Febrero 28, 2008

Grandes fortunas

Los pobres ricos viven sin vivir en ellos. A los pobres ricos alemanes, franceses, británicos, españoles, no les llega la camisa al cuello. Algún malintencionado muerto de envidia ha filtrado unos datos donde aparecen los nombres y los números de cuentas en bancos ubicados en sitios paradisiacos de cientos de sufridos hombres de empresa (tanto de las privadas como de las públicas, que ya nadie es capaz de diferenciarlas) y Hacienda no va a tener otro remedio que dejar de mirar para otro lado y empezar a investigarlos. Vamos, nada nuevo para los que tenemos que ir tirando con el sueldo de cada mes y gracias.
Que las grandes fortunas de cada país sacan a veranear sus dineros por islas y paraisos varios no es una novedad. Que 8 de cada 10 grandes empresarios en España defraudan a Hacienda y tienen unos magníficos equipos de ingenieros financieros (ahora se llama así al noble arte de trincar y engañar al Estado) y despachos de abogados (los que conocen la ley) para lavarles el dinero y darle un par de centrifugados si hace falta, tampoco. No es que lo diga yo, lo dice Hacienda. Que las cárceles del mundo están llenas de personas que han hurtado y robado por valor de menos de 100 € (casi 150 $) pero que allí no encontraremos a nadie que haya robado miles de millones, tampoco extraña a nadie. Los grandes banqueros y empresarios se codean con los grandes narcos en sus selectos clubes naúticos y en las salas de espera de sus abogados de cabecera. De eso viven países-cuevas con el consentimiento y aquiescencia de todos los poderes mundiales. Sin duda les interesa mantener esa situación. ¿De qué si no iban a vivir las grandes galerías de arte, las empresas inmobiliarias, los notarios, los abogados, los brokers y los gurús de las finanzas?
Yo me conformaría solo con que publicaran esas listas de nombres y el montante que cada uno de ellos lava o defrauda. Me encantaría por ver la cara que se les quedaba sabiendo que lo suyo es cosa pública y notoria, sobre todo porque son gente de alta alcurnia, buen apellido y notables y meritorios valores patrios a los que no siempre es fácil verlos con el culo al aire salvo en sus yates de lujo. A más de uno se le iba a atragantar el caviar.

Escrito por odyseo a las 12:58 PM | Comentarios (6) | TrackBack

Enero 30, 2008

Sexo y codicia

Según los últimos informes sobre el tema, la sexualidad de nuestros adolescentes va camino de convertirse en una nueva disciplina olímpica. Resulta que van al grano antes de haber ni siquiera desenvuelto el paquete. Resulta que de nuevo se empiezan a poner de moda las iniciaciones en casas de mal vivir y que algunos tras dejar a la novia en su casa se van con sus amigos de putas porque les resulta más excitante y divertido. Nuestros adolescentes, y no tan adolescentes, solo han recibido información sexual a través de revistas, películas porno y comentarios entre los colegas. Para ellos las relaciones sexuales son algo puramente genital, absolutamente exentas de un componente moral o, tan siquiera, sanitario. Es decir, nuestros adolescentes se han librado de la pesada carga religiosa y moral que hemos sufrido los demás, pero en ese camino han perdido también el componente afectivo de la sexualidad. Piensan que el sexo es solo una cuestión muscular, física, de mete y saca, una especie de desahogo corporal que se puede practicar con cualquiera, en cualquier momento y lugar, incluso en pleno botellón entre cubata y cubata. Luego adornan sus relaciones con la aureola de la leyenda fantástica o el drama sangriento: ellas agarran al chico deseado por el polvo y ellos usan a las chicas deseadas por la piedra. Han perdido el erotismo y se han quedado en la genitalidad. Los aventurados, lo mismo se lanzan por un puente agarrados por una goma que mantienen relaciones con cualquiera sin esa goma. Sexo como riesgo, sexo como competición sumativa de velocidad más que de resistencia. Algunos, para dar la talla, tras varios cubatas y pastillas diversas, necesitan de la pastillita azul para lograr una erección. No es que la cosa sea muy diferente entre los mayores, pero al menos ellos tienen la excusa de la edad. El sexo es la nueva mercancía y nos lo venden en bruto y sin envolver, de saldo y sin posibilidad de devolución.
Lo mismo da con dos que con cuatro, mañana no recordarán ni su nombre. Lo mismo da si son de este o de aquel palo mientras se muevan. Desprovistos del armazón sentimental, su cuerpo queda a la intemperie de las hormonas y la fisiología.
Lo que mueve al mundo ya no es el sexo, sino la codicia. Y eso sí que es pornográfico y obsceno.

Escrito por odyseo a las 12:14 PM | Comentarios (7) | TrackBack

Enero 13, 2008

Intelectuales ausentes

En cualquier época y lugar, las élites intelectuales han jugado un papel primordial, no solo en el campo científico, filosófico, artístico o literario del que fueran especialistas, sino en el terreno más común, pero no menos importante, de la política. Un intelectual, no solo tiene el deber de desarrollar el saber del que tiene conocimientos, sino que tiene la obligación de servir de conciencia crítica del mundo que le ha tocado vivir. Por eso, lo primero que tenemos que preguntarnos sobre la intelectualidad de nuestra época es sobre su paradero. ¿Dónde están los intelectuales en este país, o en Europa, o en el llamado mundo occidental desarrollado? Porque yo aquí solo oigo a unos obispos carcomidos y y unos tertulianos paniguados que mal saben de lo que hablan.
El intelectual de hoy vive cerca del pesebre que la Administración le cede y de los espectáculos mediáticos con los que aumenta el precio de su obra. Y como se debe a sus dueños, el intelectual de hoy calla más que habla y no tiene opinión conocida sobre los grandes dilemas de nuestro destino inmediato o de nuestro presente más real y trágico.
No es que haya muchos, y los que hay no es que sean muy buenos, salvo muy honradas y magníficas excepciones. Eso también es fruto de un sistema educativo burocratizado y corporativizado, además del control ejercido por los medios para solo abrir el grifo a determinados conocimientos.
Como dice Eduardo Subirats, el intelectual de hoy se ha transformado en un "performer del espectáculo y clérigo profesional de la maquinaria y los usos de la Administración estatal". Y como buenos clérigos, administradores de una verdad oficial única, ellos se encargan de plantear convenientes preguntas y sus respuestas y evitarnos así el triste (pero productivo) deber de producirlas nosotros; y además se han encargado de perseguir y acallar a los otros todos que no comparten su particular visión del espectáculo. La maquinaria educativa ha disgregado los saberes, la gran industria controla las agencias de investigación y sus medios de publicación. El intelectual se sustituye por el experto, menos peligroso y con gran capacidad acomodaticia: el experto y sus técnicas nunca son responsables sociales de nada. Ellos solo son responsables de la rentabilidad. La cultura pasa a ser mera mercancía, muchas veces hasta simulada.
Por eso cada día es más necesaria una nueva élite cultural, científica, artística y política, que destruya todo este falso sistema de conocimiento postmodernista y nos devuelva la conciencia crítica para cambiar el mundo.

Escrito por odyseo a las 09:36 PM | Comentarios (6) | TrackBack

Agosto 24, 2007

Violencias

Uno abre los periódicos o enciende el televisor e inevitablemente se encuentra con mil sucesos y escenas a cuál más violentas. No hay telediario que no se abra con la noticia de un nuevo atentado en Irak o en Durango (qué más da), una violación o el asesinato de un menor o de una mujer, la guerra aquí o allá, el secuestro de alguna persona, el apaleamiento de algún desgraciado que pasaba por mal sitio en el momento más inoportuno, la pelea entre bandas o el insulto entre rivales. Salimos a la calle y la cosa no es mucho mejor: uno le pega un bocinazo a otro y le gesticula de modo nada elegante, una moto te atraviesa el tímpano mientras el adolescente que lleva encima se juega la vida en el cruce siguiente o el descerebrado del coche recién tuneado te machaca con el petardeo que lleva como música. La violencia está por todas partes y tiene mil caras. Las más simples son las que acabo de describir sin entrar en mucho detalle.
Las más terribles son mucho más sutiles porque pasan casi desapercibidas o son tan maquiavélicas que son asumidas o aceptadas por la mayoría. Me refiero, por ejemplo, a la violencia estructural que ejerce el primer mundo sobre el resto del planeta al despilfarrar los recursos de todos como si fueran sus legítimos dueños; me refiero a la violencia de los dirigentes políticos que someten a sus votantes a un "trágate esto y más" día sí y día también con la excusa de los votos recibidos en las últimas elecciones; me refiero a la violencia de los mandamases de las grandes y medianas y pequeñas empresas que someten a sus empleados a mil y un abusos con la sencilla pero efectiva amenaza del despido; me refiero a la violencia de los bancos sobre sus clientes, las mafias de la construcción que chantajean a unos y compran a otros, para engañar a todos; la violencia del que sabe sobre el que no sabe o no sabe tanto; la violencia del joven sobre el viejo; la violencia del rico sobre el pobre, la violencia del líder religioso sobre su engañado rebaño, la violencia del fuerte sobre el débil...
Sólo la naturaleza no es violenta y cuando le aplicamos a sus "actos" (más bien sucesos) este calificativo lo hacemos más por asimilación que por corrección: un león que ataca y se come a una gacela no es violento; un huracán o un terremoto no son fenómenos que reflejen la violencia de la naturaleza, sino sólo su fuerza y los mecanismos de su funcionamiento. Otra cosa es que no nos gusten o nos causen serios trastornos. Un indio yanomani que caza entre los árboles no es violento. Sólo el llamado hombre civilizado puede ser violento, porque precisamente él es el único que puede decidir no serlo. Y él es el único que puede condenar la violencia, trabajar por la paz y luchar por valores como la tolerancia, el respeto, la igualdad, la justicia, que son incompatibles con la violencia en cualquiera de sus formas. Y eso, le guste a algunos o no, hay que enseñarlo desde pequeños y extenderlo con el ejemplo, del que tan faltos están precisamente los que más deberían darlo.

Escrito por odyseo a las 07:56 PM | Comentarios (14) | TrackBack

Mayo 11, 2007

El opio del pueblo

Decía Marx que la religión era el opio del pueblo, pero el opio no es la droga de moda en estos tiempos. Ahora se llevan más las drogas de diseño y los polvos blancos. Y es que ya se sabe que en el mundo empresarial, tan competitivo, sobre todo a nivel de los consejos de administración y los altos ejecutivos, la tensión es muy grande y no acaba nunca. La libre competencia le está sentando mal a algunas empresas y no digamos la globalización. Sin ir más lejos, la Iglesia Católica se ha visto obligada a mandar a su presidente a Brasil porque según los últimos informes bursátiles, las acciones católicas allí están yendo a la baja de forma imparable. La culpa por lo visto es de ciertos advenedizos pentecostalianos o evangelistas que con canciones y musiquilla le están quitando clientela a la vieja y elegante empresa romana.
El negocio de la salvación (o condenación) está en plena efervescencia. Antes para ir al cielo bastaba con cumplir los mandamientos y aguantar el sermón semanal de un clérigo cuyos ojos veían pecado por practicamente cualquier rincón del corazón humano. Hoy, por ejemplo para algunos musulmanes, no basta con seguir los preceptos de Mahoma, sino que si tienen prisa por llegar al cielo, se tienen que atar dinamita a la barriga para hacer saltar por los aires a los usuarios de cualquier transporte público. Previamente han recibido alentadoras palabras de ánimo por parte del imán de su mezquita que con todos sus años de vida aun no ha sentido la prisa por seguir semejante camino. Los católicos tienen que soportar a diario a algún cura pestilente y afeminado que ha hecho el milagro de la conversión del amor en solo sexo. No, el amor ya no existe ni en su vocabulario y sus mentes solo están preparadas para el sexo. El negocio es el negocio y a la clientela o la convences o la acojonas, pero aquí no se permite que se escape nadie. Por todos lados del ancho pasillo de las religiones que se autodenominan cristianas (sean protestantes o sumisas), se impone la moda de la música pachanguera, los gritos alucinados y la repetición convulsiva de consignas tipo Dios me ama. No te arreglan nada pero te dan vidilla y sale uno de estas sesiones, a mitad de camino entre una sesión de aerobic y un ritual de magia negra, con el corazón henchido de alegría y felicidad, como cuando te fumas tres porros seguidos. Está claro que el opio ya no se lleva, pero los camellos del cielo y la salvación siguen repartiendo mercancía barata en la puerta de los templos. Lástima que nadie se atreva a coger el látigo para echarlos a todos.

