo de pasar y no tenga la sangre de horchata sabrá comprenderlo.

Alan Ball es un genio de la tragicomedia. O de la comedia negra. O seguramente de ambas a la vez. Solamente por los diez últimos minutos de A dos metros bajo tierra debería tener una subvención vitalicia de la ONU para poder dedicarse a escribir guiones, a ver si le salen cosas tan bien paridas como esta serie o la peli American Beauty. A lo mejor es el cansancio, la somnolencia o los cinco capítulos seguidos que me había metido previamente en el cuerpo, pero la montaña rusa emotiva que es el final de la quinta y última temporada (el ataque de risa con el último plano de los hermanos Chenowith tiene que haber despertado a los vecinos) no tiene precio.
Y aunque Battlestar Galactica promete mucho, de momento es A dos metros bajo tierra la serie que ocupa lo más alto del podio de mi corazoncito.
Buenos días y feliz sábado.

Papá Cerdo (Hogfather es el título original) está en casa, sufriendo el habitual proceso de tachones y cosas escritas a mano que terminará la noche anterior a la fecha de entrega. El próximo libro de Terry Pratchett que verá la luz en castellano va de la navidad y del origen de los cuentos (y de lo que pasa cuando una personificación antropomórfica se pone a hacer el trabajo de otra, guiño, guiño), así que es una lástima que no vaya a salir hasta bien entrado enero del año que viene. Sobre todo teniendo en cuenta la miniserie basada en la novela que el canal inglés Sky One planea emitir estas navidades.
Pero yo, a lo mío.
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Saldrá en junio si no hay ningún problema. Las actuales líneas de investigación son: mitología judía, heráldica y frases de Sherlock Holmes. Y la forma de escribir del capitán Zanahoria, claro...
Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti. Hace unos cuantos años heredé algunos libros del Club de Joe, el ático okupado de casa de un amigo donde íbamos a emborracharnos y a... bueno, básicamente a emborracharnos todos los fines de semana. Yo quería quedarme con The SAS Survival Handbook (y aún lo quiero) cuando hubo que deshacerse de la biblioteca, pero no pudo ser. Y en el saqueo me tocó, entre otros, The Holy Blood and the Holy Grail. En ese libro se exponía una teoría conspiranoica en la que el linaje de Jesucristo (que por supuesto tuvo descendencia) se entrecruzaba con la línea real de los merovingios a lo largo de los siglos y llegaba hasta nuestros días, protegida por templarios y masones en la sombra y atacada por el Vaticano, ansioso por erradicar la línea de sangre que, potencialmente, podría desacreditar todas las tesis católicas si saliera a la luz. The Holy Blood se presentaba como un tratado histórico, con notas al pie y referencias a una bibliografía bastante extensa. El libro estaba entretenido y, anque los autores especulaban bastante, la historia por lo menos mantenía la suspensión de la incredulidad.
Así que cuando unos años más tarde, con el Club de Joe ya clausurado definitivamente, leí El Código da Vinci no es de extrañar que no me sorprendieran demasiado sus controvertidas e incendiarias tesis. Cuando el autor procuraba crear un ambiente secretista y hermético (en plan "Esto te lo revelaré más tarde porque no creo que estés preparada todavía para la verdad, nena") yo miraba las letras por encima del hombro, seguía leyendo sin inmutarme y así, en frío, me daba cuenta de que era un libro escrito con el famoso Tiralíneas Universal de BestsellersTM. Igual que el otro libro de Dan Brown, ese tan demencial de la bomba de energía negativa y los Illuminati. E igual también que cualquiera, supongo, de las noveluchas con encuadernación espectacular que han brotado como setas últimamente con el tema de las conspiraciones religiosas medievales para ver si se pueden subir al carro. La sensación de superioridad mientras se lee es muy mala y solamente debe experimentarse en condiciones controladas, niños.
Pero ahora resulta que los autores de The Holy Blood and the Holy Grail han decidido demandar a Danny por plagio. Muy bonito: unos tipos escriben un libro en plan revelación de la verdad absoluta, un sesuso tratado histórico con su bibliografía y todo, y cuando alguien se lo toma lo bastante en serio como para cargarlo en el Tiralíneas Universal de BestellersTM, hala, denuncia al canto. En fin, que les aproveche la publicidad: hay libros mucho peores por ahí. Y al fin y al cabo, ya puestos en modo conspiranoico, seguro que los agentes de Brown pincharon al Vaticano en su momento para que se decidiera a incluir El Código en la lista de libros prohibidos por la Santa Madre Iglesia que, como decía Juan José Millás, hasta ese momento no era una mala lista de recomendaciones. En todos los hornos cuecen habas y nadie escribe algo como El Código si no busca controversia y, por tanto, publicidad.
Así que, como parece que hay que decantarse por alguien en esta chorripollez de los best-sellers controvertidos, yo digo que Dan Brown se lo andaba buscando por mierdón. Aunque los que le hayan puesto la denuncia sean unos chivatos y unos lloricas (y, por tanto, otros mierdones). Que Dan Brown haga lo que le dé la gana con las dos tazas de su propio caldo.
(Ah, sí. Si alguien tenía pensado leer la novelita de marras próximamente y este artículo sin aviso previo de Spoilers le ha reventado la trama, mis disculpas. Pero casi que mejor para él: así se ahorra el dinero y puede invertirlo en empezarse Azogue, de Neal Stephenson. Eso sí que es una buena novela histórica.)
¡Cuidado! Hay hombres lobo sueltos por esos foros...

Argumento, nulo: al parecer, unos tipos han conseguido aislar de la corriente vital las células de Génova y las están usando para conseguir poderes (y apariencia) al estilo de Sephirot. Evolución de los personajes, nula: el protagonista, Cloud, repite en 100 minutos la evolución que en el videojuego original le llevó 94 horas. Y todo eso si los fansubs no se los ha inventado alguien basándose exclusivamente en sus conocimientos del juego.
