Mayo 08, 2008

Pajillas mentales: La estafa nigeriana

Iba a poner esto en el otro blog, el serio y profesional, pero es que no me iba a salir sin utilizar un par de veces la palabra "gilipollas" y cagarme en algo gordo, y no quiero asustar tan pronto a ningún cliente potencial. Lo mismo cae más adelante una versión descafeinada y sin coñac, pero de momento la personalidad múltiple que me estoy creando todavía se decanta hacia el carajillo. Bien quemado.

Desde que me pasé a esto de traducir me he ido apuntando a diversas páginas web del gremio, en su mayoría porque hay que estar registrado para acceder a los glosarios o los foros de ayuda (que siempre te pueden sacar de algún apurillo haciendo búsquedas internas). Uno de estos sitios, gotranslators.com, manda e-mails de vez en cuando para dar avisos a sus miembros, y el último no merece otra calificación que increíble. Trata de la estafa nigeriana.

Todo empieza con un traductor recibiendo un correo electrónico, escrito en un inglés pésimo y procedente de alguien que afirma ser de cualquier otro país, francés por ejemplo. Se solicitan los servicios urgentes de un traductor y todo parece seguir los cauces normales. El e-mail es lo bastante inteligible como para que algún incauto (me reservo el "gilipollas" para más adelante) lo responda explicando sus tarifas al supuesto cliente y reciba enseguida el texto a traducir porque, claro, la cosa es urgente. En poco tiempo nuestro amigo ha llegado a un acuerdo económico con el timador y ha cumplido el encargo. Y ahí es cuando se la dan con queso. Traduzco parte del aviso:

La "estafa nigeriana" es un timo muy viejo. Te envían un cheque (falso) y los bancos necesitan cuatro o cinco semanas para identificar cualquier estafa. La cantidad indicada en el cheque siempre es más alta que lo acordado ("un error", o cualquier otra excusa) y el estafador te pide que le ingreses la diferencia en otra cuenta bancaria cuanto antes.

Y entonces estás atrapado.

¡Estás atrapado si eres gilipollas! Porque aunque el e-mail inicial, enviado desde una dirección como sexymaria@gmail.com (¡verídico!), no te ponga los pelos tan de punta como para borrarlo directamente, no cuesta nada hacer una consulta a bases de datos de clientes y un par de búsquedas en foros. Por si las moscas. Y aun así, una vez traducido el proyecto, hay que ser muy ingenuo para aflojarle pasta a tu cliente sin antes tener la suya bien aferrada en la mano. Aunque solamente sea para no tener que cagarte en tu puta madre (sí, en la propia) por haberle echado horas a un trabajo que, encima, te ha costado dinero. Y ya no digamos si para colmo de males tu traducción le resulta útil a quien te ha dado el sablazo: cornudo, apaleado y, coño, tu esposa te ha pegado una venérea.

De gilipollas está el mundo lleno. Por desgracia también está demasiado lleno de gente que lo sabe.

Imagen que no viene a cuento:

Calle Trullols, Castellón de la Plana

¡Humor callejero del bueno!

 
Enviado por Manu, 04:30 AM | Comentarios (0)

Marzo 23, 2007

Pajillas mentales: Morena

El miércoles impacté a varias veces la velocidad del sonido contra la realidad. Fue el primer día que tenía que trabajar por la mañana después de pasar una semana en las fiestas (o, mejor dicho, en los fiestones) de la Magdalena en Castellón. Había dado alguna clase que otra el martes por la tarde, pero el encontronazo serio con el maldito día a día no se produjo del todo hasta la mañana siguiente, un espantoso día soleado con un leve viento fresto. Es muy posible que el armisticio de un día se debiese a que mi sistema digestivo, atontado por el alcohol durante siete seguidos, no hubiera conseguido reaccionar hasta el momento. Sea como sea, desperté helado y con un tremendo malestar gástrico en el lugar que solía ocupar mi cerebro.

Conseguí reptar hasta la cafetera y la caja de Desenfriol, que no eran la opción más indicada para mi desmejorado estómago pero sí eran elementos imprescindibles para poder salir a la calle sin sufrir una muerte horrible bajando las escaleras. Ponerme la ropa en la posición y el orden correctos me supuso un auténtico infierno. El camino hasta la parada, otro. Con el trayecto en tranvía hacían tres, y la espera en la estación de Empalme (donde debía hacer transbordo para completar el viaje al trabajo), subía el marcador a cuatro infiernos largos. Mientras echaba cuentas y llegaba a la conclusión, poco halagüeña, de que si solamente llevaba una hora despierto y ya iba por el número cuatro estaría llamando medianena a Dante para la hora del té, llegó el metro. Subí al vagón y posé mi trasero, seguido de un cuerpo desganado, en un asiento plegable junto a las puertas. Era la opción más lógica, aunque no me di cuenta hasta que el tren arrancó bruscamente para iniciar su trayecto en superficie y yo me pregunté si llegaría entero a mi parada o una parte de mí saldría por la boca y, si la casualidad quería que el metro estuviese en marcha, se quedaría a vivir en aquel suelo rugoso.

Estación de Burjassot, la anterior a mi nefasto destino. Como estaba sentado en el asiento de la puerta, era responsabilidad mía pulsar el botón de apertura. En un esfuerzo digno de gesta épica, conseguí levantar el brazo y acertar en el verde. Las puertas se abrieron y una chica morena, de la que hasta entonces solamente había visto las botas, me dijo "muchas gracias" y me dedicó una sonrisa perfecta. No perfecta por bonita, que también, sino por sincera. O al menos eso me pareció. En cualquier caso la chica me sonrió, las puertas se abrieron y se produjo un breve momento en el que se me permitió olvidarme de mi cuerpo como si fuese el protagonista de una película mala sobre sucesos paranormales. Durante un minúsculo lapso de tiempo, no tenía estomago. Y tal vez fuera la impresión del momento, o tal vez que las puertas estaban orientadas al este y el sol me daba en la cara, pero me pareció que la chica morena se alejaba por el andén con más contoneo del estrictamente necesario. Sabiendo que aquel breve instante de gloria no duraría demasiado, lo atrapé y lo apreté bien fuerte para que no escapara: me hice visera con una mano, admiré aquellas nalgas perfectas prisioneras de unos vaqueros ceñidos y, mientras las puertas se cerraban, me permití una sonrisa propia, la primera del día. La vieja que estaba sentada enfrente me miró mal. No me importó lo más mínimo.

Sería estupendo poder decir que los pajaritos empezaron a piar con armonía, que mi situación física mejoró y que la jornada se convirtió en un dulce algodón rosa, pero cualquiera que haya tenido un mal día tras una semana de fiesta continua sabe que nunca es así. Atravesé rios de mierda, descendí a todos los infiernos y llamé a Dante medianena a la hora de comer. La tarde fue espantosa y no empecé a sentirme mejor hasta bien entrado el ocaso. Pero sí es cierto que todo habría sido incluso más insoportable sin aquella chica morena y sin su sonrisa y sin su culo. Así que, de corazón, muchísimas gracias, preciosa.
 

Enviado por Manu, 12:24 AM | Comentarios (6)

Octubre 25, 2006

Pajillas mentales: El boli en el canalillo

Tarde, mal y a destiempo, como de costumbre, pero me enteré este fin de semana de la última gracia de ese genio del humor que es el ex-presidente JoseMari Aznar. Tras el chiste del submarino amarillo (cuando Inglaterra decidió que Gibraltar era el sitio idóneo para aparcar un submarino nuclear), el sketch del acento texano (en una rueda de prensa conjunta con Bush) y el gag de los pies encima de la mesa con sus amiguitos del humor en las Azores (cuando lo de Iraq), Chema parece haber decidido que renovarse o morir. Su repertorio actual, en esta nueva etapa fuera del gobierno, es igual de bueno o incluso mejor que el antiguo, aunque hasta la fecha solamente hayamos podido disfrutar de dos breves muestras: (1) aquella vez en que argumentaba que los moros deberían habernos pedido perdón por la ocupación de la península hace 1300 años, y (2) esto:

Evidentemente, a Josemari le va el humor apocalíptico. O eso, o se cree de vuelta de todo y hace lo que le viene en gana sin pensar en las consecuencias para su partido. O tal vez quería emular a Bill Clinton, ex-presidente también, y a falta de puros y chirlis, pues vengan esos bolis y escotes. Que siempre ha habido clases. O quizás simplemente no le gustaba la pregunta sobre el Movimiento de Liberación Nacional Vasco y no se le ocurrió nada mejor para salirse por la tangente. En breve, o es un maestro incomprendido del humor o va de sobrado o va de copiamonas o, simplemente, es un poquito gilipollas y no tiene demasiadas luces. Comentarios al respecto de la bromita no han faltado, y los hay de todos los colores: desde "qué hubiera hecho si el entrevistador fuera hombre" (decía la reportera boligrafizada Marta Nebot) hasta "Aznar no es machista" (Ana Botella, claro), pasando por el que más me ha gustado: "Anita, confiesa, tuvo a tantas mujeres en su gabinete porque al llegar a presidente le regalaste una caja de rotuladores y no sabía donde ponerlos", que decía un tal Retrancasman en la página web del 20 Minutos.

El hecho es que, de un tiempo a esta parte, las tías buenas lo tenéis más bien crudo con las bromitas de la gente. Marta Nebot no es más que un ejemplo. Esta misma mañana estaba yo tomando un café en el bar y ha entrado una hermosa joven a comprar tabaco: tipo estupendo, culo ceñido, senos turgentes, pelo rizado. Ha puesto dinero en la máquina, ha cogido su paquete y se ha largado sin decir ni mú. Pero este simple gesto ha despertado una retahíla de comentarios y chascarrillos a voz en grito por parte de la dueña del bar y un par de parroquianas que andaban por ahí. Sí, está claro que no cuesta nada decir hola. Pero mucho me temo que estos comentarios no se habrían producido si la muchacha no estuviera de tan buen ver o si, directamente, fuera un tío. Incluso yo mismo, adalid contra la discriminación, he comentado en ocasiones que las gilipolleces que discuten y discuten y discuten las concursantes de SuperModelo 2006 deberían solucionarse a base de combates de lucha en el barro. Aunque por supuesto (siempre ha habido clases, decíamos) no me he plantado nunca en el estudio del programa con una cubeta de fango y un par de bikinis.

Quedáis advertidas, tías buenas: el campeón bigotudo del humor casposo anda suelto.
 

Enviado por Manu, 02:10 PM | Comentarios (1)

Mayo 02, 2006

Pajillas mentales: El último punk

Viña Rock 2006

Concierto de Porretas

Decimoprimer Viña Rock en Villarrobledo, séptimo para mí. Lo cual significa que, aunque no conozca el festival desde que era sólo un día con cuatro conciertos matados, sí fui testigo del primer año que hubo carpa de hip hop y cuatro escenarios en vez de dos. Fito aún metía caña, el recinto estaba organizado de otra forma, los punkis hacían hoguerillas y negocio en la zona de conciertos y los neomakinetos no atronaban a los vecinos con fiestas rave en la acampada. Fuimos unos 28000 asistentes, bastante menos de la mitad que este año.

Y, bueno, no tocaba Ramoncín. Soziedad Alkohólica, sí. Y de S.A. (de la retirada de algunos patrocinadores cuando la organización decidió acertadamente mantenerlos en cartel) se ha dicho mucho, incluso en medios informativos mayoritarios, pero nadie con quien yo haya hablado desde que volví del festival sabe lo que ocurrió con Ramoncín: que no pudo tocar ni tres acordes porque tan pronto como salió al escenario comenzaron a lloverle litros de cerveza y (dicen que) huevos podridos. Inmediatamente el público empezó a corear "Ramoncín el que no bote", se vieron un par de carteles de "Puta SGAE" y el ex-punki reconvertido en tertuliano casposo huyó, supongo que con el rabo entre las piernas. No pude verlo con mis propios ojos porque Sepultura estaba tocando Roots en el escenario heavy, pero lo primero que pensé al enterarme diez minutos después fue que mira por dónde, resulta que la organización no tiene libertad absoluta para hacer lo que le dé la gana con el cartel. Y quien la limita no son los patrocinadores sino quien debe: el público. Curiosamente, en lugar del concierto de Ramoncín apareció en las pantallas el que Soziedad Alkohólica había dado el viernes, cosa que me alegró el anochecer porque el del rey del pollo frito era el único concierto factible (el escenario hip hop no cuenta como factible) en aquel momento y prefiero repetir S.A. que estar en un concierto del que solamente medio-disfrutaré de Putney Bridge y Litros de alcohol porque su intérprete es ahora un ser que me resulta un poco despreciable. Y digo "un poco" porque tampoco es que piense demasiado en él.

Junto a la repetición de No kiero participar apareció en pantalla un cartelito en la linea de: "La actuación de Ramoncín ha quedado suspendida por la actitud hostil de un sector minoritario del público". Serían minoritarios quienes lanzaron litros de calimocho al escenario, al fin y al cabo por pura física no pueden impactar simultáneamente 35.000 vasos de litro (la mitad del público) en un individuo. Pero ciertamente no eran minoritarios quienes pensaron que era mejor que el tertuliano de Crónicas Marcianas no tocara en el Viña. Lo siento por el tipo de la camiseta blanca de Ramoncín (posiblemente el presidente y único miembro de su club de fans, decía yo bajo los efectos de demasiado ronskey con narlimón), pero la inmensa mayoría del público se alegró por lo sucedido. Así son las cosas y así se las hemos contado, señora.