Escrito por odyseo a las 07:33 PM | Comentarios (17) | TrackBack

Mayo 05, 2007

Confianza

Se tiene la sensación (de manera creciente conforme pasan los años) de que la gente es cada día más desconfiada y de que vivimos en un mundo cada vez más áspero e inquietante, sin embargo, no somos conscientes de la cantidad de confianza que destinamos cada día a las personas de nuestro alrededor y que gastamos con mayor alegría de la que en principio se puediera pensar.
Desde que nos levantamos no hacemos otra cosa que confiar en los demás: confiamos que no nos envenenaran en los bares o restaurantes unos cocineros resentidos o unos camareros a los que se les puede haber ido la cabeza; confiamos en todos y cada uno de los conductores que nos vamos cruzando en calles y carreteras y confiamos en que no les va a dar por hacer un giro brusco cuando pasan a nuestra altura para empotrar su vehiculo contra el nuestro; confiamos que la viejita que vive en el piso de abajo no se va a despistar dejando el gas abierto; confiamos en que la receta del médico es la correcta, confiamos en el cirujano que nos abre en canal y suponemos que ese día no viene bebido y que ha descansado ocho horas al menos; confiamos en el dentista y su costumbre de lavarse las manos, en que el mecánico no se olvidó de apretar bien todas las tuercas, en el carnicero que nos despacha siempre carne de animales que han sido controlados y reconocidos; confiamos en el policía que no va a liarse a tiros con su pistola, en la chica de la guardería donde dejamos a nuestros hijos, en el que nos paga con un cheque, en el cajero del banco donde ingresamos nuestros ahorros; confiamos en que ese que viene por la misma acera a altas horas de la noche es otro como nosotros que va camino de su casa y que no va a sacarnos una navaja, confiamos en el conductor del autobus o del metro, en el piloto del avión y hasta confiamos en que su mujer no le ha echado algún veneno en el café del desayuno presa de los celos y que éste no le hará efecto justo a los diez minutos del despegue; confiamos en los perros, sobre todo si llevan collar y dueño, confiamos en todos nuestros órganos internos y estamos convencidos de que cada uno seguirá haciendo puntualmente su función sin tardanza y con el mismo entusiasmo que el primer día; confiamos en nuestras parejas, en nuestros hijos, en nuestros amigos y familiares, confiamos en que si descolgamos el teléfono abrá señal y línea, confiamos en los que sortean todas las loterías sean o no ciegos, confiamos en la Televisión y los maestros, en los libros y hasta en internet.
Somos confiados, más de lo que pensamos. Algunos hasta se fían de su sombra y algunos otros, incluso, se fían hasta de quien les dice que de nadie se han de fiar.

Escrito por odyseo a las 10:06 PM | Comentarios (14) | TrackBack

Abril 27, 2007

Auge de los fanatismos

La Historia es un tren sin paradas y la del siglo XX fue una carrera desbocada en la que asistimos a la caída del comunismo, del fascismo y de muchas dictaduras, pero también asistimos al surgimiento de nuevos enemigos como el fanatismo religioso, un cadaver resucitado que enterramos allá por la Edad Media y cuyo entierro coincidió con el nacimiento de lo que llamamos Modernidad. Averiguar las causas de dicha resurrección no es cosa fácil, sobre todo teniendo en cuenta que vivimos en sociedades cada vez más tibias en materia de cumplimiento religioso. También es verdad que cuando muchos dejan de creer en las religiones más extendidas, fácilmente caen algunos de ellos en las redes de creencias aun más irracionales y extrañas, rozando la mágica estupidez infantil (videntes, gurús de la new age, sectas e iglesias de nuevo cuño aparecen por doquier para llenar el vacío).
Pero lo cierto es que el auge de dicho fanatismos religiosos (no hay religión que se libre: desde el fundamentalismo protestante norteamericano, a los exacerbados tradicionalistas católicos, junto a los ultraortodoxos judíos o los fundamentalistas musulmanes de cualquiera de las ramas del Islam) hay que interpretarlo como un intento de reconquista por parte de los clérigos de las sociedades modernas laicas que se habían librado de su yugo y se habían secularizado. Cuando por fin parecía que nos estábamos librando de la idea de dios, vienen estos fanáticos y desde sus púlpitos (mediáticos o tradicionales) se lanzan a una campaña inmisericorde de recuperación del poder y la influencia perdidos, sin que les importe la salvación de los creyentes ni lo más mínimo.
Ellos culpan a la Modernidad, ya de por sí tan atacada por el nihilismo de salón postmodernista, de todos los desastres humanos en sus sociedades. No necesitan argumentos racionales ni justificaciones verdaderas (para algo está la fe puesta al servicio de su causa), solo buscan volver a captar a las masas ignorantes y desorientadas. Tampoco quieren la solución para los desastres contemporáneos, puesto que ese es su caldo de cultivo, por lo que si pueden, echarán una mano para que la cosa no solo no se arregle sino que empeore. A la vista de todos está: neocons y teocons dirigiendo la política estadounidense, clérigos y terroristas llamando a la guerra santa en Irak, Afganistán, Sudán, Pakistán, Irán y miles de mezquitas repartidas por los barrios de inmigrantes de las grandes ciudades europeas.
Solo nos queda la esperanza de que nuestros hijos tengan la suficiente inteligencia y bondad para carecer de dioses y sacerdotes.

Escrito por odyseo a las 05:59 PM | Comentarios (17) | TrackBack

Marzo 23, 2007

Ciudadanos del futuro

Las tiranías, democráticas o no, ya no se contentan con tener un control absoluto sobre tu cuerpo (no fumes, no bebas, ponte el cinturón o el preservativo, cuida tu alimentación, tu peso, trabaja, duerme, tómate vacaciones...) sino que ahora van también a por tu alma. Las tiranías van a por el ser pensante para aplicarle el peso de la maquinaria trituradora de ideologías.
Primero provocan la desvinculación de los individuos de sus grupos de referencia hasta dejarlos solos y desvalidos. Alientan la división hasta la atomización total del grupo matriz, rompen los vínculos hasta que todo sea un conjunto desolador de individualidades gregarias, como decía Hanna Arendt.
El individuo solitario, ese que solo consume se cree acompañado porque el hipermercado está lleno de individuos solitaros como él, pero en el fondo empieza a sentir el frío de la soledad calándole los huesos. Es un ser desgajado y roto, alejado de su comunidad de creencias (ya no cree en nada), de su comunidad de trabajo (ahora ya puede trabajar desde casa), de su comunidad de origen (deslocalización) y ha sido abandonado por todos: iglesias, sindicatos, partidos, familia y vecinos. Son sujetos que gruñen, en el coche ante el semáforo, en el ascensor, en el despacho o la ventanilla, pero se olvidan de hablar porque no encuentran congéneres. Se olvidaron hasta de su propia imagen y ya ni se reconocen en el espejo de los valores y principios.
Pero las tiranías no se contentan con eso. Quieren más. Quieren individuos animalizados, sin vestigio ni rastro de humanidad alguna, fisiologizados y limpios, desaromatizados pero a cuatro patas, embrutecidos de forma salvaje, engañados con la ilusión de una libertad que no es más que la cadena que los eclaviza a las pulsiones y deseos más primarios. Ya no hay metas, ni carreras, ni esfuerzos: solo existe el aquí y el ahora, sin consecuencias ni efectos aparentes, deseos, impulsos vacíos, testiculares u ováricos, plenos de desidia.
Así el hombre agoniza ahíto de supuesta libertad, inculto ahogado en información, abandonado en medio de una tecnología que le controla y somete, solo entre multitudes, sin pensamiento ni lenguaje, rodeado de sonidos abortados, ruidos que ya anidan en su propio vacío anterior.
Eso son los ciudadanos que quieren políticos, banqueros, comerciantes, mercaderes, jefes de personal, chamanes y curas. Esos son los ciudadanos del futuro global y terrorífico, el que diseñan los neo-tontos de la línea dura o de la light que nos gobiernan.

Escrito por odyseo a las 06:39 PM | Comentarios (10) | TrackBack

Marzo 15, 2007

Renovatio ecclesiae

Renovarse o morir que decía el eslogan. Parece que Benedicto ha tomado cartas en el asunto ese -pecata minuta- de la crisis de la Iglesia Católica - Crisis? what crisis? que cantaba Supertramp- y ha decidido dar por concluído el "experimento" CV2 (que para los que no están muy metidos en estos temas quiere decir Concilio Vaticano II). Nada de misas cara al público, que podría considerarse una expresión de acogida demasiado cálida, y nada de misas en lenguas vernáculas (que como la misma palabra suena, no suena nada bien). A partir de ahora todo el mundo a estudiar el idioma del imperio -romano, no estoy hablando ahora de Bush- para poder seguir la misa. Es decir, que si antes no escuchaba ni la mitad y no se enteraba ni un tercio de los asistentes (unos por falta de oídos y otros por problemas de retención, cosas de la edad media de los susodichos), ahora ya va a ser el apaga -y- vámonos- Manolo- que- yo- a- este- señor- no- le- entiendo. No sé qué opinarán del invento obispos (en activo o en su dorado retiro) como Setién o Vázquez o Ricard, tan defensores ellos de las lenguas regionales como forma de conseguir votos en sus respectivos dominios feudales. Tampoco sé qué opinarán los teólogos críticos: porque aún no han hablado algunos y otros porque ya no van a hablar pues Benedicto los ha callado (Jon Sobrino ha sido el ultimo de una esmerada y larga lista de proscritos) en los últimos 27 años. No me imagino qué van a hacer muchos de los pocos curas que quedan en activo y que tienen el latin tan oxidado como yo, o los pocos jóvenes que aun se atreven a entrar en una iglesia, porque la ESO destruyó cualquier atisbo de enseñanza clásica que se preciara de llamarse así. Veo, como en un sueño, surgir un número ingente de academias de idiomas para enseñar a todos a hablar o, al menos, entender, la lengua de los shamanes; veo al neopijerío nacional asisitir de nuevo a los templos, ahora ya por fin limpios de impurezas postconciliares, para contemplar los sagrados ritos y liturgias que representan con exotismo calculado a lo largo de los siglos los pocos oficiantes vivos con dominio del latín. Dice Benedicto que ello ayudaría a renovar la sagrada unidad de la cristiandad, sin recordar el pobre que si en algo ha estado unida la cristiandad alguna vez ha sido precisamente en su íntima y profunda animadversión hacia la iglesia oficial que ahora pretende resucitar. Ha elegido el camino de los sioux: morir matando. Es decir, huir y tirar por la del medio, convirtiendo las iglesias en centros para turistas que asistirán a un rito desconocido pero que, sin duda, les ayudará a viajar en el tiempo. Las fotos se cobran aparte.

Escrito por odyseo a las 06:18 PM | Comentarios (7) | TrackBack

Octubre 04, 2006

Ricos hijos de perra

Siento agriarle la leche a Mi Rival que andaba preocupado por lo de la la lactancia materna en el post anterior, pero es que la noticia de hoy me obliga a escribir para expresar mi indignación. Resulta que los ricos y famosos no tienen bastante con joderle la vida a millones de seres humanos en el Tercer Mundo, no les resulta suficiente con explotar a millones de trabajadores en las fábricas que sus papis dirigen, sino que ahora se dedican a poner en peligro la vida de cientos de conductores que ven atónitos cómo una decena de coches de lujo y deportivos les adelantan a gran velocidad y sin respetar ninguna norma de circulación. España, dicen los miserables, es un destino magnífico pues aquí las multas son más baratas y la policía es amable. Pagan a tocateja y siguen su marcha, preocupados únicamente de llegar a tiempo para la gran fiesta que cada día, al final de su dura jornada de conducción temeraria, les espera en el hotel de lujo donde tienen reservada su suite. En Estados Unidos les llaman bullrun y artistas y famosos compiten por hacerse un hueco en uno de los coches participantes aunque les cueste la friolera de 20 o 30 mil euros. Claro que les da igual, eso es lo que muchos de ellos ganan con solo enseñar el culo en una triste película de Hollywood. Pobrecitos niños de papá, malcriados, estresados, enchufados a la adrenalina, anestesiados en una conciencia que no tienen y a la que le da igual atropellar a una persona o provocar tres accidentes mortales en vehículos que no tienen nada que ver con su glamourosa carrera.
Por mí como si se matan, pero que nos dejen a los demás en paz. Nada perderíamos si desaparecieran todos estos parásitos. No haría falta ni que se murieran (no se merecen ni la tierra que les iba a cubrir), bastaría con que no volvieran a aparecer en una pantalla de televisión o de cine.

