Hoy he visto unas octavillas en la calle que me invitaban a no votar para luchar contra el sistema. Eso, que me habría parecido de lo más lógico hace algunos años, hoy me ha provocado un tipo de pensamiento completamente distinto. Lo primero que he pensado es que esas octavillas las ha hecho el PP en un intento desesperado de dejar en sus casas a los votantes de izquierda y tratar así de ganar lo que no van a conseguir de otro modo. Luego he pensado que se trataba de una campaña de Rouco y su pandilla para evitar que manchemos nuestras inmaculadas manos con el voto del pecado ( a estas alturas ya se deben haber dado cuenta de que ni siquiera el PP cumple con la palabra dada).
Luego me dije que eso no podía ser, que me estoy volviendo un paranoico y que hay que colocar todo en su sitio. Pero ¿cómo puedo yo luchar contra el sistema? ¿No echando gasolina al coche para no contribuir al cambio climático y al engrosamiento de las fortunas de unos jeques anclados en la edad media para lo que les conviene? ¿no comprando en las grandes superficies, aunque sea más barato, para no contribuir al desarrollo de la religión consumista con nuestro óbolo? ¿saliendo a la calle con pancartas para hacer oir mi voz de protesta cuando eso ya lo hacen todos los domingos y fiestas de guardar los obispos con sus paquetes-piquetes de "kikos"? ¿movilizando a los sindicatos contra la patronal que les subvenciona y les da de comer? ¿no leyendo la prensa ni viendo la televisión que nos manipula y entretiene, nos adormece y nos anestesia del dolor de una realidad con acompañamiento de salsa rosa? ¿buscando una ONG que me salve de mi aburguesamiento y aproveche los fondos y donaciones para enriquecer a sus órganos directivos?
Después de mucho reflexionar he llegado a la feliz conclusión de que la mejor manera de luchar contra el sistema es hacer el amor. No me pregunten ustedes por qué y sobre todo no me pregunten cómo he llegado a tal punto. Uno es un caballero. Háganlo con quien quieran, como quieran, donde quieran, tantas veces como quieran o puedan, pero háganlo. Ya verán como luego el sistema se viene un poquito abajo, se debilita, se encoje y se vuelve fláccido. Y poco a poco, con la ayuda de todos y de todas (vean qué antisistema me estoy volviendo), los ciudadanos y ciudadanas, mezclados como dios (perdón) nos de a entender, habremos puesto los pilares de un nuevo sistema.
God save the king!
La memoria es como la consigna de equipajes de una gran estación de trenes. Allí aparcas todo tu equipaje para poderte mover por la ciudad durante unas horas, pero sabiendo que en cualquier momento puedes ir con tu resguardo y recuperarlo. La memoria es lo único que les queda a muchos cuando ya lo han perdido todo: vida, hijos, salud, juventud y ganas. La memoria se tiene o no se tiene, se conserva o de destruye, desde dentro, por fuerzas que escapan a nuestro control y entendimiento, o desde fuera, por decreto y sin más. Esto último es lo que suele ocurrir durante aquellos períodos históricos en los que a los ciudadanos de un país, bien por haber perdido una guerra o por haber caído bajo una dictadura, se les niegan sus derechos y libertades. Y lo peor es cuando, tras una contienda civil, los vencedores, mediante su ordeno y mando, anulan por ley y reprimen mediante la fuerza cualquier intento de recuperar la memoria de un pasado que no les gusta y que prefieren que no hubiera existido.
Esas purgas se han producido durante todas las épocas y en todas, el denominador común, es el deseo de borrar cualquier resto del pasado, anular al vencido, derrotar al adversario no solo físicamente, sino ánimica y psicológicamente, hoy y en el futuro. Por eso los orgullosos y viles vencedores se sirven de decretos, normas y leyes para legislar la "desmemoria histórica", para negar el derecho de cualquier familia o pueblo a recordar a los suyos, a saber dónde están enterrados o cómo murieron. Ni siquiera son leyes para olvidar o no recordar, sino para borrar, arrasar la memoria (delenda est memoria), como si esos seres destruidos por la barbarie y la ignorancia de los vencedores, además debieran sufrir el destierro hacia la nada tras su muerte, como si nunca hubieran existido. Niegan su existencia borrando su pasado, mientras los únicos recuerdos que perduran son los de los vencedores y sus hazañas.
Hacer una ley de memoria histórica a muchos les puede parecer superfluo e innecesario. Sin duda, sobre todo, si no tienen a nadie perdido en las cunetas de la historia. Pero el deber de cualquier hijo o nieto de aquellos pobres fantasmas, es recuperar su recuerdo y su valía, aunque solo sea por un simple acto de justicia. No se debería decretar la memoria, sólo estaría justificado si antes, demasiados años antes, unos bárbaros hubieran decretado la desmemoria histórica.
Qué dificil debe ser para los cristianos ser cristiano si tienen que obedecer lo que dice su Iglesia y lo que promueven sus obispos, sobre todo si además de cristiano eres español. No sería tan dificil si la cosa sólo exigiera seguir las enseñanzas de su lider (Jesús, por si alguno ya lo había olvidado, como el Obispo de Tarazona), pero el problema es que dichas enseñanzas van en contra de todo lo demás. ¿Y qué es lo demás? Pues ser cristiano según nuestros obispos es negar el derecho a una educación en un colegio religioso concertado a todos los hijos de inmigrantes, pero eso sí, sin hacer distinción de razas ni colores; ser cristiano es negar cualquier tipo de derecho (está por ver si incluso el derecho a agua) a toda persona homosexual, así como a todos aquellos que los apoyen, simpaticen con ellos o simplemente los toleren y les den agua; ser cristiano según estos obispos es negar cualquier ayuda económica o social a las madres solteras o divorciadas con hijos a su cargo; ser cristiano es negarse a buscar soluciones al terrorismo mediante el diálogo pacífico; ser cristiano es estar más preocupado del horario de manifestaciones que el de misas; ser cristiano es, según el obispo de Lanzarote tener precaución de que los niños se acerquen porque algunos de ellos van provocando que el adulto abuse de ellos; ser cristiano para Rouco y sus muchachos es no perdonar a un grupo de médicos de Leganés falsamente acusados y ahora absueltos por la Justicia; ser cristiano es no permitir que tu hijo reciba una educación para la ciudadanía. Ser cristiano hoy es que no te importen la justicia social, la caridad, el perdón, el amor al prójimo, la tolerancia, la paz, y demás zarandajas. Importa mantener con el dinero que reciben del Estado una emisora que ha hecho del "No mentirás" un escupitajo que arroja a la cara de las personas de bien de este país todos los días del año incluyendo domingos y fiestas de guardar. La pobreza en el mundo les importa un pimiento, lo importante es no usar el condón.
Están tan convencidos de que este mundo es un valle de lágrimas que se empeñan hasta el denuedo en conseguirlo..... para los demás. Si yo fuera cristiano y me lo creyera realmente, lo primero que haría sería votar-los, a los obispos..... pero bien lejos!
Decía mi madre que las mentiras tenían las patas muy cortas y por eso se cogía antes a un mentiroso que a un cojo. Me duele pensar el enorme sonrojo y vergüenza que deben estar sintiendo Aznar, Acebes, Zaplana y el faldero de Rajoy, los pobres, ante la situación que se les plantea. Seguramente están decidiendo de forma urgente el mejor momento para confesar su pesar y su culpa ante todos los ciudadanos. Es verdad que no es la primera vez que se les pilla en falta, y que a buen seguro no será la última (lo llevan en el carnet y hasta en la sangre). Probablemente estarán pidiendo audiencia ante el conjunto de los obispos españoles para asesorarse a la hora de pedir perdón. Ellos, los obispos, la Iglesia, ya se sabe, tienen mucha mano con esto del perdón, aunque ellos, los obispos, la iglesia, ya se sabe, tarden siglos en pedirlo cuando les toca. No me cabe la menor duda que a esta hora se pueden estar reuniendo con sus amigos periodistas (o a eso dicen ellos que se dedican) en el Mundo, en la COPE (otra vez los obispos, ¡vaya por dios!), en Telemadrid, para todos juntos, desde sus micrófonos, altavoces, púlpitos y demás tribunas, pedir perdón por sus mentirijillas sin malicia. No importa que se hayan cargado la honorabilidad de cientos de policías y jueces, de tribunales enteros, de las víctimas y sus familias, que hayan insultado a la inteligencia de millones de ciudadanos. Lo hacían para conocer la verdad. Ahora dicen que apoyarán cualquier otra investigación que aporte luz sobre lo que ellos consideran que está oscuro. Me encanta la idea, estoy completamente de acuerdo, pero que lo hagan con su dinero en todo el tiempo libre que van a tener tras las próximas elecciones y que nos dejen a los demás vivir en paz. Que se reunan en sus casinos y fundaciones, en sus sedes episcopales y retiros espirituales, que investiguen y maduren y roan la verdad hasta que la piel se les seque y se les caiga. O si lo prefieren, cambien de dueños, búsquense otro amo que elija mejores estrategias para mantenerse en el poder, no sé, sigan sobornando a golpe de ladrillo y talonario, sigan cementando pinares y costas, si les apetece. Defiendan a la familia, el trato humano para locutores modelo de cristiandad, ataquen al rey. Si en el fondo todo es lo mismo. Hagan lo de toda la vida y luego vayan a los confesionarios a que les perdonen y sosieguen sus conciencias. Perdón, qué cosas digo, conciencias!!! Tranquilos, si de aquí a trescientos años, según el primo del primo de Rajoy, estaremos todos muertos. Y ellos irán al cielo, que ya lo tienen comprado.
Todos sabemos el enorme valor que conceden a la familia como institución los grupos políticos y religiosos más conservadores de cualquier sociedad. La defensa de dicha institución en su acepción más reproductiva y como portadora de valores eternos ha sido y es bandera de la que hacen gala hasta la saciedad (incluso la suciedad). Y esta semana, sin ir más lejos, hemos tenido oportunidad de comprobar qué grado de coherencia y fidelidad hacia estos principios muestra el inefable lider de la oposición cuando hasta para solventar la malintencionada pregunta de un periodista sobre el cambio climático, nuestro nunca suficientemente admirado Marianico, en vez de recurrir a informes sesudos de comités científicos de la ONU o cualquier otra institución internacional con un prestigio, recurre sin más a los comentarios y chascarrillos de casino de pueblo que no hace mucho ha tenido a bien conmpartir con un primo suyo. Eso es lo que yo llamo defender a la institución familiar, tambaleante por la política descarriada y zapateril de este gobierno usurpador que sufrimos. No importa que el lider de un partido que aspira a gobernar este país no sepa ni jota de cambio climático ni falta que le hace; no importa que su cultura haya quedado por debajo de la de un preadolescente granítico y acneado de la ESO cuando no demuestra saber la diferencia entre tiempo y clima; no importa que para este señor el futuro carezca de cualquier probabilidad de ajustarse a ciertas científicas predicciones, lo cual siempre viene bien a la hora de planificar cualquier política a corto y medio plazo; no importa que necesite el apoyo, oligofrénico, en sus opiniones de la Sra Aguirre, famosa por apoyar y leer a noveles como la escritora "sara"- "mago"; no importa nada, pues al fin y al cabo, quién puede predecir qué va ser de este señor cuando no tenga nada que hacer en política ni siquiera en su propia familia.
