Marzo 21, 2004

¿Qué es el karma?

El karma es una especie de cuenta bancaria espiritual en la que las buenas acciones, la honestidad con uno mismo y la paz interior son el capital y las malas acciones, deudas o números rojos. Cada decisión que tomamos, casa cosa que hacemos o no hacemos, por poco importante que sea, tiene repercusión en el entorno y trascendencia en el tiempo, porque, al combinarse con los gestos también mínimos del resto de la Humanidad, cambia de hecho el futuro. Esta combinación de pequeñas fuerzas explica que, según las "leyes del karma", las buenas o malas acciones nos sean devueltas en el transcurso de nuestra vida, multiplicadas por tres. Detalles tan nimios en apariencia como una palabra amable o una sonrisa oportuna aumentan la armonía y el bienestar en el mundo: en términos capitalistas, son un "dinero" que corre, que circula, estimulando la economía y generando riqueza (bienestar, armonía, salud y felicidad).

El Tiempo, la ley de causa y efecto que rige la creación, es un acreedor implacable y un deudor honrado. Cobra y paga las deudas de una manera a veces indirecta y misteriosa, que la cultura occidental, en su miopía, ha interpretado siempre erróneamente como "destino", "suerte" "azar", "providencia" o "predestinación", "casualidad" o "herencia genética".

El concepto kármico de "buena" o "mala" acción no tiene porqué coincidir con los conceptos cristianos de virtud y pecado. Las relaciones sexuales, por ejemplo, incrementan el karma positivo si están basadas en el profundo respeto a la otra persona, la honestidad y la búsqueda del placer compartido, mientras que cualquier mínimo gesto de agresión, desde una respuesta airada, una excesiva severidad para con uno mismo o los demás, son números rojos en la gran cuenta kármica. El autosacrificio excesivo, como cualquier otra forma de injusticia, es un karma negativo. El cuerpo "no es tonto", sabe que estamos cometiendo una gran injusticia y trata de restablecer el equilibro negándose a colaborar. La consecuencia última de este tipo de "resistencia pasiva" del organismo son muchas enfermedades psicosomáticas y muchos tipos de cáncer. Cuando nos obligamos a hacer algo que realmente no queremos hacer, con frecuencia se producen "despistes" que provocan accidentes, en un intento de nuestro subconsciente por abortar esa línea errónea de acción.

Normalmente, las cuentas kármicas se saldan en el transcurso de la propia vida, pero a veces son tan grandes que tienen que acabar de pagarlas -o de cobrarlas - nuestros herederos. Aunque parezca injusto o moralista, en realidad es así como funciona la naturaleza. Existen malformaciones y enfermedades provocadas por opciones erróneas de los progenitores: los padres que se refugian en la comida crían niños con tendencia a la obesidad propensos a sufrir enfermedades cardiovasculares; los hijos de madres drogodependientes heredan la esclavitud a la droga de su madre y el maltrato físico a una esposa embarazada suele causar malformaciones en el feto. Un niño maltratado, aunque sea adoptivo, tiende a ser intransigente y maltratador, mientras que los fetos amados y deseados durante el embarazo suelen nacer más inteligentes, fuertes y con más estatura, y los pocos afortunados que reciben en su infancia una educación tolerante y optimista, pero a la vez respetuosa y responsable, están "destinados" al éxito y a la felicidad y suelen convertirse en personas con una salud de hierro y muy longevas.

En el fondo, "karma" no significa más que "ley de causa y efecto". Para muchos, cada vez que comemos carne, en especial la procedente de animales torturados en granjas industriales, estamos incrementando gravemente nuestra deuda kármica y, una vez más en términos capitalistas, la "deuda externa" de la Humanidad. Cada vez que comemos carne, pollo o huevos procedentes de granjas industriales, estamos apoyando y fomentando medios de producción que conllevan el maltrato animal. La producción industrial conlleva prácticas tan contra natura como obligar a un animal herbívoro, la vaca, a alimentarse como si fuera carnívora, con subproductos cárnicos procedentes de ovejas e incluso de animales de su misma especie, y la enfermedad de las vacas locas es una consecuencia directa de este tipo de alimentación, ya que, según los biólogos, los priones sólo pueden desarrollarse cuando se practica el canibalismo. Los pollos y gallinas viven hacinados, a oscuras, forzados a alimentarse con piensos elaborados a partir de la carne de otros pollos, casi sin espacio para respirar, y la gripe del pollo es una consecuencia directa de este hacinamiento. Los virus que provocan la gripe del pollo están diseñados por la naturaleza para combinarse con los virus humanos de la gripe, con el fin de crear cepas capaces de contagiarse directamente de un ser humano a otro. La inyección de hormonas para el engorde reduce la posibilidad de los humanos de pervivir como especie, provocando infertilidad. Y, si sumamos a esto la destrucción de la capa de ozono, la desertización, la lluvia ácida o la contaminación de las aguas, vemos que esta lista es también inacabable.

Pero todos los casos mencionados anteriormente son sólo formas "detectables" de expresión del karma. El karma tiene medios menos simples, más misteriosos, de expresarse. Nuestra tradición cultural, en su miopía individualista, ha atribuido estas expresiones del karma a causas arbitrarias e incontrolables que dejaban al ser humano al margen de toda responsabilidad, como los caprichos de los dioses paganos o de un Yahvé vengativo y partidista, la "predestinación", el "hado", la buena o mala "suerte", la "fatalidad", la "Providencia", la "casualidad" o el azar.

Hasta un karma positivo heredado puede echarse a perder por medio de una sucesión de opciones incorrectas, del mismo modo que un rico heredero puede dilapidar la fortuna que heredó de sus padres. Por su parte, un karma negativo heredado también puede cambiarse en positivo y multiplicarse por tres, igual que un niño nacido de padres humildes o analfabetos puede acabar convertido en millonario o en un genio de la ciencia.

© Macarena Rojo González – Oráculo intuitivo de las runas

Escrito por Profesional a las Marzo 21, 2004 06:11 PM
Comentarios

juer profesional, me has revuelto el estómago :(

Y eso que mi estómago se revuelve en contadas ocasiones.

Sólo por remordimientos de algo que hago que no está bien y me acosan y me acosan y no logro quitármelos de encima, las paredes de mi estómago se adifican y se me revuelve hasta el infinito.

En fins me voy a la cama a intentar dormir sin vomitar.

bikos

Escrito por lua a las Marzo 22, 2004 02:47 AM

ÑIEEEEEEEEEEEEEE???????????

Y eso kien dices q lo invento? otro invento para justificar las cosas q nos pasa en la vida, un entretinimiento intelectual? q es esto del karma, te dire mi opinion...

Esto del karma es como todas otras tantas cosas q el ser humano inventa por necesidad inherente de explicarse a si mismo el por que de las cosas...

otros ejemplos:

religiones y creencias en uno o varios dioses...

un saludo

Escrito por JuanLu a las Marzo 22, 2004 02:06 PM

Lua, tu no tienes que preocuparte de eso, tienes buen karma, aunque te empeñes en decir que no. El que sientas remordimiento es una de las cosas que lo demuestra. Aunque en exceso puede ser un sentimiento muy perjudicial. No era mi intención revolverte el estómago, mira el lado bueno, todo eso bueno que haces te será devuelto multiplicado

Escrito por El profesional a las Marzo 22, 2004 07:33 PM
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