Pero en cuanto a escenas de acción sobrehumana, persecuciones en megamoto combinadas con lucha a espada, destrucción generalizada, espectáculo puro y nostalgia por unos personajes con los que has pasado mucho tiempo salvando el mundo (salen incluso Vincent y Yuffie), Matrix no le llega ni a la suela de los zapatones. Y el detallito de la melodía del móvil es impagable.
Lo mío me costó, pero finalmente conseguí entregar la revisión de Mascarada (la novela del Mundodisco que saldrá a principios del año que viene) a tiempo para que no se retrasara. Poco más hay que decir al respecto aparte de que es un muy buen libro y que creo que la edición en castellano quedará muy bien. Pero claro, qué voy a decir yo.
También tengo la portada. Es casi definitiva, a falta de cambiar la cita de la parte de atrás. La he puesto en La Concha, claro, pero como muchos kevins consumados ya no se pasan por allí y en cambio sí leen estas chorradas, no quisiera que se quedaran sin verla. Basta con pinchar en la imagen pequeña:
El espectáculo debe continuar...
Ahora que terminó la temporada de Perdidos en la primera y que la próxima, pese al éxito de audiencia, tardaremos en verla doblada, no está de más recomendar otra serie para paliar el mono de frikismo televisado.

En los últimos cincuenta años del siglo XX se empiezan a escuchar noticias de abducciones, de desaparecidos sin ninguna explicación. La gente las ignora, las revistas especializadas crean a partir de ellas una seudociencia llamada ufología y, bueno, la humanidad en general se las toma a coña. Y entonces, un buen día (el 11 de septiembre de 2004) un meteorito se acerca a la Tierra con velocidad de impacto serio. Con velocidad de aniquilación global, vamos. Las agencias de seguridad se vuelven locas, lo bombardean con misiles nucleares sin ningún efecto y, en el último momento, son las primeras en darse cuenta de que el meteorito está frenando y cambiando de rumbo. Pero los meteoritos no pueden cambiar de rumbo, así que está claro que no es un meteorito. Se detiene unos metros por encima de un lago de la zona de Seattle, emite una luz cegadora y, cuando se vuelve a ver algo, el lago ha sido sustituido por 4400 personas con cara de gilipollas, que (se descubre pronto) no recuerdan nada del tiempo que estuvieron desaparecidos.
La serie tiene un aire a Expediente X, con una pareja de investigadores (esta vez de la NSA) al cargo de los sucesos relacionados con los 4400. Pero a diferencia de aquella, todos los capítulos de The 4400 están relacionados con la trama principal de la serie, que consiste en descubrir las razones de la abducción... y de las capacidades especiales que están empezando a mostrar los retornados. Engancha, advierto.
La primera temporada de la serie consta sólo de 5 episodios (uno de ellos doble), como si sus productores no estuvieran demasiado seguros de la viabilidad. Por suerte, la segunda temporada lleva ya 11 (de los que solamente he visto los tres primeros) y parece que tiene salud de sobras. Los subtítulos, tanto en castellano como en inglés, están disponibles en la red. Sólo hay que saber buscar.
Ojito: Pese a lo sencillo del argumento de la peli, es posible que no quieras leer esto si no la has visto entera. Tú mismo.
Kill Bill es un peliculón y quien diga lo contrario miente. Así de sencillo. Me he esperado a ver la segunda parte antes de emitir el veredicto y, circunstancias de la vida, ha tenido que ser tarde y en DVD. Pero en realidad me alegro de haber visto el segundo volumen cuando ya tenía claro que había un cambio sustancial respecto al primero, que no había una segunda orgía visual de violencia. Sabiendo de antemano que Kill Bill 2 era una película de Tarantino pura y dura. Seguramente a los críticos profesionales les habrá gustado más el segundo volumen que el primero, pero supongo que es porque los críticos profesionales tienen problemas con las orgías y yo no. Lo que no se puede negar es que la última película del bueno de Quentin es una y dos a la vez. Y, malversando una frase suya, que nadie me pida que compare una película de Tarantino con otra; pedidme que la compare con una película de otro director.
La historia es simple y, por mucho que se coman la cabeza en el como-se-hizo, queda bastante clara desde el principio. Uma Thurman, ex-asesina con nombre en clave exótico, es puteada hasta no poder más por un tal Bill y sus secuaces en el ensayo de su boda. Le dan la mayor paliza posible y, justo después de que ella diga a Bill que el bebé que hay en su vientre es suyo, éste le pega un tiro en la cabeza. Por supuesto, ella sobrevive y clama venganza tan pronto como recupera el conocimiento. En la primera parte se cobra algunas víctimas, y lo cierto es que la película no tiene demasiado secreto: tal y como la han tratado a ella, se merecen incluso más de lo que reciben, que no es poco. Obviaré las referencias a películas antiguas de artes marciales porque en realidad no son necesarias. Kill Bill vol. 1 es un regalo para la vista (y para el oído) por sí misma. Y poca gente se hubiera atrevido a rodar un derroche de efectos especiales como el del combate contra los 88 Maníacos en blanco y negro, o a poner una versión aflamencada del Don't let me be misunderstood como banda sonora del clímax final. O a incluir 10 minutos de excelente (y efectista) animación japonesa en mitad de una película de imagen real.