Maldita sea la leche que les dieron, con perdón!

Escrito por odyseo a las 07:51 PM | Comentarios (19) | TrackBack

Septiembre 20, 2006

Esclavas de la talla 34

Uno con la edad se vuelve más impertinente y pierde la paciencia con mucha mayor facilidad. Así, al conocer sobre la negativa de las más cotizadas modelos a pesarse antes de desfilar por la pasarela Cibeles, mi hígado se ha puesto las pilas y ha empezado a fabricar bilis de forma imparable. Aducen las susodichas que eso de someterse al dictamen de una balanza es humillante, olvidando las mil humillaciones a las que a diario se someten para pasear sus desnutridos cuerpos por una plataforma elevada entre la mirada atenta de los gurús de la moda expertos en vender la nada. Encuentran las pobres humillante tenerse que pesar como las antiguas esclavas en el mercado y se olvidan que ellas son esclavas voluntarias de las etéreas geometrías corpóreas que los diseñadores y modistos inventan y deciden para ellas. Su falta de una adecuada ingesta de alimentos o el exceso de cocaína esnifada por sus lindas naricillas les hace olvidar, probablemente, que permitir que las paseen por medio mundo medio desnudas, famélicas y ojerosas debería estar penado por el Tribunal Internacional de Derechos Humanos y que sus managers, progenitores y demás explotadores cercanos deberían estar todos dispuestos a pasar una buena temporada en la cárcel por ser unos negreros muy modernos y unos proxenetas de diseño que venden la infancia y salud de sus hijas por cuatro duros. Son esclavas, sí, de unos valores perversos que ellas mismas han asumido y que pasean con orgullosa obscenidad en cada desfile. Son las esclavas de la talla 34, misses de la miseria moral que nos acecha, frágiles modelos del vacío.

Escrito por odyseo a las 08:23 PM | Comentarios (10) | TrackBack

Julio 24, 2006

Invisibles

Solitarios o en grupo, tan normales que nadie se fija en ellos: visten de tal forma que no llaman la atención ni por extravagantes, ni por ridículos, ni por ir a la moda, ni por elegantes ni por estrafalarios; se peinan como toda la vida y no se tiñen el pelo; van al teatro y al cine, al futbol, a los conciertos, a la playa, al bar, van a todas partes pero nadie los ve. Trabajan en los mismos sitios y ocupan los mismos puestos que cualquiera. Tienen nombre y pasaporte, libro de familia y hasta carnet de algún club social. Tienen hijos y padres, parejas, tan normales como ellos mismos, viven en nuestros mismos edificios y ciudades, conducen coches o viajan en autobus o metro. Hacen las mismas colas, beben lo mismo, comen igual, gastan su tiempo de la misma manera que todos y sienten igual. Votan y se manifiestan, juegan a la lotería, compran y consumen, te los cruzas en la calle y el portal, a la salida de la oficina y en el supermercado, te rozas con ellos mientras caminas en las calles o vas en el tren o esperas en la cola del servicio. Ven la televisión, hacen zapping, tienen ilusiones y sufren enfermedades. Van a la escuela o al taller, a la iglesia o al hipermercado. Huelen, sienten dolores, se cansan, hablan, sudan, comen, practican sexo y duermen. Algunos llevan gafas, o son calvos, o tienen bigote, o están rellenitos, o son bajitos o todo a la vez o ninguna de todas estas cosas. A veces tropiezan y de pronto los miras y te das cuenta de su existencia por un instante fugaz como la propia anécdota. Otras veces se asoman a tu campo de visión porque de pronto oyes un grito o porque se dirigen a ti para pedirte la hora o porque te han dicho buenos días.
Existen. Son (somos) la mayoría. Personas normales, que no llaman la atención por nada, nunca o casi nunca. No son (somos) noticia ni portada, no hacen (hacemos) declaraciones. Somos (son) y eso nos vale.

Escrito por odyseo a las 07:42 PM | Comentarios (11) | TrackBack

Julio 21, 2006

Falsa solidaridad

Los humanos tenemos muchos comportamientos extraños. Dicen los paleoantropólogos que la superioridad del Homo Sapiens Sapiens sobre el Homo Neandertalensis se basó en su capacidad de asociación y de compasión para con los otros miembros del grupo.
Ser solidarios está de moda y hay cadenas de televisión que hasta les dedican campañas a los grandes problemas de la humanidad; eso sí, han de ser doce para que les coincida con el slogan de la campaña: "doce meses, doce causas". Ni uno más ni uno menos. Peor sería si ni siquiera hicieran eso, pensarán algunos. Es probable, pero también es posible que ese tipo de campañas mediáticas lo único que pretendan es lavar cierta imagen frívola del canal o conseguir una audiencia más complacida con la televisión que ve a diario. Es probable que estas campañas mediáticas contribuyan a generar una cierta sensación de que solo las grandes corporaciones y campañas sirven para salvar vidas o mostrar la solidaridad.
Los falsos solidarios han existido siempre. Pocos se atreven a ejercer su solidaridad con la mano derecha sin que lo sepa la izquierda. Y es que para muchos de estos nuevos solidarios la acción social se parece más a una coartada para mantener a raya su conciencia que a un impulso altruista y desinteresado. Así, si ser solidario está de moda, lo mejor es hacerlo en alguna marca de prestigio, que nos permita sentirnos integrantes de un ente que goza de fama y reconocimiento: nada de ejercer una medicina humana en tu centro de salud en el barrio más cochanbroso de la ciudad, mejor apúntate a Médicos sin Fronteras; nada de ser limpios en nuestras salidas al campo, en respetar los jardines, o cuidar el medio ambiente en el día a día de nuestra casa; en vez de eso pagamos la cuota de Greenpeace; y para no ver la mugre que nos rodea, nos hacemos socios de cualquier ONG que se dedique a proyectos de desarrollo en el Tercer Mundo. Yo siempre he pensado que quien no es capaz de ver que a dos manzanas de donde vive la gente se sigue pudriendo de hambre o sida es que tiene puestas unas anteojeras en su conciencia. Me resultan paradójicas las campañas de muchas empresas (farmacéuticas, petroleras, grandes corporaciones de la alimentación, bancos, etc) que dicen que dan un porcentaje de tu compra para ayuda a proyectos solidarios o que cada vez que utilices su tarjeta o bebas su refresco un niño será vacunado de la malaria o del sarampión. Es como si me hicieran chantaje. Pero tambien desconfío de esos artistas y famosos que se hacen retratar cuando visitan una misión en Ruanda o un orfanato en Burundi. Y es que la falsa acción es casi siempre la más espectacular y más fácil de calzar, la que te convierte en héroe y te saca del anonimato, la que lava y limpia conciencias, la que hace tintinear las monedas en la mano antes de echarlas en el cestillo para que todos escuchen el sonido de su compasivo corazón.

Escrito por odyseo a las 05:52 PM | Comentarios (17) | TrackBack

Junio 30, 2006

Trabajar puede matar

Cuando uno contempla los rostros de las personas que viajan en el metro o el autobús urbano a eso de las ocho de la tarde, podría preguntarse si los que viajan proceden del algún centro de tortura o acaban de salir del hospital tras una larga enfermedad. Decían los nazis que el trabajo liberaba, lo cual está por demostrar, pero lo que nadie duda es que el trabajo es el camino más recto para el desahucio personal.
Nuestro maravilloso sistema económico se emplea a fondo durante cinco días a la semana para crear millones de seres exhaustos, agotados, desorientados, tendentes al alcoholismo o al prozac. Separa a las familias, rompe las relaciones vecinales y procura el máximo individualismo en el entorno de trabajo. Pero el sistema no se para ahí. Tras haber sacado hasta la última gota de esfuerzo de estos ejércitos de trabajadores, los fines de semana les planifica una especie de sesión continua en los grandes templos del consumo (y el ocio, que es lo mismo): miles de hermosos escaparates luminosos, cines, establecimientos de comida rápida (y basura) te centrifugan el cerebro para que sientas el placer de consumir y te olvides del sufrimiento del producir. Al menos hasta el siguiente lunes en que empieza de nuevo el proceso.
El trabajo se ha convertido en el gran método de expoliación de la vida y de la memoria: ya casi nadie recuerda lo que es perder el tiempo charlando durante horas en una plaza o a la puerta de su casa; casi nadie pasea por el simple hecho de pasear, sin la finalidad de bajar el colesterol o los kilos; muy pocos saben aun apreciar el valor de contemplar cualquier expresión de belleza o de escucharla, sin más, a través de la música. Muchos aun hacen eso, pero lo hacen mientras realizan dos y tres tareas al mismo tiempo. El sistema no descansa: producir para consumir, consumir más para producir más, para consumir más y más. Menos mal que para algunos privilegiados, entre los que me cuento, el trabajo aún nos resulta enriquecedor y placentero, nos realiza y puede que hasta nos libere.


PD: no se lo digáis a mi jefe!!!

Escrito por odyseo a las 08:29 PM | Comentarios (11) | TrackBack

Junio 07, 2006

Teoría del rumor I

Una de las más dañinas armas de destrucción masiva es el rumor. Basta un simple rumor para derribar gobiernos, romper amistades, quebrar empresas, abatir pedestales y doblar voluntades. Pero sobre todo, el rumor sirve para dañar a las personas que son su blanco.
Ante un rumor nada se puede hacer. Si te dedicas a rebatirlo quiere decir que el rumor es cierto por aquello de que "el que se pica es que ajos come"; si decides no prestar atención, entonces es que "el que calla otorga". Hagas lo que hagas, estás vendido.
El rumor necesita de dos elementos fundamentales: el iniciador del rumor, de cuyas obscuras razones casi nada podemos saber, pero que viene a demostrar la falsedad del tópico de que el hombre es bueno por naturaleza; y el que presta oídos, primero, al mismo y, luego, boca para su secuencia de transmisión. Tan responsable es el primero como el segundo, el que prende la llama como el que aviva el fuego. Las razones del segundo también se me escapan. El primero se puede mover por venganza, por odio, por rabia, por celos, por envidia... pero ¿y el segundo? ¿Es que necesitamos creer siempre que no hay nadie bueno? ¿necesitamos confirmar que los demás son tan malos como nosotros mismos? ¿precisamos que se cumplan nuestras malas expectativas para poder confirmar nuestros temores? ¿es más fácil creerse lo malo que lo bueno de una persona? ¿por qué no se rumorea acerca de alguien que se va a convertir en un gran mecenas o en un estupendo filántropo? ¿por qué siempre acudimos a los supuestos trapos sucios? ¿es una cuestión de audiencia?
.... qué joder!!!!

Escrito por odyseo a las 09:03 PM | Comentarios (33) | TrackBack

Febrero 08, 2006

Libertad y fanatismo

Nunca corren buenos tiempos para la libertad, pero los que han luchado alguna vez por ella hasta el punto de arriesgar vida y haciendas, saben perfectamente que el camino no te regala nada y a poco que te descuidas te quita lo poco o mucho que hubieras conseguido.
Hace tiempo que el fanatismo más irracional se ha apoderado de muchos sectores del mundo islámico. Las religiones suelen ser un buen caldo de cultivo para las tendencias más irracionales de una sociedad. Cuando mezclamos pobreza y religión es fácil ver cómo surge la planta del fanatismo. Si esa planta se riega con ciertos intereses políticos, el resultado es el que vemos en los periódicos desde hace unos días.
Ha bastado una simple excusa como el asunto de las caricaturas publicadas inicialmente por un diario ultraderechista danés, para encender una mecha que no sabemos dónde puede acabar. Y lo peor es que mientras todo eso ocurre, a un lado y a otro de tan artificial conflicto, hay políticos y clérigos frotándose las manos y con la sonrisa en la boca.
Europa y sus dirigentes (y ciudadanos) no han sabido reaccionar ante la salvajada brutal del asalto a las embajadas y consulados, ante las amenazas de un sector integrista del mundo islámico. El miedo de sus dirigentes, periodistas y ciudadanos, en general, les impide defender con orgullo una conquista secular como la libertad de pensamiento, la libertad de prensa y la libertad de opinión. La ignorancia, los intereses espúreos, llevan a otros a atizar el fuego, sin comprender que lo que hoy incitan se puede volver contra ellos mismos en poco tiempo. Y la falta de tacto (calculada o no) de algunos medios de comunicación hace el resto del trabajo.
Bastaría recordar cómo se comportaron los gobiernos europeos ante las amenazas y bravatas de Hitler en la antesala de la II Guerra Mundial, para comprender que si copiamos aquella actitud cometeremos dos veces el mismo error. No se puede ser tolerante con la intolerancia.

