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Octubre 11, 2004

Gilipollas hay en todas partes

Contaba Angua hace un par de días su experiencia con un camarero que había hecho un extraño comentario acerca de lo que le había pedido ella. Yo le iba a escribir un comentario pero me estaba saliendo tan largo que lo voy a convertir en post.

No me sorprende que ese camarero dijera que le extrañaba que hubiera pedido té y croissant. Y no me sorprende no porque crea que la petición es extraña (cuando un alemán os pida una pinta de cerveza y unas costillas de cordero a las once de la mañana, podréis empezar a hablarme de cosas raras), sino porque en mi propio trabajo puedo ver varios ejemplos de gente que "comenta" las cosas con el propio cliente.

Yo no. Yo soy muy tímido con la gente a la que sé que sólo voy a tratar durante veinte minutos máximos en toda mi vida. Es una rara manía mía. Ellos llegan, yo les pregunto, ellos me piden y yo se lo llevo. La única concesión que me permito es contestarles cuando ellos se quieren hacer los amigables.

Sin embargo, existe una especie de ser en el sector servicios que disfruta opinando sobre algo con respecto al cliente sin que este le haya pedido opinión alguna. Y no sólo entre los camareros. Sin ir más lejos, hoy al ir al peluquero y pedirle mi habitual rapado al tres, me ha puesto mala cara y me ha aburrido durante veinte minutos con unos consejos sobre peinados que yo no quería escuchar. Y en el Springfield de al lado de mi casa hay una dependienta que si te ve probándote algo que cree que no te pega, te lo dice sin ambages: "Oye, eso te hace gordo que no veas. Mejor busca otra cosa".

Pero la palma se la lleva el señor mayor que regenta un establecimiento de fotografía en mi barrio. Debe ser un fotógrafo frustrado, alguien deseando ser alguien, pero conformándose con revelarles las fotos al vulgo, porque cada vez que revela un carrete entrega el sobre con una pequeña anotación de su puño y letra en la que figuran todos los errores que ha cometido el fotógrafo. Una joya de hombre, vamos.

A mí esta clase de cosas me suelen molestar. Para mí un buen servicio no consiste ni en que el que me lo ofrece se pase de listo con sus comentarios, ni en que quiera hacerse mi Amiguete Por Un Día y coja demasiadas confianzas. Sin embargo, cuando me ocurre no hago nada. Sonrío levemente, miro hacia otro lado y pago la cuenta.

Tampoco quiero convertirme en un cliente mamón, claro. El otro día estaba atendiendo a tres personas, dos señoras y un señor, que habían pedido bebidas, entrantes, platos y café. Deduje que no estaría mal ofrecerles un postre, y no me equivocaba. Las dos señoras pidieron tarta. Pero cuando me dirigí al señor y le pregunté por su opción -"¿Y usted querrá algo, caballero?"-, este me dijo, con la sonrisa de buen rollo:

-No, deja, que yo estoy como tú: a régimen.

Conclusión: gilipollas hay entodas partes.

(Adrián) | (#) | Opiniones (8)

Comentarios: Gilipollas hay en todas partes

¿Springfield cool? No, por ahí si que no paso...

Kurtz | Octubre 11, 2004 10:50 PM

Bueno, hay gente (yo entre ellos) que pasa del colegueo cliente-comercial, que prefiere pedir lo que sea, ser servido y punto, si tengo alguna duda o quiero consejo ya lo pediré yo.

Pero, por ejemplo, mi madre va más a las cafeterías donde se sabe la vida de las/los camareras/os, del dueño y del que está todo el día en la barra, le gusta que el trato sea más cercano que la mera cordialidad.

Así que esa forma de comportarse puede también hacer ganar clientes. EL arte está en que el vendedor debe saber cuando el que tiene delante es de un tipo o del otro.

Bernardo | Octubre 12, 2004 02:09 PM

Supongo que tras tan sutil indirecta a tu fisionomía la propina sería respetable, bien como muestra de compañerismo entre sujetos que (en su teoría) sufren la misma cruz, o bien a modo compensatorio. En caso contrario sugiero una sesión de vudú para futuros sucesos parecidos.

Yo creo que lo mejor es ni tanto ni tan calvo, que el dependiente no se inmiscuya a menos que el cliente se lo pida, o que su elección pueda llevarle a funestas consecuencias de verguenza ajena (con excepción de clientes amistosos como el antes indicado, la venganza no hay que servirla siempre fría) o por el bien de la salud visual del resto de la humanidad.

Logan-X | Octubre 12, 2004 03:40 PM

pero y que tiene de raro lo del te con croissant?

the thief | Octubre 12, 2004 05:35 PM

¡¡Protesto!! ¡¡Nos ha escamoteado el cutre-post de los domingos!! ¡¡Y queremos más canciones de dudoso gusto en el radioblog!! ¡¡Se debe usted a su publico y lo sabe!! aunque no haya tiras de PeT...

Kurtz | Octubre 13, 2004 12:54 AM

Es que según la situación no es plan de que el camarero se meta en tu vida.

Evidentemente, poner cara de asco ante lo que el cliente acaba de pedir no es la mejor forma de conseguir que venga otro día.

angua | Octubre 13, 2004 10:11 AM

>Y en el Springfield de al lado de mi casa hay >una dependienta que si te ve probándote algo >que cree que no te pega, te lo dice sin >ambages: "Oye, eso te hace gordo que no veas. >Mejor busca otra cosa".

No te jode. Como si no te lo pudiera decir de cualquier cosa.

Ahm...

Que no, que tratar de comprender al cliente es perjudicial. Incluso cuando son ellos los que te piden consejo: "¿Qué tal está el último libro de Antonio Gala?" aunque siempre hay una frase salvadora: "En su línea".

Te recuerdo que hace unas semanas discutí con una señora sobre el libro que le mandaron a su niño ("Un Triángulo Isosceles") y a día de hoy la señora sigue porfiando porque no se lo traemos.

J.

¿Contento ahora con el post del Comment?

Jónatan | Octubre 14, 2004 12:06 AM

los horribles son los camareros que se pegan a tu mesa haciendo como que desde ahí ven bien la tele mientras cotillean lo que le cuentas a tu amigo del fin de semana

cestas de navidad | Octubre 19, 2004 03:49 PM
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