El segundo volumen no nos revela la historia completa, como se han hinchado a decir en las promociones. La historia (resumida en la palabra "venganza") está clara desde el principio. Lo que hace la segunda película es matizar algunos aspectos que veíamos clarísimos en la primera y que tal vez, sólo tal vez, no lo sean tanto. Sí, la Novia está más que justificada en sus ansias de acabar con Bill. Pero es que, coño, Bill es un tío muy majo para ser un cabrón despiadado. En el mundo en que vive, lleno de asesinos y katanas, parece ser el bueno: trata bien a su hija, cuida de su hermano y procura que sus discípulas reciban la mejor instrucción de manos de su propio maestro. Que es un cabronazo de mucho cuidado, igual que su padre adoptivo, lo cual en cierto modo (retorcido, claro, no olvidemos quién dirige la película) justifica muchas de sus acciones. Para ser un asesino, Bill no está mal. Y la Novia también es una asesina, así que Tarantino nos fuerza a ver la situación desde un punto de vista en el que matar no es algo malo por sí mismo. La característica que convierte a Bill en merecedor de la venganza que recibe es que jamás discrimina. Cualquiera que le traicione morirá la peor de las muertes. Cualquiera. Sea quien sea. Incluso la Novia. Lo que hace malo a Bill es que no es un ser humano: no tiene excepciones a las reglas que sigue, nunca dice "todos menos ella". Es una máquina de impartir justicia (a su manera, claro) que jamás piensa a quién se la imparte ni intenta comprender sus razones. El problema de Bill es que no tiene empatía. Que, a diferencia de los otros personajes de la película, no le preocupa el destino de quien ha compartido tanto con él. Que es un psicópata.
Hay más lecturas. Por supuesto que las hay, desde "mola y todos se dicen frases macarras y a Uma la entierran viva" hasta "es un alegato en favor de la maternidad". Pero la mía es que el auténtico protagonista de Kill Bill no es otro que Billl, y la Novia es quien le juzga correctamente a partir del tiro en la cabeza y decide quitarle de enmedio, primero por venganza y luego, cuando llega hasta él, para impedir que siga haciendo daño. Por mucho que le duela. Pero pasando finalmente del llanto a la risa al ver que (dentro de su mundo de katanas) ha hecho lo correcto.
Ahora es cuando Veti reune un comando de traductores en paro y salen con guadañas a por mí...
Esta misma mañana el mensajero me ha despertado para entregarme el paquete de Plaza&Janés que contiene, por fin, la traducción de Eric de Terry Pratchett para que la revise. El bulto era menos voluminoso que en los libros anteriores porque la novela también es más corta: algo más de 100 páginas impresas más las notas al pie. No volveré a tocarla hasta el día 21 porque necesito tiempo para la primera tanda de exámenes y su consiguiente fin de semana festivo, pero no he podido evitar robar un poco de tiempo al estudio y ponerme con el principio aunque sólo sea para formarme una opinión sobre el nuevo traductor de la serie, Xavier Calvo. Al final resulta que he revisado casi una quinta parte del libro sin darme cuenta, pero es que de verdad es muy corto: un simple aperitivo en enero de 2005 mientras la gente espera al plato fuerte, Interesting Times, dentro de un año.
De entrada, el nuevo redacta muchísimo mejor que el anterior traductor. De algo tenía que servirle ser escritor, al fin y al cabo. El libro, sin tocar, es legible y no un batiburrillo de frases con estructura inglesa traducida tal cual, llenas de pasivas y adjetivos delante de los nombres, infladas no sé muy bien con qué propósito. Cuando hay que tocar algo, son solamente unas palabras en lugar de tener que reescribir oraciones, qué digo, casi párrafos enteros. Sospecho que Calvo tampoco consulta demasiado el diccionario, aunque en su caso creo que es porque no le hace mucha falta. Y los despistes, que en lo que llevo hecho van desde traducir "steel" como "metal" o "stare into" como "quedarse en" hasta coger al revés el sentido de una frase, se corrigen en un momento y resultan hasta refrescantes y no el puro agobio que eran cuando, con suerte, encontrabas un párrafo limpio cada cinco páginas. También he de decir que, teniendo en cuenta que me habían pintado a este hombre como la panacea del Mundodisco, he tenido que escribir más de lo que pensaba en estas veinte páginas. Pero, en cuanto a legibilidad, sigue siendo agüita de mayo después del barrizal.
En otras palabras, que con esta novela por fin podré ceñirme (o casi) a hacer aquello por lo que me pagan, que es preocuparme de que la novela sea coherente con el resto de la serie. El traductor se preocupa, incluso se nota que ha consultado traducciones anteriores, pero no es una enciclopedia andante del Mundodisco. Supongo que no está lo suficientemente enfermo. Y ahí es donde entro yo.
Pese a lo dicho, mi política no va a cambiar en absoluto. Tengo entendido que este hombre es muy celoso de sus traducciones (no sé hasta qué punto la cosa va con la profesión o depende de cada cual) y, coño, tener libros publicados le da cierta credibilidad. Supongo que la novela volverá a pasar por sus manos cuando la entregue con mis garabatos encima, y también supongo que se cagará en mis muertos porque pensará que me extralimito y tacho y escribo demasiado, pero en realidad todo eso no tiene ninguna importancia. Aunque esto vaya a sonar grandilocuente, mi respeto va dirigido al libro y a nada más. No puedo andar mirando el nombre del traductor antes de corregir lo que creo que no está bien, o que no está bien del todo. Mis únicas concesiones al hecho de que al parecer Calvo traduce bien son que, cuando no estoy totalmente seguro de que mi idea sea mejor que la suya, utilizo lápiz para corregir. Esa, y que explico un poco mejor los tachones en los márgenes del manuscrito, pero es que ahora no corro el riesgo de quedarme sin espacio para las anotaciones. Por lo demás, todo igual. Sigo fiel a la filosofía del comandante Vimes: cada cual ha de hacer el trabajo que tiene delante. Si le gusta, al menos.