Yo personalmente opino que le hubiera ido mejor como obispo de Mondoñedo... no sé, le veo cara episcopal. Me refiero a Rajoy, oiga, que yo a su primo ni le conozco.
Lo decía hace algunos años el mismísimo Jordi Pujol: Cataluña no cae bien y se puso manos a la obra para intentar explicar al resto de españoles por qué Cataluña merecía el trato que se le estaba dando (presupuestariamente hablando) y no otro. Es cierto que de todos los territorios y paisanajes varios de este país corren chistes, chanzas, bromas, que responden a toda una amplia gama de estereotipos tan tópicos como típicos. Pero yo no hablo de los catalanes, sino de Cataluña, y no hablo del ciudadano de la calle, sino de sus políticos. Porque son ellos y no otros los que han vendido una determinada imagen y los que han provocado la mala fama de esta región.
¿Merece Cataluña mayores inversiones por parte de los presupuestos generales del Estado? ¿Más inversiones en infraestructuras, trenes, carreteras, aeropuertos..? Pues probablemente sí, tanto por el número de habitantes como por el interés del conjunto del Estado. Las críticas que hacen algunos, sobre todo desde las filas de la derechona centralista, dan que pensar, porque se les llena la boca hablando sobre la unidad de España y luego racanean con el gasto de dinero en determinados territorios del Estado. Pues si son lo que son, lo son con todas las consecuencias. Pero el mismo argumento vale para aplicárselo a los políticos nacionalistas: si presionan y mendigan hasta la última partida presupuestaria de las ubres del Estado, tendrán que reconocer que ellos son tambien parte de ese Estado, para lo malo y para lo bueno. (Si al final todo se reduce a dinero).
Por tanto, creo que el problema de Cataluña es el de su clase política (como el de Italia, el de Portugal, el de los Estados Unidos, etc.....): una clase política estrecha de miras, mezquina, anclada en unos planteamientos decimonónicos y unas estrategias desfasadas. La ciudadanía solo quiere no tener que sufrir más apagones (y de eso es más culpable una empresa eléctrica que el propio Estado), más atascos (pero luego nadie quiere obras), más túneles, más colas en los aeropuertos. Y quizás habrían evitado todos esos desastres con menos dinero y más dedicación a los problemas reales, con menos discusión estatutaria y más planificación técnica del futuro a corto y medio plazo. Pero arreglar cables y tuberías no hace salir en la foto a ningún político, sin embargo inaugurar aunque sean 300 metros de autovía provoca que el culo se les haga cocacola.
Venden mal la imagen de su país porque venden la imagen de ellos mismos: unos mercaderes, del voto o de los trenes de cercanía. Y lo malo es que algunos se lo creen y les votan, y les siguen el juego y les ayudan a inflar una pelota que tarde o temprano les explotará en la punta de sus honorables narices.
Las grandes ideologías del pasado se levantaron sobre el pensamiento fundacional de intelectuales de talla. Fueron evolucionando a golpe de revisionismos e incorporaron nuevas perspectivas para adaptarse a un mundo aceleradamente cambiante. Y murieron por el fracaso, más que de ellas mismas, de los encargados de dinamizarlas y ponerlas en práctica. Hoy, las ideologías prácticamente han desaparecido, incluso en los sectores más activos de la izquierda. En lugar de aquellos grandes edificios del pensamiento político, han surgido pequeños barrios residenciales, cómodos, plácidos y previsibles hasta el aburrimiento. Las grandes ideas, amamantadas por la siempre fecunda ubre de la utopía, se tornan en meros slóganes de campaña que cualquier tonto repite como la ocurrencia del siglo. Se confunde la izquierda con la derecha, el progresismo con la excentricidad y la libertad queda constreñida en su significado a la simple libertad de elección democrática, sabiamente encauzada por los medios de comunicación. El socialismo hoy se tiñe con el barniz de una amabilidad trivial y superflua, más propia de una comunidad de vecinos educados que de una sociedad compleja y multivariada. El neosocialismo ha renunciado a cualquier tipo de certeza ideológica y se consume en su propio mar de incertidumbres, relativismos resignados y acuerdos provisionales. Los gobiernos mal llamados de izquierda con un ojo miran hacia el ciudadano buscando la manera de atraer su voto desde el sillón hasta la urna, y con el otro miran la manera de seguir inflando el consumismo, tanto inmobiliario como comercial. Es decir, la estrategia de lucha por los desfavorecidos, de lucha por la justicia social, por la libertad real, se pierde en el trasfondo del pensamiento débil y postmoderno y se reduce a poco más que lo dictado por el espíritu práctico y el oportunismo. Con el movimiento obrero y sindical huyendo en retirada ante el avance imparable de la globalización patronal y el nada futuro rosa de los partidos y organizaciones de izquierda, el ciudadano solo opta por quedarse en casa, sentado en su sofá, delante del televisor y con el mando a distancia entre las piernas. Piensa que así castiga a sus gobernantes, cuando lo único que consigue es alentar a los golfos de baja estopa.
Rajoy exige al Gobierno bla bla bla, el Gobierno pide a la oposición bla bla bla, De Juana se pasea, De Juana para acá, De Juana para allá, Aznar bebiendo vino y conduciendo.. ni por la derecha ni por la izquierda, da bandazos de ciego, (pienso: "mono al volante"); Zapatero no adelanta las elecciones, el ABC ve una conspiración entre el Vaticano y Zapatero, (pienso: "¿habrán sido las pastillas o algo de la cena me ha sentado mal?"); todos han ganado las municipales, nadie quiere Navarra, más corrupción, más votos; ETA dice que se aburre, la culpa es de Zapatero; Acebes abre un despacho de vidente; la selección española no se sabe el himno ni la letra... (pienso: ¿y la letra será en todas las lenguas del territorio nacional?); Endesa me hace una OPA; (me doy la vuelta en la cama), en Canarias ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio; Rajoy exige al Gobierno que ponga letra al himno; la AVT ya está contenta, Bono va a misas rojas, Rubalcaba es cada vez más firme e inteligente; Simancas se va de Madrid; Gallardón quiere ser el 2; Aznar ve doble y está contento; Rajoy exige al Gobierno que esté contento; el Banco Europeo me sube la hipoteca otra vez; el IBEX 35 cae en picado por las constructoras (pienso: "Hombre. por fin una buena noticia"); Rajoy exige bla bla bla, Zaplana ve indicios de que a lo mejor Zapatero ya no vende Navarra y no sabe si se quiere liar con ellos; Maragall empieza a pensar en un nuevo estatuto para Catalunya e invita a Carod a pasear en el coche con Aznar, el Barça gana con trampas al Espanyol; estoy cantando el himno junto a Aznar en una consultora; Rajoy exige bla bla bla; Gallardón al paredón (pienso: lástima de Tarancón), Ibarra se jubila pero no calla; Victoria Beckam elegida mujer del año, me da la risa, me detienen unos mossos y me llevan a comisaría, allí está Aznar hablando en catalán para aclarar porque iba conduciendo con las copas que su conciencia le había dictado; el Vaticano a través de su portavoz dice que no adelanta las elecciones y que se preparará un cónclave para elegir al número 2 del PP; Esperanza se queja porque dice que entonces no tiene oportunidad; Pilar Narbona se come un grandísimo marrón en Madrid; Rajoy exige bla bla bla, Acebes cierra el gabinete de videncia porque solo acierta a decir ETA, ETA, ha sido ETA; la Iglesia nos recuerda que no podemos usar el condón, la DGT nos acojona con un nuevo anuncio; ¿son españolistas los españoles que juegan en la selección española?, Aragonés no lo sabe; aumentan los beneficios de los bancos, crece la siniestralidad laboral y en el hogar (pienso: ¿dónde coño estaremos seguros?); Rajoy exige bla bla bla, Zaplana me sonrie y me guiña un ojo...
(Pienso: ¿por qué no sonará el despertador de una maldita vez)
Va ya para tres años y por aquí algunos siguen erre que erre, con una estrategia de mantenella y no enmendalla que les retrata de forma infalible. Insultan a la inteligencia de los ciudadanos, arrasan cualquier indicio de decencia y mínima dignidad, no solo política, sino hasta personal. Mentir ha sido y sigue siendo su oficio, y gracias a sus corifeos que les sirven de altavoz, sus falsedades se propagan como la peste.
Pero no deja de resultar curioso que uno de esos portavoces que tanto han servido a esta causa más que perdida, justo en estos días no haga ni siquiera mención del tema. Me refiero a las declaraciones de la cúpula policial en tiempos del anterior gobierno en el juicio por el 11-M. Mientras el diario El País destaca en su primera página estas declaraciones que confirman lo que ya todos sabíamos: la estrategia de falsedad de Acebes, Zaplana, Rajoy y Aznar, El Mundo pasa en su portada por encima de la noticia desde hace días y no trata el asunto que más interés tiene en la actualidad nacional. Será que quien calla otorga.
Lo que no tiene remedio es la penuria intelectual a la que nos somete el intragable Acebes que niega la evidencia, que dice que dijo lo que justo no dijo, lo que justo ocultó y tergiversó malintencionadamente; la penuria intelectual del pobre tonto de Aznar (si al final va a tener razón el oligofrénico de Bush cuando lo llamaba "ansar") que ahora dice que cómo iba a saber él que no había armas de destrucción masiva cuando nos metió de cabeza en una guerra injusta y cruel... como todas las guerras; la penuria intelectual del chulo de barrio de Zaplana que regalaba turrón a espuertas y derrochaba generosidad entre sus amigos a cargo del erario público; y la penuria intelectual del pobre de Rajoy que hace y dice lo que los otros tres de la banda le dicen que haga o diga.
Triste espectáculo y encima con carácter retroactivo (la derecha en este país no es que sea conservadora, es que es retroactiva).
Oposición, corrosión, corrupción, mala baba, componentes todos ellos de una derecha que de pronto ha recuperado su pasado más cainita de la boca de un disminuido con merecida fama de mentiroso compulsivo (Acebes) y de un trasnochado chuleta de tez tostada y artificial (Zaplana). Estoy harto, hasta llegar a un punto en que cambio de emisora si voy en el coche escuchando la radio o de cadena si estoy sentado delante del televisor, de escuchar a estos dos bobos de tres al cuarto insultar a la inteligencia de todos los españoles con sus truculentos, fantasmagóricos y soeces argumentos; estoy harto de su falta de ética, de su continuada forma de gánsteres faltando a la más mínima y decente verdad. Mi estómago se resiente cada vez que he de aguantar un extraño reflujo altamente indigesto que se produce automáticamente, nada más llegar a mis oídos la francamente repulsiva voz de vicetiple con frenillo neuronal del ex-ministro de Interior o la no menos repugnante voz de dominguero al volante de un supermirafiori 131 en medio de un atasco en la carretera camino de la playa de Gandía del otro ex de tantas enfangadas cosas públicas.
Y como éramos pocos, hoy vuelve a reaparecer ese extraño fenotipo con bigote y cara de mala leche que fue nuestro presidente en los gloriosos años del PP para decirnos que que lástima que no fuera tan listo como para saber que realmente no había armas de destrucción masiva en Irak. Y se queda tan pancho. Lo que yo digo, que deben pensar con su raquitismo cerebral que los demás somos tontos. Su "no saber" nos embarcó en una guerra que nadie quería y está costando miles de muertos, mientras él se sonríe tras el bigote para ocultar sus colmillos de perro carnicero.