Y la culpa es de la organización, así de sencillo. Las razones de mi veredicto son las siguientes:

  • No se puede juntar a 70.000 personas sin que haya gente dispuesta a lanzar líquido al escenario. De hecho, nosotros mismos habíamos hablado de comprar pistolas de agua, llenarlas de orín y hacerle sufrir su propia medicina veinte años después, y aunque el proyecto no se llevó a cabo era más radical que lo que ocurrió en realidad.
  • No se puede poner a un tipo tan odiado últimamente en el escenario principal, a una hora de gran afluencia de público y sin algún otro concierto al mismo tiempo. De hecho, yo pensaba que a Melendi le sucedería algo similar. Pero es que Melendi tocaba a la vez que Barón Rojo; tocaba en el "escenario buenrollista" (Republicca era el nombre oficial), que es su sitio. Y por muy publicitado y publicitario que sea el del chocolate que más le pone, no despierta un rechazo tan visceral.
  • No se puede olvidar que, aunque se pretenda diversificar la oferta y llegar a más gente, el escenario principal debe seguir siendo de quienes ya estábamos allí hace siete años. O de quienes irían sin dudarlo si pudieran retroceder en el tiempo. Trae a Bebe, trae a Melendi, trae al pesado de Muchachito Bombo Infierno. Vale. Pero ponlos en el escenario Republicca para que al menos los 28000 con mentalidad de abuelo podamos irnos a beber al otro lado escuchando heavy de fondo. Trae a SFDK, pero ni se te ocurra sacarlo de la zona hiphopera. En breve: diversificar no significa eliminar lo que te ha llevado a ser lo que eres y cambiarlo por el Ramoncín de las narices.

Y pese a todas las discusiones de internet sobre el Caso Ramoncín (sí, una parte del público impuso su criterio sobre el resto; sí, está feo tirarle bebida encima a la gente contra su voluntad; sí, habría sido incluso más gracioso sentarnos todos y pasar el concierto mirándole con cara de zombi y haciéndole cortes de manga), vuelvo a mi opinión inicial: el festival, que ya es siempre divertido de por sí, salió ganando con el no-concierto del rey del pollo frito. En vista de las ideas de boicot que circulaban por internet los días previos, a ver si era eso justamente lo que se pretendía.

El concierto de S.A. estuvo muy bien, por cierto.
 

Enviado por Manu, 11:45 PM | Comentarios (5)

Diciembre 01, 2005

Pajillas mentales: Una de las cosas que me gustan

Hay un tema de conversación que, a medida que pasa el tiempo, se va convirtiendo más y más en tabú. No me refiero a la calvicie, no (aunque también), sino a la manera de plantearse la existencia. Por algún extraño motivo, cuando alguien se pone a cuestionar el modo de vida "Curro cuarenta horas, hipoteca, seguro del coche" la gente que lo sigue tiende a tomárselo como algo personal. Hay quien no, claro, pero por lo general un ataque contra el modelo C40+H+S es recibido como una patada en los mismísimos hipotecones.

Lo digo porque esta mañana un alumno me ha preguntado por qué estoy trabajando en una academia y no en un instituto al uso. De todas las razones que podría haberle dado, he escogido la más cierta: que es el trabajo que más me compensa. Servidor no paga hipoteca ni seguros: tiene un alquiler barato y se desplaza a pie, en metro o (para los viajes largos) de copiloto en el coche de algún amigo. Así que, si echándole alrededor de 20 horas semanales me da para techo, cuchara, vicios y algún viajecito suelto, ¿qué sentido tendría duplicar mi horario de trabajo? El que tengo ahora, con sus dos sobresueldos al año procedentes de revisar libros de Pratchett, es el que mejor relación tiempo-dinero ofrece para alguien como yo.

Poco más o menos ésta es la explicación que he dado a mi alumno, quitando lo de Pratchett porque sería demasiado largo de explicar. No he querido extenderme por derroteros metafísicos, pero es que de verdad no veo la necesidad de trabajar cuarenta horas a menos que uno disfrute mucho haciéndolo o de verdad lo necesite, sea por la razón que sea. El tiempo es oro, es decir, dinero. Por lo tanto, el dinero es tiempo. Y por lo general no se pueden tener las dos cosas a la vez, salvo en dos lagunas muy determinadas del continuo dinero-tiempo: una de ellas es la de los muy ricos, la de los que gastan mucho pero tienen tanto que pueden permitirse no trabajar; y yo tomo el sol en mi hoja y cazo moscas con la lengua en la charca pequeña y acogedora de quienes no tienen pareja ni hijos ni hipoteca ni coche ni demasiadas obligaciones ni ganas.

Sí, podría buscarme un trabajo serio, meterme en un piso y pagar una hipoteca. Y entonces a los 60 años, si no me cae un meteorito encima antes, sería un orgulloso propietario de pleno derecho y ya no tendría que pagar al banco cada mes, con lo que podría dedicarme a vivir la vida a todo tren. ¡Juerga en el geriátrico! ¡Vámonos todos a Benidorm, que pago yo! Teniendo veintisiete me pasa lo que a los Gamma Ray, que el tiempo libre es una de las cosas que me gustan.

Pero cuando dices estas cosas en voz alta pasa lo que decía al principio, que la gente piensa que desprecias su modo de vida. Cuando hablas de beber, fumar, jugar de vez en cuando a rol, leer, hacerse pajas mentales en un weblog, hacerse pajas físicas en tu casa, irse a vagar por el mundo en verano o reciclar el cristal, no pasa nada. Nadie se lo toma como una crítica porque se ve claramente que no lo es. Pero es tocar un poquito los hipotecones y, sin comerlo ni beberlo, se provoca irritación aunque no se pretenda (que si eres un punki, que si ya se te quitará la tontería; argumentos de padre), como si lo que me vaya bien a mí tuviera que funcionar para todo el mundo. Por eso prefiero no tocar el tema bajo ninguna circunstancia.

Imagen que no viene a cuento:

Resultados de la encuesta 01

 
Enviado por Manu, 01:29 PM | Comentarios (10)

Noviembre 10, 2005

Pajillas mentales: Cada cosa en su sitio

El sitio de los periódicos viejos es encima de la nevera. El sitio de las revistas es el váter. El trapo de cocina va encima del microondas, cerca del horno. El sitio de los ceniceros y del cartón de tabaco (cuando lo hay) es en la sala de estar, encima de cualquier superficie, al alcance inmediato siempre que sean necesarios. Los objetos pequeños, útiles y fáciles de perder iban en el mueblecito de mimbre de los objetos pequeños, útiles y fáciles de perder, que hasta hace poco estaba al lado de un sofá pero ahora ha pasado a sostener la impresora en la habitación del ordenador. Ésta es la historia de cómo un pobre grinder que habitaba hasta hace poco ese mueblecito de mimbre encontró un nuevo hogar.

El Doctor Maligno se iba a dormir. Triste es revelar intimidades de los supervillanos, pero para la historia es necesario saber que cada noche, cuando decide retirarse a urdir nuevas maldades, siempre pasa por una fase de entrar y salir de la Mazmorra de la Serpiente a recoger cosas que se ha dejado. Y, si hay algo pendiente para el próximo día en su Plan de Dominación Mundial, quedar de acuerdo conmigo para que se haga. En esta ocasión, lo que había pendiente era ir a pagar el alquiler de la Fortaleza de las Sombras a su señora oscura, una buena idea teniendo en cuenta que estamos ya a día 10.

En realidad no nos hemos puesto de acuerdo en quién iría a pagar, pero sí he decidido sacar el dinero de debajo del colchón y dejarlo en algún lugar más accesible por si al final no me correspondía a mí. Buscando el sitio adecuado, he visto el grinder en la estantería de los DVDs y he voceado:

- ¡Eh, Doctor Maligno! ¡Dejo la pasta debajo del grinder!
- ¡¿Qué?! ¿El grinder?

El doctor estaba afaenado en su Mazmorra buscando su parte del dinero entre los látigos y los escorpiones pero ha salido como alma que lleva el diablo. Yo hubiera puesto la mano en el fuego a que Doc conocería en todo momento la posición exacta del aparatillo, y de hecho por eso decidí dejar allí el dinero. Pero resulta que ya llevaba tres semanas buscando el dichoso grinder sin éxito y empezaba a preocuparse de verdad. El utensilio, listo como él solo, había decidido esconderse en el mejor lugar posible: a la vista de todos. Esos aparatejos conocen bien a sus amos.

Y así es como el grinder no sólo ha encontrado un nuevo hogar, sino también un trabajo: Custodio del Dinero de Alquiler de la Fortaleza de las Sombras. Sólo le toca tres o cuatro días al mes, lo cual resulta envidiable.

Y mientras tanto, los libros de rol van en un montón al fondo del sofá que no usamos. Las esposas van en el segundo cajón. La bolsa de basura auxiliar cuelga del pomo de la puerta de la cocina.
 

Imagen que no viene a cuento:

¡He matado al dragón verde!


 

Enviado por Manu, 02:25 AM | Comentarios (7)

Octubre 27, 2005

Pajillas mentales: Fuera catalizadores

Hacía tiempo ya que no daba vueltas en la cama sin poder dormir. No es que haya nada que me preocupe especialmente y me impida coger el sueño, sino que estos ciclos caóticos que llevo de vigilia y ronquidos desde que trabajo dos mañanitas a la semana me trastocan los horarios y me lanzan también una noche así a la cara cada equis tiempo. Agotados ya sin éxito los dos recursos típicos para cerrar plácidamente los ojitos (el otro es leer, pero se me terminó el libro), me ha dado por pensar un poco. Y ni con esas. Así que he recuperado una costumbre casi olvidada: la de coger papel y boli con la esperanza de poder teclear esto mañana, salga lo que salga. Bienvenidas, pues, a mi cama.

Andaba yo rumiando que últimamente el gobierno no da una a derechas, pero en realidad es más bien al contrario. La última jugarreta, y no andan tan lejos la del tabaco ni la de los despidos baratos, es prohibir que los conductores noveLes conduzcan de noche. Al parecer, las últimas estadísticas apuntan a que el veinte de los hostiones nocturnos los provoca gente con poca experiencia al volante. Dejemos al margen que los Nengs que se pegan esos golpes en la carretera se limitarán a ir a las discotecas antes de las 11 y volver después de las 6 de la mañana para saltarse la prohibición en caso de que se aprueba. Dejemos también de lado que eso será incluso peor. Sigamos adelante con el razonamiento gubernamental y pensemos en los demás accidentes, diurnos o nocturnos. Es de suponer que una parte considerable la formarán personas que vuelvan cabreadas de un curro insatisfactorio y le den al acelerador porque, para colmo, les pilla lejos de casa. O que se duerman al volante en plena operación salida porque están machacados con las cuarenta horas semanales (más extras) y las dos que llevan ya de atasco. Son sólo dos ejemplos, pero demuestran que un gobierno esclavo de las encuestas puras, unos tipos que no se lo piensan dos veces antes de cortar por lo sano, podrían fácilmente llevarnos a que estuvieran prohibidos los cabreos y las operaciones salida. Ya estoy viendo los Sorteos Nacionales para ver quién puede viajar y quién se queda en casita este puente de la Inmaculada.

Cualquiera que tenga nociones de estadística sabe que las encuestas solamente dicen lo que dicen. Son modelos que intentan aproximar la realidad pero jamás consiguen describirla completamente. En estadística se habla de correlaciones, no de causas. Y hay que saber interpretar los resultados, aunque eso no depende tanto de los conocimientos matemáticos como del conocimiento (intuitivo, empírico, todo lo que quieras) de la realidad. Del mundo que tenga el intérprete. Y hay que ir con cuidado para no sacar conclusiones precipitadas, sobre todo si se pretende legislar en base a ellas. Supongamos, por ejemplo, que algún cerebrito de Moncloa echa mano de estadísticas y se da cuenta de que crecen los índices de contaminación al mismo ritmo que la fabricación de vacunas en el país. ¡Coño, claro! ¡Seguro que la contaminación es la causa de que podamos vacunarnos! Pues nada: fuera filtros, fuera catalizadores, fuera multas. Jeringuillas para todos, señora. La falta de datos, o tal vez la falta de cerebro para darles cuatro vueltas antes de sacar la varita mágica de prohibir cosas, puede ser peligrosa.

En el caso que nos ocupa, puede que no se solucione todo el problema prohibiendo conducir de noche. Es posible que los menores, simplemente, le dejen el coche a alguien que no deba llevar la ele o que se pasen en masa al truco de volver de día. A lo mejor parte del problema está en obligar a los chavales a conducir para salir. Quizá habría que meditar un momento por qué alguien se ve obligado a ponerse al volante para pasar un buen rato. Tal vez habría que plantearse permitir que las discotecas se acerquen un poco al casco urbano, que los bares abran hasta más tarde, que los taxis bajen los precios. Que el trabajo no ponga a nadie de los nervios. Que nadie acabe demasiado cansado para conducir. En resumen, que el congreso empiece a pensar un poco (ya, ya) y se deje de desviar la atención del Estatut a base de escupir prohibiciones estúpidas hacia blancos fáciles. Porque asumámoslo: me juego el cojón que me estoy rascando a que el 70% de las muertes por violencia doméstica se producen entre casados, y no veo yo que nadie vaya a prohibir el matrimonio a corto plazo.