Terry Pratchett es dios, no hace falta seguir insistiendo en ello a estas alturas. Su última novela publicada, A hat full of sky, es el tercer libro juvenil que escribe ambientado en el Mundodisco y el segundo que tiene como protagonista a Tiffany Aching. Han transcurrido dos años desde el final de The wee free men y llega la hora de que Tiffany -supongo que ya nadie me echará kames por revelar que el protagonista de una novela del Maestro sobrevive a la narración-, de que Tiffany salga de casa y comience a dominar su talento para la brujería. Se ha decidido (es decir, Yaya Ceravieja ha decidido) que su instructora sea Miss Level, una bruja con dos puntos de vista sobre cualquier situación. Pero hay un par de factores que pueden complicarle la vida a la protagonista: (1) una consciencia incorpórea, un "panalero" que busca un cuerpo poderoso y fácil de conseguir, y (2) un clan de guerreros diminutos, pelirrojos y tatuados de azul, que fueron expulsados del País de las Hadas por andar borrachos a las dos del mediodía. Los Nac Mac Feegle. Que un clan de mini-ladrones pendencieros sea tu aliado no significa que no pueda complicarte la vida.
Habiendo leído ya dos títulos de la sub-serie de Tiffany Aching (y Pratchett anuncia que habrá un tercero como mínimo) no puedo evitar pensar que en parte el Hombre del Sombrero está dando la réplica a la serie de Harry Potter, y eso que no he hojeado ni un solo volumen del niño mago y mi conocimiento se reduce a parte de la primera película. Lo importante no es la varita mágica ni la escoba voladora, dice Terry. Lo importante eres tú. La magia no consiste en lanzar lucecitas de colores; la mayor parte de las veces, el simple hecho de saber más que los que te rodean, de pensar fríamente las cosas o de intuir el funcionamiento de la mente humana es lo más mágico que existe. Ayudar a la gente, trabajar duro y decirle a la tierra lo que es queda por delante de las competiciones; por delante del Qidditch, si me apuran. El mayor poder consiste precisamente en saber cuándo no hay que ejercerlo, y más de un politicucho en activo haría bien en aplicarse el cuento. Aunque claro, uno que tengo en mente tendría que aprender a leer primero.
Se da por hecho que el libro está escrito con toda la pericia de costumbre (sólo una anotación: las concesiones de Terry para las novelas juveniles empiezan y acaban con la división en capítulos, la duración menor, la nota del autor al final de la novela para explicar algunas correspondencias con nuestro mundo y algunos dibujitos de Paul Kidby entremezclados con el texto), así que nos queda hablar de la presentación. Las novelas juveniles de Pratchett, al menos en su edición en tapa dura, son una preciosidad. El dibujo de portada, el tipo de letra utilizado en las solapas (y en los extractos del libro sobre Hadas y cómo evitarlas de Miss Tick), las pequeñas ilustraciones a color que acompañan los textos, las diminutas sombras de Feegles junto al número de página, incluso la foto del autor con un bastón de calavera por puño. Impecable. Si las novelas adultas tuvieran los detalles tan cuidados, creo que no tendría ni una sola edición de bolsillo en la estantería.
Y termino con una cita, al estilo del Veti: "Había conseguido dominar las dos primeras reglas de la escritura, tal como él las entendía. (1) Robar papel. (2) Robar un lápiz."
Por fin me dejaron el libro. No ha durado nada, como de costumbre, y eso que estando de fiestas tampoco hay tanto tiempo para leer. Monstrous Regiment es otra novela redonda del Mundodisco de Terry Pratchett. Sí, de acuerdo, siempre digo lo mismo de cada una que leo y siempre me gustan todas, pero es que no puedo evitarlo: Terry Pratchett es buenísimo. Monstrous Regiment trata sobre la guerra (aunque desde una perspectiva distinta a la de Jingo), sobre ser listo y tratar las situaciones para adaptarlas a tus intereses y, sobre todo, sobre el sexo. Y las palabrotas. Y los calcetines pensantes, porque para parecer un soldado de verdad muchas veces hay que dejar que el relleno piense por ti. Y también sobre los secretos...
A grandes rasgos, la excusa para todo esto es que Polly, la hija de un posadero, se disfraza de hombre para unirse al regimiento del sargento Jackrum y encontrar a su hermano, que se unió al ejército y de quien no volvió a saberse nada. Por supuesto, tratándose de Terry Pratchett, nada es lo que parece.
La mayoría de opiniones que he escuchado (y leído) sobre Monstrous Regiment acababan en algo parecido a un "bueno, no es Night Watch". ¡Por supuesto que no es Night Watch! Sería muy difícil hacer algo como esa novela dos veces seguidas, y digo esto teniendo siempre en mente que Pratchett es el puto amo. Incluso para Pratchett, repetir Night Watch es imposible. Pero esta novela tampoco se le queda tan lejos. Las diferencias (aparte del argumento y los temas que toca) estriban en que está ambientada fuera de Ankh-Morpork y, aunque hay personajes conocidos haciendo cameos, el peso de la novela recae en los nuevos. En el Regimiento Monstruoso. La anterior novela nos daba facetas nuevas de personajes conocidos, y eso siempre es más agradecido que conocer gente distinta. También es diferente en que no nos da la historia masticada: hay que ir adivinando cosas a partir de las pistas que Pratchett va dejando caer para ver si tenemos razón, si podemos describir correctamente la realidad. Somos como la protagonista, que ha de ir sacando conclusiones rápidas a partir de retazos de información para sobrevivir. Es distinta en que hay una cantidad increíble de nombres propios, por razones que podrían ser obvias en una novela sobre los ejércitos. Pero no por eso es peor. No es Night Watch, de acuerdo, pero (parafraseando a otro "crítico" del Mundodisco) sería una obra maestra si la hubiera escrito cualquier otro que no fuera Terry Pratchett. Siendo suya, habrá que dejarlo en cojonuda.