Y todavía habrá algún "micrófono de oro" que le ría la gracia y pretenda exculparlo con el argumento de que esto forma parte del plan de la conjura preparada entre Otegui, Zapatero y Bin Laden, todos juntos, para desprestigiar antidemocráticamente a los defensores del Estado de Derecho (as).
Lo siento pero no soporto ver cómo ejercen una oposición absolutamente infame, que vierte su ácido corrosivo por doquier; lo mismo les da el Tribunal Constitucional que la Presidencia del Gobierno, el Ejército que la Guardia Civil, el Ministerio del Interior como el Parlamento en su conjunto, su ponzoñosa actitud lo ensucia todo hasta provocar el asco de cualquier ciudadano con dos dedos de frente.
Viendo los cada día más frecuentes y sangrantes casos de corrupción urbanística, que afectan a la totalidad de los ayuntamientos y partidos políticos, las cada vez más abundantes prácticas fraudulentas en la que incurren desde los concejales de urbanismo hasta los dueños de constructoras archiconocidas, pasando por inmobiliarias, promotoras y notarios, uno podría pensar que la política en este país está en franco empeoramiento.
Repasando los titulares de los periódicos de las dos últimas semanas sobre el atentado de Barajas, las diferentes y cambiantes posturas de los líderes políticos que se pelean entre sí para que la dichosa frase de la pancarta incluya tal o cual palabra (palabras, palabras, que ni siquiera importa lo que signifiquen porque no se trata de incluirlas porque alguien les vaya a hacer caso, sino simplemente para joder al otro u otros partidos), uno solo puede acordarse de los cientos de documentales sobre la hiena que ha visto en el "nasionalyeograficchanel", sus prácticas de ataque y supervivencia, así como sus costumbres reproductivas.
Sin embargo, cuando uno ya empieza a desesperar y a rechazar la idea de que la política en este país tiene arreglo, cuando uno ya casi está convencido de que los políticos en esta tierra no es que se hagan los tontos es que son plena y conscientemente gilipollas, de pronto surge la noticia que te reconcilia con tus infantiles expectativas y te recuerda que no todo está perdido y que aun hay sitio para la esperanza.
P.D: al estilo de mi admirada Maruja Torres, pido disculpas al colectivo de gilipollas-no-políticos y a las hienas, porque se pueden sentir claramente insultados por mis anteriores palabras y comparaciones.
Como bien saben los neurocirujanos, hablar de la memoria es hablar de algo etéreo intangible que nadie sabe muy bien dónde reside y que en todas partes puede estar. Si le preguntamos a un historiador la respuesta casi podría ser la misma. Pero si le preguntemos a un político, su respuesta será siempre el fruto de un proceso sesgado e intencionadamente parcial de selección que justifique su postura ideológica o su mera disposición adicional transitoria.
En este país que se la da de culto, casi cualquiera se atreve a hablar de historia, de memoria histórica, sin que apenas nadie, salvo los especialistas sepa muy bien de qué hablan. Recuperar la memoria no es lo mismo que hacer historia, ni siquiera pretenden que sea sinónimo de reconstruir el pasado histórico. La memoria es como una abeja, lo mismo te regala con el dulzor de su miel que te pica con su aguijón. Solo que la abeja no hace distinciones y regala y pica a todos por igual.
Me parecería bien que los políticos, que en este país saben bien poco de historia, se comprometan a aprender algo de Historia con mayúsculas mediante una ley que obligue a todos a recuperar la memoria histórica, pero sabiendo que para que esta memoria no nos lleve a engaños ponzoñosos ni se convierta en una sarta de dardos envenenados, ha de ser una memoria completa, hasta el final, desde el principio, sin acotaciones, sin límites temporales o espaciales. Porque solo así trabajan los historiadores: el pasado es único y es continuo, y tiene la virtud y el problema de que no se puede borrar. Se puede intentar ocultarlo, justificarlo, tergiversarlo (los políticos nacionalistas - y no nacionalistas - son auténticos especialistas en esta disciplina), pero no se puede borrar. Y por mucha arena que arrojemos encima, acaba reapareciendo como la tumba de un faraón, sin necesidad de leyes.
No me parece mal que se quiera decretar la restitución moral a aquellos que sufrieron los abusos y la represión durante la guerra y después de ella. Poco más se puede hacer por ellos y siempre será a título meramente simbólico por desgracia. No se les puede devolver sus vidas, sus carreras, sus casas, sus familiares, ni siquiera su dignidad y honor (los únicos que perdieron su dignidad y honor son los que no supieron comportarse como seres humanos y de eso en una guerra hay por todas partes; a los demás lo único que le pudieron quitar es la vida y esa ya no se devuelve).
A estas alturas nadie se va a revolver en su tumba, ni siquiera los viejos dictadores que sin miedo al futuro (al contrario que Pinochet) no tuvieron mayor problema en enterrarse de cuerpo entero y no ocultarse mediante las cenizas que seguro el viento arrojará en el ojo de sus enemigos. Que se haga memoria. Pero que se haga, sobre todo, Historia.
Los especialistas en el análisis político suelen dedicar muchos esfuerzos, tras unas elecciones, a diseccionar los resultados obtenidos por cada grupo político para intentar explicar las causas de sus avances o retrocesos en el número de votos. Por ello quizás dentro de unos años, habrá mucha gente estudiando el proceso que ha conducido al PP al borde del suicidio como entidad política. Quizás entonces alguno encuentre explicación lógica para esa deriva trágica de sus líderes hacia el histrionismo, la desvergüenza, la mentira más descarada, la manipulación repetida e insistente; quizás dentro de unos años, alguien tenga la suficiente perspectiva para encontrar las razones de que el principal partido de la oposición haya permitido el secuestro de sus ideas y programas por parte de un grupo de señoritos resentidos incapaces de elaborar un discurso que no dañe a la inteligencia de los demás y al sistema democrático de este país.
Sus mentiras forman parte de una estrategia de manipulación consciente y abierta, que pese a haber sido desmantelada varias veces por los argumentos de la razón que solo admite datos reales, ha provocado una crispación creciente y un estado de descrédito y desánimo que se extiende por el electorado, no solo de este partido sino de todo el arco político. Han pretendido ensuciar a los tribunales y jueces, a la policía, a los técnicos, a los fiscales, al gobierno, a las instituciones. Para ellos es suficiente razón encontrar un paquete de tabaco de la misma marca para entender demostrada la relación entre terroristas islámicos y ETA. Confunden sus deseos con la realidad. Y con el peso de semejante argumento y el altavoz que le presta otra institución en vías de suicidio y extinción como es la Iglesia y sus portavoces radiofónicos, la estrategia de tierra quemada va preparando el camino hasta el espectáculo final, que tendrá traca y artificio al más puro estilo valenciano gracias al señorito Zaplana, morenazo de ocasión y rayos UVA, que quizás así pretende huir o retrasar la labor de otros tribunales que le investigan por sus fraudes urbanísticos. Con Aznar voceando el fin del mundo a diestro y siniestro por toda Universidad extranjera que le preste oídos, con Acebes, su profeta, encargado de administrar el futuro trágico que nos aguarda ante los desmanes y atrocidades del gobierno rojo (regreso de las tropas españolas de Irak, matrimonios gays, ley de Educación, desmantelamiento del Estado y desmembración de España, pérdida de las esencias patrias y los valores eternos), han pretendido resucitar el espíritu nacional más rancio desde la era franquista. Más que olor a infierno y carne quemada, aquí ha empezado a oler a sacristía podrida y frío cuartel. ¿Será para tapar el olor del ladrillo y el cemento? ¿el olor del sobre bajo cuerda en algunos despachos oficiales? ¿será para evitar que algún día se juzgue a los responsables de aquel gobierno que permitió o no supo evitar, porque no se enteró de nada, que ocurriera aquel atentado? Todo se verá. No olvideis que antes se coje a un mentiroso que a un cojo.
El estado de la nación apesta. Stop. Nuestros políticos están pringados. Stop. Las ideologías se han extinguido. Stop. El mundo anda al revés. Stop.
Ya no existen las derechas y las izquierdas. Son categorías que han quedado vacías de significado y de contenido. A falta de ideologías con peso, los ciudadanos acuden al fanatismo de un imán religioso o nacionalista, al Mercadona o a la Semana Fantástica del Corte Inglés. Los domingos ideales son aquellos en que abren los templos del consumo y los ciudadanos pueden ir a depositar su humilde óbolo en la línea de cajas. Ser progresista consiste en recorrer con el carrito el pasillo de los alimentos macrobióticos y sin aditivos, inclinarse por la agricultura biológica y el turismo rural. Ya nadie tiene entusiasmo por el futuro y todos se avalanzan para abrazar el pasado perfecto o pluscuamperfecto. Real o imaginario, es lo de menos; lo importante es no moverse del camino actual marcado por las revistas de moda y tendencias. No hay que mirar hacia delante sino frenar el paso para no llegar a lo peor. Todos apuntados al carro de la conservación o, como mucho, la rehabilitación o adecentamiento de la fachada. Corporación dermoestética aplicada al cerebro y el discurso político. Que nadie se escandalice o se ponga a pensar. Inmovilismo. Stop. Tranquilidad ciudadana. Stop. Barrigas llenas. Stop. Cerebros oxidados. Stop. ¿Ser gay es ser progresista? Stop.
Pasemos de los líderes, de las consignas de partidos y empresas. Apaguemos la televisión. Rompamos la cadena alimenticia de los poderosos medios de comunicación y formación. Busquemos el empeño horizontal que nos iguala como comunidad de seres, como comunidad esencialmente humana. Fuera más estafas filatélicas o inmobiliarias, bélicas y con chapapote. No creo en la gente bien vestida, con años de estudios e inversiones en bolsa; no creo en la gente que luce moreno en enero y conocimientos de inglés todo el año. Hoy los obreros son de derecha, y los yuppies de izquierda, perpetuando el engaño de ser lo que no existe. Seamos el martillo del sistema que acaba con el sistema. Pero no desde la poesía romántica o la pose alternativa. Los espíritus no pueden descansar si quieren ser contestatarios: han de estar vivos diariamente y contagiar, contaminar, provocar, para que el progreso no sea algo privado, exclusivo de los miembros del club. Rompe el carnet de socio. Stop.
Al principio solo existían las tinieblas. Pronto Dios creó dos palabras: nación y religión, y a partir de ahí se dedicó a crear el resto del Mundo. Ahora es el Hombre el que ha de desarrollar los pertinentes estatutos y códigos morales y libros sagrados, para enmendar lo que dios dejó sin terminar. El pasado siglo fue el siglo de los totalitarismos: fascismo, nazismo, estalinismo. Este siglo será, desgraciadamente, el de nuevos totalitarismos como el nacionalismo y el islamismo (o cualquier otro fanatismo de naturaleza religiosa). Se escudan en el derecho al respeto de las culturas, de las minorías (cuando están fuera de su origen), pero se fundamentan en la defensa de unos privilegios para unos pocos a costa de la discriminación para unos muchos. Es la lucha entre los ciudadanos y los fanáticos, los demócratas y los teócratas (en el rizo del rizo se puede ser teócrata nacionalista y de izquierdas o de derechas, todo a la vez, sin aparente contradicción).