Si de algo puede alegrarse la Dirección General de Tráfico, eso sí, es de ponerse por fin a la altura de las facultades de derecho y medicina: sus aprobados, en la práctica, no valen ni el papel en que están impresos. Ni una mierda, tampoco. Haz el MIR, colégiate para ejercer, no conduzcas de noche.

Y con tu permiso, guapa, ahora dormiré dos o tres horitas.

Imagen que no viene a cuento:

Mar de Cuernos

¡Los dioses del metal han vuelto!

 
Enviado por Manu, 05:35 AM | Comentarios (0)

Mayo 24, 2005

Pajillas mentales: El alemán cabrón

Resulta que no soy el único que, de un tiempo a esta parte, nota que se va olvidando más de las cosas. Que le cuesta cada vez más recordar los nombres de la gente que le presentan o los detalles de las situaciones. A más gente de mi edad aproximada le ocurre lo mismo: la memoria no funciona igual que antes, los sucesos no se graban automáticamente, los datos cuestan más de retener. En realidad no se trata de un fenómeno generalizado, ni tampoco tan exagerado como en mi caso. No estamos en una situación estilo Shaun of the dead, no es que haya una plaga de casi-treintañeros casi-zombies diciendo "coño, aquello de que era malo masturbarse tanto no iba errado después de todo... ceeereeebrooosss...". Pero sí hay que admitir que se da una tendencia clara hacia hacia el descuido, hacia el "¿qué hice anoche?". Hacia el caos. Así que, con la capacidad de generalización irreflexiva que me caracteriza y que tantos amiguitos me ha procurado últimamente, me lanzo a la piscina con una nueva entrega de Teorías Inconsistentes de Manu (TM).

No es que olvidemos más de lo que lo hacíamos a los veinte. Nuestros cerebros, pese a todos los kame-hame-has que han soportado, no han podido degenerar tanto en siete u ocho años como para no recordar un nombre cinco minutos después de escucharlo. Pienso que el problema es más bien de actitud, como cuando uno es torpe por despistado pero puede apañárselas para caminar sin sembrar el caos sólo con fijarse un poco en lo que hace. No nos interesan tanto las cosas ahora como hace diez años, cuando todo era importantísimo y nuevo y especial. Cualquier nombre que nos dijeran se registraba porque era una incógnita sobre la que no teníamos pistas, y cualquier fiesta era un hito en nuestra historia personal. Ahora, sin embargo, mientras que ahora tendemos a pensar estadísticamente, con cierto cinismo, y sabemos por experiencia propia que hay mucho gilipollas suelto y que los sábados por la noche tienden a parecerse entre sí. Así que no arriesgamos tan a la ligera la capacidad de almacenamiento y nuestro inconsciente nos lleva por el camino de "el tiempo dirá si merece la pena". Tal vez esa persona termine entrando en nuestra vida y tal vez este sábado sea memorable, pero lo decidiremos a posteriori, muchas gracias.

Saber dónde has dejado el tabaco es importante cuando no quieres que lo encuentren tus padres, pero no tanto cuando te la trae al pairo. Así que la certeza con la que un chavalín sabe donde están algunas cosas en todo momento se va desvaneciendo con el tiempo. Hemos soltado tantas veces la chaqueta (o las llaves, o los dados de diez) por ahí que no somos capaces de recordar dónde la pusimos hace cinco segundos. Yo, personalmente, estoy tan acostumbrado a llevarme agua a la cama cuando vuelvo de fiesta que he llegado a acumular seis botellas medio vacías durante las fiestas de Castellón, hasta que la escasez en las reservas comunitarias de la cocina puso el grito en el cielo. Hemos mecanizado demasiadas maniobras y, al no ponerles atención, no las grabamos en la memoria. Pero por suerte compensamos esa carencia con cierto autoconocimiento. Ni idea de dónde dejé el mando a distancia, pero es probable que se haya colado en ese sofá. El DVD, encima del reproductor, sin duda. Y claro, así nos confiamos y seguimos almacenando cada vez menos cosas en el disco duro. Optimizando. O no.

No sé si es un proceso inevitable. No sé si aquello que se hinchaban la boca en llamar generación X está igual de abocada a caer en las garras del alemán cabrón que todas las anteriores. No sé si al final los del nombrecito iban a tener razón y resulta que pasamos tanto de todo, colega, que nos olvidamos hasta de respirar. O si la continuada masturbación sin medida terminará por dejarnos con memoria de pez. Pero si queremos llegar a los treinta y cinco sin parecernos demasiado a Shaun (¡eh! ¡vayamos al Winchester!) igual es el momento de tomar cartas en el asunto. O igual todo esto es sólo cosa mía, claro.
 

Enviado por Manu, 01:09 AM | Comentarios (21)

Abril 15, 2005

Pajillas mentales: Los buenos tragos

Hoy he visto por la tele a un tipo interesante. La respuesta a la pregunta "¿en qué programa?" es obvia, supongo. No recuerdo su nombre y no tengo ganas de buscarlo en el Google, pero el tipo en cuestión se dedicó durante bastante tiempo a sacar dinero a los casinos de todo el mundo utilizando sus conocimientos matemáticos. Y eso ya le hace merecedor de mi admiración. Además, putas casualidades de la vida, justo esta noche hablábamos del mismo tema en casa. El tipo en cuestión, aparte de seguir con sus jugadas en los casinos de verdad y en los de internet para seguir forrándose, acaba de publicar su segundo libro. Si el primero iba de casinos (y cómo sacarles la pasta), apuestas (y cómo ganarlas) y, supongo, chanchullos legales (y cómo evitarlos), el segundo trata de cómo aplicar la teoría de juegos a la vida, de cómo vivir según una especie de autoayuda racional.

Por lo general huyo siempre de los libros de autoayuda. Nunca me han llamado la atención lo más mínimo. El mismo concepto de libro de autoayuda es, bueno, autocontradictorio. Si se supone que debo ayudarme a mí mismo, ¿para qué leches necesito un libro escrito por otro que ni siquiera me conoce? Es más, ¿no se supone que cada uno ya intenta ayudarse a sí mismo de la mejor manera posible, sin que le digan como hacerlo? A lo mejor es que no los entiendo porque soy un tipo optimista o porque, cuando se me dice que tome las riendas de mi vida, contesto que ya las tengo bien enganchadas, muchas gracias, a ver quién iba a llevar mis riendas si no. Aunque a veces parezca que no tengo muy claro hacia dónde ha de ir la diligencia, admitido. El único panfleto que leí de principio a fin fue Dios vuelve en una Harley (no, tampoco voy a buscar la autora en Google), que era una especie de alegato al buen rollito por boca de un Jesucristo vestido de cuero pero con greñas bien limpitas y aseás que se aparecía a la narradora en bares de moteros. Fue curiosidad combinada con "coño, mira, un libro, ahora que no tengo nada que leer". La autoayuda bien, gracias. Los libros, que los lean otros.

El tipo del programa de Buenafuente decía cosas con las que no acabo de estar de acuerdo. El hombre aplicaba las probabilidades, la estadística, la teoría de juegos, a todas las facetas de su vida. Aconsejaba cosas como no sentarse en los vagones de cabeza o cola en el tren (más dañados en caso de accidente), o quedarse cerca de la salida de emergencia cuando se va a una discoteca, porque actos tan sencillos pueden alargarle a uno la vida. La lógica es evidente, pero tiene un fallo: llevada al extremo (como parece que hacía él) reduce considerablemente la calidad de esa vida prolongada, que en mi opinión es un factor muy a tener en cuenta. Lo del tren está muy bien y no cuesta nada escoger el vagón de enmedio, claro. Pero es que a mí me gusta sentarme en el primero, que además sirve para abandonar rapidito la estación de destino al llegar. Y si extrapolamos, vivir según la estadística tan a rajatabla podría llevarnos a sinsentidos como vestir chalecos reflectantes para salir de noche, dejar de fumar o, lo más aterrador de todo, beber cerveza sin alcohol. La lógica está muy bien, pero no hay que dejar que nos diluya la existencia. Creo que en el fondo todos tenemos una cantidad limitada de vida, sólo que algunos preferimos pegarle tragos de los buenos antes que beber como pajaritos sin disfrutarla porque, oye, así no se acabará nunca, ¿sabes?

Pero sí estoy de acuerdo en algo de lo que decía este señor. Se quejaba de que por lo general se considera que las personas pesimistas son más inteligentes que las optimistas. El cinismo vende mucho y los pesimistas son mejores cínicos. El punto de vista más corriente es que el optimista se dedica a vivir en las nubes, metido en su propio sueño de color de rosa. En realidad eso es lo que ocurre cuando te encuentras a un optimista tonto, no a un optimista realista consciente de lo que le rodea, pero consciente también de que se puede mejorar. De hecho, la postura más sabia de todas es el optimismo: mejor encarar los problemas pensando que tienen solución que resignarse y cargar con ellos por los restos. A su discurso sólo me queda añadir que, por si fuera poco, el optimismo mejora en mucho la calidad del día a día. Y ya puestos a pegarle buenos tragos al tiempo, mejor que sea con buena cara.
 

Enviado por Manu, 06:07 AM | Comentarios (9)

Marzo 15, 2005

Pajillas mentales: Que se vaya el frío

Probablemente sea solamente casualidad, pero con esto de que el frío serio se está alargando casi hasta la primavera me inclino a creerme que el tiempo tiene más influencia en el estado de ánimo del que pensamos. Cualquiera que haya estado en un aula sabrá que los días lluviosos suelen ser más tranquilos que los soleados y que la gente siempre está de mejor humor cuando el cielo es azul y no gris. Hasta aquí, todo normal. Pero está por ver si tanto mal tiempo, tan seguido como lo tenemos este invierno, no estará exagerando peligrosamente las facetas negativas de la gente. Podría pensarse que no tiene ninguna importancia, que hablo del tiempo porque no se me ocurre nada más de lo que hablar. Y no se andaría errado del todo, que entre el trabajo de verdad y el de mentirijillas tengo la neurona sobrecalentada. Lo cual no quita que la influencia del tiempo en la personalidad pueda ser un tema importante, porque cuando se exageran peligrosamente las facetas negativas de gente como Bush, mi jefe, Rajoy o Zapatero, los efectos pueden ser devastadores. Que se lo pregunten a cualquier fumador si no, que ya nos estamos temiendo que el Señor del Talante termine apostando francotiradores en las estaciones de tren con la orden de tirar a matar.

No voy a poner ejemplos demasiado personales porque tampoco vienen al caso, pero sí estoy notando últimamente que la gente de mi entorno (normalmente tolerante con las cuatro manías que tengo) tiende a tomarse en serio mis afirmaciones categóricas sobre, por ejemplo, las parejas o la gestión de los datos descargados de internet. O a lo mejor soy yo quien se toma demasiado en serio sus comentarios al respecto. O ellos se toman en serio mi actitud, cosa que no deberían hacer. El círculo vicioso de siempre, la asamblea de majaras. Y al final, por unos o por otros, me parece que hay cierto mal humor flotando en el ambiente, una leve depresión nórdica de mierda que lo empaña todo.

Estoy por bajarme mañana al súper y comprar diez botes de matamosquitos bien cargados de CFCs, a ver si al menos el próximo invierno estamos todos un poco más animados, radiactivos pero contentos. O eso, o empezar a leer horóscopos por si al menos puedo culpar del mal karma a las constelaciones. Mañana, sol. Y buen tiempo.
 

Enviado por Manu, 03:23 AM | Comentarios (6)

Febrero 11, 2005

Pajillas mentales: Buen rollito

En el fondo creo que siempre había querido ser ese profesor superchachi del que los alumnos se jactan ante sus amigos. Mi idea era convertirme en ese tipo capaz de dar unas clases divertidas a la vez que útiles, sentarme encima de la mesa y entretener educando, tener la ocasional salida de tono y dar explicaciones ingeniosamente alternativas sobre los temas aparentemente más aburridos. No nos engañemos: El club de los poetas muertos hizo mucho daño en su momento.

Por tanto, cuando empecé a trabajar en la academia vi mi oportunidad de oro. Con las clases particulares me había ido bastante bien, pero ahora tenía un grupo de alumnos a mi disposición y podría maravillarles a ellos y a todo el mundo cuando empezaran a aprobar sus asignaturas por arte de magia. El primer día no me senté en la mesa porque el Doctor Maldad y mis propios jefes ya me habían advertido que los alumnos aprovecharían cualquier muestra de debilidad para tomarme manga por hombro. Pero tampoco creí necesario convertir aquello en Guantánamo Junior y, con el paso de los días, procuré que comprendieran que aunque no toleraría gritos ni peleas, sí disponían de una cierta libertad de comunicación. Los días siguieron pasando y algunos eran mejores que otros. Procuré modular levemente mi actitud, pero no siempre conseguía los mismos efectos. Si tenemos en cuenta que ni siquiera con según qué sistemas operativos informáticos igual acción equivale a igual resultado, era lógico que con niños y adolescentes no hubiera forma de saber lo que iba a pasar. Pero yo lo intentaba de todas formas, buscando la panacea que convirtiera mis clases en las que había visto en las películas.

Imposible. Al menos, imposible tal y como yo planteé la situación. No dejaba de ser normal que llegasen rebotados del colegio y el cuerpo les pidiera jarana, pero los días que se lo tomaban a pecho podía ir dando la clase por perdida. Una explicación que en condiciones normales liquidaría en cinco minutos me costaba media hora de interrupciones constantes para pedir silencio, cambiar a gente de pupitre, exiliar a los instigadores a la celda de reclusión vacía de al lado y, en los casos más extremos, amenazar con llamadas telefónicas a casa. No hacía más que defender el derecho de quienes querían aprender frente a sus agresores, pero de todos modos ellos perdían una clase que podía serles útil y yo perdía los nervios. Hasta cierto punto, claro, que uno tampoco se obsesiona con tanta facilidad. Pero sí llevaba algún tiempo preguntándome si no habría otra manera más eficiente de hacer las cosas y, ya que estamos, evitarme tener que gritar.