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Desde finales de la semana pasada soy una persona diferente de la que era, y no sólo porque cuente con unos cientos de miles de neuronas menos gracias a los carnavales de Alicante [1]. Entre el miércoles y el jueves pasado vi dos películas que me han dejado una marca imborrable. Una es Amélie. La otra es Shaolin Soccer.
Amélie ya advierte desde antes del primer fotograma que es "una película que te cambiará la vida". Yo ya tenía bastante claro que el sentimiento hippie de currárselo (aunque sea un poco) con el prójimo y hacer la vida agradable a la gente era bueno, y me encantaron las tramas que organizaba Amélie para alegrar la vida a sus colegas, como los Gigatrón. Pero lo que me llamó la atención fue que en una película que Disney hubiera utilizado para convertir al personaje protagonista casi en un santo, Amélie tiene dos detalles estupendos: (1), que sobre todo se preocupa por sí misma: los montajes más elaborados que organiza son para atraer la atención del hombre de quien se enamora, y (2) que Amélie no es que sea buena: es que imparte justicia, aunque admitiré que con bastante más suavidad que el Juez Dredd. No es la historia de una mujer que decide mejorar la vida de la gente haciendo apología del amor y el buen rollito, sino que decide mejorar la vida de la gente caiga quien caiga, y si no que se lo pregunten al pobre frutero de la película. O a su propio padre.
Y Shaolin Soccer... qué decir de Shaolin Soccer, esa obra maestra. O de su banda sonora, que incluye el mega-hit "El Kung-fu shaolin es el mejor". (Nota mental: buscarla en el eMule ya.) No tenía ninguna gana de ver la película porque no me gusta nada el fútbol y de jovencito odiaba profundamente a Oliver y Benji, pero Pau casi me obligó a sentarme delante de la televisión. Nunca podré estarle lo suficientemente agradecido. Sin él (sin esta película) jamás habría descubierto que el kung-fu shaolin se podía aplicar para mejorar todas las facetas de la vida, incluyendo el canto o el fútbol. Ahora, cuando tengo problemas, pienso en el momento en que mis obligaciones me permitirán apuntarme a un cursillo de kung-fu y ya me siento mejor, aunque mis nulos conocimientos de artes marciales me impidan utilizarlas para revisar traducciones. Y todo gracias a esta obra maestra del humor japonés de la que soy, desde ya, profeta evangelizador. Todo el mundo a buscar con el eMule a la voz de ya.
Dos películas que no olvidaré con rapidez, y que me prepararon psicológicamente para un Carnaval cojonudo.
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[1] Si alguien se cruzó con un grupo de bailongos setenteros con pelo afro y paquetorro en la entrepierna, yo era el alto. Buen gusto hasta en los disfraces, señora. No, no hay fotos, una lástima... Volver.
Nueva andanada de hostias del panfletero más dicharachero de los EE.UU. en forma de libro. Dude, where's my country? continúa allá donde lo dejó Estúpidos hombres blancos, su anterior panfleto: el once de septiembre de 2001 y sus consecuencias en la sociedad yanqui. La propia caída de las torres gemelas fue lo que pospuso la publicación de aquel libro, y desde entonces ha llovido mucho. Bombas sobre Iraq, para empezar.
El libro comienza con el sello de aprobación del Departamento de Seguridad Patria de los EE.UU., y de ahí pasa a aportar datos sobre las relaciones de la familia Bush con Saddam, Bin Laden y la familia real de Arabia Saudí en forma de las consabidas preguntas abiertas al "presidente" Bush. Analiza la ristra de mentiras (aunque más bien sea un hojaldre que una ristra) que llevó a la sociedad norteamericana a tragarse un buen whopper con extra de queso y patatas de la libertad: que Iraq y los atentados del 11-S estaban relacionados; las famosas armas de destrucción masiva; la "amplia" coalición internacional. No dice nada que no supiéramos ya, pero lo fundamenta con datos.
El libro me ha gustado. He disfrutado leyéndolo y se me ha hecho corto, pero le pongo "peros": creo que esta vez Michael Moore se ha pasado de panfletario. El título, que se traduciría como Colega, ¿dónde está mi país?, juega con el de la infame película Colega, ¿dónde está mi coche?, que según Moore dice a uno todo lo que hay que saber sobre la sociedad americana. Lo cierto es que en este libro trata de justificar a sus compatriotas más de lo que lo hizo en Estúpidos hombres blancos, y casi consigue convencernos de que en EE.UU. hay una mayoría progresista, liberal (aunque a ellos mismos no les guste utilizar ese término), que simplemente piensa que votar a los demócratas es desperdiciar el voto: los mismos perros con distintos collares. Piensa, como yo, que la alternativa liberal de su país ni es alternativa ni es nada y que saben que no ganarán las próximas elecciones, así que ni se preocupan. Esto condena a los estadounidenses (y al resto del mundo también) a cuatro años más de gobierno republicano, y en nuestro caso a cuatro años más de PP. Moore propone alternativas entre las que destaca que Oprah Winfrey sea la candidata electoral del partido demócrata, o que el partido verde y el demócrata se apoyen allá donde no puedan triunfar solos. No está mal, y es coherente, pero siempre he tenido reparos en leer propaganda electoral, y más en que alguien cobre por que yo la lea.