El arma solo puede ser la del rechazo del relativismo cultural que consiente, por ejemplo, que las mujeres musulmanas estén privadas de derechos, de libertades y de igualdad (así como los maketos y xarnegos). El nacionalismo y el islamismo se nutren del miedo, de la frustración, pero en el fondo esconden una defensa de los privilegios de una minoría selecta frente a los demás. Los totalitarismos matan, más que el tabaco y la carretera, y matan la libertad, la igualdad y la laicidad allá por donde pasan . La vacuna es una nueva ilustración, iluminadora, auténtica y racional, pero que solo puede salir de los ciudadanos.
¿Vamos a caer también nosotros en la misma trampa?
P.D. Los andaluces quieren ser una "realidad nacional" (con bastante más razón que la mayoría de las otras realidades). Yo lo hubiera quedado en simple "realidad", el apellido como que sobra.
En política, ningún problema se resuelve nunca del todo. Más bien se transforma en otro diferente. No sabemos si el problema del terrorismo en el País Vasco será pasado, pero el problema de la paz es ahora más presente que nunca. ¿Sabrán estar a la altura los políticos? ¿y los ciudadanos? ¿y los terroristas? ¿y las víctimas?
La derecha en España nunca ha sido muy civilizada. Tras muchos años de esfuerzo, lograron hacerse un meritorio hueco en el centro democrático que ahora están echando por la borda como si ese bagaje fuese lastre que les impide ir por donde ellos quieren.
Practican una política de consignas insultantes para la inteligencia de cualquier ciudadano medianamente informado; una política catastrofista en la que en todo momento parece que el pais está al borde del precipicio: cuando no amenazan con el fin de la familia, es que se va a romper la sagrada unidad de España, se va a conculcar la Constitución (esa que ni ellos mismos apoyaron en el referendum) o alegan que el gobierno está en manos de radicales independentistas (¿El PSOE radical? Es que es para morirse de la risa).
Insultan a la inteligencia cuando dicen que el Gobierno cede ante ETA, cuando apoyan las palabras de un militar golpista, cuando azuzan a las víctimas del terrorismo contra el gobierno, cuando convocan un simulacro de referendum a imitación de Ibarretxe y con los mismos argumentos que utilizó éste en su momento, cuando cuestionan la legitimidad democrática de este gobierno salido de las urnas en un mes de Marzo que todos queremos olvidar.
Su error es pensar que así consigue más votos, aunque destroce de camino al sistema democrático. Menos mal que nuestro país se siente satisfecho de si mismo, de sus logros en los últimos 25 años y cuando se da una situación así, no hay peligro ni de golpe de Estado, ni de crisis o ruptura del Estado que amamanta a todos. Los españoles somos conscientes de nuestro desarrollo, de nuestros derechos y nadie, en su sano juicio (lo cual excluye a la cúpula dirigente del PP en estos momentos) se siente al borde del hundimiento.
Ni se ha roto la familia (por cierto, una familia que ya estaba muy cambiada desde hace muchos años), ni se ha hundido la economía, ni pasa nada en el ejército, ni se ha roto España. Somos un pais más maduro que nuestra clase política. Somos un pais que no le gusta a la derechona más rancia, que piensa que aquí no puede ganar las elecciones como no sea haciendo daño al pais, al ejercicio digno de la política y al funcionamiento normal del sistema.
Dicen que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión. Y debe ser cierto, pues normalmente, la convivencia entre dos personas se establece por el nivel más bajo de cualquiera de sus componentes. Dicen también, que detrás de cualquier gran hombre o mujer, se encuentra a una gran mujer u hombre. Pero yo me pregunto qué hubiera pasado si a Virginia Wolf o Madame Curie les hubiera tocado vivir con cualquiera de nuestros compatriotas cabreados que se retroalimentan diariamente a base de escuchar la Cope o echar el rato en una mesa petitoria de firmas del PP. Me temo que acabarían pidiendo la enseñanza obligatoria de la religión y manifestándose contra los matrimonios gays. Está claro que sus maridos no iban a interesarse por la física nuclear ni por el grupo de Bloomsbury. Del mismo modo, si Mozart o Einstein se hubieran casado con unas ricachonas enjoyadas como burras en la romería del Rocío, no harían otra cosa que ir de tiendas o ver Salsa Rosa. Sería imposible que ellas se commovieran con una sonata o con la teoría de la Relatividad.
Por el mismo mecanismo de igualación por lo bajo, los ciudadanos de este país que nos tenemos que desayunar todos los días con la última ocurrencia de los miles de carods, margalles, acebes y otros "alomojismos" zaplanianos, nos vemos impelidos a sucumbir ante tal cúmulo de caspa ideológica que nuestros sueños se pierden en el horizonte. Atravesar el día, con todas sus horas, sin que esa caspa nos maltrate la moral es una empresa muy ardua. Y es que la pendiente que lleva hasta la más absoluta estupidez es muy suave y resulta muy fácil deslizarse por ella. Hay que levantarse todos los días y decirse varias veces ante el espejo que no vamos a permitir que esa emisora histérica, que esa político cazurro, que ese militar golpista, que ese matón de casino de pueblo y acta de diputado por Valencia o Madrid, no nos van a estropear el desayuno. Aunque cada día rebuznen más alto, tenemos que decirnos a nosotros mismos que no vamos a permitirles alterar nuestro estilo de vida; que sus regüeldos grasientos como de pelo engominado no van a bastar para volver a la edad de las cavernas que es donde nos quieren llevar.
Aun así, llegaremos por la noche a nuestra casa y tendremos que sacudirnos la caspa que nos habrán echado encima, y darnos una ducha interior antes de meternos en la cama, quizás con Mozart, quizás con un buen libro o una buena película. Será casi un acto de rebeldía en los tiempos que corren, pero nos sentiremos a salvo.
Dicen que los políticos españoles están entre los más tóxicos del planeta. Su reciclaje debe ser tan dificil y costoso como el del aceite de colza y hasta los virus de la gripe aviar se lo piensan dos veces antes de contaminar a un sujeto de este colectivo patrio. Personalmente, siempre he opinado que los de la derecha suelen ser más tóxicos y contaminantes que los de la izquierda, pero el poder y el dinero terminan por salvar estas diferencias. Dentro de este gremio, los políticos nacionalistas deben ser el chapapote, pues su visión política no alcanza más allá de su propio ombligo identitario y su mayor aporte a la cultura del pais consiste en reescribir los libros de Historia. Discuten sobre la banalidad mientras abandonan la realidad del día a día.
Aborrezco especialmente a aquellos que mantienen sus cortos mensajes de forma estúpidamente invariable (verbi gratia, Aznar, Acebes, Zaplana y cía). Son como tahures de pueblo, señoritos de casino y cerebro engominado, donde los argumentos resbalan en cascada hacia el suelo sin dejar una mísera huella neuronal.
Me levantan el estómago los pseudoizquierdistas de pacotilla que levantan el puño mientras alardean de fumar porros en la intimidad. Se creyeron modernos hace toneladas de años y se quedaron anclados en su imaginario de barricada callejera. Creen que Marx es el hermano mayor de Nero el de Matrix.
Me disgustan los políticos de uno u otro signo (si es que aún hay signos diferentes) de discurso fácil, verborrea correcta e ideas manidas. Están vacíos de todo menos de ambición.
No soporto a los localistas, cuyos bolsillos engordan al ritmo en que crece el suelo urbanizable. Su patria es de cemento y comisión y su bandera de grua y hormigonera.
Si a ellos sumamos al nutrido grupo de segundones y fontaneros de partido, meapilas de programa electoral y capillitas de consejo federal o comisión ejecutiva, becarios de la cosa pública y meritorios de la urna provincial, caciques de cortijo con cargo al erario público y dictadorzuelos de alcance regional y cuasi-vitalicio, resultará un panorama altamente desalentador.
Tenemos a los políticos más tóxicos del planeta, será verdad, pero también es verdad (dicho sea esto en su descargo) que tambien tenemos a los más ignorantes de la Historia, a los más incapaces en sus empeños, a los más tozudos en sus ¿ideas? y a los más miopes en su visión de futuro.
No podrían ser peor salvo que fueran obispos.
El lenguaje es nuestra mejor herramienta, tanto para comunicarnos como para aprehender la realidad a través del pensamiento. Ambas cosas, pensamiento y lenguaje son indisolubles, hasta el punto de confundirse en nuestro cerebro y no saber ejercitar el uno sin poner a funcionar el otro.
En la política, sin embargo, el lenguaje pasa a convertirse "en el encubrimiento de todas las trampas" que decía el recientemente fallecido Haro Tecglen. El político, cuantas menos ideas tiene, más espejismos semánticos utiliza. El artificio lingüístico es el objetivo de más de un acuerdo y de un desacuerdo, la palabra manipulada, vendida y maquillada, mutada en su significado según soplen los vientos, alterada en sus fundamentos según se trate de apoyar o de atacar al otro, se convierte así en la herramienta primordial de trabajo del político. Horas y horas de reuniones para alcanzar finalmente un acuerdo sobre dónde se ha de colocar la coma, o qué término es el adecuado para que nadie se enfade y lo acordado no sirva para cambiar nada. No se trata ya de defender ideas, de discutir sobre argumentos conceptuales, de analizar la realidad para transformarla, sino de encontrar la palabra adecuada que encubra mis reales intereses.
La energía se dirige, pues, a crear espejismos mas que a desvelar verdades, a ocultar realidades, más que a resolver problemas, y a crearlos más que solucionarlos. Podemos pasar días pronunciando estatut o estatuto, para discutir cual es el término que mejor se adapta a las orejas de uno u otro lugar; podemos hablar y discutir del término nación y enfrascarnos en arduas disquisiciones sobre la propiedad jurídica de su uso, mientras en el Carmel siguen con los agujeros y en Melilla con las vallas; podemos hablar de matrimonio y familia y crear todo un escenario grandilocuente de desgracias venideras ante la supuesta adulteración de ambas instituciones, mientras sigue habiendo maridos que matan a sus mujeres, padres que maltratan a sus hijos e hijos que maltratan a sus padres. Y así llevamos años hablando de las palabras guerra, hambre, miseria, globalización, daños colaterales, cambio climático, nacionalismo, fundamentalismo, dios, derechos humanos... y nos las arrojámos con la arrogancia de quien se cree en la razón, aun a sabiendas de que todo son trampas para cazar votos, para atacar al adversario, para distraer la atención del público, para entretenerlo y hasta divertirlo, para ocultar nuestro mensaje sincero, para ganar o para no perder.
Mientras tanto, la verdad está en otra parte.
Andan reunidos los líderes mundiales y en el desbarajuste de pasillos y despachos, los trileros de la política hacen su peculiar agosto. Algunos, más descarriados o perdidos, aún reclaman unas reformas profundas que concedan a tan alto e inútil organismo la eficacia de la que nunca ha podido hacer alarde; hablan de alianzas y civilizaciones, imbuidos de una luz serena, como de catarsis colectiva. Otros, en cambio, desconfían de esos gestos y tras los obligados brindis a un sol que cada día se parece más a una lámpara de gasoleo, acuden a las alianzas con sus enemigos para seguir manteniendo sus privilegios planetarios. Nihil novi sub sole.