Así que el martes, después de dos o tres días seguidos de guerra de guerrillas, me decanté por el ataque preventivo. Escribí una serie de reglas en la pizarra porque, pese a las apariencias, sienten un respeto casi sectario por la palabra escrita. Manu decide los sitios, sin quejas. No se habla si no es para preguntar dudas. Y dos o tres prohibiciones más para enfatizar el aspecto de Lista Sagrada de Mandamientos, muy pobre si solamente son dos. Puse mi cara de póker y repetí la palabra "Silencio" infinitas veces durante los cinco primeros minutos de clase hasta que, milagro, se hizo. También me inventé un sistema complicado de anotaciones en mi agenda (círculos, cuadraditos) del que no expliqué las reglas. Que se entretengan averiguándolas. Y, aunque mi lado antiautoritario se removía inquieto, logré aplacarlo con las excusas de siempre: en realidad lo hago por su bien, así al menos podré conseguir que algunos pasen el curso y de paso aprendan algo, el despotismo ilustrado no es tan mala idea si se aplica a adolescentes. Lo de siempre, como decía. Pero hoy han salido de la boca de un alumno las palabras "campo de concentración", y de la mía las palabras "se acabó la tontería". En realidad ni siquiera le habría dado más vueltas de no ser por la sonrisa divertida de Bego cuando se lo he contado. Se acabó la tontería. Joder, qué frase más fea.

Y entonces he pensado que era yo quien había tomado la decisión, no un viejo profesor resentido por nostalgias de tiempos mejores. Que en las circunstancias no tenía más opciones, que se podía ir a la mierda El club de los poetas muertos. Había olvidado que el hecho de que alguien sea adolescente no significa que no pueda ser un pequeño buscabullas desagradable, sino sólo que todavía no se le puede considerar culpable del todo y que está a tiempo de dejar de serlo. La mismísima palabra, educación, significa cambiar el comportamiento de la gente. Y si tienes miedo de hacerlo, mejor que no empuñes nunca un rotulador de pizarra, pequeño. Andarse con remilgos significa permitir que cuatro cretinos te impidan dar al resto lo que necesita. Yo, el bueno; de eso estoy seguro. Ellos, los malos.

Es posible que más adelante pueda relajar la disciplina, llegar a un punto de equilibrio desde el lado oscuro, pero era imposible alcanzarlo desde mi actitud buenrollista inicial. Funciona en chavales de dieciocho, pero no de trece. Tal y como estaba llevando la partida, mi mejor jugada era el enroque. Y de todas formas, en palabras de cierto personaje de cierta novela de cierto autor, las clases son mucho más interesantes desde que se hacen a mi manera.
 

Enviado por Manu, 04:47 PM | Comentarios (4)

Enero 02, 2005

Pajillas mentales: Apología de la nochevieja

Hacer propósitos de fin de año pasó de moda hace mucho tiempo, al menos entre los que se conocen lo suficiente a sí mismos como para saber que de todas formas no iban a cumplirlos. El tema recurrente estas fechas, al menos entre mis allegados, es la posición de cada cual respecto a las celebraciones del año nuevo. Los abstemios (y gente poco festera en general) prefieren cenar bien, tener un resopar en la recámara y pasar la noche jugando a rol o a juegos de mesa o a la consola hasta que llegue el nuevo día. Bien por ellos, allá cada cual con sus historias. Ya decía Makinavaja que cada cual se corre como puede. En cambio, los más cool argumentan (no sin su parte de razón) que la nochevieja es una noche como cualquier otra. Que el fin de año está colocado arbitrariamente, que desde un punto de vista cósmico no tiene nada de particular, que se basa solamente en un sistema de medida. No hay nada que celebrar, así que no lo celebran. "Me jode que esa noche sea obligatorio pegarse el fiestón", dicen, e incluso tengo cierto amigo radical (trekkie tenía que ser) que dudaba si pasar la noche en casita leyendo.

Servidor, en cambio, se gastó un tercio de su sueldo (extras aparte) en una nochevieja de esas organizadas, en un hotel de Alcañiz, y el único remordimiento es que no puedo evitar que mi maldita cabeza le dé vueltas al tema del aburguesamiento. Pero eso será otro día. La noche fue memorable, más que nada por el buen karma que se gastaron los quince energúmenos -o más bien los siete energúmenos y cuatro parejas- que le acompañaban. Hubo escenas impagables, y atesoro especialmente un par de ellas: el baile (en el que le gasté la broma del rayo de AC/DC al disc-jockey) y el desayuno de Sobras De Sucedáneo De Bogavante De La Cena que se pegó Javi mientras Álvaro y yo bebíamos vodka a las nueve de la mañana, en la barra, al lado de dos guardias civiles que preferían el café con leche.

Adonde quiero llegar es a que ser cool y elegir aburrirse en nochevieja no es más que otra forma de celebrarla, del mismo modo que ser ateo es adoptar una postura religiosa. Supongo que habrá quien disfrute sintiéndose dignísimo mientras pasa las páginas y piensa en esos pobres infelices que están borrachísimos en cualquier lado. Pero haría bien en pensar que, posiblemente, si no fuera nochevieja, habría salido a tomar unas cervezas. Lo dicho: que cada palo aguante su vela y que cada cual se corra como pueda. Pero por una vez creo que la postura más típica y más mayoritaria es también la mejor. Yo, al menos, me divierto. ¿Desde cuándo pegarse el fiestón es obligatorio? Para mí jamás ha sido obligatorio, simplemente suele ser la mejor opción. Las fiestas siempre son por voluntad propia, y la nochevieja no es importante desde un punto de vista cósmico, cierto, pero sí una excusa perfecta.

Y ya que Ramón García no tuvo cojones a decirlo, con lo contento que se habría quedado todo el mundo, a ver qué le costaba, lo digo yo: Feliz 2005.
 

Enviado por Manu, 09:22 PM | Comentarios (13)

Diciembre 21, 2004

Pajillas mentales: Leyendas de andar por casa

Las leyendas urbanas ya no son lo que eran. Atrás ha quedado la inocencia del conductor que recoge a una abuelita autoestopista (¿o era al revés?) que después resulta ser una asesina en serie. O la niña fantasmal, también autoestopista, que anuncia a los camioneros que la recogen que morirán en la próxima curva de la carretera, precisamente la misma donde murió ella junto a toda su familia tiempo atrás. Y muchísimo más atras ha quedado el Arca de Noé, ya puestos. Las leyendas que brotan en la actualidad son igual de morbosas, pero con un tipo diferente (dejémoslo en diferente) de morbo.

Alejandro Sanz ingresó en un hospital con un desgarramiento anal considerable, aunque maquilló la visita a urgencias con alguna otra chorrada. O eso se decía. Posiblemente no sea más que una ficción, sobre todo porque historias como esa las hay a miles. Ahora mismo me viene a la cabeza la de la pareja gay que gustaba de introducir a su mascota, un hámster, allí donde el sol no brilla. En una ocasión el hamster no quiso salir, así que acercaron un mechero al tubo de entrada para que el animalito se guiara por la luz. La llama prendió una bolsa de gases que a su vez prendió al hamster, que a su vez prendió una segunda bolsa más profunda de gases intestinales. El resultado fue un hamster balístico que salió disparado por el tubo y golpeó en la cara al amigo del mechero. Por internet circulaba un informe médico (creo que todavía lo tengo guardado) que incluía quemaduras rectales y narices rotas y, suponiendo que sea ficticio, es una obra de arte. Y ahí es justamente donde quiero llegar: ¿tan difícil era que Alejandrito hiciera público el informe médico del hospital para acallar los rumores? Tal vez sea que la discográfica de turno se decidió por aquello de "bueno es que hablen de uno, aunque sea mal" y todo sea por vender cuatro discos más. O tal vez sea que el informe del supuesto culo partío fuera a ser más aburrido de leer que otra cosa.

No hace tanto saltó también la leyenda de Ricky Martin en Sorpresa, sorpresa. Al parecer unos padres solicitaron la colaboración del programa televisivo para dar un buen regalo de cumpleaños a su hijita adolescente: el programa consiguió -o eso se decía- que el mismísimo Ricky se presentara en casa para cantar una canción en vivo a la joven, que en ese momento estaba en su habitación haciendo los deberes. Ricky subía las escaleras seguido por las cámaras del programa, dispuestas a inmortalizar la emoción de la criatura al ver entrar a su ídolo. Pero lo que inmortalizaron fue a la chavala desnuda en la cama, con las piernas abiertas y un bote de mermelada en la mano, mientras su perrito Bobby le procuraba un tipo diferente (dejémoslo en diferente) de emoción a lametones. Algunas versiones decían que era paté en lugar de mermelada, o que Ricky estaba escondido en el armario mientras la joven jugaba con su perro. Pero, por extraño que parezca en un programa que tenía tanta audiencia, nadie ha sido capaz de confirmar o desmentir sin lugar a dudas la existencia de esas imágenes. Un amigo de una amiga me juró en una fiesta que él había visto el programa y que la historia era cierta. Y para colmo no cuadraba con mi teoría de la leyenda falsa que se deja correr para obtener beneficios, con lo bonita y conspiranoica que me había quedado, porque una reemisión del programa (aunque solamente sirviera para desmentir los rumores) habría tenido un pico de audiencia estupendo. ¿Por qué no hacerla, entonces?

Al final, no se trata de fe. No se trata de creer o no que algo ocurriera de verdad. Pero sí es cuestión de calidad. No creo que Alejandro Sanz sufriera un desgarro anal tan bestia como para requerir servicios médicos (igual que no me creo la historia del hámster, sólo que es mucho mejor). Supongo que, incluso si tiene sus secretillos, irá con cuidado y utilizará vaselina de la mejor calidad. Además, la historia es demasiado... esto... "causal". Salta la noticia de su visita al hospital y, ¡pum!, al día siguiente empiezan a llegar e-mails con el supuesto desgarro. En una escala de calidad del uno al diez no pasa del dos. Pero la de Ricky es otra cosa. Tampoco es que me la crea (al fin y al cabo, todo el mundo parece tener clarísimo que es falsa), pero si se trata de una invención, entonces es una invención muy bien planeada y ejecutada. No había causalidad, no venía a cuento de nada. No beneficiaba a nadie. Pero tenemos algo en el cerebro que desea que una historia como esa sea cierta. Eso es calidad.
 

Enviado por Manu, 04:30 AM | Comentarios (1)

Noviembre 31, 2004

Pajillas mentales: Y a ti te encontré en la calle

Einstein no debió pensar demasiado bien en lo que decía [1]. Su teoría acerca del universo se basaba en que las cosas no ocurren porque sí y de un modo absoluto. Cualquier suceso, en realidad, depende de mil factores y uno de los importantes es el punto de vista de quien lo observa, el ojo del contemplador. Por eso se llama Teoría de la Relatividad. Einstein aplicaba sus fórmulas a planetas y galaxias, a tiempo y gravedad, pero incluso él tenía que sospechar que el origen del universo, todavía sin descubrir del todo, es un reto de niños al lado de la maldita mente humana. Mientras tanto, los especialistas en el tema (psicólogos y psiquiatras) emiten teorías como rosquillas, a menudo contradictorias entre sí. Pero tú tranquilo, que si eres un mamón es porque te has quedado en la fase oral, lo arreglaremos con unas pastillitas. Curiosamente, la relatividad y el freudismo coinciden en que ambas teorías exculpan al individuo de sus acciones. A grandes rasgos una y otra afirman que los actos de cada cual son consecuencia de los complejos y de los relojes espaciotemporales. Todo depende de alguna otra cosa. Todo es relativo.

Y así, resulta que necesidades tan evidentes como la de mandar a tomar viento a tantísimo gilipollas suelto como hay se nos vuelven incómodas y resbaladizas. Va a ser que ese tipo es gilipollas porque, pobre, tuvo una infancia jodida. O un mal día, o igual es que no se adapta bien a un ambiente extraño. O le sienta muy mal el alcohol. Que no es que sea gilipollas porque lo es, vamos, sino porque el mundo le ha hecho así o porque nadie le ha tratado con amor. Por cualquier cosa. En el fondo tendemos a justificarlo porque todos hemos hecho el imbécil alguna vez; la mayoría nos hemos levantado en ocasiones con dolor de cabeza y la sensación de que alguien por ahí piensa que somos muy estúpidos después de lo de anoche, y con razón. Y para seguir mirándonos al espejo hemos de admitir que es cierta la hipótesis del mal día, del ambiente extraño, del alcohol. De la relatividad. Y a partir de ahí le dedicamos un segundo pensamiento al tema y nos convertimos en psiquiatras aficionados: claro, si yo mismo (futuro líder espiritual del universo) puedo tener momentos de flaqueza, todo el mundo puede. Y si no son momentos puntuales, si siempre se comporta igual, lo de este tío (o esa tía) tiene que ser por aquello de la infancia jodida.