A favor, lo de siempre: Michael Moore es un tipo muy gracioso. Hay un capítulo entero que explica cómo hablar con tu cuñado conservador, ya que con esa gentuza no valen argumentos verdes ni de justicia social. Pero puedes convencerles de que ganarán más dinero si ponen guarderías en las empresas, si acceden a una sanidad pública, si legalizan las drogas. En otro capítulo, dios interrumpe a Mike y arremete contra Bush por utilizar tanto su nombre ("¿Mi poco conocido Undécimo Mandamiento? Guardáos las convicciones religiosas para vosotros mismos, maldita sea"). En otro explica porqué el recorte de impuestos del gobierno favorece a los ricos y no a las clases trabajadoras. Lo hace con otra carta abierta al presidente donde le agradece que haya pensado en él: al fin y al cabo su último libro vendió mucho y le hizo rico, así que ahora se beneficia de la "solidaria" política fiscal de la Casa Blanca. Afirma que destinará todo el dinero que le devuelva el estado a derrocar al presidente actual, y pide ayuda para saber cómo emplearlo mejor desde su página web. Estos trozos son los que hacen que valga la pena leer a Moore. Los datos que aporta son tranquilizadores (mira por dónde, no íbamos desencaminados al cagarnos tanto en esos bastardos) pero poco divertidos, y a mí me sirven de entremés, de lubricante para apreciar los trozos realmente buenos, aquellos en los que Mike se pone bien borde, saca el hacha y empieza a repartir.
Por cierto, Dude, where's my country? no nombra ni una sola vez al presidente Aznar, y eso que el libro anterior sí lo hacía (aunque fuera solamente como parte de una ficha de ayuda a presidentes americanos con los nombres de otros mandatarios mundiales). Se nombra considerablemente a Tony Blair y al presidente australiano, que yo al menos no sabía que también participó en la guerra, pero no hay nada de nuestro amado líder. Esto no va a ser bueno para su ego, y luego aquí la pagamos todos.
No, todavía no me he pasado a contestar las cinco del viernes. Además esta semana no me hubiera hecho falta, porque me han enviado unas preguntitas personalizadas. Que rabien de envidia los que tienen que ir a buscárselas. Lord Vetinari II, un compinche del Mundodisco, ha decidido (no sé porqué) que lo que yo tuviera que decir sobre revisiones de novelas traducidas iba a interesar a los futuros traductores oficiales. Y me ha enviado un cuestionario cuyas respuestas aparecerán en la revista El Emú Púrpura, de los estudiantes de Traducción de la Universitat Jaume I de Castellón. (El título de la revista sale de un famoso error garrafal de traducción, pero yo he visto cosas parecidas...)
Allá va.
¿Cuál es tu formación en inglés y castellano?
La formación "oficial" es casi nula: solamente tengo el título superior de la EOI de Castellón en inglés y el COU aprobado. Pero llevo bastantes años leyendo en ambos idiomas (en inglés, desde los 12 años y con el manual de Rolemaster, que no es moco de pavo) y suelo fijarme en lo que hago, si sirve de algo.
¿Cuántas libros del Mundodisco has leído y cuántas veces cada uno (de media)?
He leído todos los libros del Mundodisco excepto el último, que caerá pronto. La respuesta, por tanto, es 30. La media sería complicada de calcular, pero no he leído ninguno menos de tres veces. Yo la situaría en 4 o 5 veces por libro.
Coméntanos los fallos más típicos del traductor (lingüísticos, culturales, de coherencia, de intertextualidad) y pon un par de ejemplos de los más graves.
Ufff... ¿Por dónde empiezo? Seguiré el orden. Los fallos lingüísticos son en su mayoría simple desgana para levantarse y utilizar diccionarios, o al menos eso es lo que parece. Dar rodeos, explicar los conceptos (introduciendo cuantas oraciones subordinadas sean necesarias) en lugar de utilizar manuales de referencia para dar con la palabra apropiada. El ejemplo que más se me clavó fue en Hombres de Armas, donde tradujo "She splashed through the water" como "atravesó la estancia mientras el agua producía ruído al ser apartada por sus patas" (cito de memoria, pero creo que la aberración original era más rebuscada). Atesoro el gustazo que me produjo tachar y utilizar el verbo "chapotear". También tiene una cierta tendencia a utilizar demasiadas voces pasivas, caer en falsos amigos ("unsympathetic" como "poco simpático") y lindezas por el estilo.
Traducir fielmente las frases hechas inglesas también está entre sus méritos, aunque no recuerdo ejemplos concretos de esto. Lo que sí recuerdo es leer la traducción, darme cuenta de que no tiene sentido, acudir al original y pasar tiempo buscando en refraneros de internet para intentar adaptar los giros lingüísticos de Terry al castellano.
¿Coherencia? ¡Ah, claro, ese concepto tan extraño de intentar que los personajes conserven sus nombres de novela a novela! He de admitir que últimamente (en los dos últimos libros) parece que por fin se ha hecho un fichero. Por desgracia solo contiene los de sus anteriores traducciones, que ya no concordaban con las de Cristina Macía, la anterior traductora de la serie. La política que estoy siguiendo es "fijar" el nombre más frecuente, el que ha aparecido en más novelas.
Y respecto a la intertextualidad, las referencias, decir que solamente capta (o se molesta en hacer ver que capta) las más obvias y simples. El resto caen en el olvido o se pierden completamente por una traducción muy distinta a la que se hizo en su momento de la fuente original. Pratchett es muy dado a referirse a todo lo que se mueve en sus novelas, haciendo imposible estar seguro de captarlas todas, pero una búsqueda en Google escribiendo "raindrops on roses and whiskers on kittens" da una cantidad tal de resultados que podría incitar a pensar que el autor no utiliza la frase al azar.
¿Crees que las malas traducciones se deben a una falta de aptitud y actitud o a las penosas condiciones laborales que sufre el traductor literario?