Los dueños de la baraja, sin embargo, no parecen preocupados por esos pequeños asuntos que pueden conducir a toda la Humanidad al desastre y la extinción: el cambio climático creen que es solo cuestión de coger el mando a distancia y ajustar la potencia del aire acondicionado de sus despachos; la escasez de recursos energéticos (petroleo) les produce risa mientras, parados en el semáforo, esperan el momento de pegar un buen acelerón en su cuatro por cuatro; el avance de la deforestación en el Amazonas, se la pasan por los bajos mientras llevan a su prole a el McDonald más próximo; la extensión imparable de la desertización les produce risa sentados en los despachos desde los que venden y compran la madera de sus incendios.
Quizás por eso luego a alguno se le queda cara de póker cuando contempla desde el aire el efecto de un huracán sobre la vieja Nueva Orleans. Simplemente, eso no está permitido en su casino, donde el tahur jefe juega con las cartas marcadas. Pero lo cierto es que los avisos son así de crueles y de claros.
O aprendemos ahora o pronto no habrá ni escuela.
A algunos les puede parecer redundante eso de colocar la palabra político seguida del calificativo estúpido, pero yo, por si acaso algún político lee este blog, he preferido la claridad, aunque repetitiva, al estilismo narrativo. Vemos continuamente, sobre todo en el partido de la oposición (para eso son inmovilistas o conservadores, como se prefiera), pero también en el resto de partidos, declaraciones y comportamientos que solo pueden responder a la obcecación unidimensional que repite estúpidamente el mismo mensaje desde hace meses. Tales comportamientos son adecuados y normales en las más tiernas etapas de la vida, cuando aún el desarrollo formal del pensamiento está en sus inicios, pero resulta preocupante cuando se avanza algo más en la edad y, absolutamente alarmante o sobrecogedor, cuando se supone que ese proceso madurativo de las funciones cerebrales e intelectuales ya hace años que debiera haber acabado.
Así, uno mira el panorama, observa a nuestros insignes representantes de la voluntad popular, a nuestros gobernantes, parlamentarios, munícipes, y se le viene a la memoria la época del colegio, cuando dentro del aula, los alumnos más gamberros se sentaban en la última fila. Y es que nuestros políticos (y cuando digo nuestros quiero decir los de todo el planeta: la globalización también alcanza a la estupidez) se parecen mucho a esos matones de la última fila de pupitres, empeñados en que todos les rieran las gracias, les dieran el bocadillo del recreo y que el profesor nunca pudiera dar la clase para que nadie aprendiera. Ahora ya podemos suponer en qué pupitre se sentaba Bush, suponiendo que pasara por la escuela.
La política está llena de justificaciones que se basan en mentiras, en medias verdades y en extraños secretos. Cada cual echa mano de ellas cuando las necesita y lo mismo le da buscar armas de destrucción masiva donde no las hay, como culpar a unos de los atentados de otros. Ron Suskind en su libro El precio de la lealtad, nos pone tras la pista de lo que realmente está ocurriendo a través de un comentario de un asesor de Bush (¿Karl Rove?). Este asesor comenta que la mayor parte de las personas nos situamos en los que él llama la comunidad basada en la realidad, que se define por creer que las soluciones a los problemas proceden del estudio racional previo de la realidad aparente (al fin y al cabo en eso se basa nuestro pensamiento al menos desde la Ilustración y el empirismo).
Pero resulta que así ya no funciona el mundo según este asesor. El Imperio que dirige Estados Unidos actúa y crea su propia realidad, y mientras los demás andamos estudiando y analizando esa nueva realidad, entretenidos con ella, ellos vuelven a actuar para crear otra nueva realidad. Se sienten los protagonistas de la Historia, mientras que nosotros seríamos simplemente los que vamos detrás estudiando lo que ellos hacen. Ellos no necesitan de la verdad racional, de los hechos comprobados, del análisis de la realidad, porque la realidad será la que ellos decidan que sea y la cambiarán a cada momento.
Habría que preguntarle a este asesor en qué dimensión de la realidad, según él, es donde se muere la gente de sida, de hambre, de atentados; en dónde residen los derechos humanos, en qué rincón oscuro de esa realidad que ellos diseñan se permite la tortura a los presos y cuál es la zona VIP donde se está seguro, sin miedo a que nadie te mate.
La foto de las Azores es como la maldición de Tutank-Amon: todos los allí retratados han perdido toda credibilidad, sus países han sido atacados por terroristas islamistas y sus promesas de un mundo más seguro cada vez son más irónicas.
En estas cosas no existen las casualidades: Londres tenía que ser el próximo objetivo. Ni Olimpiadas ni G-8, la razón no es esa, no nos equivoquemos. Para lo malo y para lo bueno, Gran Bretaña ha unido su destino al de USA desde hace ya mucho tiempo y ahora, por desgracia, les toca pagar la factura. Nadie puede estar seguro de que no le vaya a tocar a él a la próxima vez, pero todos podemos asegurar que habrá una próxima vez. Quien rompió el avispero y se dedicó a azuzar a las avispas, ahora recibe picotazos.
Al menos, ellos no andan diciendo que ha sido cosa del IRA. Curiosamente, Rajoy, en declaraciones realizadas esta misma mañana, dice que a este tipo de atentados no hay que buscarle razones ulteriores, como hacerlos coincidir con fechas, reuniones, decisiones. Será que ha aprendido la lección, porque para lo del 11-M y las elecciones generales, no decía lo mismo.
En fin, lamentablemente, siempre pagan los inocentes.
Según los datos de una encuesta realizada en Cataluña, la inmensa mayoría de los ciudadanos de esa comunidad están preocupados por asuntos completamente distintos de aquellos que ocupan a sus responsables políticos. Así, mientras éstos andan tremendamente ocupados con la reforma del estatuto de autonomía hasta el punto de estarle dedicando todos sus esfuerzos día y noche, los ciudadanos, sin embargo, se preocupan por cosas tan prosaicas como el precio de la vivienda, el paro, los túneles que lo perforan todo (y que hunden más de lo que quisieran), las obras, el precio de la cesta de la compra, etc. El tema del estatuto aparece casi en los últimos lugares en la escala resultante de la encuesta. Y lo grave, no solo es esta clara falta de sintonía, sino que los políticos y responsables de los diversos ámbitos de la administración están haciendo clara dejación de sus funciones al estar centrados en el otro asunto.
Posiblemente, si se hiciera esa misma encuesta en comunidades como la del Pais Vasco, el resultado sería muy similar. Y estos ya llevan una legislatura completa y lo que les queda de esta que acaban de estrenar.
Luego se extrañarán de que la gente no vaya a votar o que se desentienda de los temas políticos. ¿Cuándo se enterarán que los ciudadanos lo que queremos es que atiendan nuestros problemas no que nos vengan con milongas, sobre todo si son artificiales?
Se inicia una nueva temporada de rebajas y saldos: saldos de xenofobia, saldos de colonialismo y de segregación racial; saldos de liberalismo, de fascismo, de comunismo; saldos de modernismo, de capitalismo, de consumismo, de tecnocracia, de burocracia, de progresismo... Aprovechen esta magnífica oportunidad de adquirir a bajo coste cualquiera de estos retales. Luego basta hacerle algunos arreglillos, agregarles el candoroso prefijo neo y someterlos a un aparente reciclaje, ya sea de siglas, de programas o de líderes.
Lo malo es que en este baratillo de temporada también se ofrecen saldos de ética y a nadie se le ocurre ponerles el prefijo neo. Así, nuestros decididores neocualquier cosa se afanan en conseguir la servidumbre social, tan beneficiosa a la economía como la anticuada plusvalía. A mayor servidumbre conseguida en sus masas sociales, mayor rentabilidad para su imagen internacional. Así contentan al Fondo Monetario Internacional, más interesado en conseguir la supresión de la rebeldía de los pobres que en eliminar la propia pobreza.
Y es que los líderes mundiales parecen hoy ir a la cabeza de una manifestación cuyo lema bien pudiera ser este: "Estamos de huelga de principios"
Comprobamos, no sé si con satisfacción, como la derecha en este país se ha lanzado a la calle y le ha cogido el gusto a la movilización con pancarta y bocadillo. Ayer contra el diálogo con ETA o por los papeles de ¿Salamanca?, mañana por el matrimonio (dicen que no contra los gays).
Se les nota un aire de advenedizos por el poco estilo de sus consignas y por el mal porte de sus pancartas, pero lucen en la pechera los cocodrilos que tanto les identifican. En el fondo es un mal recordatorio de cuando la calle era suya. Se han lanzado al monte y hacen como que se lían la manta a la cabeza, pero el perfume les delata: huelen a naftalina.
Han decidido que el parlamento no es el mejor sitio para hacer su política y prefieren movilizar a su gente aunque les cueste el dinero. Su talante democrático no tiene parangón: se mezclan con el populacho en pro de sus quimeras y si hace falta se hacen acompañar por quienes siempre han estado de su lado (la Iglesia). Siguen agarrados a la mentira y la muestran en el esplendor de unos trozos de tela garabateados con poco o nulo ingenio. Caminan como a trompicones porque sus caros zapatos no están hechos para andar manifestándose un día sí y otro también, pero ya saben, quien algo quiere, algo le cuesta. Algo han aprendido.
Cuando uno lleva bastantes años preguntándose hasta cuándo iba a seguir el sin sentido nacionalista de algunos grupos políticos en este país, cuando uno ya está cansado de desayunarse todos los días con la última ocurrencia de algunos dirigentes nacionalistas, leo con entusiasmo la noticia de que un grupo de intelectuales, profesores, gente de la cultura en Cataluña se han movilizado para crear un nuevo partido (un NO-Partido en boca de alguno de sus más llamativos promotores), en cuyo manifiesto se describen como gente ilustrada, no nacionalistas, laicos, defensores de los derechos sociales y de las libertades ciudadanas representadas en la Constitución y el actual Estatuto.
Empiezan por atacar la política que lleva a cabo el actual gobierno tripartito, continuidad de la era pujolista, que se marca como principal objetivo la elaboración de un nuevo estatuto, algo que en boca de los firmantes del manifiesto, está completamente alejado de las necesidades diarias de los catalanes.
Critican la política de enfrentamiento continuo entre la administración catalana y central, que ha servido en más de una ocasión como excusa para encubrir la corrupción (Banca Catalana, comisiones del 3 por ciento) y que ha llevado a Cataluña a una situación de decadencia en todos los ámbitos, tanto político como económico.
Denuncian que tal política de enfrentamiento continuo y rechazo de todo lo español ha contribuido a crear una mala imagen de Cataluña entre el resto de territorios españoles y, sobre todo, que basar toda la actuación política desde hace años en el mito identitario, no ha resuelto los problemas reales de la gente en esta comunidad.
Llama la atención la forma en que termina el manifiesto al reclamar la creación de un partido político que contribuya al "restablecimiento de la realidad". El nacionalismo, por tanto, como ideología, aparece retratado como un conjunto de principios abstractos a los que solo cabe adherirse mientras los problemas reales de las personas de la calle permanecen sin solución. Lo simbólico frente a lo real, en suma, significaría dejar a un lado el análisis de la realidad para concentrarse exclusivamente en defender una supuesta identidad desde una postura continua de victimismo alimentada por los partidos catalanes (y vascos) desde hace años. Firman, entre otros muchos, Albert Boadella, Félix de Azúa o Arcadi Espada.