El problema de este razonamiento es que deja fuera la libre elección. Es totalmente determinista: afirma que las circunstancias de cada cual esculpirán en mármol su grado de gilipollismo. Y aún le veo otro problema más grave: no nos permite mandar al carajo directamente a nadie por mucho que se lo merezca. Porque es que en realidad no lo merece. Lo merecen quienes le han hecho así. Y ni siquiera eso, porque a ellos también les han condicionado sus propias circunstancias. Todo dependía de alguna otra cosa, ¿no? Habría que remontarse al principio del universo para encontrar esas causas a las que echar la culpa de todo, y así poderlas mandar al carajo sin remordimientos. Nada de conversación frívola y escaqueo rapido: os vais a la puta mierda directamente, primeros instantes del universo. Bonito, sí, pero poco satisfactorio: el gilipollas sigue ahí al lado dándonos la murga.

Por suerte, la misma estructura de la ciencia viene en nuestra ayuda. Incluso el desarrollo matemático más complicado se sustenta sobre unos axiomas, y estos axiomas (ahora viene lo bueno) se sustentan en la observación directa. Los tres ángulos de un triángulo suman 180º, por ejemplo. Con el tiempo se vio que esto solamente era cierto sobre superficies planas, así que se cambió el axioma y se creó a partir de ello todo un nuevo y complicado aparato geométrico con triángulos de más de 180º y rectas curvas. La estructura nueva no reemplazó a la anterior, sino que se le puso al lado y se desarrollaron apoyándose una a la otra. Los astrofísicos usan la geometría esférica y en el día a día usamos la plana. Pues muy bien: en el día a día, sobre el pleneta, aquí y ahora, el terreno es plano y las rectas son rectas y los triángulos suman 180º. Y hay mucho gilipollas suelto y no pasa nada por mandarles al carajo. Axioma al canto, apoyado en la observación de que cada uno es dueño de su propio destino, en que ni los padres ni el colegio ni el ambiente determinan al 100% la manera de ser de nadie. En que ser un imbécil puede verse como una claudicación a las circunstancias, pero no como una exigencia del guión. En que si no espabilas es porque no quieres.

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[1] Y de todas formas lo único que hizo Albert fue tener la idea feliz: todo el trabajo matemático duro de verdad lo hizo su amigo Minkowski. Que quede claro. Volver al texto.
 

Enviado por Manu, 11:05 PM | Comentarios (10)

Noviembre 22, 2004

Pajillas mentales: The spawn from Hell

Lunes 22 de noviembre. Me tienen rodeado. No sé si podré resistir mucho más tiempo. Se acercan. Las tropas enemigas tienen capacidad para minar mis defensas psicológicas, así que esta puede ser mi última oportunidad para transmitir los conocimientos sobre guerrilla educativa que he acumulado últimamente. Sirva este escrito como testamento y crónica de mi final si no logro sobrevivir a este envite, como guía para quienes vengan tras de mí.

Cuando se tiene un aula llena de chavalines (entre 9 y 15 años, aproximadamente) hay dos errores básicos que deben evitarse. El primero, igual que en casi cualquier faceta de la vida, consiste en creerse las películas: una horda adolescente jamás reaccionará bien ante la amabilidad sin matices. No habrá un momento en que recapaciten y se den cuenta de que su profesor sólo quiere lo mejor para ellos. El aula jamás se convertirá en un remanso de paz, florecitas y alegría al estilo de El club de los poetas muertos. No te dejarán manzanas encima de la mesa para que meriendes. No funciona así. Para colmo de males, la horda maligna viene a mí después de pasar todo el día en el colegio, con lo que sus ganas de jarana se multiplican hasta lo indecible. Ante tal situación solamente se puede reaccionar con calma (callar, reclinarte en tu silla y dejar bien claro sin palabras que no explicarás nada hasta que reine el silencio) o bien convertirte en su Némesis y gritar y castigar (un ratito a solas en el aula vacía de al lado, nada del otro mundo) y cambiar de sitio a la gente. Mi principal descubrimiento es que los dos métodos se desgastan por el uso, y se desgastan a buen ritmo. Por tanto el secreto consiste en combinarlos, y aunque uno tienda más a la calma que a los gritos, cuando tengo que desatar el infierno lo desato a base de bien. Mal que me pese.

Dos errores, decía. El segundo consiste en pensar que se interesarán lo más mínimo por los estudios. Y no sólo porque están entre la preadolescencia y los granos (y por tanto sus intereses andan entre Yu-gi-oh y las razones de esos granos), sino porque por fin se empiezan a notar los efectos de ese lavado de cerebro al que llaman ESO. Con lejía incluída, señora. Un par de ejemplos. Primero. La agenda como instrumento de control mental. En los colegios obligan a los niños a comprarse una agenda igualita que la mía, con la diferencia de que yo escribo lo que me da la gana (algún día escanearé la sección "Cosas que bajar de internet") y ellos solamente lo que les dice el profesor. Tanto el maestro como los padres tienen permisos ilimitados de lectura y escritura en la agenda, y de hecho lo que más temen los pobres chavales es que exista comunicación entre uno y otros. Las notitas de siempre, sólo que en versión extendida. En mis labios, la frase "tendré que escribírtelo en la agenda" se convierte en una amenaza terrible porque creen que si lo hago su profe les reñirá por permitir que un extraño mancille las Tablas de la Ley. Y vamos con el segundo ejemplo, que es el gordo. La promoción automática como método de anulación del pensamiento. En la ESO no se repite curso a menos que uno quiera, y no es muy difícil imaginar las consecuencias que eso trae. Muchos de mis alumnos son disléxicos funcionales: saben leer, saben escribir, comprenden la relación entre letra y sonido, pero no entienden lo que leen. Todavía no estoy seguro de si es por falta de interés ("total, paso de curso de todas formas") o por falta de costumbre, pero estoy por llevarles cómics a clase, a ver si se vician. O mejor revistas de tuning, en vista de cómo está el percal. El caso es que si un chaval se sorprende cuando le dices que se lea el texto de arriba para contestar a las preguntas, algo anda mal.

Por suerte, soy un tipo optimista. Así que he decidido tomarme las dos horas que paso con esa jauría de lunes a jueves como una cruzada personal, a ver si en mayo (que es cuando se me acaba el contrato) algunos de ellos son capaces de hacer los deberes por sí mismos. Aunque algunos días, hoy por ejemplo, me tenga que conformar con que no se maten entre ellos.

Había un anuncio de una compañía aseguradora que circulaba por internet. Salían dos chavales discutiendo sobre quién era mejor superhéroe, Superman o Spiderman. Tenían un diálogo bastante ridículo (sobre todo porque está claro que Spiderman mola más y no hace falta discutirlo), que acababa dejando paso a una voz en off que decía: "Esta es la generación que ha de pagar tu pensión. Seguros Patatín". Me gustaría animar a sus creadores a que se vengan una tarde cualquiera y graben la segunda parte del anuncio en mi aula. Aunque se me ocurre uno más terrorífico: "Esta es la generación que votará a nuestros gobernantes. Exíliate a la Luna." En fin, digo yo que todavía tendrá arreglo.

Imagen que no viene a cuento:

Pantallazo

Para que luego digan que los videojuegos no enseñan
lecciones importantes en la vida.

 
Enviado por Manu, 09:30 PM | Comentarios (8)

Octubre 21, 2004

Pajillas mentales: Racionalizando

Que cada uno racionaliza las cosas a su manera es evidente. Los niños adoptados deciden que sus auténticos padres son la gente que los ha criado pese a lo que diga el señor Mendel; algunos viajeros deciden que irse de tours organizados no es viajar de verdad; un tipo que conozco dijo una vez que "menos de tres gramos y nueve pastillas no es drogarse". Los ejemplos vienen a cuento porque también es evidente que algunas racionalizaciones son más mayoritarias que otras. La primera la comparte casi todo el mundo, la segunda tiene sus adeptos y la tercera... bueno, dejémoslo en que la tercera es peculiar.

Llevo algún tiempo dándole vueltas al tema del trabajo, supongo que se nota. Mi situación actual es que sigo dando clases particulares y ahora también hago cuatro horas semanales (que espero que se amplíen a seis o siete pronto) en una academia. Con eso aguanto más o menos el mes, sin demasiado vicio. No puedo gastarme 100 euros en un fin de semana loco ni comprarme el último de Terry Pratchett sin pensarlo, pero sí pagar el alquiler, comer, fumar y salir de baratillo. Mi economía es bastante inestable, sobre todo porque me quedaré en bragas si un mes me fluctuan las clases particulares, pero la cosa se estabilizará tan pronto como consiga dos o tres alumnos más. Estoy en ello. Por supuesto, también podría mandar todo a tomar viento y conseguir un trabajo al uso: hacer pizzas, servir hamburguesas, reponer productos en las estanterías del Carreful, convencer a verduleros de que se pongan un ADSL. Ir acostumbrándome para cuando oposite (supongamos) y tenga que seguir un horario estricto. Tener unos ingresos fijos cada mes.

Cambiar mi racionalización del trabajo. Porque en el fondo no es más que eso. La mayoría ve el trabajo como algo necesario, inherente a la vida, incluso como lo único que te define para los más extremistas. En según qué círculos (y la opinión está más extendida de lo que pueda parecer a primera vista) cuesta concebir la vida sin la jornada completa de ocho horas, la pareja, la hipoteca, el seguro del carro y el mes de vacaciones, que este año no me dejan partirlo, joder. Pero en realidad trabajar no es más que la única manera legal de intercambiar tiempo por dinero. Donde difieren de verdad las interpretaciones es en el alcance de ese intercambio. Jornada de ocho horas equivale a estabilidad, a poder afrontar gastos a los que te has comprometido. No seré yo quien diga que está mal, sobre todo si hay gente que depende de uno. Pero cuando no es el caso, cuando no hay hipotecas ni críos ni ganas, se reduce a una cuestión de cómo racionalizarlo. "Es que así no me aburro". "Es que así junto un dinerito para el coche". "Es que así puedo gastarme 100 euros en un fin de semana loco". O por otra parte, mi caso: no lo necesito. Puedo mantenerme -admitido: de aquellas maneras- sin renunciar a otro tercio largo de mi tiempo (porque ya se me va uno durmiendo). Al menos de momento, no debo nada a ningún banco ni gasto dinero en combustible y seguros. Vivo de alquiler y sí, pagando algo más podría meterme en un piso que acabaría siendo de mi propiedad, pero no me rasgo las vestiduras por no tenerlo. En pocas palabras: una jornada laboral de ocho horas no me es necesaria y por lo tanto decido conscientemente no tenerla mientras no me guste el trabajo, mientras sea cuestión de vender el tiempo y no disfrutarlo. ¿Incomprensible? No. Cuestión de racionalización. De alcance del trato que estás dispuesto a firmar.

O eso, o lo que ocurre es que soy un asocial. O un vago, que creo que está peor visto. Tampoco lo negaré tan de buenas a primeras, pero si no os importa prefiero que me llamen "racionalizador minoritario" que "vago". Me consuela saber que, pese a todo, la frase-resumen "no me sale de los cojones currar ocho horas al día" está mejor considerada que "menos de tres gramos y nueve pastillas no es drogarse". Por poco, pero lo está.
 

Enviado por Manu, 08:05 PM | Comentarios (0)

Julio 15, 2004

Pajillas mentales: Guarro

Una de las ventanas de mi casa da al patio interior del edificio contiguo. Ahora que hace calor, se juntan las circunstancias de que los vecinos pasen allí media vida y que yo tenga las ventanas abiertas y me entere de todo lo que comentan. Ayer la chavala le preguntaba a gritos a su madre por una prenda suya, perdida al parecer: "¡Mamá! ¿Dónde están mis pantalones de hippie guarra?". Y claro, aunque el primer pensamiento que viene al escuchar algo así sea sobre lo poco lógico que resulta llamar "de guarra" a unos pantalones que luego te pones, la cosa tiene más chicha. Como siempre.

No es que sea nada nuevo: los chavalines de ciertas edades (la del pavo) y ciertos gustos musicales (por llamarlos de alguna manera) consideran una guarrada aberraciones como llevar el pelo largo mientras se conserva el cromosoma XY, tener un criterio poco convencional al elegir ropa o dejar que pase otro par de días antes del siguiente afeitado, que hoy no me apetece. Incluso el hermano de una amiga, un tío muy majo, decía delante de nosotros que por la placita donde se sientan habían pasado "unos guarrillos", sin ser consciente (espero) de que tanto su hermana como un servidor podíamos entrar sin problemas en la categoría. Yo tengo más pintas, ella las ideas más claras. Pero eso no son más que matices: en el fondo lo que critican esas almas de cántaro es tanto la apariencia como la actitud. Es tanto llevar rastas como que no te importe demasiado dormir en un portal si las circunstancias lo requieren. Es tener una forma de ver las cosas... hippie, por decirlo de alguna manera. Aunque curiosamente, luego son estos mini-bakaladeros los primeros en fumar porros, sentarse en la calle y dedicarse a hablar de sus cosas como un guarrillo cualquiera. A estas contradicciones nos han llevado con tanta mierda de sistema educativo.

Por eso me gusta pensar que esa especie de odio no es más que envidia, miedo si quieres, a lo distinto. Aunque sepa que la cruda realidad es que los urbanitas de quince años se han convertido en la abuela bienpensante, cotilla y criticona del pueblo. Pero con bate de béisbol y pegatina del toro de Osborne.

Imagen que no viene a cuento:
 
Hay que ver qué ofertas más raras...
 
¿FUTURO directivo? ¿No preferirían venderme
un puente, directamente? Hay que ver...
 