Más bien de actitud. Al fin y al cabo, el Mundodisco no es más que un subproducto de literatura fantástica, y eso solamente lo leen adolescentes con granos llamados "Kevin", ¿no? Por otra parte, cuando haga las estadísticas (el conteo de palabras) de Soul Music, estoy seguro de que habré eliminado más de un 15% del texto traducido, luego también es posible que las penosas condiciones laborales (y el cobro por palabra) tengan algo que ver. No me veo capacitado para hacer afirmaciones al respecto.
¿Qué fuentes de información empleas para documentarte? (Google, otros lectores, libros-e, diccionarios...)
Absolutamente todo. Con Terry Pratchett no hay más remedio. Dispongo de versiones electrónicas de las novelas (back-ups: obviamente también dispongo de las ediciones impresas) que facilitan la búsqueda de nombres o de frases "marca de la casa" que se repiten mucho, tanto en inglés como en castellano. Si aparece un cetrero en alguna novela, seguro que visitaré unas cuantas páginas de cetrería. La RAE, dictionary.com y un par de diccionarios especializados (entre ellos uno de semejanzas fonéticas para los juegos de palabras) figuran entre los favoritos de mi explorador. Y por supuesto, si hay que saber algo sobre frasecillas rítmicas musicales, seguro que en esos foros de internet hay alguien "freakie enough" como para poder echarte una mano...
¿Cómo empezaste a trabajar como revisor para una editorial como P&J?
Pues casi de chiripa. Tengo una página sobre el Mundodisco en castellano, en la que empecé a incluir los fallos de traducción que se cometían en las novelas. Creando la sección de Small Gods, me di cuenta de que faltaban párrafos completos sin los cuales no se comprendía el papel de un personaje importante. Así que decidí informar a la editorial para que, al menos en la edición de bolsillo, se intentaran solucionar. Aproveché para añadir algunos otros fallos menores (en comparación), y para la siguiente novela se pusieron en contacto conmigo por medio de otro fan que les llamaba bastante por teléfono, y me propusieron encargarme de revisar las referencias. Acepté encantado (lo siento por el intrusismo laboral, señora), aunque de la primera novela que revisé toqué casi exclusivamente nombres y, sí, reescribí frases que rompían completamente el ritmo de la narración. Con el tiempo he intentado amoldar más y más los textos al estilo de Pratchett, que el pobre traductor se cargaba completamente con frases farragosas.
¿Con qué plazos de entrega trabajas y cuánto te pagan?
Los plazos de entrega varían. Men at Arms iba muy atrasada y hube de terminarla en 15 días mal contados. Además no tuvo tiempo de pasar por revisión de estilo, lo cual me dio algo más de manga ancha a la hora de meterle mano. Un infierno. Con la que tengo ahora en casa, Soul Music, voy muy desahogado. No hay prisa porque la novela no sale hasta mediados de 2004, así que estoy revisándola a fondo, casi palabra por palabra contra el original. ¿La paga? Bueno, dejémoslo en que tampoco es demasiado. Cantidad fija por novela, independientemente de su número de palabras o del tiempo que invierta en ella. En este último libro estoy dejándome los cuernos; habrá que ver si se impone una revisión salarial...
¿Cuál es tu labor como negociador entre los lectores y la editorial?
Negociar, lo que se dice negociar, tampoco negocio mucho. Obviamente no tengo voto en el proceso editorial. Pero la voz, ahora que la editora al cargo del Mundodisco se ha convertido en fan, sí cuenta algo. No voy a atribuirme méritos que no me corresponden, pero las contraportadas de la serie han mejorado algo (ahora, al menos, parece que hablen de la novela en cuestión), quiero pensar que las ediciones están más cuidadas y, bueno, tal vez el par de indirectas hayan tenido algo que ver en que P&J contratara por fin Eric, la novela cuya traducción llevábamos años esperando. Pero el mérito es de Mònica, la editora, que también se encarga de filtrarme noticias y tener a todo el mundo un poco al tanto de lo que ocurre en la editorial.
¿Qué consejos darías a un traductor literario (ya sean obras de culto o no) acabado de salir de la facultad?
¿Yo? ¿Un puto intruso profesional? Bueno, en vista de como está el mercado y por lo que me cuentan algunos amigos traductores, que se sacara el carnet de manipulador de alimentos. Creo que en McDonald's lo exigen...

Llevaba tiempo queriendo ver Bowling for Columbine, el documental que hizo (y por el que dieron un óscar, ya ves) el autor de Estúpidos hombres blancos, Michael Moore. Durante dos horas, y tomando como punto de partida los asesinatos del instituto Columbine, el documental da un buen repaso a la sed de sangre estadounidense. Lo que en según qué manos daría para un buen tostón de docudrama se convierte en casi dos horas que pasan volando, a medias entre la risa y el pasmo. Contiene trozos surrealistas de noticiarios reales, un corto de los creadores de South Park sobre la historia americana, unos cuantos datos casi increíbles sobre asesinatos en el mundo y, al menos el DVD que yo he visto, una rueda de prensa donde el autor no deja títere sin su dosis de sentido común.
No me ha defraudado en absoluto pese a que todo el mundo decía que era genial y, por otra parte, ya me había creado mis propias expectativas después de leer Estúpidos hombres blancos. Y ya se sabe lo que pasa cuando esperas demasiado de algo... Lo mejor de todo el documental es el propio Moore, repartiendo estopa por donde pasa: entrevistando a responsables de empresas bélicas, llevándose a dos "daños colaterales" de Columbine a unos grandes almacenes y montando escándalo hasta conseguir que dejen de vender munición, e incluso plantándose en casa de Charlton Heston, fingiendo ser prensa amiga con su carnet de la Asociación Nacional del Rifle y llevándole a terrenos donde el muy cabrón no quería pisar. En esta película incluso a Moore le toca reconocer sus propios errores, ya que el objetivo del documental era demostrar que la fuente del problema era el libre mercado de armas y una visita a Canadá le demuestra que, bueno, no necesariamente, oiga. Allí tienen las mismas armas y muchos menos asesinatos.