Escrito por odyseo a las 09:15 PM | Comentarios (14) | TrackBack

Enero 04, 2006

Obscena indiferencia

Comienza el nuevo año (al menos para esa minoría soberbia que somos los occidentales, pues no comienza un año nuevo para musulmanes, asiáticos ni judíos) y ya tenemos ahí nuestro mejor símbolo: el rallye Paris-Dakar. Nuestros héroes (ricos de por sí, por su familia o por el patrocinio de otro adinerado) ociosos durante todo el año, por fin encuentran sentido a sus vidas y nos ofrecen durante unos días el terrible espectáculo de la carrera a través del desierto.
Nos preocuparemos por los accidentados, por los perdidos entre las dunas, nos entristeceremos por los que abandonan a mitad de carrera, nos entusiasmaremos con los ganadores de las diferentes etapas, hasta llegar a las playas de Dakar. Pero si por casualidad alguno se fija en las imágenes, también podréis ver a los desahuciados pobladores de aldeas de miseria que contemplan embobados ese desfile de obscena indiferencia delante de sus casas. Pasan con la velocidad de un rayo y con suerte dejan caer como último testigo de su presencia una lata vacía de coca cola o los restos de un neumático destrozado por alguna piedra.
Occidente se pasea por el continente del hambre y del sida, Occidente juega en el desierto de la vida, Occidente despliega su parafernalia de excesos y derroches y demuestra así al mundo su superioridad tecnológica, que no moral.
Si yo fuera uno de esas pobres almas de arena y hambre, les arrojaría en justa correspondencia, una piedra, como símbolo de mi amistad.

Escrito por odyseo a las 01:15 PM | Comentarios (20) | TrackBack

Noviembre 24, 2005

Cojeras

Dicen que todos cojeamos de algún pie. Algunos, incluso de los dos. Hay críticos de arte que disfrutan diseccionando los errores estéticos de tal o cual obra, pero que no aprecian la menor contradicción en el hecho de ir vestidos como auténticos pero modernísimos adefesios. Son esos mismos que van a restaurantes de moda a pedir la castiza tortilla de patatas en versión desestructurada por un tal Adriá. Hay escritores que se pasean de programa en programa y de entrevista en entrevista diciendo que ellos no desean recibir ningún premio y que jamás van a las casetas de la Feria del Libro a firmar ejemplares de sus obras. Suelen ser esos mismos que no han recibido ningún premio y han visto sus carreras literarias jibarizadas por las exiguas ediciones de sus libros. Hay políticos que mientras defienden los intereses de sus conciudadanos, son capaces al mismo tiempo de gestionar una buena recalificación de terrenos (curiosamente) de su propiedad sin mostrar el menor atisbo de fatiga por el trabajo. La Iglesia, sin ir más lejos, es capaz de condenar al sida y al hambre a millones de africanos con tal de no dar su brazo a torcer en materia de preservativos. El mismo Bush, cuyos gustos pornográficos son extremadamente sutiles (veanse las fotos de Sadam Hussein en calzoncillos filtradas a los medios de comunicación hace unos meses), es capaz de mostrarse totalmente brutal (en el sentido literal de la palabra) en las demás facetas de su vida. Y es que no hay nada como la coherencia a la hora de ser uno mismo. Mientras algunos se consumen por la envidia al ver las exitosas vidas de sus congéneres de patio de recreo o de comunidad de vecinos, capaces de cojear sin que se les note, a otros se nos resiente el cerebro y la cadera ante tanto desequilibrio a la hora de caminar por la vida.

Escrito por odyseo a las 07:08 PM | Comentarios (10) | TrackBack

Noviembre 06, 2005

Noches de Paris

Las noches de Paris ya no son lo que eran. Han perdido todo el romanticismo y se han convertido en noches para sacar el lado salvaje del ser humano. Algunos han empezado a ver las orejas al lobo y esperan alarmados que papá-estado les saque las castañas del fuego. No comprenden cómo unos ciudadanos de tercera pueden reclamar los mismos beneficios que los ciudadanos de primera. Otros, los de siempre, aprovechan la ocasión para recordar que todo esto puede ser efecto de "una mala política de inmigración", queriendo decir en el fondo de su corazón que lo que habría que haber hecho hace muchos años es haber prohibido la entrada en la sacrosanta Europa de estos sans cullottes extranjeros. El Gobierno se reune con los profesores de los colegios e institutos de la zona, como pidiendo explicación, pero en el fondo buscando respuestas a un misterio que no tiene nada de enigmático. Están asombrados que en el corazón de la civilizada Francia, pueda ocurrir algo que solo lo hemos visto en los barrios negros de Nueva York o Los Angeles. Se sorprenden de la violencia y el rechazo brutal de grupos espontáneos y organizados de jóvenes hacia la sociedad que les ha dado ¿qué?
La bomba de la pobreza y la marginación que estaba oculta y aparentemente neutralizada en la periferia de las ciudades europeas, de pronto, ha encendido su cuenta atrás, su temporizador con retardo, y ahora nadie acierta a desactivarla.
Unos, los de siempre, piden mano dura con los revoltosos, como si eso fuese a solucionar el problema. ¿A cuántos miles habrían de meter en la cárcel? Otros se aprestan a conceder ayudas, subvenciones, becas, subsidios, para tapar las bocas durante un rato. Aunque todos saben que la solución no puede ser pan para hoy y hambre para mañana. La solución era bien sencilla y se sabía hace ya muchos años, pero fue más fácil explotar al inmigrante, recluirlo en guetos donde pasaran más desapercibidos, no trabajar por su verdadera integración ni por la de sus hijos, ya auténticos enfant de la patrie nacidos en suelo francés. Hoy estos enfants terribles han puesto la patria patas arriba dejando ver sus miserias. Reclaman lo que cualquier ciudadano: trabajo digno, salario digno, vivienda digna y leyes iguales para todos. Quizás porque tuvieron que aprenderse la Marsellesa en el colegio y porque en sus clases de historia les contaron la Revolución Francesa. Hoy, Paris necesita algo más que una misa, y el resto de Europa lo sabe y se pone a rezar.

Escrito por odyseo a las 07:50 PM | Comentarios (19) | TrackBack

Agosto 27, 2005

Made in Spain

España, vista por los españoles, se parece mucho a una gran chapuza nacional. Nuestra capacidad en este campo siempre ha sido portentosa y cuando parecía que en alguna ocasión habíamos alcanzado el límite, siempre venía una nueva oportunidad para demostrar que en el noble arte de la chapuza siempre cabía superarse.
La chapuza normalmente conlleva una elevada dosis de improvisación, de imaginación y de capacidad creadora, al tiempo que un buen pedazo de desplante a todo lo que signifique actuar de forma planificada, coordinada y sometido a un proyecto de desarrollo. Los adelantos tecnológicos y los avances científicos, lejos de disminuir el número y calidad de nuestras chapuzas, no ha hecho sino potenciar ésta hasta límites insospechados. El trabajo de todo un equipo de personas durante semanas volcado en un ordenador averiado se puede salvar gracias a la horquilla del pelo de una secretaria en un destello de genialidad patria. La chapuza no es patrimonio nacional nuestro. Otros países tambien la practican, pero la nuestra sí que tiene un estilo propio: suele ser graciosa y producirse donde menos se espera: nuestro sistema educativo, sin ir más lejos, es una gran chapuza en la que han colaborado durante años expertos pertenecientes a distintos colores ideológicos y pesebres políticos. Dense cuenta lo que pueden llegar a hacer decenas de cerebros admirables, expertos en sus respectivos campos, poniendo parches desde hace décadas sobre lo que parecía un simple pinchazo y resulta que es uno de los mayores desastres de nuestra historia reciente. Habría miles de ejemplos: el Prestige, el incendio de Guadalajara, el helicoptero de Afganistán, el viaje en avión de los sesenta militares muertos y su posterior identificación por los forenses militares, el incendio del Windsor, el tunel del Carmelo, las obras en la M-30, el proyecto de estatuto catalán, el plan Ibarretxe, los pollos preparados con salmonella, nuestra participación en la guerra de Irak, el parlamento en general, la labor del partido del gobierno, la labor del partido de la oposición... Y es que la atracción por la práctica de la chapuza es muy consistente y arraigada. No sé cuanto porcentaje del PIB español se debe a la chapuza, pero seguro que no es una cantidad despreciable. Ojalá que la suerte nos siga acompañando...

Escrito por odyseo a las 09:32 PM | Comentarios (9) | TrackBack

Julio 28, 2005

Como tú y como yo

Hay seres humanos, como tú y como yo, que vuelan en aviones privados para no tener que hacer las colas en los aeropuertos que hacemos tu y yo. Hay seres que habitan en viviendas de más de 500 metros cuadrados rodeados por vallas y vigilantes porque no se sienten seguros en el mundo que han contribuido a crear a su alrededor. Tienen mujeres que se gastan en una tarde de compras un millón de euros para combatir la soledad o la depresión. Algunas creyeron hacer el negocio del siglo al venderles su coño cuando aún era joven. Hoy se reunen en sus selectos clubes sociales donde le abren las piernas a cualquier monitor de paddel que les mire con ternura.
Son seres que viven de explotar a otros seres, a veces a miles de kilómetros de su confortable hogar y que cuando sus hijos les preguntan qué tal ha ido hoy el día, contestan orgullosos que bien. Sus rostros permanecen en su mayoría ocultos y sus nombres sólo aparecen en las convocatorias de los grandes consejos de administración. Con su dinero pueden comprar todo lo que quieran. Pueden comprar voluntades, que es lo más barato del mercado; pueden comprar secretos, cuyo precio depende de lo que tapen; pueden comprar hasta niños o niñas, como el que que compra cien gramos de jamón cocido en la charcutería. Y se los pueden comer, porque además de tiernos están sin registrar. Se mearán en ellos antes de abandonarlos en un contenedor.
Hay seres cuyos amigos ganan mucho dinero vendiendo armas a países que luegos son bombardeados, cuyas empresas escupen mierda por sus desagües y chimeneas, mientras otros amigos suyos (pero no de su clase y condición) hacen la vista gorda desde sus puestos en la administración. Algunos de ellos, los menos adelantados, se meten en la política, sobre todo en partidos de orden y seguridad. Allí algunos acaban sus carreras, pero la mayoría no hacen sino empezarlas. Huelen bien y visten con traje y corbata. Encienden puros en las cubiertas de sus yates mientras sus amantes tuestan las tetas al sol.
Son seres que han triunfado en la vida, que han aprendido a ganársela y que no les preocupa en absoluto que un camello les tome la delantera al entrar en el reino de los cielos.

Escrito por odyseo a las 06:06 PM | Comentarios (22) | TrackBack

Julio 26, 2005

La soledad y los móviles

Resulta imposible echar un vistazo alrededor, estemos en donde estemos, y no encontrar a varias personas pegadas a su teléfono móvil: hablan de negocios, dan instrucciones a la chica que limpia la casa o hace de comer, quedan con sus amistades, comentan el último rumor que ha llegado a sus oídos o simplemente se dan toques. Casi nunca estamos libres de estas situaciones, estemos en lugares y momentos convenientes o insólitos. Los móviles se entremezclan con todas las situaciones y espacios del día. No es de extrañar que muchos sufran de adicción a estos artefactos de comunicación.
Sin embargo, su utilidad no es tanto la de permitirnos decir cosas, como la de permitirnos estar en contacto con todo el mundo en cualquier momento. El objetivo no es mantener largas conversaciones como las que se mantenían en las viejas charlas vecinales o familiares en las noches de verano o en la intimidad del hogar. La conversación por un teléfono móvil no busca intercambiar profundos pensamientos y modificar la visión sobre un asunto en el otro. Buscamos verificarnos, comprobar a cada instante que existimos porque alguien nos responde al otro lado y nos nombra; pasar mágicamente de la soledad a la compañía, del silencio al diálogo, pulsándonos, tocándonos. Su instantaneidad a la hora de dar respuesta a nuestro deseo es lo que lo hace adictivo, como las drogas. El móvil resuelve de forma casi magistral el problema de autoafirmarnos, de mantener la soledad deseada en equilibrio con el estar conectado al otro. Y nos permite conservar además una ilusión de libertad e independencia, pues siempre podemos decidir recibir, colgar, llamar o desconectar. En cualquier caso, me resulta dificil no sentir que estos aparatos más que móviles e autónomos, lo que llevan es una larga cadena atada a la pared.