Enviado por Manu, 07:37 PM | Comentarios (14)

Julio 05, 2004

Pajillas mentales: 26 ladrillazos en la nuca

El viernes fui consciente de mi propia mortalidad. Al ir a sacar dinero para comprar unas acciones muy prometedoras en las fiestas del Grao de Castellón, el cajero me salió con que mi Carnet Jove estaba caducado. Maldición. Así de repente, sin avisar. He tenido que ir tirando de préstamos hasta hoy lunes, pero lo peor es que hace un par de semanas me había llegado ya la tarjeta nueva y, por supuesto, no era un Carnet Jove sino una bonita tarjeta de hombretón hecho y derecho, sin descuentos en los cines. El tiempo no perdona y aunque a los 18 pensara que jamás cumpliría los 26 y que viviría para siempre, el ladrillazo que te devuelve a la realidad llegó de parte de la banca. Podría haber sido peor. Podría haber sido la policía.

Los 26 han llegado oficialmente, aunque en realidad mi cumpleaños sea en diciembre y yo vaya ya camino de los 27. La sociedad ya no me ampara. No es solamente que no vaya a poder conseguir descuentos en los cines o en las taquillas del Viña Rock, que eran la única ventaja utilizable del Carnet Jove. Además, este año me he acercado por primera vez a una oficina de la Agencia Tributaria (tenían que devolverme retenciones de Plaza&Janés por revisar libros), y averigüé que desde los 25 mis padres no obtienen ya ninguna ventaja fiscal por darme cobijo en su casa. Si yo fuera un abuelo o tuviera alguna discapacidad la cosa sería distinta, pero como adulto plenamente funcional, la edad tope para que el estado ampare mi apoltronamiento en el hogar familiar son los 25. Habrá que pensar en moverse.

De chavalín se preocupan de meterte en la cabeza que la presión del grupo es lo más peligroso que existe en el mundo, y que ante temas como las drogas hay que hacer prevalecer tu propia opinión (negativa, por supuesto) sobre la de tus compañeros, que te incitan a la perdición. Sí, tus amigos, esos mismos que en los anuncios siempre parecen empeñados en invitarte a todo tipo de sustancias, en clara contradicción con la realidad. La presión del grupo era mala, mala malísima. Pero quienes dicen eso no evitan que crezcas, ni que pase el tiempo, y de repente y sin previo aviso todas las instituciones (empezando por banca y estado) se convierten en el grupo de amigos más peligroso que puedas imaginarte. Si te plantas en tus trece y no les sigues el juego, no se conformarán con mirarte mal y no invitarte a sus fiestas, no. Usarán todos sus medios, esos super-poderes que tienen para intervenir allá donde les plazca y que les vienen de tenernos agarrados por los euros, para hacerte la vida imposible. Y aunque comprendo la necesidad de los impuestos, aunque yo soy el primero que se muere de ganas de ahuecar el ala de casa de papá, no deja de tocar las narices que tenga que ser "ya y porque yo lo digo".

Todo menos dejarme seguir tranquilamente con mi complejo de Peter Pan, leñe, con lo a gusto que yo estaba.
 

Enviado por Manu, 02:43 PM | Comentarios (7)

Mayo 17, 2004

Pajillas mentales: Jerga

Me equivoco en muchas cosas y es hora de admitirlo públicamente. A finales del año pasado hice aquí algunas predicciones para 2004 que han empezado a caerse por su propio peso. Otras aguantan (creo que el disco nuevo de Bisbal no incluye ningún dueto con Enriquito Iglesias que lo haga aun más horrible), pero justo es reconocer que nunca hubiera pensado que el PSOE fuera a ganar las últimas elecciones. También admito que tal vez exageré un poco al pintar a Zetapé de poco menos que monjita de clausura, también aquí. Pero de lo que no tendré que retractarme es de afirmar que, a poco más de un mes de las elecciones, estoy hasta las mismísimas de la retórica de la corrección política y el buen rollito que se gasta el gobierno. El "nuevo talante" que sirve para una "regeneración democrática" me tiene harto, y no porque me parezca mal una actitud "dialogante" por parte de los políticos sino porque el movimiento se demuestra andando y no machacando consignas hasta el vómito. Que no protesto del fondo (no demasiado, al menos), sino de las formas: de la falta de variedad.

Hace unos meses traduje al inglés un artículo científico sobre el buitre leonado que habían escrito unos amigos y acaba de ser publicado. Los autores me contaban el otro día que en la revista en cuestión le habían puesto algunas pegas a mi traducción; no por incorrecta o inexacta, sino porque decían que el lenguaje era demasiado colorista. Les informaron de que en una publicación científica no hay ningún problema por repetir una misma palabra diez veces en un mismo párrafo, aunque haya sinónimos disponibles. De hecho, les informaron de que era incluso mejor utilizar todas esas veces el mismo término para fijar conceptos y no marear a los lectores. Cuando me lo contaron no me lo creía, pero en realidad este hecho explica un par de cosas: (1) que las revistas científicas tienen un pobre concepto de sus lectores si creen que un recurso estilístico tan complicado como la sinonimia conseguirá dejarles en blanco, y (2) que aburrir hasta dar pereza es un recurso válido para tatuar conceptos en la mente de aquel a quien se aburre.

Como ejercicio para casa, extrapólese el razonamiento y las conclusiones del segundo párrafo a las premisas sobre Zetapé y sus ministros que se presentan en el primero. Conclúyase que llevaba razón Un Pingüino En Mi Ascensor cuando cantaba aquello de que En la variedad está la diversión. Tiempo.
 

Enviado por Manu, 08:09 PM | Comentarios (5)

Mayo 05, 2004

Pajillas mentales: Libre indirecto

Cuando no me queda más remedio que ver algún partido internacional de fútbol, y tampoco es que los nacionales me gusten demasiado, suelo ponerme del lado del equipo extranjero. Este hecho sorprende a veces a gente que me conoce poco. Ponen cara de confusión, supongo que dudando entre si soy alemán (pongamos por caso), antiespañol o simplemente gilipollas, y yo tiendo a sacarles pronto de dudas ("no, ninguna de las tres, vamos, digo yo") porque la gente se pone muy becerra con el deporte patrio. Y más todavía con el equipo patrio.

Desear que gane Alemania en un partido contra la selección nacional no tiene nada de extraño. Si lo hace, España no estará en el próximo partido y un servidor vivirá ese poquito mejor. No le llenarán los telediarios con reportajes sobre la afición esperando a sus ídolos en el aeropuerto, habrá alguna camiseta nacional menos por la calle (siempre acojonan) y sus amigos aficionados al fútbol le dejarán ver la tele en paz o saldrán en lugar de quedarse a ver el partido, según sea el caso. Todo son ventajas. "Ah, bueno, vale, es que a ti no te gusta el fútbol". Exactamente. Aunque también me da un poco de repelús tanto orgullo patrio, para qué engañarnos.

Nunca he comprendido muy bien qué hace la sección de deportes dentro de los telediarios y los periódicos. Por mucho que interese a la gente, no comprendo la razón para que el nuevo peinado del de siempre sea más noticia que, por ejemplo, el nuevo disco de Sabina. Y no digo esto porque crea que sería conveniente incluir una sección de música en las noticias, sino porque me parece aberrante que la mitad del tiempo de información se vaya en goles, entradas, fichajes y demás chanchullos. El noticiario del Plus me parece perfecto en ese sentido: no tiene sección de deportes. Admitido, los deportes (en programa aparte) ocupan más tiempo de emisión. Pero puedo esperar a las Noticias del Guiñol sin tragarme los goles de la jornada por narices.

Que tampoco es que vaya a escaparme del conocimiento futbolístico por mucho que evite los programas de deportes, pero viviría más a gusto si no supiera que el Valencia tiene todas las papeletas para llevarse el campeonato de liga, y que cuando eso ocurra no se podrá ir por la calle de tanta bandera, tanta bocina y tanta gente gritando Amunt València desde los coches como si no hubiera mañana.
 

Enviado por Manu, 03:05 PM | Comentarios (4)

Abril 25, 2004

Pajillas mentales: El sillón M

Advertencia: Razonamiento resacoso.

El novio de mi amiga Bego es brasileño. Por tanto, habla portugués. Apenas se defiende en castellano pero es capaz de entenderlo si la gente le habla despacito, lo cual plantea el primer problema a la hora de mantener una conversación conmigo: hablo bastante deprisa. Puedo tratar de controlarme y reproducir a x1/2; me agobio enseguida, pero al menos la comunicación existe. El problema de verdad, el que tiene una solución más difícil, es el vocabulario. Sobre todo, el vocabulario que utilizo yo (y todos) en conversación.

La jerga. Un recién llegado difícilmente será capaz de contestar a la pregunta "¿Estás currando en algo?", y yo difícilmente la plantearé utilizando palabras distintas. Quien escriba igual que habla, que tire el primer comentario. Yo me convencí de que hablo incluso más con el culo de lo que pensaba, pero entonces vi la luz. Le dije algo como: "¿Dónde se ha metido Bego?", y tampoco me entendió. Eh, ahí no había ninguna palabra en jerga. Yo lo había comprendido todo mal desde el principio. No es que hable mal: es que hablo extremadamente bien. Utilizo con tanto éxito los recursos lingüísticos (como el de introducir un taco cada tres palabras) que soy totalmente hermético a oídos de cualquiera que no domine la lengua castellana. El resultado viene a ser el mismo (no se me entiende), pero yo me quedo más tranquilo.

Iba a ponerme a hablar de normalización lingüística, pero casi mejor lo dejo para otro día menos espeso.
 

Imagen que no viene a cuento:

Mis tres nuevos drimis

¡Mis nuevos drimis!
Y todavía me falta hacerme el de la Muerte...

 

Enviado por Manu, 04:10 PM | Comentarios (8)

Abril 19, 2004

Pajillas mentales: Más triste es robar

Antes me costaba horrores pedir cosas. No que me dejaran libros o cómics, o dinero, sino que me hicieran favores. No me era posible. En mi mente había una extraña combinación de humildad ("en realidad no hace falta molestar, puedo hacerlo yo mismo") y orgullo ("en realidad no hace falta molestar, puedo hacerlo yo mismo") que creaba alguna especie de cortocircuito neural y me complicaba bastante la existencia. Y por alguna incomprensible política de devolución de favores, o simplemente porque a la gente también le gusta ser buena, observé que mi modus operandi de ofrecer y hacer favores al prójimo sin esperar ni aceptar nada a cambio tenía dos efectos. En unos, esta forma de actuar era aceptada sin reservas: los que jamás se levantan a abrir la puerta, ni a preparar calimocho, ni a coger el azúcar para el café. En otros, reparo y un sutil rechazo: los que no comprendían, porque era incomprensible, que fuera yo quien no dejaba que se levantaran a traerme el café en sus propias casas.

La cosa ya ha cambiado, desde luego. Ni me ofrezco siempre a hacer las cosas que deben hacerse (porque no acabaría nunca), ni me inhibo tanto a la hora de solicitar prebendas cuando la ocasión lo requiere, cuando hay una descompensación razonable entre el esfuerzo que le supone a la otra persona y la satisfacción que me proporciona a mí su trabajo. La descompensación, obviamente, a favor de mi satisfacción. Cualquier otra opción, y sobre todo la que yo tenía antes como propia, no tiene sentido. Y además, en cierto modo, acaba molestando a la gente que no debe.

El otro día estaba en el supermercado, haciendo cola en la caja con mi padre, cargados con botellas de agua porque, cuando aparezco por Castellón, el consumo hídrico de mi hogar materno se multiplica considerablemente. Cosas de las resacas. En la caja de al lado, la dependienta de la carnicería acababa de pillar a unos novatos en el arte de robar, a juzgar por el tamaño de las bandejas de pollo empaquetado que intentaban ocultar en sus cazadoras. La gente se indignó mientras los aspirantes a Robin Hood (sospecho que, en este caso, los pobres entre los que repartir el botín eran ellos mismos) salían del supermercado con la cabeza gacha. Y los honestos compradores, mi padre incluido, comentaban que en el albergue se puede conseguir comida y que, de todos modos, si la hubieran pedido en el supermercado probablemente se la hubieran regalado. Se indignaron, decían, no por el hecho de que alguien robara para comer, sino porque los muy orgullosos no habían sido capaces de pedirlo humildemente. Dada la concurrencia del supermercado a aquellas horas, dudo bastante de la versión oficial, igual que con el 11-M. Pero sirve para ilustrar, en cierto modo, que todos (no solamente yo) nos sentimos ese poquito mejor cuando le conseguimos a alguien algo que necesita. Y que para que eso pueda ocurrir, también es necesario que expresemos las necesidades de vez en cuando. La otra actitud, mire usted por dónde, acaba llegando al egoísmo desde el otro lado.

Y además está muy bien que, por ejemplo, de vacaciones en el pueblo de un amigo, te traigan un zumito y algo de fumar a la cama cuando estás de resaca. Y eso sí que hubiera sido complicado de robar.
 

Imagen que no viene a cuento:

Encarguito para Amazon...

Ya queda poco para ponerme al día...

 

Enviado por Manu, 07:13 PM | Comentarios (6)

Abril 14, 2004

Pajillas mentales: ¿Tan malo es?

Y yo que quiero estudiar Mates... ¿Tan malo es?.

- ALan creWitch, comentario en este blog.


