« La Metamorfosis | Inicio | Reencuentros »
Noviembre 07, 2004

Comiendo palomitas

Fin de semana tranquilo: dos noches libres, dos noches de cine.

Luna de Avellaneda es otra película de Ricardo Darín. No sólo eso, sino que además es otra película del director de El hijo de la novia (Campanella) en la que colabora Eduardo Blanco (secundario de esta última) y todo el elenco de actores que han deambulado por el resto de películas argentinas que nos van llegando ultimamente.

Estamos en otra película formalmente idéntica a la anterior: se plantea un argumento que da título a la película (boda por la iglesia del padre con la madre/cierre del club), y de ahí se pasa a lo que realmente se quiere contar, que son las tribulaciones de los protagonistas desde un plano más personal. Aquí se tiran el moco y en vez de sacarnos sólo las de Darín se esfuerzan en que se haga una película casi coral, remarcando el "casi" porque al fin y al cabo todas van de la manita del protagonista indiscutible, Darín.

La película es larga (casi dos horas y media) y peca en que plantea demasiado rapidamente las cosas para luego languidecer en el desarrollo hasta el final, que recupera su ritmo habitual (y reafirma con más énfasis el subtexto social de todo el argumento) en la discusión final. Entre medias, el humor triste y nostálgico que caracteriza a este director y co-guionista, y una dirección impecable y en algunos casos muy original. Los actores, como siempre, en la línea, aunque he de confesar que a mí Darín me hace quitarme el sombrero con su humildad y sobriedad a la hora de interpretar los personajes.

Se deja ver, pero huele mucho a deja vu. Para incondicionales (yo lo soy).

Crimer Ferpecto es otra película de Alex de la Iglesia. Como ya ocurriera en La Comunidad (película de la que se nutre mucho), plantea una situación inverosímil en un contexto muy español, por decirlo de alguna manera. Si aquélla vez era una comunidad de vecinos, ahora son unos grandes almacenes. La película tiene un principio horroroso, con un Guillermo Toledo sobreactuado que sólo sabe poner cejas para indicar que está interpretando un personaje, pero se reanima en el primer punto de inflexión y nos lleva a lo mejor que sabe hacer el tipo este: el humor casposo, negro, grotesco y cañí. La escena de la cena familiar es sencillamente sublime, y Toledo deja por unos instantes de creérselo y vuelve a su máscara de Siete Vidas. Afortunadamente, el guión sustenta más su personaje que por sí mismo, y la película empieza a divertir, sin grandes genialidades, pero con un toque zetoso (que diría el amigo Absence) en esos movimientos de cámara o en ese secundario ectoplasmático. La gran lástima es que el final revienta toda posibilidad de dejar a Crimen Ferpecto en una línea aceptable y reseñable, y la devuelve al inicio, a esa pasada de rosca que pretende ser graciosa y se queda en un bluff. Una lástima.

(Adrián) | (#) | Opiniones (1)

Comentarios: Comiendo palomitas

A mi, con Crimen Ferpecto, me ocurre todo lo contrario que a usted. Me entra muy bien, pero la última parte de la película se me escapa totalmente por ese excesivo desmadre.

En una cosa si que estoy totalmente de acuerdo. En la escena de la cena familiar. Maravillosa.

Spaulding | Noviembre 9, 2004 08:58 PM
Escribir comentario









¿Recordar mi informacion personal?