Escrito por odyseo a las 01:08 PM | Comentarios (20) | TrackBack

Julio 22, 2005

El insulto es rentable

El insulto resulta rentable y lo podemos comprobar en casi cualquier campo de la vida social. Hubo tiempos en que la buena educación, los buenos modales, las buenas maneras, el buen hablar, eran la mejor carta de presentación para cualquier persona. Los que por una causa o por otra no reunían tales características, eran de alguna manera sabiamente discriminados por sus congéneres haciéndoles feo por su conducta o por sus palabras.
Sin embargo, los tiempos han cambiado, y hoy lo bajuno y ordinario se muestran en su máximo esplendor. Basta ver a nuestros políticos enzarzados en riñas de patio de colegio en los pasillos del Congreso o insultando a la inteligencia del electorado en plena campaña electoral para comprender hasta donde ha llegado esta moda. La política es barriobajera, quizás contagiada por esa moda impuesta desde los medios a todas horas. Encendemos el televisor y da igual la hora, la cadena o el programa, pues automáticamente somos pasto de un bombardeo de imágenes soeces, de comentarios inoportunos y degradantes, de mentiras y calumnias vertidas por cualquier famosillo o tertuliano. Escuchamos música o vemos vídeoclips y resulta que hoy la música latina se ha convertido en un magnífico contenedor de ordinarieces disfrazadas de una supuesta elevada carga de erotismo o simplemente revestidas de una fuerte dosis de violencia. Las letras, los movimientos, nos conducen directamente a la época en que el hombre aún no andaba erguido y se comunicaba con sonidos guturales primitivos y animalescos. No dan más de sí. Necesitan mover continuamente sus manos para dar énfasis a un mensaje de encefalograma plano mientras un grupo de chicas contonean sus caderas hasta llegar casi al esguince.
Dicen que así suben las audiencias, pero a mí solo me invitan a apagar el televisor o la radio. Al menos la factura de la electricidad me beneficiará, aunque lo que ahorre por un lado lo tenga que invertir en curar mis oídos, o peor, mi cabeza. Me siento insultado en mi sensibilidad y en mi inteligencia, que aunque no sea mucha, me llega para algo más que para emitir insultos o para restregarme contra los otros.
¿No será la edad?

Escrito por odyseo a las 01:46 PM | Comentarios (30) | TrackBack

Junio 30, 2005

¿Qué clase de familia?

Cuando miles de personas se están lanzando la palabra familia y la palabra matrimonio a la cabeza, hacen algo más que juegos florales de primavera, algo más que un ejercicio filológico de etimología. Se lanzan una idea que está en sus mentes y corazones, que está más del lado de los sentimientos que de la razón. Nunca me han gustado esa clase de juegos, porque aunque me guste jugar con las palabras, no es de mi agrado jugar con lo que ellas significan.
Por esta razón no acabo de comprender a los que en estos días andan tan excitados pensando que la familia está al borde de la desaparición o que el matrimonio se ha desnaturalizado. ¿A qué clase de familia se refieren? ¿A las familias extensas de las áreas campesinas en el siglo XIX y principios del siglo XX en Europa? Esas ya desaparecieron y no pasó nada. ¿A las familias nucleares de las áreas urbanas en los años 60? Esas nos entretienen cuando las vemos en series-documentales de televisión y nos hacen recordar viejos tiempos, pero también han desaparecido.
Los cambios sociológicos experimentados en el seno de las sociedades industrializadas y desarrolladas del mundo occidental en los últimos 60 años han trastocado completamente el panorama familiar. El matrimonio ha dejado de ser una institución rígida donde los roles de cada miembro estaban perfectamente definidos (la mujer en casa para criar a la prole y hacer la comida; el hombre fuera, trabajando a cambio de un salario) a ser un sistema abierto de vida en común. Los progresos en el terreno de la igualdad entre los sexos y la crisis del patriarcado han conducido a una situación sin duda más democrática y digna, aunque ello haya supuesto tener que inventar un nuevo sistema de relaciones dentro del matrimonio y de la familia. El matrimonio por amor es un invento relativamente reciente (poco más de 200 años en Occidente), pero en su momento provocó el horror de los mismos que ahora se horrorizan. El matrimonio durante siglos sirvió para todo menos para formar una familia basada en el amor: servían para unir herencias, linajes, tronos y coronas, Estados y territorios, negocios y empresas, fincas y rebaños. En los últimos años se han multiplicado las familias monoparentales, las familias en donde la pareja de adultos venían de otras relaciones y matrimonios, las familias sin hijos, las familias cuyos adultos no están legalmente casados o proceden de culturas distintas. Y todas son familias y en ellas crecen sus miembros mejor o peor, dependiendo del clima de amor y aceptación que sus miembros se procuren unos a otros. Eso es lo único que importa. Tan mal padre o tan buen padre puede ser cualquiera que se lo proponga o cualquiera que no sepa hacer otra cosa. Nadie lleva escrito en la frente qué tipo de familia puede formar o qué tipo de hijos puede educar o cuidar. Si acaso lo lleva escrito en su caracter pero no en su condición de pobre o rico, católico o musulmán, feo o guapo, rubio o moreno, heterosexual o gay.
La familia no corre peligro. El que corre peligro es el ser humano, por la intransigencia de unos con otros.

Escrito por odyseo a las 08:19 PM | Comentarios (30) | TrackBack

Junio 26, 2005

Estres pre-vacacional

En nuestra sociedad se compite desmesuradamente por todo, pero sobre todo, por no ser como los demás. En estas fechas de verano recién estrenado (pido disculpas a mis lectores del hemisferio sur) se inicia un ritual que empieza a ser obligatorio en toda familia que se precie. Los expertos han hablado mucho del denominado síndrome post-vacacional, pero casi nadie habla del síndrome pre-vacacional, que puede ser hasta incluso más grave. Se trata de la obligación de salir de vacaciones. Sí, habéis leído bien, he dicho obligación de irse de vacaciones. Cuanto más lejano o exótico sea el lugar elegido mejor. Porque uno elige destino no pensando en los días que va a pasar allá, en sus comodidades o atractivos, en sus monumentos o en su gastronomía, sino que elige un destino pensando en el plus de distinción que puede ganar entre familiares, amigos y allegados, cuando llegue el turno de contar (fotografías o videos en mano) su periplo turístico de este año.
No puedes elegir quedarte en casa o veranear con los tuyos en la casa del pueblo, por muy de moda que se haya puesto eso del turismo rural (no confundamos los términos). Tampoco valen destinos trillados como las Baleares o las Canarias; Paris, Roma o Londres no son buenas elecciones porque será dificil que no te topes con una troupe de compatriotas cargados de cámaras de video, cámaras digitales y teléfonos móviles sonando por todas partes y en todo momento. Has de elegir bien, porque te juegas tu prestigio entre los conocidos. Y has de superar tu elección del año pasado porque si no pensarán que te estás haciendo viejo o que te has vuelto un burgués comodón. Nada de alquilar quince días un apartamento de la playa y menos aún irte a un hotel o balneario de la sierra. Ni siquiera menciones la posibilidad de invertir el dinero de las vacaciones en comprarte un aire acondicionado para tu casa y disfrutar de la soledad de las grandes ciudades cuando sus habitantes se van masivamente de vacaciones. El rollo "rodríguez" tuvo su época pero ya está muy pasado (no es cool ;-)).
Vete mentalizando de lo que te espera. Por ejemplo, una semanita con los indios ulauk en la frontera con Alaska (aprovecha la oferta de un curso gratis de su dialecto particular junto a una prueba de carne cruda de alce macerada en jugo de hierbas del bosque y sangre de foca) o bien siete días y seis noches en medio de un hulong en Hong Kong (o cómo sobrevivir sin dinero y sin conocer su idioma entre un millón de hambrientos y poco afables nativos de una ex colonia británica). En fin que hay mucho donde elegir y uno está que no vive, sometido a una enorme presión por cumplir con las expectativas al tiempo de tener que esforzarse por no caer en el agujero de la masificación y la conformidad, los dos grandes vicios de los individuos alienados de esta sociedad postindustrial y poco "moderna". Qué cruz!!!!

P.D.:Mientras tanto, otros andan por la calle protestando contra la pobreza (no tengo informaciones acerca del número de obispos y miembros de la Conferencia Episcopal que habrán participado pero seguro que serán muchos)

Escrito por odyseo a las 05:47 PM | Comentarios (20) | TrackBack

Junio 23, 2005

Cuestión de coeficientes

Dicen los expertos que el coeficiente intelectual no es algo estático, sino que cambia a lo largo de la vida, incluso a lo largo de las horas. Hay días en que te levantas listo y te acuestas tonto o viceversa. Cuanto más listo eres, más cerca puedes estar de sentir esa náusea de la que hablaba el viejo Sartre o, incluso de la silla eléctrica. En algunos estados de los EEUU no te pueden ejecutar si no das el coeficiente intelectual mínimo exigido para la prueba. Tal era el caso de Daryl R. Atkins, un negro oligofrénico que a base de trabajar y trabajar se ha vuelto lúcido (según los expertos en la materia) lo que ha llevado a la ¿justicia? a acabar con él. Se ve que en el corredor de la muerte te miden el coeficiente todas las mañanas, por simple rutina, como el azúcar o el colesterol. Si un día lo tienes alto te fríen. Tampoco te pueden ejecutar si tienes alguna enfermedad o te haces un esguince. Primero te curan y luego te matan, como es lógico.
Está claro que el talento no lleva a nada bueno. Algunos como Daryl podrían pensar en el suicidio pero no se lo permiten, por eso eliminan cualquier objeto punzante o cortante de sus celdas. Está prohibido suicidarse, sobre todo si estás pendiente que los jueces dictaminen que se te debe ejecutar. No está claro si los jueces o los políticos también tienen altibajos en su coeficiente intelectual. Debe ser que sí, porque si no resultaría muy dificil entender algunas de sus sentencias o medidas. En un día tonto, a un gobernante le puede dar por buscar armas de destrucción masiva donde no las hay e invadir un país por el simple capricho de un niño; o a un juez por exculpar a todo un grupo de jóvenes alimañas de Jarrai. ¿No debería haber una ley que les impidiera ejercer sus funciones en los momentos de bajón intelectual?

Escrito por odyseo a las 12:37 PM | Comentarios (21) | TrackBack

Junio 17, 2005

Violencia juvenil

Decía Freud que la cultura en sí genera una enorme violencia por la represión que supone a sus miembros tener que domesticar a sus instintos. Lo cierto es que cada sociedad engendra una determinada dosis de violencia y utiliza una serie de medios para representarla.
Nuestra sociedad de la abundancia también se muestra generosa en eso de la violencia y la muestra incluso en exceso. Cualquiera de nosotros, niños y adultos, con o sin formación, presenciamos a través de múltiples medios una enorme dosis de violencia diaria: gestos obscenos, pintadas insultantes, gritos, broncas, riñas, palizas, asesinatos, accidentes, catástrofes, robos, violaciones, muertes, ajusticiamientos.... El cine y la televisión, los videojuegos, internet, son una fuente continua de administración de violencia para nuestros cerebros, para nuestros ojos, nuestros oídos y nuestro corazón. Pura acción y crimen empapuzan nuestros sentidos día tras día.
Así no resultará a nadie extraño que de vez en cuando surjan sujetos dispuestos a emular lo que han mamado desde pequeños, que por una disputa con unos globos saquen unas navajas, que amenacen con una pistola a su profesor o que insulten desde la ventanilla de su coche a la señora que camina por la acera. Sus neuronas están fosilizadas y su corazón encallecido. Solo saben hablar por el móvil y las palabras que les queramos dirigir chocarán contra la pantalla de sus videoconsolas, donde aprenden que atropellar a una anciana o pegar a una prostituta da puntos.
Estamos criando pequeñas alimañas que algún día se harán mayores. No saben expresarse en su lengua materna pero manejan bien la navaja; tienen la sensibilidad de un hooligan y mean en la calle como los perros; también saben romper cascos de botellas, dar gritos en la madrugada y hacer el caballito con la moto. Forman pandillas, como casi todos los depredadores y compiten dentro de ellas de la única forma que saben. Son el fruto de esta sociedad disparatada y son el futuro. Entre todos nos lo hemos destruido.