Muchas veces me hago la pregunta de qué decirle a la gente cuando quiere saber si le conviene apuntarse a estudiar matemáticas en la universidad. Y generalmente tiendo a pensar que no se lo recomendaría a nadie ni borracho, pero ahora que de verdad estoy en la disyuntiva, hay que hacer algunas puntualizaciones. Primera y principal, que no se lo recomendaría a nadie en la facultad de Burjassot. No sé cómo será el resto de universidades. Aquí, salvo contadas excepciones en profesores y asignaturas, el único mérito necesario para acabar la carrera es la capacidad de memorización. Incluso los ejercicios prácticos se corresponden a "tipos" cuya manera de resolverlos se reduce a un algoritmo a recordar.

Y no es sólo eso. Las matemáticas "de verdad" son muy distintas de lo que se estudia en el instituto. Allí son más bien intuitivas; en la facultad, y esto sí vale para todas, son extremadamente formales. Pocas asignaturas se prestan a una visión gráfica y poco sesuda, aunque admitiré que también las hay. Pero recuerdo la impresión que nos llevamos David y yo el primer día de carrera cuando entramos en una clase y la profesora escribió "Definición" en la pizarra, lo subrayó y se lanzó a definir axiomáticamente los números reales y a demostrar resultados sobre ellos sin siquiera introducirnos la asignatura. Sin siquiera decirnos su nombre, ahora que lo pienso.

La carrera tiene su lado bueno, por supuesto. Tiene asignaturas de astronomía que están muy bien. Tiene ramas preciosas, como la Topología o los fractales, y es innegable que refuerza considerablemente la capacidad de pensamiento lógico. Supongo que por esas razones inicié yo la carrera. Pero quien vaya a meterse en un berenjenal tan grande haría bien en plantearse si le compensa tanto formalismo, tanta construcción axiomática. Tanto empollón.

Y tanto aburrimiento al cabo de los años...
 

Enviado por Manu, 01:56 PM | Comentarios (17)

Abril 06, 2004

Pajillas mentales: Agobio pre-vacacional

Todos los años me ocurre lo mismo. Acaban los exámenes de febrero y llegan carnavales. Pasan carnavales y, en un pis pas, aquí están las Fallas (fiestas que suelo ignorar sin motivo racional aparente) y las fiestas de la Magdalena (que merman año tras año mi capacidad cerebral). Y ahora las vacaciones de semana santa. En conclusión, que ni siquiera soy consciente de que tengo asignaturas que atender en la universidad hasta bien entrado abril, y para entonces llevo tanto tiempo sin aparecer por la facultad ni a decir hola que se hace cada vez más complicado presentarme allí, inventar alguna excusa para los profesores "mamá" y ponerme las pilas. Más complicado y menos apetecible.

Ayer estuve tomando cervezas con dos amigos que no veía desde hace bastante tiempo, ambos flamantes licenciados en Matemáticas. Acabamos sacando el tema del agobio existencial, de las pocas ganas de estudiar después de tantos años. El caso es que llevo muchos años estudiando cada febrero, junio y septiembre y matriculándome cada octubre. Demasiados. Tantos que, en ocasiones, tengo que recurrir a "lo poquísimo que me queda para acabar" para no enviar la carrera a tomar por culo, buscarme un trabajo que me permita mantenerme mejor que las clases particulares y la ocasional revisión de libros para Plaza&Janés (es decir, buscarme cualquier trabajo) y jurarme a mí mismo que no permitiré que nadie más vuelva a juzgar mis conocimientos utilizando como única base mi capacidad de memorización. Pero sigo recurriendo al "total, para lo que me queda sería una lástima" y a pensar que seguro que es genial poder decir que soy licenciado en Mates.

En pocas palabras, tengo una falta de motivación monumental. Sé que solamente tengo que pegar un empujón serio en junio y otro en septiembre para poder colgar el título de la pared, pero no tengo ganas de darlos. El título ya no es un incentivo tan fuerte como lo fue, principalmente porque soy consciente de que no termina ahí: falta estudiar el CAP y las oposiciones si quiero ceñirme al objetivo inicial de acabar con un horario y un sueldo cojonudos en un instituto. Y ni siquiera esto me atrae ya tanto.

Las horas de estudio no tienen una recompensa inmediata. Ya he dicho por aquí que nuestro valor más preciado es el tiempo, y preparar exámenes supone invertir cantidades ingentes de él en comprar una posibilidad. Incluso suponiendo que estudiar implicara aprobar (cosa que en mi carrera no es cierta ni mucho menos), seguiría invirtiendo el tiempo en comprar la posibilidad de seguir estudiando (CAP y oposiciones) para comprar la posibilidad de, tal vez, una serie de sustituciones en institutos que me garantizarían, a muy largo plazo, una plaza. Demasiada posibilidad, demasiada inversión de tiempo, demasiada poca certeza. En mi mente está cada vez más clara la tendencia a mandarlo todo a la mierda.

Pero he llegado a un acuerdo conmigo mismo. Daré ese último empujón. Haré esa inversión de tiempo. Estudiaré duro para junio y seguiré estudiando duro para septiembre. Pero si no termino la carrera este año, la situación cambiará radicalmente. Buscaré un trabajo, cualquier trabajo, que me permita vivir sin demasiados agobios y me tomaré la carrera (porque de verdad quiero ser licenciado en Matemáticas, aunque no utilice la licenciatura para nada útil) con mucha calma. Sí, incluso con más calma que durante todos estos años.

Supongo que tendré que pulir un poco el razonamiento, pero hay tiempo para ello: el jueves salgo hacia una playa perdida en la costa almeriense en la que nos dedicaremos, básicamente, a hacer el hippie hasta el lunes que viene. Me llevo libreta, que seguro que hay momentos más que de sobras para escribir algo y colgarlo aquí a la vuelta, pero no garantizo fotos. La frase "nada de cámaras, y mucho menos digitales" ya se ha oído entre las féminas del Comando Nudista de Exploración de Playas Perdidas...
 

Imagen que no viene a cuento:

travelo.gif

Hay que ver lo que se encuentra uno por la red.
¿Travelocity? A lo mejor también es un buen
destino de vacaciones, quién sabe.

 

Enviado por Manu, 07:21 PM | Comentarios (6)

Marzo 31, 2004

Pajillas mentales: Virus y duendecillos

Para colmo de males, he pillado un constipado enorme que me ha tenido un par de días sin salir de casa y me permitirá hacer poca vida social durante lo que queda de semana. Por sí mismo, no sería un dato demasiado preocupante. Pero cuando me quedo encerrado en casa, y sobre todo cuando me quedo encerrado después de las buenas fiestas, me acosan los duendecillos.

El de la Desidia es un pequeño cabroncete gris que se ha aprovechado de que ya no tengo ningún libro que corregir ni demasiado que hacer hasta las vacaciones que empiezan la semana que viene. Me hace encender el Final Fantasy VIII para pasármelo por segunda vez y dejarlo a los cinco minutos, o apartar el libro que me regaló Evian y dejé de lado al recibir Monstrous Regiment (Pratchett es Pratchett) cuando todo apunta a que seguramente me gustará mucho. El del Insomnio es uno de los duendes más peligrosos, aunque finalmente conseguí darle un manotazo a eso de las siete de la mañana, aturdirlo y echarlo por el retrete mientras me helaba de frío. Volverá, pero no creo que sea hoy. El problema es que siempre actúan coordinados: Insomnio y Desidia van cogidos de la mano, y entre ellos se las apañan para dejar entrar a los más peligrosos: Nostalgia y Mirada Torva.

Nostalgia. Menudo hijo de puta. Me ha tenido dos días a su merced, sin siquiera darme cuenta. Escuchaba arrullos y risas en la habitación de al lado y no era capaz de alegrarme, como suelo hacer, sino solamente de pensar en la cantidad de tiempo que hace desde que tuve ese nivel de intimidad con alguien. Incluso me hizo añorar más la intimidad y las risas que el sexo (compartido), y cuando un hombre llega a ese nivel es porque la situación es crítica. Mirada Torva, su compinche, me impedía cambiar de punto de vista. Me prohibía tomarme la inactividad como el par de días de descanso que tenía merecidos después de tanta fiesta, y el constipado como el resultado lógico de tanto desfase. Me impedía pensar que llegarían tiempos mejores. Le daba patadas en los cojones sin parar al pixie de la esperanza, si se me permite estirar un poco más una metáfora gastada.

Por suerte, hoy ha hecho sol, y eso siempre ayuda . He salido de casa para ver a David y trastear con este ordenador (que El Puercoespín ha de salir mañana) después de recibir una llamada de Paga&Jódete, en la que Mònica alababa la revisión de Soul Music que les entregué la semana pasada. Inyección de autoestima en vena, que reforzaré mañana comprando la edición de Brujas de Viaje en que se me nombra como revisor para enseñársela a mi madre, que ya está bien de darle disgustos.

Igual hasta me animo a tomarme una cervecita mañana y, ya que con los virus es más complicado, hago así limpieza definitiva de duendecillos: el del Mono de Alcohol todavía ronda por aquí...
 

Enviado por Manu, 10:22 PM | Comentarios (7)

Marzo 29, 2004

Pajillas mentales: Rutina

Dicen por ahí que no sabe uno lo que tiene hasta que lo pierde, y supongo que de tanto repetirla la frase se ha hecho cierta. No sabe uno lo asquerosa y repelente que es la rutina hasta que la pierde. No sabe uno lo aburrida y monótona que es la vida real hasta que se pasa una semanita completa de jarana. Es triste que no todo el mundo pueda pasarse, aunque sea una vez en la vida, 11 días seguidos de borrachera sin dar un palo al agua. Y es incluso más triste que no todos los que pueden hacerlo lo hagan.

Las fiestas no solamente son deseables, sino casi necesarias: son algo que nos recuerda que levantarse-a-las-siete-para-currar no es la única forma en que pueden ir las cosas. En Castellón, sin ir más lejos, muchos de nosotros nos hemos pasado una semana entera sin trabajar; de quienes han trabajado, la mayoría tenían días libres o al menos los horarios bastante más relajados y una cierta permisividad en cuanto a llegar chispeadito al curro por la tarde, después de pasar por el Mesón del Vino, y ser considerablemente menos eficiente. La productividad de las empresas castellonenses se reduce drásticamente durante las fiestas de la Magdalena y, coño, el mundo no se acaba. Yo, al menos, no he visto a ningún Jinete del Apocrilipsis. Digo yo que no podríamos mantener ese ritmo mucho tiempo o las leyes de la macroeconomía nos mandarían a la mierda, pero la semana de fiestas demuestra que no es necesario trabajar tan a destajo. Que no pasa nada por reducir considerablemente la producción de azulejo durante una semana, así que tampoco pasaría nada porque todo el mundo entrara a currar una horita más tarde todos los días.

Y sí, digo esto sin tener ni pajolera idea de economía, pero yo creo que la gente se tomaría una medida así con tanta alegría que ni siquiera se notaría la disminución de beneficios. Y aunque se notara, ¿a quién le importa? Seríamos mucho más felices y no echaríamos tantísimo de menos las fiestas una vez que terminan. Magdalena Vitol, que decimos aquí. Hasta el año que viene. A ver si me pasan las fotos...
·

Enviado por Manu, 12:33 PM | Comentarios (2)

Marzo 09, 2004

Pajillas mentales: Cita a ciegas

Me presenté arrastrando un trancazo enorme. No, espera, mejor rehago esa frase. Me presenté arrastrando mi constipado, aunque con los síntomas aletargados por el Frenadol. La cafetería de la Fnac tenía una mesa libre, pero a mí me faltaba una flor para dejar encima y ser reconocible como habíamos acordado. Alguien se había dejado un periódico y, mientras lo leo, suena el móvil. Antes de cogerlo, el sonido se ve sustituído por una mujer (llamémosla Evian) que utiliza la tecnología para suplir mi falta de palabra, con lo poco que me hubiera costado arrancar aunque fuera una hojita de las plantas de casa. La cuestión, estirando el tópico, era llevar algo vegetal. Ella es morena, sonríe mucho y lleva libros y un sostén verde. Pide un café con leche y rompemos el hielo hablando de este blog, de cómo lo encontró ella [1] y, sobre todo, de la vergüenza. O más bien de su ausencia, teniendo en cuenta que cualquiera de los dos podría haber sido un asesino en serie, en mi caso inventando historias falsas en un blog para atraer víctimas en potencia.

No deja de ser curioso que seamos capaces de expresarnos tan sinceramente con completos desconocidos como con amigos de toda la vida. La gente que está enmedio, los compañeros de trabajo o los conocidos del instituto o de bares, requieren algo más de tacto: no conocen exactamente tu manera de ser pero sí tienen algunas pistas, te han tratado, tal vez tengáis amigos comunes, volveréis a encontraros y por todo ello acaba entrando en juego el "qué pensará de mí". No de manera radical, al menos en mi caso. No hasta el extremo de dar una imagen demasiado falseada, pero sí lo suficiente como para contener frases del estilo de "No, si ya te he mirado el culo cuando ibas a la barra" o "Lástima que me haya dejado las esposas en casa", que soltarás sin reparos (acompañadas de una sonrisa, por supuesto) a desconocidas a la primera de cambio. Siempre que sean tan majas como la que nos ocupa, claro.

Supongo que cuando no se tiene nada que perder, cuando no hay una relación anterior que pueda cambiar por una frase mal escogida, es cuando se puede beber vino con la tranquilidad de que una grosería graciosa, un eructo o un chascarrillo a costa de la otra persona no traerán consecuencias. Exactamente igual que con los buenos amigos, que ya están curados de espantos y seguirán queriéndote por muchos exabruptos que te vengan a la boca.