En pocas palabras, es muy grande y no le puedo hacer justicia en este post después de verlo sólo una vez. Está hecho con cierta objetividad, mucha ironía y considerable mala leche. Y algo así se echaba mucho de menos desde que, ya casi hace un año, por aquí a algunos les dio por cerrar Caiga Quien Caiga.

Lo leí en una noche, a finales de la semana pasada [1], parando sólo para encender cigarrillos y llenar la jarra de agua. Estúpidos hombres blancos se lee solo. Desde el primer capítulo, que consiste en una petición de intervención de la ONU es los Estados Unidos para sofocar el golpe de estado que dio en Florida el actual gobierno republicano, engancha como una mala cosa.
Michael Moore es lo que se conoce científicamente como un "rebotado". Un tipo con las ideas claras, la opinión bien formada, que se ha marcado un objetivo en la vida y ¡coño!, ha conseguido vivir de su objetivo. Hay que admitir que en un país como EE.UU., en los EE.UU. que él mismo pinta, algo así tiene su mérito. Según mis estadísticas uno de cada tropecientos mil rebotados consigue que se le escuche, pero hay que llevarlo dentro, hay que acumular mucha mala leche, para ser ese rebotado mediático.
El libro trata de combinar datos fiables sobre la política yanqui (es decir, global) y cierta ironía, aunque con altibajos. Hay momentos impagables, como la carta abierta a George Bush Jr. donde le pregunta "preocupado por un amigo" si es capaz de leer y escribir como un adulto, ya que si no podría suponer una amenaza para la seguridad nacional. La evidencia apunta a que Junior es un pobre analfabeto, marioneta de los amigotes de su padre. Las fichas de ayuda para presidentes también son geniales. Y cuando rebaja el cachondeo sarcástico y se pone a dar datos, son interesantes hasta el punto de mantenerte pegado al libro, alucinando con lo que llega a hacer el poder económico en América y esperando a que Moore dé su siguiente mandoble.
Tengo que ver Bowling for Colombine, el documental por el que le dieron un óscar. Porque cuanto más se cabrea, cuanto menos se entretiene en dar hondanadas de datos, más divertido es. Aunque, todo hay que decirlo, si la mitad de los datos que da es cierta, suscribo la petición de intervención internacional en norteamérica. A lo mejor no lo decía de cachondeo.
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[1] De 12 de la noche a 6 de la madrugada. Todavía era octubre y podía permitirme faltar a la clase que tenía por la mañana. Era bonito. Volver.
(Estúpidos hombres blancos se puede comprar en CasaDelLibro.)
El sábado volví a casa bastante tarde. No sé que pasa, pero me dan una hora más de noche y me pongo en plan "el mundo se acaba". Como si no pudiera acostarme a la hora que me diera la gana un sábado cualquiera. En fin. El caso es que llegué y, sin nada que leer, cogí un librito que debí comprar hace tiempo de saldo en algún supermercado: La resaca, remedios naturales para vencerla. Bastante apropiado para lo que me esperaba al despertar.
El libro confirma algunas de mis propias tesis (basadas en el método experimental) y desmiente otras. Yo pensaba que la resaca no era más que mono de alcohol, pero resulta que es consecuencia de la deshidratación y de las sustancias en las que se degrada el alcohol después de cumplir su misión: acetaldehido, metanol y demás guarrerías. Pero en otras cosas llevaba yo razón: una cervecita por la mañana alivia los síntomas (aunque el libro no recomienda bebérsela), las bebidas blancas son más sanas y las comidas algo grasientas antes de beber o al día siguiente son buenas.
Por lo demás, remedios caseros en plan "La Botica de la Abuela" (el autor ha colaborado con Txumari Alfaro, pero es doctor en medicina, que conste) para aliviar y prevenir síntomas de la resaca. Los remedios para prevenirla antes de beber no me interesan, porque también previenen la propia borrachera. Y mi economía no está para pagar cubatas que no vayan a hacerme el máximo efecto posible. Pero los remedios a posteriori parecen interesantes, aunque si se siguen las instrucciones del libro al pie de la letra hay que desayunar agua, limonada con bicarbonato y sal, zumo de tomate, cebolla y pepino, tostadas con miel, cereales, un Gelocatil, sopa de ajo, de pollo, caldo de cebolla, frutos secos si se es mujer... y paro antes de acabar, porque la cosa se hace eterna. ¡Y todo eso de resaca! Casi prefiero no beber. Pero estos remedios, aplicados con moderación, pueden serme útiles en el futuro. A los 16 años ni siquiera sabía lo que era una resaca. Ahora las sufro un poco, pero nada que no solucione medio litro de agua y un despertar tranquilo y sin sobresaltos. Dentro de 10 años serán terribles. Lo sé.
De todas formas, me quedo con esta solución: "INTENTAR VOLAR. Este remedio consiste en mover los brazos. Si por la mañana nos encontramos molestos por el dolor de cabeza, moveremos los brazos como 'si quisiéramos volar' (arriba y abajo) durante un par de minutos (descansando de vez en cuando). También podemos dibujar círculos a los lados (derecha e izquierda) con movimientos repetidos y rápidos. Finalidad: Estos pequeños ejercicios tienen como objetivo evitar la llegada masiva de sangre a la cabeza, descongestionarla. Muestran cierta eficacia y su principal virtud es que pueden practicarse siempre que se quiera y en cualquier lugar".