Escrito por odyseo a las 07:18 PM | Comentarios (15) | TrackBack

Junio 09, 2005

Niños esclavos

Hace unos días, algunos medios se hacían eco de la noticia de que 450 niños esclavos habían sido liberados en India. La noticia debería hacernos sentir felices si no fuera porque solo en ese país trabajan unos 60 millones de niños a tiempo completo y de esos, se calcula que el 20% lo hacen en condiciones de esclavitud. Son niños entre 6 y 14 años que han sido vendidos por sus progenitores a sus patronos y que trabajan entre 10 y 15 horas al día a cambio de salarios de miseria.
Si con nuestra imaginación nos fuéramos ahora a nuestra infancia, con seis años (recién estrenado el colegio), e intentáramos recorrer nuestro pasado desde entonces para ver todo lo que nos habríamos perdido de haber corrido la misma suerte que estos otros niños menos afortunados, ¿cómo se nos quedaría el cuerpo? Está claro que la infancia, como etapa de la vida, es un invento del primer mundo. Mientras nuestros hijos juegan en el parque, hay 250 millones de niños en el resto del mundo sometidos a explotación y a trabajos forzados. Saben lo que es el deporte porque se pasan muchas horas al día cosiendo balones o zapatillas para que otros niños más afortunados jueguen con ellos. Con su salario no se podrían comprar ni los cordones de esas zapatillas que tan bien han sabido coser. Los gobernantes de sus países (que mandan a sus hijos a estudiar a Europa o Estados Unidos) no están interesados en legislar sobre esta cuestión. Deben considerarla cosa de niños. Nuestros gobernantes, los organismos internacionales que regulan los derechos laborales, que protegen a la infancia, la salud, o que regulan el comercio internacional, tampoco parecen prestar mucha atención a este "pequeño" problema. Los medios de comunicación tratan este asunto como una noticia más o menos recurrente pero que no debe ocupar demasiado espacio porque tampoco es de un interés destacado. Así las cosas, o apretamos un poquito el torniquete a nuestras conciencias o seguirá habiendo durante muchos años más niños condenados a no saber que es un juego de ordenador, qué es un puzzle o una muñeca. Y lo peor, es que habrá millones de niños que no sabrán en su vida qué es eso de ser niños. De adultos comprenderán que aquello era un lujo que no estaba al alcance de sus inapreciadas vidas.

Escrito por odyseo a las 08:51 PM | Comentarios (26) | TrackBack

Junio 07, 2005

Turistas sin fronteras

Que el turismo es como una peste que lo invade todo era algo sabido. Hoy es posible encontrar turistas en cualquier lugar del mundo, por inhóspito, extraño o vulgar que sea ese sitio. Se desplazan por el mundo como esas plagas de langosta que de vez en cuando llegan hasta nuestros campos, en oleadas de sujetos cargados de artilugios electrónicos dispuestos a grabar todo lo que se le ponga por delante de las narices. Quizás por esta razón, las empresas y agencias especializadas, no hacen más que retorcerse las neuronas para inventar nuevas formas de explotar ese negocio. Mientras el turismo rural queda para los padres de familia con niños pequeños y el turismo de aventura para los universitarios con más adrenalina de la cuenta; cuando ya empieza a pasarse de moda eso de ir a fotografiar ballenas a la Patagonia y hasta te puedes encontrar una excursión de jubilados haciendo un safari fotográfico en Kenya; ahora, lo más novedoso es el turismo "oenegé", o turismo solidario o turismo alternativo o turismo de guerra, como se le quiera llamar.
Ya hay agencias que por un precio nada módico te trasladan a visitar los campos de refugiados en la Franja de Gaza y te dejan fotografíar los tanques israelíes mientras derriban la casa de algún palestino. Si lo que quieres es darte un baño de miseria en algunos de los suburbios de Buenos Aires, puedes contratar los servicios de otra empresa que te lleva a visitar chabolas y te permite entrar en las casas de esas personas que se dejan hacer fotos mientras te cuentan sus penurias. Por este camino, pronto podremos irnos de fin de semana con un grupo de la guerrilla maoísta en Filipinas, o hacer un tour por los campos de Darfur, o pasar la semana santa entre saharahuis en Tinduf.
Luego, a nuestro regreso, mostraremos las fotos a nuestras amistades, les amenazaremos con una sesión de vídeo donde puedan apreciar nuestro singular valor al visitar semejantes lugares, al tiempo que les demostremos lo maravillosamente alternativos que somos.
Que lo sepais, que ya no mola eso de hacerse una foto con la Torre Eiffel a nuestras espaldas. Ahora, lo que se lleva, es una foto rodeado de niños llenos de mocos y moscas, para mostrar al mundo nuestra sensibilidad sin fronteras.

¡Vaya tela!!

Escrito por odyseo a las 11:29 AM | Comentarios (31) | TrackBack

Junio 05, 2005

El Futuro ya está escrito

El futuro, antiguamente, era cosa de videntes y pitonisas, de arúspices que miraban las entrañas de los animales sacrificados o augures que observaban el vuelo de las aves. Para los más interesados en conocer el porvenir, siempre cabía la posibilidad de darse una vuelta por el oráculo más cercano (Delfos contaba con una buena publicidad).
Pero las cosas han cambiado mucho desde entonces y, sin apenas darnos cuenta, hemos pasado de los tiempos oscuros donde viejas brujas te engañaban a base a leerte las líneas de la mano, a unos nuevos tiempos donde el futuro ya está escrito. De escribirlo se encargan empresas especializadas que recopilan mucha información acerca de los gustos de la gente, sus necesidades, sus preferencias, sus miedos más íntimos, sus deseos más oscuros, y con la ayuda de unos equipos formados por psicólogos, antropólogos, sociólogos, publicistas y analistas de mercados, elaboran por escrito un libro (informe) donde adelantan las tendencias futuras en materia de moda, arquitectura, consumo, música, o cualquier parcela de la vida que se le ponga por delante. Así resulta que en la moda de los próximos años van a predominar los colores fuertes y los diseños que se inspiran en Oriente; pero en la arquitectura, sin embargo, las tendencias van por las líneas y espacios amplios que recuerden a la globalización del planeta, fíjense ustedes.
Ese libro sólo está al alcance de unos pocos: empresas automovilísticas, de ropa, de bebidas, discográficas, editoriales, etc., que pagan cantidades astronómicas por conocer (y por conocerlo solo ellos) lo que el futuro nos deparará según los que han elaborado el citado informe.
Lo que nos falta por saber a los sufridos consumidores que nos tendremos que someter al dictado de tales futurólogos, es cuánta parte de dicho futuro ha sido imaginada y diseñada por los que elaboraron el libro y quién se lo dictó.

Escrito por odyseo a las 09:18 PM | Comentarios (17) | TrackBack

Junio 02, 2005

Inflación del dolor

Si le preguntas a una persona de algún país del Tercer Mundo si en su tierra la depresión es un mal tan extendido como entre nosotros, la respuesta es que no. La razón es bien sencilla: porque no hay psiquiatras, te responden. Y es que en nuestras sociedades modernas, tecnológicas y deshumanizadas, hemos creado las condiciones más propicias para que las personas no soportemos ni el más mínimo malestar, físico o psicológico. De cualquier pequeño incidente cotidiano hacemos una tragedia de proporciones devastadoras. Resulta fácil encontrar en una conversación entre adolescentes los componentes de dicho desvarío: el chico con el que estaba saliendo desde hacía una semana le ha dejado por otra y ya el mundo se le ha venido encima; o los padres se niegan a comprarle la deseada motocicleta y el chaval se ve sumido en el pozo de la desesperación. Los adultos, por increíble que parezca, siguen esas mismas pautas a la hora de alimentar sus malestares: un jefe que no nos mira con buenos ojos; el vecino que no me saluda cuando coincidimos en el ascensor; mi pareja no atiende mis caprichos cuando se los requiero, mi mascota se ha muerto, etc., son razones suficientes para que nuestro nivel de ansiedad se dispare y lleguemos a pensar que nuestra vida es un cúmulo de desgracias de las que resulta imposible salir. En algunos casos, hemos hecho de ese supuesto dolor nuestra guía vital y, en el fondo, parece que es lo que da sentido a nuestra frustrada existencia. Necesitamos pastillas para vivir, para dormir, para no sentir, para no sufrir. Nuestra vida depende del farmaceutico más que de nosotros mismos.
Nuestros abuelos vivieron guerras y sus desastres, vivieron holocaustos, vivieron la miseria de los años del hambre y las cartillas de racionamiento, vivieron la muerte de algunos de sus hijos pequeños por enfermedades hoy incluso desaparecidas, y sin embargo, supieron salir adelante con todo eso y mantener intacta su fe en la vida y en el ser humano. Nosotros, en cambio, hemos disfrutado de indudables ventajas en comparación con ellos y nos amedrentamos ante la más mínima de las dificultades. Dios mío, el dolor en qué poca cosa lo hemos convertido.

Escrito por odyseo a las 11:34 AM | Comentarios (25) | TrackBack

Mayo 30, 2005

Humo

Miles de profesionales de la opinión, a las siete y media de la mañana se encaminan todos los días hacia sus centros de trabajo, para ejercer su profesión: opinar, que para eso les pagan, sobre cualquier asunto, tengan o no tengan información y datos suficientes, se vean o no obligados a someterse al dictado de la realidad de los hechos, sepan de antemano o solo cinco minutos antes el tema sobre el que tienen que elaborar su opinión. Para luego defenderla a pie juntilla, sin ningún asomo de duda porque eso rebelaría debilidad ante los adversarios, esos otros mercenarios de la palabra.
Viven del humo, necesitan el humo como el aire que respiran. Y si no lo hay, lo inventan. Porque lo suyo es vivir con cuanto más humo mejor, mucho humo procedente de los medios de comunicación, de las declaraciones públicas de unos y otros, de los excesos verrbales de periodistas, políticos, opinadores, famosos, famosillos, caraduras de la letra impresa y hablada. Venden sus excrecencias mentales como el que te vende una mercancía de mucho valor envuelta en papel de regalo, pero cuando le quitas el envoltorio de allí solo sale humo. Porque te venden la nada... y a precio de oro.
Humo, eso es lo que hay en la mente de todos, ciudadanos, votantes, opositores, militantes, feligreses, seguidores, espectadores, oyentes ... y demás rebaños. Eso y una inflamación a la altura de la glándula secretora de opiniones.