El vino y las tapas los pagó ella. El whisky de la próxima vez, ya veremos.

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[1] "No siga leyendo" es una frase de Hamlet, quién lo iba a decir. Cuando Google trajo aquí a su amiga Sofía, el último post iba sobre la traducción, y ella es traductora. De ahí a la cafetería de la Fnac, unos cuantos e-mails. Quieras que no, es mejor historia que "entró buscando centros para aprender a jugar al mus en Google". Volver.

Enviado por Manu, 11:30 AM | Comentarios (5)

Marzo 02, 2004

Pajillas mentales: Brasa

Anoche ocurrió algo. En una vida casi sin incidentes como es la mía últimamente debería alegrarme, pero la cosa no fue para echar petardos.

Viendo una película después de cenar, empezamos a oír jaleo. No era el hámster de Pau. No era la perra cuya dueña es Ana. Venía del piso de arriba: había cacao. Dentro de lo que cabe, la cosa no era demasiado extraña. Subimos un poco la voz del televisor para no enterarnos de los detalles, pero un "¡Socorro!" no es para ignorarlo, así que salimos a la escalera a ver qué pasaba. El vecino de enfrente iba a hacer lo mismo, pero volvió a meterse en casa al ver que aparecíamos nosotros. El otro vecino de arriba, con más valor dadas las circunstancias, ya estaba llamando a la puerta del piso de los gritos. Esperamos un momento y por fin se abrió. Apareció el vecino (el marido, supongo) con cara de circunstancias y explicó que la mujer padecía un trastorno bipolar, de ahí los gritos. Le preguntamos si le había pegado y lo negó, cariacontecido, hasta el punto de invitarnos a pasar para comprobarlo o llamar a la policía si no confiábamos en él. Parecía hundido. Creímos su historia y volvimos a casa, dándole un voto de confianza pero pensando en marcar el 112 al primer indicio de nuevo jaleo, que ya no se produjo. Puede que hiciéramos mal. Puede que tuviéramos que haber entrado, pero hubiera apostado cualquier cosa a que el pobre hombre decía la verdad.

Pero lo importante aquí es que salimos a la escalera. Escuchamos un grito y acudimos a ver qué ocurría, a impedir que una mujer fuera maltratada si se daba el caso. Y eso me ha hecho cambiar de opinión sobre los telediarios. Solía pensar que se cebaban en la sangre, que daban noticias sobre violencia de género para rellenar, sólo por el morbo. Si de mí dependiera, el 75% de noticias de los noticiarios serían eliminadas, empezando por la sección de deportes. Ahora el porcentaje se queda en el 60. Si hace falta que en cada telediario hablen del tema para que la actitud normal sea la que nosotros tuvimos, adelante con ello. Vengan esas mujeres maltratadas, ya que están, e impidan que haya más. Venga esa sangre.

Sin embargo, me gustaría que alguien me explicara la utilidad de las noticias sobre el nuevo disco del puto Bisbal. O sobre la boda del príncipe.
 

Enviado por Manu, 09:52 PM | Comentarios (2)

Febrero 15, 2004

Pajillas mentales: Punto y seguido

Se dice mucho eso del "año nuevo, vida nueva" y la gente se dedica a hacer buenos propósitos en nochevieja, cuando lo cierto es que a la hora de plantearse cambios en la vida es mucho más significativo el uno de septiembre que el uno de enero, y si no que le pregunten al señor Planeta Agostini por qué saca tantos fascículos coleccionables en esas fechas. Al menos para los estudiantes universitarios, también son síntoma de aire fresco los exámenes que acaban y los cuatrimestres que empiezan. Siempre hay momentos más proclives que otros a los virajes, y cualquier cosa que implique un cambio de rutina es un momento propicio, una buena excusa para dar un golpe de timón, por mínimo que sea. Yo terminé los exámenes el viernes pasado y ahora, domingo de resaca, llega el momento de plantearse sobriamente cómo de distintas serán las cosas en adelante, y no lo digo por la excursión planeada a los carnavales de Alicante y Pego el fin de semana que viene.

La idea es ir a clase. La idea siempre es ir a clase, aunque luego pase lo de siempre y sólo se me vaya a ver el pelo en las asignaturas interesantes de verdad. La idea es encontrar tres o cuatro alumnos para no ir siempre tan tirado. La idea es tratar de quitarle un poco de tiempo a internet e invertirlo en repasar un poco, aunque dudo mucho que esto último vaya a ser puesto en práctica. La excusa es el cambio de cuatrimestre. Si la nochevieja fuera una coma, febrero sería un punto y seguido. Septiembre, un punto y aparte. O un cambio de página. O algo. La resaca siempre me pone retórico, pero hay un límite para los símiles, so pena de acabar comparando el día de los enamorados con un símbolo de porcentaje. O de dólar.

De momento, cambio de explorador de internet. Ayer mismo descargué el Mozilla Firefox (libre y gratuito), un tema de apariencia que me gustó y el plug-in para Flash, y no tengo más que alabanzas para mi explorador nuevo. No es que me molestara pasearme con el Microchof Internet Explorer (TM), pero ahora que veo las alternativas soy consciente de lo cómodo que es tener cuatro páginas abiertas en una misma ventana, que se bloqueen los pop-ups que tú no pidas, que el navegador lleve integrada la búsqueda en Google o que importe fácilmente los favoritos que tenía en el Internet Explorer, abandonado definitivamente de ahora en adelante.

Por algo se empieza.
 

Logo del Firefox
Logo del Mozilla Firefox

 

Enviado por Manu, 05:18 PM | Comentarios (5)

Enero 27, 2004

Pajillas mentales: Astrofísica

El examen de hoy (que, por cierto, ha ido de puta madre) me ha demostrado una vez más que la tradición es mucho más poderosa que la ley. Era de Técnicas Observacionales de Astrofísica, y el profesor ya había avisado que no era más que un trámite para no dar un aprobado general, unos ejercicios que servirían para distinguir a quienes habían hecho algún caso de la asignatura de los que no. Lo primero que ha dicho el buen hombre al entrar en el aula ha sido: "Podéis sacar los apuntes y hablar moderadamente entre vosotros". Alto y claro, sí señor. Sin lugar a ambigüedades. La clase no puede convertirse en un mercado en hora punta, pero se puede comentar el examen con el vecino. Lo siguiente que ha hecho ha sido encender un cigarro y salir del aula para fumárselo mientras todos contestábamos a las preguntas más fáciles.

Con el hombre de nuevo en clase, me ha asaltado una duda. No sabía exactamente a qué se refería la pregunta 3, así que me he girado para preguntárselo a un colega. Cara de incomodidad por parte del colega, gente mirándome raro en el aula. No hemos cruzado más que dos frases porque me daba reparo agobiarle más, pero han sido suficientes para que me pasara los apuntes de una clase que me perdí, en los que estaba la respuesta. Entonces el profesor ha vuelto a abandonar el aula y, esta vez sí, la clase en pleno se ha convertido en el patio de un colegio. Al poco, el profesor ha entrado ruidosamente, avisando de su llegada. Silencio absoluto de nuevo, que el buen hombre ha aprovechado para decir: "¿Pero no os había dicho que podéis hablar? ¿Qué hacéis tan callados de repente? Si casi parecéis alumnos".

Las reglas del examen estaban claras desde el principio: apuntes sobre la mesa, conversación autorizada. Pero el caso es que los exámenes no funcionan así. En un examen no se habla abiertamente, igual que en viernes santo no se come carne, y aunque la ley vigente diga que no pasa nada sigue habiendo gente (llámalos despistados, llámalos borregos) que sigue la tradición a rajatabla y no se atreve a girarse para comentar la jugada con el de atrás en presencia del amo y señor. Por muy de buen humor que esté, cosa que era previsible porque la sonda europea Mars Express ha encontrado pruebas de agua en Marte y, en sus propias palabras, "eso es una patada en el culo para los yanquis, que en nuestra primera misión hayamos tenido un éxito así". Pero si incluso ha insinuado una subida lineal de un punto en la nota para celebrarlo, leñe.

No es que tenga mucho respeto por la ley normalmente, pero para una vez que te favorece en algo manda huevos que la gente renuncie a la ventaja y se ciña a la tradición. En fin, allá ellos, que yo ya estoy bien contento con mi aprobado en Astrofísica.

Enviado por Manu, 06:47 PM | Comentarios (5)

Enero 22, 2004

Pajillas mentales: Viagra por e-mail

Siempre que abro el e-mail me pregunto si todo el mundo tendrá problemas de erección y yo soy de los pocos afortunados que no los acusan todavía. Bueno, en realidad no me lo pregunto siempre que leo el correo, pero sí algunas veces, sobre todo cuando toca limpieza semanal de la carpeta de spam o cuando el filtro falla y me llegan al buzón otras ofertas aparte de las de InfoJobs. La siguiente imagen es una muestra del aspecto que tiene normalmente mi basurero:

Mi buzón de spam

He de reconocer que el primer spam de Viagra personalizado que me llegó, un "Mavide, V*i*a*g*r*a for you", me asustó un poco. ("¡Maldición, aquel día iba borrachísimo! ¡No era como para chivarse a las empresas de spam!") Pero ahora, acostumbrado al abuso de 50 mensajes-basura diarios, me da que pensar. Los que no te ofrecen citas a ciegas o "free porn pics", es porque pretenden alargarte el pene o venderte pastillitas mágicas de las que no te ponen babosín, pero se aseguran de que cumplas en caso que el babosismo compartido ocurra por sí mismo. Y estos últimos son mayoría. Y si se siguen enviando es porque funcionan, porque hay un porcentaje (por nimio que sea) que responde, o al menos lee, estos mensajes. El siguiente paso lógico es concluir que el planeta se enfrenta a una hecatombe, a su mayor desafío: la impotencia generalizada de los varones humanos.

Por otra parte, supongo que la venta de Viagra por internet está condenada a funcionar. Ahora que ya se ha perdido la vergüenza a comprar condones, queda el qué diran si se sabe que uno necesita medicamentos para mantener una erección en condiciones. La impotencia, ya que no el sexo, sigue siendo un tabú por mucho que lo intente normalizar Pelé. Y esto nos da una explicación más tranquilizadora del fenómeno: no es que haya una temible plaga de impotencia, sino que aquellos que la sufren prefieren el anonimato al comprar remedios. O eso, o es cierto aquello de que el gran problema de España es que aquí se folla poco, dato del que puedo dar constancia empírica.

Me vuelvo a casa a estudiar, que las conclusiones me están empezando a dar miedo.

Enviado por Manu, 10:23 PM | Comentarios (5)

Enero 12, 2004

Pajillas mentales: Mi lado femenino

Sigo pensando en los efectos de la edad, comparando la vida de quien ya rebasa los 25 con los años de adolescencia. Cualquier excusa es buena para dejar de lado los exámenes y los plazos de entrega, al fin y al cabo, aunque no sé si esto de darle vueltas al paso del tiempo será óptimo para crear un ambiente positivo de estudio. Como anécdota, mi clase de astronomía de hoy trataba sobre la evolución y muerte de las estrellas, casualidades de la vida. ("Oye, antes de convertirme en una supergigante veía las cosas de otra manera", dirán.) Habrá que consultar libros de autoayuda. O casi mejor que no.

El caso es que, por lo general, observo que se tiende a ser más conservador con los años. Ya, bueno, vaya novedad, lo sé. Las estrellas tienden a explotar, nosotros a hacernos fachas. No lo digo por mí, pero amigos que hace tiempo tenían mi misma ideología ahora me llaman "rojillo" medio en broma; se preocupan menos de temas como el paro o la sanidad ahora que ya no son temas abstractos, ahora que les cubre una nómina y un seguro médico. No es la norma, claro, pero sí una tendencia comprobada: cuando tienes un coche del que preocuparte, el problema del racismo se relativiza un poco. Alguno acabará votando al PP y no seré yo...

Mi caso es bastante más leve, casi contrario desde cierto punto de vista. Me estoy quitando de encima muchísimas manías. Una actitud "rojilla" ante la vida (gracias, Bolingo) no entra en la definición de manía y por eso la conservo, pero hace unos años me habría reído de quien me dijera que acabaría jugando a juegos de skate o de lucha 3D. Los rechazaba sin haberlos probado, como muchos otros vicios y cosas que ahora me encantan. Por supuesto, se puede odiar la importancia social de los deportes y la violencia y al mismo tiempo disfrutar con sus ficciones, pero para mí no ha sido tan automático como pueda parecer. Ayer hablaba de la pérdida de vergüenza, pero la cosa va más allá. No se trata tanto de vergüenza ante otros como de vergüenza ante mí mismo, cosa que soy cada vez más consciente de que es absurda.

Sin ir más lejos, me gustaría presentar en sociedad a mi lado femenino, a punto de apalizar y hundir en la miseria a un karateka de tres al cuarto...
 

¡Tekken 3!
Mi lado femenino contra Hwoarang

 

Enviado por Manu, 10:12 PM | Comentarios (5)

Enero 11, 2004

Pajillas mentales: Sinvergüenza

Supongo que habrá formas peores de pasar un domingo por la noche que midiendo la luminosidad de un campo de estrellas mediante un programa de simulación, pero no se me ocurren tantas. Aquí estoy, delante del ordenador, esperando a que pasen los cinco minutos que --espero-- me darán unos resultados aceptables sobre una estrellita poco brillante y muy cabrona de las Pléyades. Y por mucho que he buscado, no hay