¿Para cuándo iniciativas similares en Galicia o País Vasco, por ejemplo?
El estado de la nación es único, pero depende de quién te lo cuente y de cuantas dioptrías tenga. Porque la conclusión, después de escuchar a unos y a otros, es que nuestros políticos tienen problemas de visión. Donde unos sitúan el Retablo de las Maravillas, otros localizan el Apocalipsis; unos han leído Alicia en el País de las Maravillas y otros las profecías de San Malaquías. Menos mal, que la gente de la calle sabemos mirar bien las cosas y cuando lo necesitamos, nos pasamos por el oftalmólogo para que nos gradue la vista. El parlamento se ha convertido en un triste espectáculo por el que deambulan ciegos y tuertos de profesión y vocación, que se empeñan en hacernos ver lo que no existe: donde ponen el ojo ponen la "bola" y jugando a contar mentiras tralará, hacemos competición a ver quién la cuenta más gorda. Nos venden la nada los que nada tienen que decir porque tienen una tribuna desde donde ofrecer su peculiar mercancía. Hablan con grandes palabras (patria, constitución, libertades, miedo, Estado, nación, derechos) llenas de vacío porque el contenido está fuera, lejos de sus partidos y selectos foros de debate, lejos de instituciones esclerotizadas, lejos de una política banal donde cuenta más el ocurrente chascarrillo que un discurso bien hilvanado. En el fondo, es el entreteniemiento de siempre, buscando distraer la atención para que no veamos, es decir, poner una venda en los ojos de los que ven, para que miremos ciegamente donde ellos quieren. Por ese camino, donde el tuerto es rey, terminaremos todos tirados en la cuneta. O con una quijada de asno rota sobre nuestra cabeza.
A nuestros "líderes" se les llena la boca en sus discursos vacuos con la palabra democracia: la defensa de la democracia, la extensión de la democracia, la expansión de la democracia, como si la democracia fuera un chicle estirable, masticable.... que luego se tira a la basura.
Lo que ellos denominan dictaduras del terror y de las armas de destrucción masiva, resultan ser regímenes, en muchos casos, tan tiránicos o corruptos como los de las monarquías árabes amigas, o las pseudo-democracias de algunos países del Este recién invitados a nuestro selecto club de amigos.
Parece que cuando un gobierno ha adquirido la etiqueta de democrático, ha comprado también una especie de carta blanca para hacer lo mismo que cualquier régimen dictatorial, pero legalmente: acallar partidos de la oposición, controlar a los medios de comunicación, restricciones a los derechos y libertades de los ciudadanos sospechosos (cualquiera puede ser sospechoso de cualquier delito, no se nos debería olvidar), malversación de fondos reservados, venta y/o compra de armas, trato de favor a empresas y amigos, cobro de comisiones ilegales, etc. La exsusa es que cada cuatro años pueden los sufridos ciudadanos volver a votarlos o votar por el cambio. ¿Qué cambio? Un cambio de siglas. Las élites dominantes dentro de cada partido son las que seleccionan a los que van a ocupar cargos importantes dentro del mismo, eligen a los comités que tienen que controlar su labor, nombran a los candidatos a las diferentes convocatorias electorales y controlan a los comités electorales de los mismos. Resultado: todo está bajo el control del (de los) líder (líderes) y nada escapa a su supervisión. ¿Qué clase de democracia es la que pretendemos ser, la que defendemos en esos discursos grandilocuentes y llenos de aire? A ver si va a resultar que lo que estamos apoyando y apuntalando con nuestros votos, es simplemente la fachada ideológica de la que se ha revestido el edificio del poder político controlado por las élites empresariales y económicas del país, la oligarquía de siempre, sabiamente dividida entre varias siglas partidistas, tanto a nivel nacional como autonómico, y local. A ver si va a resultar, que lo que llamamos democracia es, simple y llanamente, una palabra vacía usada como comodín entre los profesionales de la cosa pública para barnizar sus medidas con un tinte de legalidad que solo llega para cubrirles las espaldas pero no alcanza para ocultar la verdadera cara de sus intenciones.
Ya tienen cuatro años más para seguir discutiendo y hablando de la nada. A las alturas del tiempo en que estamos, hablar de la patria ya no es nada (ni siquiera de la patria vasca). Algunos aún no se han enterado y llevan hablando sin parar como si nada hubiese sucedido en los últimos doscientos años en esta parte del continente euroasiático del planeta Tierra.
Hablan de nación cuando todos sabemos que ese concepto tiene menos futuro que la Iglesia (que será por eso que también los apoya). Los vascos, como los españoles restantes, cada vez existimos menos, como dice Haro Tecglen: ahora somos más del Vaticano, de Europa y, sobre todo, del Imperio. Cuatro años más para seguir hablando de lo diferente, hurgando hasta hacer sangre, en un suelo que fue fecundado por fenicios, griegos, romanos, cartagineses, visigodos, árabes y hasta euskaldunes. Como siempre recurrirán a los sólidos argumentos de la defensa de una cultura propia, olvidándose de que el principal propósito de una cultura es el de preparar a su gente para la vida real, decía Simona Weil, el de dotar al ser humano con los elementos necesarios para que pueda desenvolver su vida en conjunción a la de sus hermanos, cuya condición es idéntica, y entretejer unas relaciones dignas de la condición humana.
La patria, entonces, es otra cosa: una canción, un recuerdo, un sabor, un color, un olor, un barrio, unos amigos, pero no una manera de rechazar, ni siquiera de gobernar. ¿Se habrán enterado?
Se está celebrando en estos días la Feria Internacional del Armamento (Idex 2005) en Abú Dhabi. Por los más de 900 expositores desfilan a diario ministros de defensa y generales cargados de condecoraciones, que a mí me recuerdan al portero del Hotel Palace de Madrid. Miles de comerciales se afanan en presentar sus novedades a tan ilustres visitantes no escatimando detalle sobre sus capacidades mortíferas y de destrucción, aderezadas con cientos de datos sobre velocidad de disparo, radio de acción o potencia de destrucción, características todas ellas de apreciable valor para el comprador, que muestra un entusiasmo más propio de la inocente infancia que de un miembro del gobierno de un país.
Presentan lo último en bombas de racimo o ametralladoras automáticas con la misma ausencia de cuestionamientos morales con la que se presentaría un lavavajillas o un medicamento para el dolor de cabeza. Eso sí, con una asombrosa capacidad lingüística para lograr eludir palabras como muerte, guerra, asesinatos selectivos, horror y destrucción, que son sustituidas por términos menos mal sonantes como neutralización, prevención, seguridad, control, defensa o efectos colaterales.
Curiosamente, son los países más pobres del planeta los que más pasean a sus generales y más dinero invierten en compras en esta Feria del Horror, contribuyendo de forma inestimable al gran negocio de la guerra que tan bien dirigen y gestionan las naciones civilizadas del primer mundo.
A veces, cuando uno, por circunstancias, se ve enclaustrado durante unos días, la realidad se ve como en la distancia, aislado tras un cristal que nos protege y nos separa. Pasa la realidad cotidiana por delante y tú te limitas a mirarla con serenidad y sin tomar partido, como si no te afectara.
Viéndolo todo así, como desde fuera, estos últimos días no tienen desperdicio: 3% arriba o abajo, con excusas interesadas, ahora con querella, luego sin querella, con moción sin emoción, sin "finezza", sin luces ni taquígrafos (esos van a otro tanto por ciento)...
... re-cambio sin cambio en la Iglesia Española, donde alcanza la presidencia un cura que parece un cura, que habla como un cura y gesticula como un cura, dialogante y teologizante, que habla de las iglesias de España olvidándose de que sobre Pedro solo mandaron edificar una iglesia, inoculado del virus nacionalista que rememora tiempos pasados y mejores, cuando se cobraban diezmos y otorgaban canonjías, viejas épocas pasadas de feudo y espada y hoguera...
.... commemoraciones de aniversarios tristes, con conciertos o sin concierto, sin silencio, casi sin respeto, queriendo todos elevar la voz propia por encima de la del vecino para que se note quien se acuerda más del dolor ajeno..
.. y, mientras tanto, la vida, aquí dentro, tras el cristal que nos aisla...
En los últimos días han surgido una serie de cuestiones en el terreno de la política autonómica (Cataluña) y nacional (Comisión de Investigación del 11-M) que no deberíamos pasar por alto, porque son un reflejo de las maneras que se gasta nuestra clase política y de lo que se oculta entre bastidores. La política, según algunos, es el arte de lo posible (Cánovas del Castillo), pero no el arte del engaño (vox populi).
Sea en verdad un 3% lo que se llevan de comisión algunos políticos con responsabilidades de gobierno ahora y/o antes por la adjudicación de obras públicas en la comunidad catalana (¿acaso en otras comunidades no?), las palabras de Margall, se disculpe o no, no pueden pasarse por alto. Y una rectificación, por muy seria y formal que se quiera que se haga, no puede servir para tapar semejante escándalo. Y no se puede supeditar el apoyo a una cuestión tan trascendental como la reforma del estatuto o cualquier otra ley, a que se rectifiquen unas acusaciones. No, no se puede admitir por la sencilla razón de que eso implicaría quedar en evidencia el chalaneo endogámico de la clase política de este país, su total autismo frente a la realidad cotidiana de los ciudadanos de a pie, además de ser un claro ejemplo de corrupción.
En otro orden de cosas, el que el PP no se canse de jugar a no hablarse con nadie que le lleve la contraria empieza a resultar cansino. El deber del principal partido de la oposición es concurrir con ideas, proyectos, alternativas, enmiendas, críticas a la política diaria, para aportar soluciones. no para crear problemas. El juego democrático exige que se cumplan las reglas y se juegue, pero cuando un jugador, en mitad de la partida se niega a jugar sin más, el juego corre el peligro de irse al garete. Y es que eso es lo que están haciendo con sus tácticas pueriles de negar lo evidente, ante las conclusiones de la Comisión de Investigación, ante las reuniones preparatorias de las diferentes reformas constitucionales, en el necesario diálogo sobre política exterior, sobre educación, sobre terrorismo, etc.
Por último, más que nada por quedarme a gusto, alguien debería decirle a nuestros líderes políticos europeos, que de tanto agacharse y hacer genuflexiones ante el emperador, corren el peligro de caer en el ridículo, y que ya solo les faltaría vestir de librea para recibir a su señor a la escalerilla de su carruaje.
PD: ¿para cuándo un reportaje en Informe Semanal sobre el extraño problema comunicacional que afecta a los presidentes españoles en el extranjero cuando pretenden hablar en el idioma de sus anfitriones?
Según noticia aparecida en los medios en el día de ayer, la comarca del Valle de Arán pide un "pacto de libre unión con Cataluña". Le asisten las mismas supuestas razones que esgrimen otros en casos parecidos: que tienen una lengua y cultura propias, un pasado de libertades y autogobierno propio, unas singularidades especiales, etc, etc, etc.
Piden además, que les den permiso para crear tres federaciones deportivas propias (esquí, caza y pesca). Da la casualidad (siempre ocurre lo mismo) que los araneses son los habitantes de la comarca de mayor nivel de renta de toda Cataluña. Estos seis mil individuos (que no son más) se remontan al siglo XII para recordar que en ese momento decidieron libremente unirse a la corona de Aragón y por eso ahora piden hacer lo propio pero en sentido ¿contrario?