Escrito por odyseo a las 11:09 AM | Comentarios (25) | TrackBack

Mayo 23, 2005

Identidad y cohesión social

Multiculturalismo, mestizaje, diversidad cultural y étnica, cohesión social e identidad son conceptos que se oyen con demasiada frecuencia en estos tiempo y en boca de muchas personas (quizás demasiadas). Alguno puede llegar a pensar que son conceptos de hoy, pero se vivía y se hablaba de lo mismo en la Samarcanda del siglo X, en el Toledo del siglo XII, en el Estrasburgo del siglo XIV o la Sevilla del siglo XV, por poner unos cuantos ejemplos.
Los especialistas concuerdan en que el ideal en las sociedades postindustriales debería ser el de la máxima diversidad cultural que consienta su cohesión social, pues la monocultura es propia de sociedades endógamas y autárquicas, primitivas y ancladas en un nicho ecológico de difícil supervivencia.
El problema, sobre todo político, es saber en qué punto exacto se encuentra el límite a partir del cual se vería amenazada nuestra cohesión social. En 1919 el Congreso Norteamericano prohibió la venta y el consumo de bebidas alcohólicas por considerar que atentaban contra la cohesión social; los nazis en los años cuarenta tenían muy claro que los judíos amenazaban su cohesión social y decidieron eliminarlos; el estalinismo soviético pensó eso mismo de los disidentes, predicadores, opositores y cualquiera que fuera sospechoso para el régimen; el islamismo wahhabista ve su sistema social amenazado por la concesión de derechos de igualdad a las mujeres; Franco creía que los partidos políticos o la autonomía regional dañaría su cohesión social; los nacionalistas vascos y catalanes ven una amenaza en el bilingüismo y los flujos migratorios; la Iglesia Católica ve una amenaza en la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Podríamos seguir citando miles de ejemplos, pero la conclusión es que todos ellos coinciden en representar el límite para la cohesión social allí donde se asientan sus miedos como grupo, partido político, credo religioso o colectivo social.
Pero la cosa se complica aún más cuando introducimos el concepto de identidad, en primer lugar porque, aunque algunos lo olviden, nuestra identidad no es única sino múltiple, están jerarquizadas y pueden cambiar a lo largo del tiempo. Uno no sólo es vasco, o católico, u homosexual. Muchos se basan en estas identidades para marcar las diferencias con los demás (es lo que Freud denominaba el "narcisismo de las pequeñas diferencias"). Bastaría recordarles a Lévi-Strauss cuando señalaba que la identidad era una especie de simple foco virtual útil para referirse a cierto número de cosas, pero que no tenía existencia real.
Visto así, resulta ridículo el intento de muchos de nuestros políticos por mantener un discurso basado en la identidad y la cohesión social, cuando ya hemos podido ver que se trata de unos simples constructos científicos, útiles para la ciencia pero no para la política, por muy buenos resultados que les den en unas elecciones.

Escrito por odyseo a las 09:00 AM | Comentarios (15) | TrackBack

Mayo 20, 2005

El Mito de la Felicidad

Vivimos inmersos en una apariencia de ideología donde el mito de la felicidad (Gustavo Bueno dixit) ocupa el centro de todo. Nos creemos felices cuando compramos, cuando amamos, cuando trabajamos (por algo será que nuestros mayores objetivos en la vida son, al parecer, comprarnos una casa, conseguir un trabajo y casarnos); pero nos engañamos y lo sabemos. Algunos llegan a imaginarse el futuro y hacen una descripción del mismo (Globalia, de Jean Christophe Rufin) en forma de sociedad en la que todos seríamos radicalmente ecologistas, estaríamos obsesionados por la comida sana, seríamos ferozmente consumistas, no tendríamos memoria histórica, y estaríamos controlados por una forma absoluta de cultura impuesta desde los medios, que actuarían como agentes socializadores universales.
La cultura se convierte así en un sistema ideológico total, diseñado para defender al propio sistema, para vender el propio sistema entre sus clientes (la
humanidad). Y aquí aparece el antagonista necesario en forma de movimiento contracultural. Al mito de la felicidad hay que sumar el mito de la contracultura, que lleva años supuestamente luchando contra el sistema sin conseguir ninguno de sus objetivos. Los viejos hippies se convirtieron en los yuppies de los años 80, cambiando el volkswagen escarabajo y las camisetas desteñidas, por el monovolumen tipo Ford Explorer y los trajes de chaqueta. El sistema actua como una gran aspiradora que termina absorviéndolo todo. Y te pregunta:
"¿Quieres demostrar a todos que no formas parte del sistema? Compra
nuestras zapatillas
" ... o viste esta camiseta, o usa este modelo de gafas
de sol, o tíñete el pelo, o ponte un piercing, o hazte un tatuaje....como todos. Y así andamos felices, creyendo que el sistema no puede con nosotros.

Escrito por odyseo a las 09:17 AM | Comentarios (20) | TrackBack

Mayo 18, 2005

¿No hay clases?

La expansión imparable del consumo parece haber mandado a la tumba los viejos conceptos de clases sociales. No hay clases proclaman, unos por falso sentido democrático, otros por puro deseo idealista, otros por pura ceguera globalizada. Y puede que algo de razón tengan si seguimos aplicando los criterios teóricos marxistas sin revisión alguna. Haya o no haya clases, lo que sí hay es una gran frontera, en forma de brecha o abismo que se abre ante nuestros pies. A un lado, los ricos, los que tienen un trabajo bien remunerado, con contrato fijo, seguridad social, adosado en las afueras y coche con plaza de garage y algunos extras; de ese mismo lado, el de los galácticos sociales, los que tienen formación cualificada, los que ostentan títulos, lecturas, ideologías (aunque estén diluidas o descafeinadas). Unos estarán más alto y otros no tanto, pero todos están a este lado de la brecha.
Del otro lado, los pobres, parados, desempleados de larga desesperación, trabajadores a sueldo a convenir por el patrono, sin contrato, sin protección, inmigrantes, extranjeros en su propio planeta, sin formación ni cultura, con todo el tiempo para leer pero sin libros ni aprendizajes distintos de los que da la calle gratis (¿gratis?); también los delincuentes, marginados, explotados, drogados, sin más ideología que la de sobrevivir a cualquier precio.
Nos miramos unos a otros, cada uno desde su lado de la brecha, del abismo que nos separa. Algunos se dejan engañar por las apariencias: en ambos lados hay obesos que malgastan calorías acumulándolas en sus barrigas. Los del lado de acá las queman con el aerobic y los de allá en el sofá de su casa viendo un enorme televisor de pantalla plana y DVD incorporado. Son sus juguetes para la evasión, autoengaños complacientes para la fantasía de la igualdad (todos somos iguales frente al televisor!!!). Así, los de este lado, tenemos complacidos a los del otro lado. Les damos futbol para que olviden que no tienen contrato ni lo van a tener, les damos propinas y toquecitos en la espalda; metemos a sus hijos en los colegios y les damos títulos al cabo de los años para que se crean algo cuando estén barriendo las calles o detrás de la barra de un bar. Hasta les dejamos ir a la guerra por nosotros. Les abrimos los domingos para que puedan comprar y seguir alimentando su fantasía: misma clase, mismo destino... en lo universal.
Otros, simplemente, miran para otro lado, para no ver la brecha ni la otra orilla. Así su mundo es más feliz y más limpio. Un mundo ordenado que se echa cremas todas las noches para amanecer sin arrugas, más joven y hermoso; que se opera el corazón para meterle silicona y que parezca más grande. Un mundo feliz e inmóvil, como el de una fotografía de estudio que se reproduce por millones en bellos carteles publicitarios.

Escrito por odyseo a las 11:27 AM | Comentarios (22) | TrackBack

Mayo 17, 2005

El negro

Esta mañana me he desayunado con una preciosa historia firmada por Rosa Montero en El País y no he dudado en reproducirla aquí. Espero que os guste.

"Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequivocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizás no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida (...). De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreirle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta".

La historia está dedicada a tanto europeo (incluye a los españoles) civilizado y lleno de prejuicios. Me pregunto qué pensaría el educado africano sobre la civilizada germana.

Escrito por odyseo a las 10:34 AM | Comentarios (31) | TrackBack

Abril 15, 2005

Viviendas de 30 metros cuadrados

Se habla en estos días de la idea lanzada por el Ministerio de la Vivienda acerca de construir pisos de superficie reducida (alrededor de 30 metros cuadrados), que tendrían algunos elementos comunitarios (cocinas, pasillos, servicios o lavandería) y otros particulares. Hemos podido oír opiniones de todo tipo y desde todas partes: a los arquitectos les parece muy buena idea, a los jóvenes no les disgusta siempre que sea algo transitorio, al PP y los constructores les molesta. Se trata de algo que ya se viene haciendo en muchos cascos antiguos de algunas ciudades españolas y en barrios marginales. Pero sobre todo se trata de algo que ya se hace desde hace muchos años en muchos países europeos y en Estados Unidos (¿Cuánto miden las caravanas que sirven como vivienda a muchos cientos de miles de ciudadanos en ese país?).
Sin embargo, nadie en este país ha caído en la cuenta de si dicho sistema de viviendas reducidas es compatible con el carácter de sus ciudadanos. Una ciudadanía que, a principios del siglo XXI, es básicamente indiferente, egoísta y desconfiada, difícilmente va a poder convivir en un espacio como el que se pretende y compartir el uso de algunos espacios comunes. Porque, no se nos olvide, somos nosotros esos ciudadanos nada ejemplares que aparcan su coche en doble fila y nos quejamos cuando es otro el que nos impide salir; somos nosotros quienes hacemos más ruido de la cuenta, con la moto o la tele o la cadena musical; quienes educamos a nuestros niños para que peguen patadas a las papeleras o bajen las escaleras a saltos y con patines; somos nosotros quienes infringimos todas las reglas de tráfico y las de la convivencia. Ser buen ciudadano y vecino no consiste solo en pagar religiosamente la hipoteca de por vida. De que hagamos eso ya se encarga el banco. Ser ciudadano y buen vecino implica sobre todo aprender a respetar a los otros y su espacio, y en este país, por desgracia la historia tiene razón, cuanto menos eres y tienes más te pisotean. Así que si ya resulta difícil vivir y convivir en 90 metros cuadrados, cuánto más en 30. Los políticos (que son como nosotros, ni siquiera peores) no saben lo que es vivir en ese espacio…. Ni se lo imaginan, por lo que veo.

Escrito por odyseo a las 09:23 AM | Comentarios (26) | TrackBack

Abril 13, 2005

Qué infancia!!!!!

Este post está dedicado a las personas que nacieron entre 1970 y 1984 (y antes).
La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia. Mirando atrás es difícil creer que hayamos sobrevivido a la infancia de la España de antes:
Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h con cinco personas en un 600 o en un Renault 4 y no sufríamos el síndrome de la clase turista.
No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.
Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico, y jugábamos a "lo que hace la madre hacen los hijos", esto es a ver quien era el
mas bestia.
Pasábamos horas construyendo nuestros "vehículos" con trozos de rodamientos para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos que nos habíamos olvidado de los frenos. Después de chocar con algún árbol, aprendimos a resolver el problema.
Jugábamos a "churro va" y al pañuelo y nadie sufrió hernias ni dislocaciones vertebrales. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces de la calle. Nadie podía localizarnos. Eso si no buscábamos maderas en los contenedores o donde fuera y
hacíamos una caseta para pasar alli el rato. No había móviles.
Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos. La mitad de los compañeros de clase tenía la barbilla rota o algún diente mellado, o alguna pedrada en la cabeza... Tuvimos peleas y nos partíamos la cara unos a otros y aprendimos a superarlo.
Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!!
Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto.
Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres
arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente.
No tuvimos Playstations, Nintendo 64, vídeo juegos, 99 canales de televisión, películas en vídeo, sonido surround, móviles, ordenadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos llenos de agua y arrastrandonos por los suelos destrozando la ropa.
Nosotros si tuvimos amigos. Quedábamos con ellos y salíamos. O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos y jugábamos a las chapas, a la peonza, a las canicas, a la lima, al
rescate...,en fin tecnología punta... Íbamos en bici o andando hasta su casa y llamábamos a la puerta.
¡Imagínense!, sin pedir permiso a los padres, ¡nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel! !Sin ningún responsable! ¿Cómo lo conseguimos?
Hicimos juegos con palos, botellas y balones de fútbol improvisados, y comimos pipas y, aunque nos dijeron que pasaría, nunca nos crecieron en la tripa ni tuvieron que operarnos para sacarlas. Bebíamos agua directamente del grifo de las fuentes de los parques, agua sin embotellar, donde chupaban los perros!!! Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la ,escopeta de perdigones o con el tirawebos, antes de ser mayores de edad y sin adultos, DIOS MÍO!!
En los juegos de la escuela, no todos participaban en los equipos. Los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción. Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y repitieron curso. ¡Que horror, no inventaban exámenes extra!
Y ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarlas el culo y jugando a beso, verdad y atrevimiento, no en un chat diciendo :) :D :P
Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban un guantazo o un zapatillazo y te callabas. Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
Tú eres uno de ellos?? ¡Enhorabuena! Pasa esto a otros que
tuvieron la suerte de crecer como niños, antes de que todos estos
niñatos que hay ahora (que se creen algo y no tienen respeto ni
educacion a nadie) destrocen el mundo en el que vivimos.
Un saludo a todos! cuidaros y que os vaya bien!!

(De un amigo de mi amigo y RIVAL)

Escrito por odyseo a las 09:09 AM | Comentarios (23) | TrackBack

Abril 11, 2005

Multitudes

Durante los últimos días hemos contemplado un interminable reality show de la oración y el dolor. En vivo y en directo hemos contemplado a una multitud entre fanática e infantiloide que representaba a la perfección el papel que los medios de comunicación le han creado. Han sido días de paroxismo e hipertrofia sentimental, de pseudo-fe, en que algunos han vomitado lágrimas ante las muchedumbre y ante las cámaras, tras realizar caros viajes, tras dejar aparcados trabajo, familia y vida, para cumplir con una supuesta obligación autoimpuesta que se parece más al capricho de un niño pequeño que al deber real de una persona madura.
A ver si se cumple el dicho de que a rey muerto, rey puesto.

Escrito por odyseo a las 10:15 AM | Comentarios (14) | TrackBack

Abril 06, 2005

Contradicciones

La muerte del Papa no ha dejado indiferente a nadie ni dentro ni fuera de la Iglesia Católica. Dentro, por razones obvias, tanto detractores como partidarios, todos han mostrado como poco su respeto cuando no su más profunda admiración. Lo que no parece tan lógico, es que aquellas personas y medios de comunicación que se han definido a lo largo de estos años como críticos o indiferentes con el Papa o la institución a la que representa, ahora muestren las actitudes que todos estamos viendo con sorpresa.
Somos un país acostumbrado a ver a un hombre crecer una vez muerto. Somos poco generosos con el halago y el aprecio en vida, pero exagerados hasta lo histriónico con la alabanza del difunto una vez que éste ha traspasado el umbral que nos asegura que ya no volverá a pedirnos cuentas.
Juan Pablo II aparece retratado en los titulares de estos días como el “luchador incansable” el “Papa grande”, el facilitador, e incluso el artífice, de la caída de los regímenes del Este, el Papa mediático, el Papa de la fortaleza y de la agonía. Pero no podemos olvidar cuál ha sido su labor a lo largo de su reinado y en qué estado deja a la Iglesia tras su pontificado.
Porque este Papa que aparece como paladín de los derechos humanos de puertas para afuera, como nos recuerda Hans Küng, ha negado esos mismos derechos a las mujeres, obispos y teólogos dentro de su organización. El Papa mariano por antonomasia, solo se acuerda de la mujer como criada del hombre. Su igualdad con el hombre queda relegada al ámbito civil, pero no al eclesiástico. Este Papa que parece ha tenido tanto éxito entre un determinado grupo de jóvenes, es el responsable de fomentar grupos religiosos juveniles que fomentan una participación en los grandes encuentros multitudinarios sin el más mínimo sentido crítico y sin ninguna otra consecuencia para la vida religiosa de dichos jóvenes y de sus comunidades parroquiales de origen. Este Papa que tanto ha predicado a favor de los desposeídos y marginados en el Tercer Mundo es el principal responsable de una moral sexual que prohíbe el control de la natalidad con métodos anticonceptivos como el preservativo o la píldora en ese Tercer Mundo superpoblado y machacado por el SIDA y el hambre. Este Papa que se ha olvidado de cómo vivían los primeros seguidores de Cristo, es el principal responsable de la catastrófica falta de sacerdotes en las comunidades actuales, con su defensa interesada del celibato a ultranza, que tan nefastas consecuencias ha tenido y tiene en el seno de su iglesia. Este Papa es el responsable de enterrar bien hondo cualquier atisbo de aperturismo y comunión con los tiempos, espíritu éste que nació en el Concilio Vaticano II y que ahora aparece embalsamado. Él es el responsable de una política de nombramientos en la jerarquía eclesiástica que hace que ésta aparezca copada por los más viejos conservadores y ultramontanos miembros de la Iglesia. Él es el responsable de haber dado tanto poder a movimientos ultracatólicos como el Opus Dei o Comunión y Liberación. Él es el que ha otorgado de nuevo a la Iglesia un renovado clericalismo beligerante en el terreno político que crece en paralelo con las nuevas formas políticas (y ultra conservadoras en materia religiosa) de, por ejemplo, unos Estados Unidos con su presidente a la cabeza que hacen de la fe materia de voto y disputa.
Así que dejémonos de hipocresías y pongámonos a rezar para que el nuevo Papa dé un golpe de timón y ponga nuevo rumbo en este barco que se va a pique.

Escrito por odyseo a las 09:40 AM | Comentarios (26) | TrackBack

Marzo 18, 2005

Necesitados

En todas partes, la nueva casta de los inmigrantes que llegan a un país extranjero se ocupa mayormente de los trabajos que ningun trabajador del país
quiere realizar, bien por su dureza, bien por su escasa remuneración. El trabajo agrícola y en el sector de la construcción vienen siendo las bolsas habituales de trabajo para estas personas que, legal o ilegalmente, han entrado en nuestro país en busca de una oportunidad.
Al hilo de esta situación, últimamente es fácil encontrar personas extranjeras que se ofrecen para cuidar ancianos y personas enfermas en sus domicilios o en residencias y hospitales, visto que sus familiares no pueden o no quieren hacerse cargo de estas tareas. Unos por sus horarios laborales y otros por su comodidad, el caso es que poco a poco el cuidado de nuestros enfermos y mayores va quedando en manos de unas personas extranjeras, con otra cultura, con otras sensibilidades y costumbres. Si ya a los mayores les resulta dificil adaptarse a los cambios vertiginosos que la sociedad actual (su sociedad, sociedad a la que pertenecen como miembros de pleno derecho) impone, si ya les resulta dificil adaptarse a la mentalidad distinta de sus propios hijos y vecinos más jóvenes, cómo aceptarán el convivir con una persona encargada de cuidarles que ni siquiera comparte con ellos esa misma cultura y a veces ni siquiera el idioma. Mano de obra abundante y barata para acercar un bastón, un vaso o ayudar a lavarse a viejos solitarios que no tienen a nadie que les cuide y que la sociedad ha arrojado a sus cunetas.
Pero, en el otro extremo de edad está ocurriendo algo similar. La mayor parte de las personas empleadas en el servicio doméstico y el cuidado de los niños en el hogar son personas inmigrantes de distintas procedencias (mayormente sudamericanas). Resulta así, que los niños de este país, los futuros ciudadanos de este país, pasan más horas al día con una muchacha extranjera que con sus propios padres, tíos, primos o abuelos. Resulta que ese niño, aprende a hablar, jugar, entender el mundo acompañado de una persona de otra cultura, no de sus propios progenitores, que han dejado en manos de la casta de expatriados la responsabilidad de su crianza y educación.
Será curioso ver en el futuro a qué da lugar esta situación novedosa. En ningún momento niego la capacidad de estas personas para ejercer dichas funciones y labores. Por experiencia sé que lo hacen con toda su buena voluntad y empeño, pues se juegan su fuente de ingresos. Pero no me deja de llamar la atención el hecho de que igual que con otra clase de trabajos duros y mal remunerados, hayamos dejado el cuidado de nuestros niños y ancianos en manos de inmigrantes, muchos de ellos "inexistentes" legalmente. Nuestra prosperidad, más que nunca, se asienta sobre la pobreza de otros; nuestros necesitados, más que nunca, encuentran consuelo de otros necesitados.
Mientras, los demás andamos demasiado ocupados.

Escrito por odyseo a las 08:27 PM | Comentarios (13) | TrackBack

Marzo 15, 2005

Flexibilidad patronal

roto36.jpg

El Roto

Escrito por odyseo a las 09:50 PM | Comentarios (12) | TrackBack

Marzo 06, 2005

Distinguir entre el oro y la paja

Me reía esta mañana leyendo en el dominical un artículo de Pérez Reverte sobre el lenguaje supuestamente sexista y las soluciones propuestas por la secretaría de mujer de CCOO para solucionar ese problema que, según ella, da lugar a una falta de visibilidad de la mujer en la sociedad (¿falta de visibilidad de la mujer? pero si como mínimo son el 50% de la población!!!!).
Me reía, pero al mismo tiempo, sentía una cierta vergüenza porque mientras nuestras recalcitrantes feministas se preocupan aquí de que todos y todas martirizemos al personal con la repetición contínua de las palabras en femenino y masculino, en Africa Subsahariana, las mujeres (y los hombres) andan preocupados y preocupadas por eliminar, por ejemplo, antiquísimas costumbres que sirven para que un familiar varón pueda saquear a la mujer de su hermano, de su tío o de su padre cuando ésta enviuda (teniendo en cuenta cómo el sida está castigando a esa zona del continente, esta situación se produce a diario en miles de aldeas y afecta a millones de mujeres, que del día a la mañana se encuentran en la calle, sin casa, sin huerto, sin camioneta o sin ganado).
O también pueden fijarse nuestras feministas burguesas y acomodadas en China, donde por fin han conseguido que el gobierno tome medidas para evitar de forma efectiva el infanticidio o aborto selectivo en favor de los varones y en perjuicio de las niñas, mediante ayudas económicas concedidas a las familias que tengan niñas y ventajas a la hora de darles una educación, entre otras medidas.
El contraste es muy significativo: mientras las viudas que osan protestar por esa costumbre ancestral en el África subsahariana son desoídas por autoridades civiles y por sus propios familiares, quedando en la más absoluta indigencia y con la carga de varios hijos pequeños, aquí andan violando las más elementales normas gramaticales y sintácticas (y hasta morfológicas) para conseguir machacar a los oyentes o lectores en un discurso interminable de palabras dobladas, cuando no simplemente violadas.
¿Políticamante incorrecto? Pues sí, a mucha honra.

Escrito por odyseo a las 08:09 PM | Comentarios (24) | TrackBack

Febrero 15, 2005

El contexto

El contexto es una palabra mágica, un concepto teórico variable del tamaño de un agujero negro y que se lo traga todo, desde las impagables actuaciones de unos supuestos seres vips en el GH, hasta las desafortunadas declaraciones de un político catalán a la altura del barrio del Carmel, pasando por las palabras en una entrevista a alguna famosilla de entrepierna ligera o el anuncio urbi et orbe del portavoz de la Conferencia Episcopal sobre las bondades del preservativo.
El caso es que el contexto suele ser una cosa amorfa de dificil definición en los bordes y de intrincada penetración en el centro. El contexto puede serlo todo y puede ser nada al mismo tiempo, según un misterio solo parangonable al de la Santísima Trinidad. Es, o no es, según convenga. Por ejemplo, a partir de las declaraciones de cualquier militar argentino directamente relacionado con la desaparición de compatriotas en los años de la dictadura, el contexto puede ser desde la Argentina del golpe de estado hasta la Argentina de la guerra de las Malvinas, es decir, Argentina completa y en su conjunto. Es lo que llamaríamos un contexto amplio (ancho) que debe, según el usuario del ejemplo, servir para eximirle de toda responsabilidad. Otro ejemplo, éste más dificil: "el preservativo tiene su contexto en la prevención integral y global del sida" que quiere decir, que el preservativo tiene su contexto en la prevención integral y global del sida. Ni más ni menos. A los dos días, tras el toque de atención, el mismo señor nos decía que había que entender sus palabras en relación con el uso del preservativo en el contexto de la prevención integral y global del sida, y ya nos quedó a todos más tranquilos. Esto sería un ejemplo de contexto teológico o metafísico, que consiste en hablar con medias palabras y media doctrina para que la otra mitad se sobreentienda no entendiendo nada.
Aplicando el mismo principio contextual, es más fácil entender entelequias como el plan de un tal Ibarretxe, la política informativa del Ayuntamiento barcelonés en el barrio del Carmelo, las torturas en la cárcel de Abu Graib, la guerra de Irak o los polvos de Nuria Bermúdez. El contexto siempre es el mismo: la mentira.

Escrito por odyseo a las 06:11 PM | Comentarios (16) | TrackBack

Febrero 13, 2005

El negocio del estrés

Cuentan que en Estados Unidos (para estas gilipolleces siempre son los primeros, no sé por qué) está creciendo de forma desorbitada un nuevo negocio que tiene que ver con el alivio del estrés ajeno: vendedores de música con efectos relajantes, libros de autoayuda, sesiones de masaje con musicoterapia, aromaterapia, flores de Bach, aparatos con sensores para los dedos y ordenadores con programas especiales de relajación visual y auditiva.
Leía el otro día en el New York Times que ha