Y es que a Ibarretxe le están saliendo hijos por todas partes. ¿Será un virus contagioso o es que se nos ha ido la cabeza a todos en este país? ¿Será que siempre hemos de ir en contra del futuro o es que se están poniendo de moda, además de los ayatollah de todo signo, los nuevos señores feudales?
Puestos así: ¡¡¡¡Viva mi aldea y el portal de mi casa!!!!!!!!!
Cualquier ingeniero de caminos, cualquier arquitecto, cualquier jefe de obra, sabe lo que pasa con el cemento. El cemento es moneda de cambio y trueque. En este país (supongo que no es el único) las empresas constructoras a las que se adjudican unas obras públicas o privadas y que contratan y subcontratan los servicios de otras empresas, escatiman el cemento hasta límites rayanos con la temeridad. Puentes que sobrevuelan autovías, torretas eléctricas, edificios enteros, túneles, plataformas de hormigón, ninguna de estas obras tiene la mezcla y proporción adecuada de cemento. Ese material se ha ido diluyendo por el camino de las hormigoneras, los despachos, los sobres bajo cuerda y los pagos extra para ir tapando bocas o llenando bolsillos. Así se consiguen muchas licencias y permisos, se aceleran trámites, se impiden inspecciones o se ocultan chanchullos.
Y eso lo sabe cualquier político que haya tenido responsabilidades en las áreas de obras públicas, urbanismo, vivienda o infraestructuras viarias en este país, en cualquier escalón de la administración.
Y eso lo saben los ingenieros responsables de los túneles del Metro en el barrio del Carmel y los políticos municipales y autonómicos del lugar.
Y es que eso lo sabe hasta el último peón de la obra.
¿Cuándo empezarán a asumir responsabilidades tanto unos como otros?
¿O tendrán que ser los jueces quienes metan mano en el asunto?
Ya veréis dónde llega el hilo. Si es que van a tener razón quienes piensan que aquí hay más de uno con la cara más dura que ese cemento que falta.
Se calcula que actualmente hay unos 300.000 niños combatiendo en diferentes conflictos bélicos en el mundo. La mayoría de ellos son menores arrancados de sus familias o secuestrados, o huérfanos, que son adiestrados para las mayores crueldades desde los cuatro o cinco años. Se les maltrata y tortura para que aprendan a odiar y no temer al dolor ni a la muerte. A las chicas se las viola y se las esclaviza sexualmente en beneficio de sus mandos militares y adiestradores. Todos llevan a sus espaldas un gran fardo de humillaciones y en las manos una metralleta o un fusil automático. La mayoría de ellos han perdido cualquier rasgo mínimamente humano y en su alma sólo existe el odio y el miedo, como en un perro de presa.
Con 14 años muchos ya no recuerdan el número de asesinatos que han cometido ni las veces que han abusado de ellos sus propios compañeros. Desconocen lo que es vivir en una familia, tener amigos, jugar o ir a la escuela. Solo han conocido la violencia y la calle. Fuman compulsivamente y muchos toman drogas o alcohol para sobrellevar su terrible existencia. Para matar no necesitan ni mucha fuerza ni mucha estatura: basta con saber apretar el gatillo de un AK-47 que muchas veces les sobrepasa en altura. Un solo dedo les da poder sobre cualquier persona que tengan enfrente, pues con ese solo dedo aprietan el gatillo que les volará la tapa de los sesos o le perdonarán la vida.
Algunos optan por suicidarse. Otros llevan como pueden las heridas que saben no se curarán nunca. Sus almas llevan cicatrices con todos los abusos y humillaciones que han sufrido y que han cometido. Demasiado para unos seres tan jóvenes y tan viejos al mismo tiempo.
Perdieron su infancia y su dignidad, perdieron el sueño y solo aprendieron a odiar. ¿Quién juzgará a sus creadores?
Hoy, en vez de recordar el pasado, que ya lo han hecho otros, vamos a intentar hacer algo para "recordar" el presente. El tema del racismo y sus secuelas: la xenofobia, la intolerancia, la discriminación, la violencia contra las minorías, ejercida por grupos que se consideran herederos de aquellos que perpetraron el mayor genocidio de la Historia sigue, por desgracia, estando a la orden del día. Por ello reproduzco este texto del Colectivo No Violencia y Educación:
¡EH, AMIGO! TÚ LEER AQUÍ!
(Carta a un "cabeza rapada")(1)
Querido cabeza rapada:
Yo escribirte con palabras fáciles, para que tu poder comprender. Yo leer en periódico que tú ser "bestia", pero yo no creer. Yo creer que tu ser ignorante e ignorancia ser grande problema, también para mí. Porque ignorante ser persona débil y persona débil tener miedo y el que tener miedo ser persona que hacerse agresiva y hacer "bonk" con bastón sobre cabeza de pobre hombre.
Yo querer decir esto: si tú pegar a un hombre pobre, tú no demostrar tu fuerza, tú demostrar tu debilidad y estupidez, porque su cabeza rota no resolver tu problema.
Tu problema ser que tú vivir en suburbio de mierda, sin trabajo o con trabajo de mierda. Tu problema ser que tú ser última rueda del carro y por eso tú querer volverte fuerte y tú tener razón pero nadie se vuelve fuerte pegando (cuarenta contra dos) a dos personas débiles. Si tú querer ser fuerte, tú deber rebelarte a tu debilidad, tú deber pensar. En tu cráneo afeitado haber cerebro. Tu cerebro necesita alimento, como tu estómago. Tú entonces intentar "hablar", "leer", y preguntarte por qué tú vivir vida de mierda. Esto es cultura y cultura ser fuerza para mejorar a las personas.
Yo saber que leer es muy cansado, pensar ser aún más cansado, mucho más cansado que gritar "negro de mierda" o "sucio judío". Gritar gilipolleces ser muy fácil. Todos ser capaces de insultar y odiar.
A mí no me importa nada si tú afeitar tu cráneo o llevar botas militares; por mí tú poder ponerte alcachofa de sombrero y tatuar tus nalgas. A mí importar que tú respetar a ti mismo, tu cerebro y tu dignidad. Así tal vez tú aprender también a respetar a otras personas.
Si tú gritar "sucio judío", tú debes saber por lo menos qué es ser judío. Y si tú saber qué ser judío, tú probar a preguntarte qué tal si quemasen en hornos a tu madre, tu padre, tus hermanos, tus amigos, a ti mismo. Si tú empezar a hacer preguntas, tu empezar a vencer, preguntas ser como llave de coche: basta una para encender el motor y llegar lejos.
Yo, muy preocupado por ti (y también por las cabezas de los que quieres pegar). Yo preocupado porque el poder, cuando ver personas ignorantes, hace dos cosas: meterte en la cárcel (y cárcel ser como un inmenso "bonk" sobre tu cabeza). O bien servirse de ti como esclavo, mandarte a pegar, torturar y quemar a otros, mientras él vive en buena casa, con buen coche y con buena tía. ¿tú querer ser libre? Mantiene tu cráneo afeitado pero aprende a amar a tu cerebro. La fuerza y el poder habitar ahí: dentro del coco, no sobre el coco. Ciao.
Y tampoco conviene olvidar cómo pueden ocurrir Abu Graib, Guantánamo, los campos de refugiados palestinos, sudaneses, ruandeses..... no sea que encontremos más de un Auschwitz al lado de nuestra casa.
Me había prometido a mi mismo que no iba a hacer ningún escrito sobre el Plan Ibarretxe. Ya sabéis los que me leeis desde hace tiempo que siento una animadversión visceral y racional hacia cualquier tipo de nacionalismo, por ser todos ellos anacrónicos, étnicos, aldeanos, religiosos confesionales y, fundamentalmente, egoístas. Sin embargo, me vais a permitir que en vez de hacer una larga reflexión de carácter político, me limite a hacer una analogía de anadar por casa. A veces estas "complejas" cosas que preocupan tanto a los políticos (y que en tan poco benefician a los ciudadanos) se entienden mejor cuando se explican con el lenguaje cotidiano de la calle.
Desde mi punto de vista, el "joven treintañero" Ibarretxe, tras una larga reflexión en la barra de la discoteca donde alterna con sus amigos (el abuelo Arzalluz, el tío Egibar, el colega de la "facu" Imaz y la pandi del barrio de siempre) ha llegado al convencimiento que no puede estar más tiempo en casa de sus papás y se va a ir a un piso de soltero, donde tendrá más libertad de entrada y salida, sin dar explicaciones a nadie, y podrá traer chicas sin problemas y con más intimidad.
Pero ha pensado, mira qué buen chico, que para que sus padres no se disgusten y le echen mucho de menos, va a ir a su casa a comer los domingos. De paso le dejará a su madre la ropa sucia de la semana para que se la lave (que es que la pobre si no se siente un ser inútil), se llevará unos "tapper" con comida congelada para toda la semana (si es que como cocina la madre no hay nada) y les pedirá el dinero del alquiler de su piso cuando no le llegue.
Y así todos contentos. Tanto revuelo para una cosa tan natural.... Pobres ingenuos!!!
NOTA: por fin vuelvo a poder entrar en casa (zonalibre)!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
La declaración de la representante de la Asociación de Apoyo a las Víctimas del 11-M ante la Comisión parlamentaria ha dejado hoy a nuestra clase política sumida en la más absoluta vergüenza y tristeza. Mientras Pilar Manjón hacía su declaración en nombre de todas las víctimas y sus familiares, su mirada se ha paseado lentamente sobre la sala, posándose inquisitiva sobre todos y cada uno de los allí presentes.
Las caras de sus señorías iban desde la dureza autista de Zaplana, hasta casi las lágrimas de Llamazares. Todos han terminado pidiendo disculpas, lo que no deja de ser asombroso en un político español. Todos se han comprometido a valorar estas declaraciones de cara a la elaboración de las conclusiones de los trabajos de dicha Comisión. El presidente del Gobierno ha reaccionado ordenando la creación de un Alto Comisionado para coordinar todo lo referente al tema de las ayudas a las víctimas del terrorismo.
Sus señorías se han ido a casa con dolor de conciencia, porque alguien cualquiera (una simple ciudadana) les ha recordado con sentidas palabras que ellos son sus representantes por algo y para algo; sobre todo para algo más que para jugar a las peleas, ir de chuletas valentones o para negar la realidad. Les ha dado una bofetada de realidad y a algunos les habrá sentado tan mal que no tardarán en aparecer ante las cámaras declarando que dicha señora (Pilar Manjón) se ha dejado llevar por su condición de madre que ha perdido a un hijo, que si ha favorecido a unos u a otros y, todos sin excepción, pensarán que, en el fondo les ha dado la razón a ellos.
Alentador el ejemplo dado hoy por la representante de la asociación de apoyo a las víctimas y bochornoso el lugar en el que han quedado retratados nuestros políticos.
Decía Rubén Blades que "el poder no corrompe; desenmascara. No sabes quién es quién hasta que tiene poder". Y es que algo así ha debido de pasarnos a los ciudadanos de este país con el señor Aznar: entró en la Moncloa casi de puntillas, con humildad y una cierta aureola de desapego al cargo (recordad lo de no más de ocho años en el poder) que luego se ha convertido en una fuerte dosis de soberbia y de mala leche.
Mañana tendrá, de nuevo, su momento ante las cámaras y micrófonos (no sabemos si nos hablará con acento tejano y en inglés o si tendrá a bien rebajarse a trasladar a los que han sido sus conciudadanos hasta hace poco unas palabras al castellano y con acento de Valladolid). Seguramente aprovechará la ocasión para repetir las que son sus tesis desde un principio y que con obstinación el PP se ha encargado de repetir hasta la saciedad, a saber, que el terrorismo internacional estaba peor cuando él gobernaba, que las elecciones fueron un robo y que ETA está detrás de todo este asunto. De paso, trufará estas declaraciones con exculpaciones a sus queridos Acebes, Rajoy Y Zaplana, se acordará de su amiguito George y provocará más tensión en la vida pública metiendo el aguijón contra el Ministro Moratinos.
Esa es su salsa y es lo único que ha sabido hacer a la perfección en los últimos años, cual mosca cojonera: picar, molestar, enfadar, insultar, presionar, esclerotizar el diálogo político hasta una situación digna de la extrema unción. Y todo ello sin la menor gracia.
El poder no sólo corrompe, sino que desenmascara y hace aparecer ante los ojos atónitos de los ciudadanos a seres como éste, que bajo su máscara de joven aprendiz de Chaplin, esconde a un ingenuo personaje que se había creído gran estadista mundial solo por haber puesto los pies sobre la mesa del despacho de otro idiota.
Ahora está enfadado y se le nota: todos en su partido le quieren ocultar para sobrevivir y tener alguna opción en las próximas elecciones; pero es que el país entero le ha despedido con una indiferente vuelta de espaldas cuando él siente merecerse, al menos, un hueco en el Valle de los Caídos.
El miedo siempre juega malas pasadas porque es dificil de dominar, ya se trate del miedo propio como del miedo ajeno. Bush nos promete un mundo más seguro pero los periódicos traen cada día titulares más grandes sobre el horror terrorista.
Aznar dice que para luchar contra el terrorismo se necesitan hombres fuertes, - ¿como él?- y lo dice en Israel, en la antesala donde lo recibía Sharon el Asesino, ese gran hombre fuerte de Israel.
En nuestro país mucha gente sabe lo que es vivir con el miedo, pillados entre dos frentes: miedo a los terroristas mafiosos de ETA que te matan, te secuestran o te queman el local de tu negocio si no pagas su "protección", y el miedo a ser condenados por la Justicia por ser considerados colaboradores de banda armada, que es lo que les puede pasar a los cocineros vascos de los que tanto se habla en estos días. Se habla porque son noticia y porque son famosos, porque miles de pequeños negocios llevan años pagando el impuesto revolucionario y nadie se ha preocupado por ellos. No me uno a las voces que critican lo que han hecho estos cocineros; creo que el miedo tiene unos brazos muy grandes y amplios, y casi nunca caduca. Entre la indefensión y el miedo de unos y la creación de horror de otros hay un abismo moral.
Ahora resulta que los terroristas islámicos que habitan entre nosotros se disponían a atacar las Torres Picasso, el Bernabeu o las estaciones de Atocha o Príncipe Pío. Su objetivo es matar mucha gente de un sólo golpe y causar mucho miedo para que no podamos sentirnos seguros en ningún momento.
Su política, la misma de Bush, está consiguiendo buenos resultados: los estadounidenses votan hoy en unas elecciones muy reñidas que deberían haber sido un paseo para el rival de Bush el Menor, pero está resultando que el ganador va a ser el miedo. Unos y otros están consiguiendo sus objetivos porque están haciendo del mundo un planeta a su medida: te mato y te quito el petroleo; te mato y te vendo las armas; te mato y me gano el paraíso. Tu ni siquiera puedes elegir quien quieres que te mate.
La lucha contra el terrorismo internacional se debería parecer a la lucha contra los incendios: habría que empezar con una buena política preventiva, creando cortafuegos, limpiando de matorral y monte bajo, clareando los bosques, estableciendo leyes contra el comercio de la madera quemada, etc. Lo que nunca hay que hacer es encargar el trabajo de bombero a un pirómano incendiario. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en la situación actual: Bush, Blair, Sharon (y, hasta hace poco, Aznar), es decir los que iniciaron el fuego, son ahora los encargados de apagarlo.
A ellos se debe la proeza de haber convertido al fundamentalismo islámico (antes minoritario y residual) en un peligro a escala mundial. Hace unos meses, Sami Nair se hacía la siguiente pregunta: “¿Cómo luchar contra la ceguera de quienes nos gobiernan y nos han encerrado en este círculo mortal?”. Los españoles ya hemos dado un primer paso, quitando las cerillas a Aznar. Ahora les toca el turno a los estadounidenses.
Pero, con ser importante, este primer paso no es suficiente. La verdadera guerra contra el terrorismo se libra en los lugares de los que saca sus fuerzas: el sistema financiero internacional, los circuitos oscuros del dinero, las bodegas malolientes de la globalización liberal.
Richard Labéviène ha publicado recientemente un libro, La Trastienda del Terror (Dollars for terror es el título de la versión en inglés de un trabajo anterior) , donde analiza las redes de financiación de Al Qaeda, situando en Suiza el paraíso financiero de estos grupos en Europa. Las conexiones entre Bin Laden, la oligarquía saudí y toda una nebulosa de organizaciones y líderes en Irak (sunies y chiíes), los Hermanos Musulmanes egipcios, los salafistas marroquíes, el wahabismo saudí multiplicado por las miles de mezquitas dispersas por el mundo y subvencionadas por esta corriente islámica, tienen sus bases de financiación depositadas en Luxemburgo, Suiza, Londres y los denominados paraísos fiscales. Sin embargo, ninguno de estos gobernantes parece dispuesto a cortar el chorro del dinero a estos grupos: desde el 11-S apenas se han bloqueado 100 millones de dólares de estas redes terroristas, una propina comparado con el dinero que mueven estas organizaciones al cabo de un año.
Habrá que preguntarse por qué no están interesados los gobiernos en controlar ese dinero, quiénes se están beneficiando de estos flujos financieros de dinero negro, qué intereses directos e indirectos tienen las grandes corporaciones financieras, militares, mediáticas, para ocultar y no investigar estas cuestiones. Y, sobre todo, quién financia las campañas políticas.
Hay políticos de la excepcionalidad y políticos de la normalidad. Los primeros basan su actuación en acciones imprevisibles porque trabajan en el camino de lo excepcional. Los segundos se dedican a trabajar sobre los hechos normales, las políticas cotidianas de resolver los problemas reales de los ciudadanos. Mientras estos buscan, mejor o peor, soluciones a los problemas reales, los otros no solo no solucionan los problemas reales, sino que añaden nuevos problemas a la lista.
Hay una política de la normalidad que es la que no aparece en las fotos oficiales, en las inauguraciones y exposiciones mastodónticas o en las primeras páginas de los periódicos. Es la política del trabajo continuo y sencillo, bajo el adecuado asesoramiento de técnicos y expertos, bajo el control democrático del resto de partidos en la oposición y, a veces, hasta con su apoyo; lejos de las continuas querellas partidistas y el navajeo barriobajero de los despachos y pasillos.
Es una política más preocupada por dialogar, preguntar, escuchar, que por ordenar, no dudar e imponer. Es una política que no insulta a los ciudadanos ni a su inteligencia, aunque no se esté de acuerdo con las medidas adoptadas. Es la política que trata sobre lo importante para el ciudadano de la calle, no sobre lo importante para los profesionales de la política. Tarda en calar y salir a la luz, pero cuando lo hace, permite admirar a grandes alcaldes, a grandes ministros o grandes presidentes que hasta entonces habían pasado, quizás, desapercibidos.
Se trata, en fin, de la política aplicada a trabajar brillantemente sobre los hechos normales, de la política que se esfuerza por ver la realidad, la de verdad, para transformarla y mejorarla. No se trata, pues, de la política ensimismada, solo preocupada por ocultar la realidad tras un velo espeso de mentiras y manipulaciones. La catadura moral de los políticos se juega en estas lides y es el tiempo quien pone a cada uno en su sitio. El verdadero progresismo es el que se empeña en desarrollar la política de los ciudadanos y dedica sus esfuerzos a transformar la realidad para mejorarla. La ocultación y la mentira son conservadoras por definición.
Personalmente, entre un político dedicado a crear o inventar lo excepcional y otro empeñado en transformar la normalidad, me quedo con el segundo.
Los titulares de muchos periódicos se hacen hoy eco de las declaraciones de nada menos que la vicepresidenta de la Comisión europea, la española Loyola de Palacio, a raiz del accidente sufrido por el dictador Castro. Dice así: "Espero que algún día Castro se muera, y espero verlo".
Da la casualidad, que dicha señora que ocupa un alto cargo en la UE (razón por la cual ya debería medir sus palabras), se declara católica y del Opus. Yo me pregunto de qué material está hecha esta señora, que ha ocupado carteras ministeriales en nuestro país y ahora ostenta el cargo de vicepresidenta de la Comisión, para desear la muerte de otro ser humano, por muy adversario político que sea, por muy lejana que se encuentre en su ideología de los planteamientos de señor Fidel Castro. ¿Qué clase de cociencia moral y política le guía?
Con estos comisarios (añadan el caso Buttiglione) apañada va la UE. Claro que , como se suele decir, de tal palo (Aznar, Berlusconi) tal astilla (Loyola, Butiglione). No entienden la política más que como una confrontación a muerte, en vez de como diálogo y construcción común.
Vuelvo a la carga, no sé si con más fuerza, pero sí con muchas ganas. Durante estos días de ausencia, echando un vistazo a los periódicos (uno no ha tenido mejor cosa que hacer, ya véis), se me han ido revolviendo las tripas con una serie de noticias sobre diferentes actuaciones, actitudes y estrategias del PP.
Así, mientras su presidente sigue soltando "aznaridos" empecinado en que ellos (EL) tienen razón, a mí se me viene a la memoria la época en que (hace 50 años lo menos) Antonio Tovar, jefe de Falange Española, proclamaba en sus mítines que "ellos tenían razón y el país estaba obligado a reconocerlo". Pero no para ahí la cosa. En un supuesto Congreso donde se esperaba supuestamente una supuesta renovación, uno, al escuchar los discursos entiende que estos no se renuevan por dentro ni tomando Actimel con bifidus activo y L-casei inmunitas. Están en el pasado, en la guerra, en las armas de destrucción masiva y la guerra preventiva. De ahí no piensan moverse y así les va.
Claro, no es de extrañar que por todas partes (Galicia, Madrid, Cataluña, Extremadura...) surjan voces dispares, disonantes, algunas almibaradas de sana autocrítica, otras reclamando simplemente lo prometido. El poder territorial anda en juego y las navajas se afilan en las esquinas. El PP es un partido de clientelismo: caciques locales que venden sus apoyos a cambio de prebendas para sí y los suyos. Que pregunten si no en el PP gallego, donde no hay familiar de cargo político que no haya obtenido un buen puesto en la administración. La sombra de Fraga es alargada aunque se empiece a inclinar.
A este paso no les van a dejar entrar ni en Cuba.